Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

3 de julio de 2020

LA FORTALEZA EN TIEMPOS DE PANDEMIA


BREVES MEDITACIONES SOBRE LA FORTALEZA 
EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Meditando en esta virtud cardinal con Joseph Pieper

La fortaleza supone la vulnerabilidad.

Ser fuente o valiente no significa otra cosa que poder recibir una herida, entendiendo por tal todo aquello, que aconteciendo en y por nosotros sucede en contra de nuestra voluntad, todo cuanto de alguna manera nos acarrea daño, dolor, sufrimiento, en cuanto inquieta y oprime.

La fortaleza y la muerte

La más grave de todas las heridas es la muerte. Ser fuerte es en el fondo estar dispuesto a morir por un bien más alto o más precisamente estar dispuesto a caer (morir) en el combate por el Bien. Todo acto de fortaleza, hasta el más pequeño se nutre de esa disposición del hombre de morir si es necesario por el Bien

La fortaleza y el martirio

Por eso es que el acto de fortaleza supremo es, para el cristiano, el martirio o sea morir por Cristo.

El fuerte no sufre por sufrir sino por un bien mayor que ama.
Pero el fuerte no sufre por sufrir, porque no desprecia la vida, sino que la tiene en menos que el bien por el que la entrega, que en el martirio es Cristo.

No podemos suprimir del todo el sufrimiento.

Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún.

Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, Lo que cura es la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cris to, que ha sufrido con amor infinito.

Ser fuerte no es lo mismo que no tener miedo

Ser fuerte y valiente no es lo mismo que no tener miedo, sino el no dejar que el miedo nos fuerce al mal o nos impida la realización del bien.

Fortaleza y el acto de resistir

El acto principal de la fortaleza es resistir y no tanto atacar, y requiere de la firmeza y perseverancia en la adhesión al bien, que da la energía necesaria para soportar la herida y el dolor y no ser abatido por la tristeza.

Fortaleza y Paciencia

Ser fuerte, requiere por esa razón de la paciencia, el hombre paciente es aquel que no se deja arrebatar la serenidad o la clarividencia por las heridas que se reciben mientras hace el bien...

Fortaleza, Paciencia, Confianza y Esperanza.

El hombre fuerte es paciente, pero el paciente no necesariamente es fuerte. Pues el hombre fuerte para ser tal requiere no sólo la disposición para resistir y soportar el mal con la fuerza de la paciencia, sino también la disposición para pasar atacar si es prudente hacerlo, para lo cual requiere de la confianza en sí mismo y de la esperanza en vencer al mal

Sólo el hombre prudente y justo puede además ser valiente.

Es la prudencia la que informa la fortaleza, en la medida que la primera es un saber directivo de todo el obrar humano hacia la realización del bien, lo que implica conocimiento de la realidad y un saber cómo actuar en el caso concreto.
La prudencia supone una valoración justa de las cosas y de toda la realidad que determina cual es en cada circunstancia el justo medio de la virtud, en este caso el acto concreto de fortaleza, pues esta no es una fuerza ciega sino como toda virtud es conforme con la razón. En este sentido la experiencia vivida por los mayores, es una parte importante de la prudencia que puede ayudar mucho a los de más especial a los más jóvenes

La Fortaleza requiere también de la justicia,
En la medida que esta implica orden interior, la armonía del alma, la obediencia de los apetitos a la razón, tanto en la vida individual como social”.



30 de junio de 2020

¿EL ALTAR ES UNA REPISA PARA TODO?


¿QUÉ SE PONE ENCIMA DEL ALTAR?

   
 "El Altar es una Mesa santa, el Ara del sacrificio, el signo de Cristo, roca de la Iglesia, Piedra angular. Es el símbolo de la Mesa celestial, allá donde Cristo invita a todos los que quieran acudir, con el traje de bodas, a las nupcias del Cordero y la Iglesia.".

     

    Cuando vemos en una iglesia el honor que merece el altar, debemos elevar los pensamientos.

     El altar es revestido de manteles, con flores y cirios; se venera con una inclinación profunda cada vez que se pasa delante de él; el sacerdote lo besa.

