Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.
Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Papa Francisco. Mostrar todas las entradas

9 de mayo de 2024

ANCLADOS EN LA ESPERANZA

 "SPES NON CONFUNDIT"



La Bula de convocación para el Jubileo ordinario del año 2025 del Papa Francisco, presentada hoy en el Vaticano es un texto de una extraordinaria riqueza referido a la virtud teologal de la esperanza.

Su mismo título ("La esperanza no defrauda") tomado de la Carta de san Pablo a los Romanos 5,5, nos habla de aquellas certezas que son inconmovibles.

El comienzo del número 18 de esta Bula es muy expresivo de la fe católica:

"La imagen del ancla es sugestiva para comprender la estabilidad y la seguridad que poseemos si nos encomendamos al Señor Jesús, aun en medio de las aguas agitadas de la vida. Las tempestades nunca podrán prevalecer, porque estamos anclados en la esperanza de la gracia, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Esta esperanza, mucho más grande que las satisfacciones de cada día y que las mejoras de las condiciones de vida, nos transporta más allá de las pruebas y nos exhorta a caminar sin perder de vista la grandeza de la meta a la que hemos sido llamados, el cielo."
Frente a tantas ideas confusas y ambiguas, que obnubilan los fines propios de la esperanza cristiana, es muy oportuno leer este texto pontificio, que deja un "sabor espiritual de las cosas altas". Muy propio para este día de la Ascensión del Señor.

9 de diciembre de 2020

PATRIS CORDE

 

El Papa Francisco 

convoca a un «Año de San José»




Con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal, el Papa Francisco aprobó la Carta Apostólica Patris corde, con el objetivo de «que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución»


En estos tiempos donde está tan infravalorada la figura paterna y la del varón, es muy esclarecedor que el sucesor de Pedro nos señale la principal misión del Padre nutricio del Salvador.






El Santo Padre ofrece en este documento algunas reflexiones personales sobre la «figura extraordinaria» de San José, «tan cercana a nuestra condición humana».

En la Carta Apostólica, el Pontífice destaca que San José estuvo «siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley y a través de los cuatro sueños que tuvo».

Subraya también que «tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel».

Recuerda que «para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero. De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea, lejos de Belén, su ciudad de origen, y de Jerusalén, donde estaba el templo».

«Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo», hace hincapié el Santo Padre.

El Papa Francisco ofrece en su Carta Apostólica una reflexión sobre San José como padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia, padre en la acogida, padre de la valentía creativa, padre trabajador y padre en la sombra.

Padre amado

Francisco subraya que «la grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús».

«Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano». También recuerda que «como descendiente de David, de cuya raíz debía brotar Jesús según la promesa hecha a David por el profeta Natán, y como esposo de María de Nazaret, san José es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento».

Padre de la ternura

Según enseña francisco en esta Carta Apostólica, «Jesús vio la ternura de Dios en José». «José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia».

Padre de la obediencia

El Papa señala que «así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños que, en la Biblia, como en todos los pueblos antiguos, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad».

«José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María», recuerda el Obispo de Roma, pero «con la obediencia superó su drama y salvó a María».

Tras huir a Egipto para salvar a la Sagrada Familia de la maldad de Herodes, «José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país».

«Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel, él una vez más obedeció sin vacilar».

De esa manera, «en la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre».

Padre en la acogida

«José acogió a María sin poner condiciones previas», afirma el Pontífice. «Confió en las palabras del ángel».

«José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia».

En ese sentido, «la acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil».

Padre de la valentía creativa

La valentía creativa, explica Francisco, «surge especialmente cuando encontramos dificultades. De hecho, cuando nos enfrentamos a un problema podemos detenernos y bajarlos brazos, o podemos ingeniárnoslas de alguna manera. A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener».

Por eso, aunque «el Evangelio no da ninguna información sobre el tiempo en que María, José y el Niño permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo que es cierto es que habrán tenido necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo».

«No hace falta mucha imaginación para llenar el silencio del Evangelio a este respecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las demás familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre».

«A este respecto, creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria».

Padre trabajador

Hay un aspecto de San José que tradicionalmente se ha destacado, y es «su relación con el trabajo».

«San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo».

Esa identificación de San José con el trabajo digno se hace hoy más necesaria que nunca: «En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes, aun en aquellas naciones en las que durante décadas se ha experimentado un cierto bienestar, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar».

Padre en la sombra

El Papa destaca que José es para Jesús «la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos».

«Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él».

