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27 de enero de 2020

¡ID A TOMAS! ¡BUSCAD Y LEED LAS OBRAS DE SANTO TOMÁS!


SANTO TOMÁS DE AQUINO
(1224-1274)



Hoy, 28 de enero, la Iglesia recuerda a este santo dominico,
a quien tituló Doctor Angélico,
Doctor común y Doctor de la humanidad
por la envergadura de su labor escolástica,
que alcanzó cotas insuperables.

La obra escrita de Tomás de Aquino es inmensa: teniendo en cuenta que murió a los cuarenta y nueve años.
Y considerando que en esos pocos años de vida
llegó a recorrer unos 10 000 kilómetros en viajes a pie,
se comprende que su trabajo filosófico y teológico sea calificado como una hazaña inigualable.

De la multitud de las referencias
del magisterio de los Papas desde el siglo XIII hasta la actualidad,
que insisten en la excelencia de la doctrina de Santo Tomás,
citamos dos:



San Pío X decía:

“Alejarse de Santo Tomás no va jamás sin grave peligro” 
(motu proprio Sacrorum antistitum 1 de septiembre de 1910)



San Pablo VI escribió:

"Sabemos que hoy día no todos están de acuerdo en esto. Pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversión que se siente hacia Santo Tomás deriva de un contacto superficial y saltuario con su doctrina, más aún, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, también nosotros, como hizo Pío XI, recomendamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia: ¡ Id a Tomás ! Buscad y leed las obras de Santo Tomás - repetimos con gusto - no sólo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros, sino también y ante todo, para daros cuenta personalmente de la incomparable profundidad, riqueza e importancia de la doctrina que contienen".
(Carta "Lumen Ecclesiae") 



El filósofo español Jaime Nubiola recomienda leer, al menos, un artículo de la Suma Teológica por día (¡son 2669!) y expresa:

“Tomás de Aquino enseña a pensar
y, además, enseña a vivir:
a vivir delante de Dios y delante de nuestros contemporáneos.
Por eso es de una extraordinaria actualidad”.

28 de agosto de 2015

LA FE JUNTO CON LA RAZÓN (SAN AGUSTÍN)

De la CARTA APOSTÓLICA 
AUGUSTINUM HIPPONENSEM
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
EN EL XVI CENTENARIO 
DE LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN,
Obispo y Doctor de la Iglesia
(28 de agosto de 1986)


Dos párrafos:

Razón y fe (II, 1)

El problema que más lo atormentó a San Agustín en su juventud y al que volvió una y otra vez con toda la fuerza de su ingenio y toda la pasión de su alma, fue el problema de las relaciones entre la razón y la fe: un problema eterno, de hoy no menos que de ayer, de cuya solución depende la orientación del pensamiento humano. Pero también problema difícil, ya que se trata de pasar indemnes entre un extremo y el otro, entre el fideísmo que desprecia la razón, y el racionalismo que excluye la fe. El esfuerzo intelectual y pastoral de Agustín fue el de demostrar, sin sombra de duda, que "las dos fuerzas que nos permiten conocer" [69] deben colaborar conjuntamente.

Agustín escuchó a la fe, pero no exaltó menos a la razón, dando a cada cual su propio primado o de tiempo o de importancia [70]. Dijo a todos el crede ut intelligas, pero repitió también el intellige ut credas [71]. Escribió una obra, siempre actual, sobre la utilidad de la fe [72], y explicó cómo la fe es la medicina destinada para curar el ojo del espíritu [73], la fortaleza inexpugnable para la defensa de todos, especialmente de los débiles, contra el error [74], el nido donde se echan las plumas para los altos vuelos del espíritu [75], el camino corto que permite conocer pronto, con seguridad y sin errores, las verdades que conducen al hombre a la sabiduría [76]

Pero sostuvo también que la fe no está nunca sin la razón, porque es la razón quien demuestra "a quién hay que creer" [77]. Por lo tanto, "también la fe tiene sus ojos propios, con los cuales ve de alguna manera que es verdadero lo que todavía no ve" [78]. "Nadie, pues, cree si antes no ha pensado que tiene obligación de creer", puesto que "creer no es sino pensar con asentimiento" —cum assentione cogitare— ...hasta tal punto, que "la fe que no sea pensada no es fe" [79].