     Es una Mesa santa, el ara del sacrificio, el signo de Cristo, roca de la Iglesia, piedra angular. Es el símbolo de la Mesa celestial, allá donde Cristo invita a todos los que quieran acudir, con el traje de bodas, a las nupcias del Cordero y la Iglesia.

       Al ver en la iglesia el altar, hemos de pensar también en aquel altar interior, el propio corazón, que debe ofrecer sacrificios y holocaustos de alabanza al Señor.

       La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar. La oración interioriza y asimila la liturgia durante y después de la misma. Incluso cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt 6, 6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Trinidad Santísima (cf Institución general de la Liturgia de las Horas, 9) (CAT 2655).

   Así como en la Iglesia se ofrece la Víctima santa en el altar, en el altar de nuestro corazón hemos de ofrecernos nosotros a Dios.

   Así como en la Iglesia se eleva la súplica al Padre en el altar, en el altar de nuestro corazón hemos de elevar nuestras súpl icas constantes a Dios.

    Así como en la Iglesia el altar es incensado con suave olor para que la alabanza llegue al cielo, en el altar de nuestro corazón hemos de ofrecer siempre el incienso de nuestra alabanza a Dios.

 “Los dos altares, esto es, el interior y el exterior, puesto que el altar es símbolo de la oración, considero que significan aquello que dice el Apóstol: “Oraré con el espíritu, oraré también con la mente". Cuando, pues, ‘quisiere orar en el corazón’, entraré en el altar interior, y eso considero que es también lo que el Señor dice en los Evangelios: ‘…tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto y cierra tu puerta y ora a tu Padre en lo escondido…’. Quien, pues, así ora, como dije, entra en el altar del incienso, que está en el interior” (Orígenes, Hom. in Num, X, 3, 3).

     “Ofreced vuestros cuerpos como una víctima viva. (…) Este será vuestro culto espiritual” (Rm 12, 1). En el altar del corazón ofrecemos sacrificios vivos, los de la vida cotidiana, los sacrificios interiores, espirituales.

     Esta mesa santísima requiere todo honor. Se cubre con un mantel, en diseño y forma que sea proporcionado al altar. Sobre el altar o cerca de él, el crucifijo con la imagen del Señor y los candeleros. También puede haber un discreto ornato de flores. Se coloca el Misal y también, si hace falta, un micrófono lo más discreto posible. Sólo esto puede estar sobre el altar.

     Sólo esto: no cancioneros, folios, ni sobre el altar depositar esa cantidad de ofrendas salvajes y tan creativas: una bola del mundo, un balón, un libro de-no-sé-qué, etc., ni utilizarlo para colgar carteles por delante como si el altar fuera un expositor.

   Veamos lo que dice la Ordenación general del Misal romano:

304. Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar.

305. Obsérvese moderación en el ornato del altar. Durante el tiempo de Adviento el altar puede adornarse con flores, con tal moderación, que convenga a la índole de este tiempo, pero sin que se anticipe a la alegría plena del Nacimiento del Señor. Durante el tiempo de Cuaresma se prohíbe adornar el altar con flores. Se exceptúan, sin embargo, el Domingo Laetare (IV de Cuaresma), las solemnidades y las fiestas.
Los arreglos florales sean siempre moderados, y colóquense más bien cerca de él, que sobre la mesa del altar.

306. Sobre la mesa del altar se puede poner, entonces, sólo aquello que se requiera para la celebración de la Misa, a saber, el Evangeliario desde el inicio de la celebración hasta la proclamación del Evangelio; y desde la presentación de los dones hasta la purificación de los vasos: el cáliz con la patena, el copón, si es necesario, el corporal, el purificador, la palia y el misal.
Además, dispónganse de manera discreta aquello que quizás sea necesario para amplificar la voz del sacerdote.

307. Colóquense en forma apropiada los candeleros que se requieren para cada acción litúrgica, como manifestación de veneración o de celebración festiva (cfr. n. 117), o sobre el altar o cerca de él, teniendo en cuenta, tanto la estructura del altar, como la del presbiterio, de tal manera que todo el conjunto se ordene elegantemente y no se impida a los fieles mirar atentamente y con facilidad lo que se hace o se coloca sobre el altar.

308. Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado. Es importante que esta cruz permanezca cerca del altar, aún fuera de las celebraciones litúrgicas, para que recuerde a los fieles la pasión salvífica del Señor.