Francisco explica que «en la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre. También la Iglesia de hoy en día necesita padres».

En ese ámbito, el Papa recuerda otro apelativo que recibe José, el de «castísimo».

«No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todoslos ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz».

José «fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentralizarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida».

Indulgencia en el «Año de San José»

Para obtener la indulgencia plenaria, se precisa en el Decreto, se deberán cumplir las condiciones prescritas por la Iglesia para tal efecto: confesión sacramental, comunión eucarística y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Las modalidades en las cuales se concederá la indulgencia plenaria en el Año de San José que comienza hoy son las siguientes:

«Se concede la indulgencia plenaria a cuantos mediten al menos durante 30 minutos la oración del Padre Nuestro, o participen en un Retiro Espiritual de al menos una jornada donde se realice una meditación sobre San José».

«Aquellos que sobre el ejemplo de San José realicen una obra de misericordia corporal o espiritual podrán igualmente conseguir el don de la indulgencia plenaria».

«Para que todas las familias cristianas se sientan estimuladas a recrear el mismo clima de íntima comunión, de amor y de oración que se vivía en la Sagrada Familia, se concede la indulgencia plenaria por el rezo del Santo Rosario en las familias y entre los novios».

«Podrá conseguir la indulgencia plenaria aquel que confíe cotidianamente sus actividades a la protección de San José y cada fiel que invoque con la oración la intercesión del Artesano de Nazaret para que, quien se encuentre a la búsqueda de empleo, pueda encontrar ocupación y que el trabajo de todos sea digno».

«Se concede la indulgencia plenaria a los fieles que reciten las Letanías a San José (para la tradición latina), o el Akathistos a San José, entero o al menos una parte (para las tradiciones bizantinas), u otra oración a San José propia de otras tradiciones litúrgicas por la Iglesia perseguida ad intra ad extra y para el alivio de todos los cristianos que padecen alguna forma de persecución».

Además, «para reafirmar la universalidad del patrocinio de San José sobre la Iglesia, además de dichos motivos, la Penitenciaría Apostólica concede la indulgencia plenaria a los fieles que reciten cualquier oración legítimamente aprobada o acto de piedad en honor de San José».

«Por ejemplo, ‘A ti, oh, San José’, especialmente desde el 19 de marzo hasta el 1 de mayo, en la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, en el Domingo de San José (según la tradición bizantina), el 19 de cada mes y cada miércoles, día dedicado a la memoria del Santo según la tradición latina».

El Decreto finaliza especificando que «en el actual contexto de emergencia sanitaria, el don de la indulgencia plenaria se extiende de forma particular a los ancianos, a los enfermos, a los agonizantes, y a todos aquellos que por motivos legítimos se encuentran imposibilitados a salir de casa, a los cuales, con el alma libre de todo pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, en su casa o donde les retiene su enfermedad, reciten un acto de piedad en honor a San Joseé, consuelo de los enfermos y patrono de la buena muerte, ofreciendo con fe a Dios los dolores y sufrimientos de la vida».

4 de diciembre de 2019

UN ADMIRABLE SIGNO QUE ANUNCIA UN GRANDE MISTERIO DE LA FE

 EL SIGNIFICADO Y EL VALOR
DE LA ININTERRUMPIDA COSTUMBRE
DEL ARMADO DEL PESEBRE
EN LOS HOGARES Y EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS



El Papa Francisco firmó el pasado 1° de diciembre una Carta Apostólica donde destaca el significado y el valor de la ininterrumpida costumbre del armado del Pesebre en las casas, lugares de trabajo, hospitales, escuelas, cárceles y plazas, antes de la Navidad. Una tradición sencilla nacida en la mística escuela de San Francisco de Asís en el año 1223, que el Pontífice califica como un “Admirable Signo”.

Nos recuerda el texto evangélico: María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (cfr Lc.2,7). El Niño Dios fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.

Una saludable tradición que lleva ya casi 800 años. Y que permanece, aún cuando los medios tecnológicos modernos nos deslumbren con su aparatosidad encandiladora. El Pesebre sigue siendo un lugar privilegiado de la trasmisión de la fe y nos lleva espiritualmente a Belén, donde nació el Salvador en la plenitud de los tiempos



El texto completo en español de este documento pontificio, a continuación:




CARTA APOSTÓLICA
Admirabile signum
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL SIGNIFICADO Y EL VALOR DEL PESEBRE


1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.

El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.

Pero volvamos de nuevo al origen del belén tal como nosotros lo entendemos. Nos trasladamos con la mente a Greccio, en el valle Reatino; allí san Francisco se detuvo viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla. Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre.