El razonamiento sobre los ojos de la fe desemboca en el de la credibilidad, del que Agustín habla con frecuencia aportando los motivos, como si quisiera confirmar la conciencia con la que él mismo había vuelto a la fe católica. Interesa citar un texto. Escribe él: "Son muchas las razones que me mantienen en el seno de la Iglesia católica. Aparte la sabiduría de sus enseñanzas (para Agustín este argumento era fortísimo, pero no lo admitían sus adversarios), ...me mantiene el consentimiento de los pueblos y de las gentes; me mantiene la autoridad fundada sobre los milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, consolidada por la antigüedad; me mantiene la sucesión de los obispos, de la sede misma del Apóstol Pedro, a quien el Señor después de la resurrección mandó a apacentar sus ovejas, hasta el episcopado actual; me mantiene, finalmente, el nombre mismo de católica, que no sin razón ha obtenido esta Iglesia solamente" [80].

En su gran obra La ciudad de Dios, que es al mismo tiempo apologética y dogmática, el problema de la razón y de la fe se convierte en el de fe y cultura. Agustín, que tanto trabajó por promover la cultura cristiana, lo resuelve exponiendo tres argumentos importantes: la fiel exposición de la doctrina cristiana; la atenta recuperación de la cultura pagana en todo aquello que tenía de recuperable, y que bajo el punto de vista filosófico no era poco; y la demostración insistente de la presencia en la enseñanza cristiana de todo aquello que había en aquella cultura de verdadero y perennemente útil, con la ventaja de que se encontraba perfeccionado y sublimado [81]

No en vano se leyó mucho La Ciudad de Dios durante la Edad Media, y merece ciertamente que se la lea también en nuestros tiempos como ejemplo y acicate para reflexionar mejor en torno a las relaciones entre el cristianismo y las culturas de los pueblos. 

Vale la pena citar un texto importante de Agustín: "La ciudad celestial... convoca a ciudadanos de todas las naciones... sin preocuparse de las diferencias de costumbres, leyes o instituciones..., no suprime ni destruye cosa alguna de éstas; al contrario, las acepta y conserva todo lo que, aunque diverso en las diferentes naciones, tiende a un mismo fin: la paz terrena, pero con la condición de que no impidan la religión que enseña a adorar a un sólo Dios, sumo y verdadero" [82].


A los jóvenes (final IV)

Para terminar, voy a dedicar una palabra a los jóvenes, a quienes Agustín amó mucho como profesor antes de su conversión[283], y como Pastor, después [284]

Él les recuerda su gran trinomio: verdad, amor, libertad; tres bienes supremos que se dan juntos. Y les invita a amar la belleza, él que fue un gran enamorado de ella [285]. No sólo la belleza de los cuerpos, que podría hacer olvidar la del espíritu [286], ni sólo la belleza del arte [287], sino la belleza interior de la virtud [288], y sobre todo la belleza eterna de Dios, de la que provienen la belleza de los cuerpos, del arte y de la virtud. 

De Dios, que es "la belleza de toda belleza"[289], "fundamento, principio y ordenador del bien y de la belleza de todos los seres que son buenos y bellos" [290]

Agustín, recordando los años anteriores a su conversión, se lamenta amargamente de haber amado tarde esta "belleza tan antigua y tan nueva" [291], y quiere que los jóvenes no le sigan en esto, sino que, amándola siempre y por encima de todo, conserven perpetuamente en ella el esplendor interior de su juventud [292].

NOTAS
[69] Contra Acad., 3, 20, 43: PL 32, 957.
[70] Cf. De ordine, 2, 9, 26: PL 32, 1007.
[71] Cf. Serm., 43. 9: PL 38, 258.
[72] Cf. De utilitate credendi: PL 42, 65-92.
[73] Cf. Confess., 6, 4, 6: PL 32, 722; De serm. Domini in monte. 2, 3, 14: PL 34, 1275.
[74] Cf. Ep., 118, 5, 32: PL 33, 447.
[75] Cf. Serm., 51, 5, 6: PL 38, 337.
[76] Cf. De quantitate animae, 7, 12: PL 32, 1041-1042.
[77] De vera relig., 24, 45: PL 34, 1041-1042.
[78] Ep., 120, 2, 8: PL 33, 456.
[79] De praed. sanctorum, 2, 5: PL 44, 962-963.
[80] Contra ep. Man., 4, 5: PL 42, 175.
[81] Cf. p. es. De civ. Dei, 2, 29, 1-2: PL 41, 77-78.
[82] De civ. Dei, 19, 17: PL 41, 645.