    Sobre el altar no se pueden colocar imágenes, ni tampoco las reliquias que se vayan a venerar después de Misa: 

“Tampoco se colocarán sobre la mesa del altar reliquias de santos, cuando se expongan a la veneración de los fieles” (Ritual dedicación iglesias y altares, cap. IV, n. 10); 

ni se deben dejar libros, cajas de cerillas, etc., como tampoco se deja sobre el altar las vinajeras, el lavabo de la Misa, etc…, sino en la credencia (mesa auxiliar). Todo debe corresponder a la santidad del altar.

   ¡Ay! ¡Qué limpieza hay que hacer de altares! ¡Y limpiar la mentalidad que emplea el santo altar para poner de todo encima!

Padre Javier Sánchez Martínez
(Córdoba, España)

29 de junio de 2020

SANGUIS MARTYRUM SEMEN CHRISTIANORUM


PRIMEROS MÁRTIRES DE LA IGLESIA EN ROMA




La Iglesia recuerda, al día siguiente de San Pedro y San Pablo, a los cristianos de Roma que, por orden del emperador Nerón, murieron de manera atroz en el circo del Vaticano, después de designarlos como los responsables del incendio de la ciudad, en julio del 64. Según el escritor pagano Tácito, eran "una multitud inmensa”.

Las crónicas de los primeros años de nuestra era en la Roma imperial tienen páginas memorables que relatan cómo los cristianos eran llevados al imponente Anfiteatro Flavio (el Coliseo) para ser actores de crueles espectáculos: eran devorados por las bestias o, en las noches, rociados con brea y quemados.

Ese testimonio luminoso, con sus convicciones religiosas firmes que no se doblegaban ante un poder totalitario, iluminó la noche de la Roma pagana con la luz espléndida de la fe.

En la Plegaria Eucarística llamada Canon Romano, que la Iglesia reza desde el siglo IV se mencionan los siguientes protomártires de Roma (entre ellos, cinco Papas):

   Ø Lino. Sucesor de Pedro. Mártir.

   Ø Cleto. También llamado Anacleto. Sucesor de Lino en la sede romana. Mártir bajo el reinado de Domiciano.

   Ø Clemente. Sucesor de Cleto en la sede romana.  Mártir bajo el reinado de Trajano.  

   Ø Sixto. Sucesor de Esteban I en la sede romana. Mártir  bajo el reinado de Valeriano.

   Ø Cornelio. Sucesor de Fabián en la sede romana. Mártir bajo el reinado de Galo.

   Ø Cipriano. Obispo de Cartago. Mártir bajo el reinado de Valeriano.

   Ø Lorenzo. Diácono de Roma nacido en España. Mártir bajo el reinado de Valeriano.

   Ø Crisógono. Laico dálmata y mártir bajo el reinado de Diocleciano.

   Ø Juan.  Laico de Roma  y mártir bajo el reinado de Juliano el Apóstata.

   Ø Pablo. Laico de Roma y mártir bajo el reinado de Juliano el Apóstata. Hermano de Juan.

   Ø Cosme. Laico sirio, médico y mártir bajo el reinado de Diocleciano.

   Ø Damián. Laico sirio, médico y mártir bajo el reinado de Diocleciano.









26 de junio de 2020

UN GRAN ESCRITOR ARGENTINO


LEOPOLDO MARECHAL
(1900-1970)


Un homenaje al gran poeta y escritor argentino
 al conmemorarse los 50 años de su fallecimiento,
con uno de sus poemas más reconocidos,
que canta a la Argentina.

         Hoy, 26 de junio de 2020, se cumplen 50 años del fallecimiento de Leopoldo Marechal, para muchos el mejor poeta argentino, autor de Adán Buenosayres una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana.

         Comenzó a escribir a los 12 años. En 1919 se recibió de maestro y, luego, de bibliotecario y profesor de enseñanza secundaria. Integró el grupo Florida, junto con otros escritores y pintores como Güiraldes, Bernárdez, Borges, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Xul Solar y Figari, destinados a establecer una gran renovación en las letras y las artes.