Las Fuentes Franciscanas narran en detalle lo que sucedió en Greccio. Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno»[1].

Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes[2].

Así nace nuestra tradición: todos alrededor de la gruta y llenos de alegría, sin distancia alguna entre el acontecimiento que se cumple y cuantos participan en el misterio.

El primer biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. De aquel belén de la Navidad de 1223, «todos regresaron a sus casas colmados de alegría»[3].

3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.

¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.

De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia.

Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.

5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).

Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

8. El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.

El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.

«La Vida se hizo visible» (1Jn 1,2); así el apóstol Juan resume el misterio de la encarnación. El belén nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, y a partir del cual también se ordena la numeración de los años, antes y después del nacimiento de Cristo.

El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños. Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.

9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.

Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.

Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

10. Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.

Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.

Francisco



[1] Tomás de Celano, Vida Primera, 84: Fuentes franciscanas (FF), n. 468.
[2] Cf. ibíd., 85: FF, n. 469.
[3] Ibíd., 86: FF, n. 470.


6 de julio de 2019

LAS VOCACIONES NACEN EN LA ORACIÓN Y DE LA ORACIÓN


“Las vocaciones nacen en la oración y de la oración;
y sólo en la oración pueden perseverar y fructificar”

(Papa Francisco, Regina Coeli 22 de abril de 2013)







Et dicebat illis:
“ Messis quidem multa, operarii autem pauci;  
rogate ergo Dominum messis,
ut mittat operarios in messem suam.
(Lc.X, 2b)

26 de enero de 2019

ECCLESIA DE EUCHARISTIA VIVIT - CATEDRAL SANTA MARÍA LA ANTIGUA DE PANAMÁ


PANAMÁ ES EL PRIMER PAÍS DE AMÉRICA QUE POSEE UN ALTAR CONSAGRADO POR UN PAPA


El Papa Francisco unge con el oleo sagrado el nuevo altar de la Catedral de Panamá (26 de enero de 2019)

Hoy el Papa Francisco ha consagrado el altar de la Catedral de Panamá, Santa María la Antigua.

El depósito sagrado de la Liturgia de la Iglesia, tesoro inapreciable de siglos, tiene en el Rito antiquísimo de la consagración de un altar gestos y oraciones sublimes.

La iglesia catedral panameña es una construcción del año 1688 en el casco antiguo de la ciudad de Panamá y está consagrada.




Ahora se concluyó un trabajo de restauración excelente de más de tres años, que incluyó pisos, nuevo presbiterio, recuperación del Retablo mayor, carrillón de campanas (una campana está dedicada al Papa Francisco), nueva iluminación, nuevo órgano, climatización, etc.

El presidente de Panamá con su comitiva visitan a fines de diciembre de 2018 las obras de restauración de la Catedral Santa María la Antigua


Y tuvo el privilegio que un Papa consagre su nuevo altar, como ocurrió en la Catedral madrileña de Santa María de la Almudena (San Juan Pablo II) y la Basílica-Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona (Benedicto XVI)


Momento en que el Papa Francisco besa una de las reliquias colocadas en el ara del altar.

Su nuevo altar es dignísimo: en su frontis destaca un pelícano y sus polluelos, símbolo de la Eucaristía. Y el Romano Pontífice colocó en su ara reliquias de santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, san Óscar Romero y san Juan Pablo II.

El video de pocos minutos abarca el tiempo en que se realiza este Rito, hecho con solemnidad, sobria nobleza y respetando con precisión las sabias rúbricas. 

Que habla elocuentemente de una fe firme y viva en la nación centroamericana.

Verdaderamente, muy edificante. Vale la pena apreciarlo...

EL ENLACE PARA VERLO:

https://youtu.be/yvaTSEYndtM

31 de marzo de 2017

UN SIGNO LITÚRGICO IMPORTANTE Y VENERABLE

GENUFLEXIÓN PAPAL EN EL "INCARNATUS"




El pasado sábado 25, en la excelsa Misa que presidió el Papa Francisco en los jardines reales de Monza -en Milán, Italia- dado que era la Solemnidad de la Encarnación del Señor, y tal como lo establecen las sabias rúbricas litúrgicas, el Romano Pontífice -y sus 80 años a cuestas- con notable esfuerzo, se arrodilló.

Esta genuflexión se prescribe cuando se canta el Credo, en el momento de confesar el misterio de la Encarnación del Verbo divino que se hace hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de María Virgen ( "... Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est....")

