LA NUBECILLA DEL MONTE CARMELO
"Veo una
pequeña nube
como la palma de la
mano
que sube del
mar".
(1 Re 18, 44)
"Lo que me
asombra -dice Dios- es la esperanza,
y no salgo de mi
asombro.
Esta pequeña
esperanza que parece una cosita de nada,
esta pequeña niña
esperanza,
inmortal”.
(Charles Péguy)
El Monte Carmelo, cerca de Haifa y del mar Mediterráneo.
Ante la tremenda sequía que asolaba a
su pueblo, Elías va a orar intensamente en el monte Carmelo hasta arrancarle a
Dios la lluvia.
Es maravilloso comprobar el misterio
de un Dios que hace milagros con el poder de la súplica, y también por el tipo
de milagro.
La sequía es una imagen muy fuerte en
toda la Escritura que alude como ninguna a nuestra experiencia interior de
sed...
Pocas imágenes cósmicas muestran con
tanta transparencia nuestra experiencia de seres carenciados, de indigencia
ontológica, de una vida que nos es dada pero necesita ser regada, ser
vivificada de lo Alto...
La sequía es como una vaga
experiencia sorda, muda, que a veces ni siquiera sabemos identificar del todo,
de insatisfacción, de infelicidad... Sed de Dios.
Todo el pueblo de Israel estaba seco
y el profeta subió a la montaña del Carmelo, se arrodilló y suplicó y
suplicó... Siete veces (el número pleno) mandó a su ayudante a que subiera a la
cumbre y fuera a ver si venía la lluvia...
Pedir y esperar, aguardar, insistir
en la súplica, confiar con ansia y tener la certeza de que Dios podrá hacer el
milagro, con la humildad de saber que no sabemos cuándo ni cómo nos lo va a
dar...
La humildad de seguir yendo a
verificar y con ojos bien abiertos, para poder ver el milagro realizado según
su voluntad...
Con la grandeza espiritual de la confianza en que el
milagro sea en modo distinto al que pedimos, pero con la certeza de saber que
estamos pidiendo el bien: agua para un pueblo sediento.
Tenemos que seguir yendo a la cumbre
a testear, tenemos que insistir en corroborar y saber que puede responder sin
la literalidad con que pedimos. Qué importante es la certeza... Dios lo
realiza, lo cumple, a su modo y en sus tiempos.
Perseverar en subir a la cumbre del Carmelo a otear el horizonte, a ver
la súplica cumplida.
¿Y qué es lo que ve el ayudante de
Elías? Una nubecilla del tamaño de una palma de la mano.
Se nos pide la sutileza de advertir
que Dios actúa en procesos muy paulatinos y se manifiesta en signos muy
pequeños como lo insignificante de una nubecilla...
¡Qué ojo el de Elías! para ver en ese
signo tan pequeño -aquietando el corazón- constatar el milagro...
Desde la lluvia torrencial que se
lanzó sobre todo Israel, hasta el milagro cumplido, fueron minutos o décadas,
no importa... Importa que. en nuestra vida, tenemos que tener ojo para ver lo
que pedimos en los pequeños signos y vislumbrar cómo Dios nos cumple en
procesos...
La pequeña Esperanza, esa nubecilla
de nada, va a concluir en una tormenta de lluvia que devuelve la vida a Israel.
Sublime imagen que la tradición
cristiana asoció a la Virgen del Monte Carmelo, nuestra Estrella del Mar que
nos guía a los náufragos en el mar de la vida, Viña santa, Jardín sellado,
Madre de la Oración incesante, Esperanza nuestra...
¿Quién podría ser esa nubecilla sino
La que anunciaba una lluvia de Agua Viva sobre nuestro corazón yermo…?
Desde los orígenes del Carmelo esta
lectura ha sido interpretada simbólicamente en clave mariana para expresar el
misterio de la Madre del Señor. Ella, la pequeña "sierva del Señor"
(Lc 1,38), pequeña y fecunda como la nubecilla del Carmelo, con su fe y su
disponibilidad al proyecto salvador de Dios ha representado para la humanidad
un nuevo inicio en la historia de la salvación.
En ella, la pequeña elegida desde
siempre por Dios, se ha escondido el Verbo eterno para dar la vida al mundo.
María es un sacramento de la
bendición divina y un pequeño signo de Dios, que en ella "ha hecho grandes cosas" (Lc 1,49), torrentes de gracia.
Pequeña y fecunda María, nubecita del
Carmelo subiendo desde el hontanar marino del alma, llueve, nubecita, llueve la
Luz de tu Divino Hijo sobre nuestro
huerto sediento que clama…
(tomado del blog NUBE ATÓNITA)
REGINA MONTIS CARMELI
Ora pro nobis!