         Una frase famosa de su cuño expresa: “del laberinto se sale hacia arriba”, haciendo alusión a no dejarse enredar por el acaecer de las situaciones, sino buscar siempre el camino de la belleza. Él supo cantar con vena poética y un rico dominio del idioma, la maravilla de la vida humana.

         Un largo poema suyo, incluido en su obra HEPTAMERÓN, que tituló DIDÁCTICA DE LA PATRIA, (1966) muestra al autor en su profundidad, donde se percibe su fe católica y una visión profética de la Argentina.

         Vale la pena leer con detenimiento este poema, pues el poeta intuye y expresa como ninguno las virtudes y sobre todo los vicios argentinos, los de una Patria todavía joven como la nuestra, y, en especial, los de su clase dirigente y la de todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en los diferentes ámbitos de la sociedad argentina.

         Como dice Marechal, la Argentina tiene un destino grande, y en los siguientes dos versos se sintetiza el largo poema:

         ".., el nombre de la Patria viene de “argentum”
¡Mira que al recibir un nombre recibe un destino¡
Hazte de plata y espejea el oro que se da en las alturas
y verdaderamente serás un argentino"

         ¿Cómo poder realizar ese destino, luego de tantas frustraciones? El poeta llama a la esperanza:

        "Si como pueblo no trazamos la Cruz
-porque la Patria es joven y su edad no madura-
la debemos trazar como individuos,
fieles a una celosa geometría.
¡La vertical del santo, la horizontal del héroe!

         No se trata de vestir armaduras llenas de pedrerías
Tu heroísmo ha de ser un caballo de granja
tu santidad una violeta
otros recogerán a su tiempo los laureles
yo te di los oficios del pilar y el carozo
fuertes y mudos en su anonimato.

         Ni tú ni yo veremos la cara de su estío...
Lo verán nuestros hijos y nuestros nietos
y todos aquellos hombres dichosos
que tengan en suerte
la gracia de nacer en suelo argentino”.

A continuación, el poema completo:




DIDÁCTICA DE LA PATRIA
1
Conozco a los varones de mi tierra y mi siglo:
inciertos en el mal y en la virtud,
son como yo, tienen la misma cara
sin dibujos de llanto
y el mismo corazón en arcilla mojada
que no tostó ni el fuego ni la gloria.

2
Josef, lo que te anuncio no es alegre ni triste:
sólo es fatal en esta Patria joven.
¿No te hubiera gustado, como a todos,
poner tus cuatro vientos en su bandera niña,
y montar alazanes que arquean los pescuezos
en el día feliz de una batalla;
o romper en su elogio, con la oda,
los tímpanos del mundo,
y arrancar una pluma del ángel para ella?

No has de lograrlo, y quedará en tu sueño:
la infancia de la Patria jugará todavía
más allá de tu muerte (yo lo aprendí hace mucho).
Ella es un año inmenso que despunta en nosotros:
ni tú ni yo veremos la cara de su estío.
  
3
Generaciones hubo más dignas que la nuestra.
¿Qué nos pasó a nosotros, Josef, que nos legaron
un tiempo sin destino que merezca un laurel,
un puñal que no sale de su vaina
y un día sin talones de castigar la tierra,
o una estúpida noche de soldados vacantes?

Nos enseñaron que la Patria era
no sé yo qué juicioso paraíso
de infalibles trigales y vacas repetidas.
Así engordamos junto a los grasientos
asadores y cerca de las uvas pisadas.
Y dormimos en todas las vigilias del hombre.

4
Entretanto, los pueblos que aventaba la historia
dos veces conocieron el sabroso
pavor de las batallas.
No me importa, Josef, el tenor de su guerra:
ellos caían bajo la implacable legislación del ciclo;
se miraban desnudos
en el espejo claro de la muerte;
sentían retemblar bajo sus pies
la cubierta del mundo, navío castigado
y abrirse arriba todos los pasajes del cielo.

Nosotros les vendíamos harinas
y carnes envasadas.
Muy dichosos de ser espectadores
y no actores de aquella promoción de la sangre,
reíamos felices de nuestra paz bovina:
quemábamos incienso a nuestro dios
en figura de Shorthon;
y lo apedreábamos a veces
cuando la lluvia, en su traición,
enflaquecía los vacunos
o nos diezmaba los trigales. Josef,
lo que te digo no es de hiel ni de miel:
sólo es fatal en una Patria niña.
Con todo, algo debemos hacer en esta infancia.
"¿Qué?", me dirás, y te respondo ahora.