En el antiguo y venerable rito ambrosiano, el Credo se recita luego de la presentación de las ofrendas, cuando la oblata ya está sobre el altar

Y el Papa, tal como lo muestra la foto, con piedad y reverencia, permanece en oración ante el altar que simboliza a Cristo.


La imagen expresa uno de los momentos más grandes de su pontificado.

25 de septiembre de 2015

PAPA FRANCISCO EN USA

TU EST PETRUS

Una imagen impresionante de la visita del Papa Francisco a USA es la de ayer, 24 de septiembre de 2015, en su entrada en el lugar que puede definirse como el "corazón católico de los Estados Unidos": la Catedral de San Patricio en Nueva York.



Cuando ingresó el Papa allí, un coro de 500 voces -acompañado de los sonidos del imponente órgano de 5900 tubos de la Catedral y de trompetas de plata- entonó el "TU EST PETRUS" (la perícopa evangélica que se lee en San Mateo 16, 18-19). Y al llegar a las gradas del presbiterio, toda la asamblea a una voz entonó el "CHRISTUS VINCIT".





LETRA DEL MOTETE "TU EST PETRUS" 

Tu es Petrus, et super hanc petram 
Aedificabo Ecclesiam meam,
Et portae inferi non praevalebunt adversus eam:

Et tibi dabo claves 
Regni coelorum.

Quodcumque ligaveris super terram,
Erit ligatum et in coelis;
Et quodcumque solveris super terram
Erit solutum et in coelis.

TÚ ERES PEDRO  (en español)

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia,
Y las puertas del infierno no la derrotarán.

Yo te daré las llaves
del Reino de los cielos.

Todo lo que ates sobre la tierra
quedará atado en el cielo;
y todo lo que desates en la tierra

quedará desatado en el cielo.






12 de julio de 2015

MEMORABLE BROCHE DE ORO DE LA VISITA PONTIFICIA A SUDAMERICA

LA NOBLE RELIGIOSIDAD DEL PARAGUAY: UNA SUBLIME HERENCIA DE LAS MISIONES JESUÍTICAS ESPAÑOLAS



La Misa que presidió el Papa Francisco en el Parque Ñu Guasú (de 50 hectáreas) en Asunción fue un broche de oro magnifico de su visita pastoral a Sudamérica.

Ha sido emocionante ver a una multitud en ese enorme predio de la Aviación paraguaya expresando una sólida piedad, noble herencia de los abnegados misioneros jesuitas de hace 400 años. Así lo manifestaba el Papa al insistirles en que sean dignos de tan ricas y nobles raíces.




El Retablo de mazorcas de maíz y calabazas, preparado para este magno acontecimientos, quedará en la historia como un hito litúrgico sublime de inculturación de la fe. Con la atinada ubicación del monograma de la Compañía de Jesús en su vértice superior y debajo el monograma del Ave María, y sus lados los rostros de San Ignacio y San Francisco.






Cantidad de detalles corroboran esta religiosidad multitudinaria: los imponentes silencios litúrgicos de semejante muchedumbre, el orden y la excelente preparación de un lugar tan grande, el susodicho Retablo de mazorcas de maíz y calabazas,  los dignos gestos de sus ministros sagrados (obispos, sacerdotes, diáconos,), la pulcra celebración cuidadosamente preparada hasta en sus mínimos detalles... y tantos otras pinceladas inolvidables.



Es necesario destacar un aspecto especial de esta celebración: el canto litúrgico (con el excelente Coro para la ocasión), que matizó música sacra clásica con canto popular litúrgico de reminiscencias guaraníes y paraguayas, con orquesta y toques de arpas.



Emocionante fue escuchar en este lugar el "Ánima Christi" de San Ignacio en latín, y el Himno a Santa María de la Asunción, patrona de la ciudad (que no conocía). Este hermoso canto posee la melodía de nuestro "Cristo Jesús en Ti la Patria espera", con un estribillo sublime que dice:

SALVE SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
GLORIOSA FUNDADORA
DE NUESTRA GRAN NACIÓN
AL PARAGUAY BENDIGA
TU CASTO CORAZÓN.


Capilla de la Virgen de Santa María de la Asunción
en el Panteón de los Héroes Nacionales en la capital del Paraguay
Esta imagen fue llevada al altar papal

En este día, este recóndito lugar de Sudamérica se transformó en el fervoroso y vivo corazón católico de nuestro bendito continente.


¡Cuánto tenemos que aprender los tan creídos argentinos!