6
El nombre de tu Patria viene de argentum. ¡Mira
Que al recibir un nombre se recibe un destino!
En su metal simbólico la plata
es el noble reflejo del oro principial.
Hazte de plata y espejea el oro
que se da en las alturas,
y verdaderamente serás un argentino.

7
Es un trabajo de albañilería.
¿Viste los enterrados pilares de un cimiento?
Anónimos y oscuros en su profundidad,
¿no sostienen, empero,
toda la gracia de la arquitectura?
Hazte pilar, y sostendrás un día
la construcción aérea de la Patria.

8
Y es una vocación de agricultura.
¿No viste la semilla en su carozo
y el carozo en su tierra y esa tierra en su invierno?
Riñón de lo posible, la semilla es el árbol
no proferido aún y ya entero en su número
Josef, hazte carozo de la Patria en ti mismo,
y otros verán arriba la manzana
que prometiste abajo.

9
Somos un pueblo de recién venidos.
Y has de saber que un pueblo se realiza tan sólo
cuando traza la Cruz en su esfera durable.
La Cruz tiene dos líneas: ¿cómo las traza un pueblo?
Con la marcha fogosa de sus héroes abajo
(tal es la horizontal)
y la levitación de sus santos arriba
(tal es la vertical de una cruz bien lograda).

10
Josef, si como pueblo no trazamos la Cruz,
porque la Patria es joven y su edad no madura,
la debemos trazar como individuos,
fieles a una celosa geometría.
¡La vertical del santo, la horizontal del héroe!
Te resulta dificil, ¿no es verdad?
Pero aquí no se trata de vestir armaduras
llenas de pedrería
ni de abrirse las nalgas con lujosos rebenques.

Tu heroísmo ha de ser un caballo de granja,
tu santidad una violeta gris.
Otros recogerán, a su tiempo, laureles
y el brillo escandaloso de la notoriedad:
yo te di los oficios del pilar y el carozo,
fuertes y mudos en su anonimato.

11
Josef, dos modos hay de hacerte rico:
o aumentando las cifras de tu cuenta bancaria
o reduciendo tus necesidades
a lo estricto y cabal.

Mejor es el segundo, por la razón que sigue:
¿No es el hombre un viajero de la tierra?,
¿su viaje no es de un año?
El que poco desea o necesita
es, bien mirado, un cómodo viajero
que anda sin equipaje.

12
Yo conozco a viajeros que se cargan
de maletas ociosas.
Por cuidar y mover sus pesados baúles
ni observan el paisaje ni leen la escritura
de este mundo sabroso
(porque todo viajero debe ser un lector).

Josef, eliminando tus valijas inútiles
ya eres pobre y liviano según la tierra gorda:
leyendo y meditando tus lecciones de viaje,
ya eres rico y pesado según la ley de arriba
Si todos alcanzaran este fácil teorema,
los hombres mis hermanos viajarían desnudos.
  
13
De los siete pecados capitales
que asaltan a los hombres junto al Río,
el primero es la Envidia (los he clasificado
por orden riguroso de maldad).

La riqueza exterior, los honores, el lujo,
la suerte y el talento constituyen el pasto
natural de la Envidia.
¿Josef, que no te muerdan sus dientes amarillos!
Ni envidies a los otros
ni les des ocasión de que te envidien.
La manera segura de no ser envidiado
es la de no mostrar nada envidiable.

14
La Gula está en el orden segundo de mi lista.
Es terrible, Josef, lo que devoran
nuestros conciudadanos entusiastas.
Por sus jamás ociosas dentaduras
yo diría que pasa toda la Creación
en su aspecto visible y masticable:
gordos terrestres piden ser y son.
Josef, no te abandones a tan loco ejercicio:
devora, en cambio, sin temor ninguno,
toda la Creación inteligible,
y te convertirás en un gordo celeste.

15
Por la mañana, cuando te levantes,
piensa, Josef, en ese nuevo día;
y no te olvides que al salir al sol
entrarás en un campo de batalla.
Que no te engañe el paso normal de los tranvías
ni la canción melosa del frutero
ni el pacífico rostro de tu jefe
ni la sonrisa blanca de tu subordinado.

Ángeles y demonios pelean en los hombres:
el bien y el mal se cruzan invisibles aceros.
Y has de andar con el ojo del alma bien alerta,
si pretendes estar en el costado
limpio de la batalla.
Josef, nada es trivial en esa guerra:
basta el peso ladrón de una bolsa de azúcar
para que llore un ángel y se ría un demonio.

16
No vaciles jamás en la defensa
o enunciación o elogio
de la Verdad, el Bien y la Hermosura.
Son tres nombres divinos que trascienden al mundo,
y es fácil deletrearlos en las cosas.
No los traiciones, aunque te flagelen:
yo sé bien que la triste Cobardía
suele atar a los hombres junto al Río moroso.

Vence a la Cobardía de los ojos oblicuos,
y la Patria futura dará el santo y el héroe
que han de trazar las líneas de la Cruz.

17
Liviano de equipaje y avizor en tu guerra,
te asaltarán, empero, no escasas tentaciones.
Josef, has de vencerlas, o llorará la Patria
todavía en pañales.

Si te ofrecen un cargo de visibilidad,
acéptalo en razón de tu mérito sólo
y en vista de los frutos que darás a tu pueblo.
Si eres olmo, no admitas la función del peral,
o has de ser un peral falsificado
y un olmo sinvergüenza.

18
Los cargos o funciones de mucha jerarquía
tientan o con el oro fiscal siempre indefenso
o con los relumbrones de toda investidura.
Josef, no pongas mano en los dineros
que a tu virtud laudable se confíen.
El Robo, soslayada forma de la violencia,
es el tercer pecado de nuestros compatriotas.

19
En cuanto al relumbrón, si te lo imponen,
lo llevarás con el desgano y frío
de quien se envaina por obligación
en un frac de molesto protocolo.

Sea tu libre personalidad,
y no el brillo exterior que te prestaron,
la que se muestre a todos, fiel e igual a sí misma.
Conozco a personajes que se creían águilas,
temidos y solemnes en su pluma oficial,
y que al ser desnudados exhibieron risibles
jalones de gallina.

20
Si acaso gobernaras a tu pueblo,
no has de olvidar que todo poder viene de Arriba,
y que lo ejerces por delegación,
como instrumento simple de la Bondad Primera.
Josef, el gobernante que lo ignora u olvida
se parece a un ladrón en sacrilegio
que se Va con el oro de una iglesia.
  
21
Según la más antigua ley de la caridad,
el superior dirige al inferior.
Hasta los nueve coros angélicos reciben
y cumplen esta norma del gobierno amoroso;
y el ángel superior, al de abajo se inclina
para darle una luz que a su vez le fue dada.

Todo buen gobernante lo será
cuando a sus inferiores descienda por amor
y se haga un simulacro de aquel Padre Celeste
que a toda criatura da el sustento y la ley.

El gobernante que no asuma el gesto
de la paternidad
es ya un tirano de sus inferiores,
aunque regale sus fotografías
con muy dulces autógrafos.

22
Empero, no confundas esa paternidad
con un fácil reparto de juguetes.
Recordarás, Josef, que tu Padre de arriba
gobierna con dos manos:
con la manó de hiel de su Rigor
y la mano de azúcar de su Misericordia.

Si asumes el poder, usa las dos,
ya la dura o la blanda, según tu inteligencia.
Josef, el que gobierna con una mano
sola tiene la imperfección de un padre manco.
  
23
Ni te muestres al pueblo demasiado
ni en el poder te agites como un hombre de circo.
Imita, si gobiernas, a ese Motor Primero
que hace girar al cosmos
y es invisible y a la vez inmóvil.

24
Preferiría yo, sin embargo, que tales
pesos no recayeran en tus hombros.
Es mejor construirse y apretarse uno mismo
(ya te hablé del pilar y la semilla),
y crecer por adentro lo que afuera se poda
y ganar por arriba lo que se pierde abajo.

Si así lo hicieras, crecerá la Patria,
Josef, en cada una de tus disminuciones.
Y todo lo que pierdas lo ganará esa Novia
del Suceder, en su más claro día.

Leopoldo Marechal