283] Cf. Confess., 6, 7, 11-12: PL 32, 725; De ordine, 1, 10, 30: PL 32, 991.
[284] Cf. Ep., 26: 118; 243; 266: PL 33, 103-107; 431-449; 1054-1059; 1089-1091.
[285] Cf. Confess., 4, 13, 20: PL 32, 701.
[286] Cf. Confess., 10, 8, 15: PL 32, 785-786.
[287] Cf. Confess., 10, 34, 53: PL 32, 801.
[288] Cf. Ep., 120, 4, 20: PL 33, 462.
[289] Confess., 3, 6, 10: PL 32, 687.
[290] Solil., 1, 1, 3: PL 32, 870.
[291] Confess., 10, 27, 38: PL 32, 795.
[292] Cf. Ep. 120, 4, 20: PL 33, 462.

El enlace para leer completa esta magnífica Carta Apostólica de San Juan Pablo II es:

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1986/documents/hf_jp-ii_apl_26081986_augustinum-hipponensem.html


28 de enero de 2015

28 DE ENERO: SANTO TOMÁS DE AQUINO, DOCTOR DE LA IGLESIA


LA ARMONÍA ENTRE LA FE Y LA RAZÓN

De la Encíclica FIDES ET RATIO de San Juan Pablo II (14-9-1998)



“Un puesto singular en el largo camino de la relación entre la fe y la razón en Occidente corresponde a santo Tomás, no sólo por el contenido de su doctrina, sino también por la relación dialogal que supo establecer con el pensamiento árabe y hebreo de su tiempo. En una época en la que los pensadores cristianos descubrieron los tesoros de la filosofía antigua, y más concretamente aristotélica, tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe. Argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse entre sí.

Más radicalmente, Tomás reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión de la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella. Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y perfecciona la razón. Esta última, iluminada por la fe, es liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la desobediencia del pecado y encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio de Dios Uno y Trino. Aun señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el Doctor Angélico no ha olvidado el valor de su carácter racional; sino que ha sabido profundizar y precisar este sentido. En efecto, la fe es de algún modo « ejercicio del pensamiento »; la razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan mediante una opción libre y consciente.


Precisamente por este motivo la Iglesia ha propuesto siempre a santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología. En este contexto, deseo recordar lo que escribió mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, con ocasión del séptimo centenario de la muerte del Doctor Angélico: « No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y la honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía. Por eso ha pasado a la historia del pensamiento cristiano como precursor del nuevo rumbo de la filosofía y de la cultura universal. El punto capital y como el meollo de la solución casi profética a la nueva confrontación entre la razón y la fe, consiste en conciliar la secularidad del mundo con las exigencias radicales del Evangelio, sustrayéndose así a la tendencia innatural de despreciar el mundo y sus valores, pero sin eludir las exigencias supremas e inflexibles del orden sobrenatural ». (Número 43)


25 de enero de 2015

DOCTORA DE LA IGLESIA: HILDEGARDA DE BINGEN, S.XII

"COMPRENDE, OH HOMBRE, POR TU ALMA, LO QUE ERES"

“El alma en el cuerpo es como la savia en el árbol, y sus facultades son como las ramas de éste.
¿Cómo es eso? La inteligencia es al alma como el verdor a las ramas y hojas; la voluntad, como las flores; el espíritu, como el primer fruto que brota; la razón, como el fruto perfecto que llega a la madurez; los sentidos, como la extensión de su grandeza. Es así como el cuerpo del hombre es sostenido y fortificado por el alma. Por eso, oh hombre, comprende por tu alma lo que eres, tú que renuncias a tu inteligencia y quieres compararte a los animales.”

(Cita del Scivias de santa Hildegarda de Bingen, recogida en Hildegarda de Bingen. Una conciencia inspirada del siglo XII, de Régine Pernoud; Paidós, 1998;  pg. 44.)
Proclamada Doctora de la Iglesia Católica el 7 de octubre de 2012 por Su Santidad el Papa Benedicto XVI.






(Foto: una palmera y un cedro. "El justo florecerá como la palmera, crecerá como cedro en el Líbano"  Ps.92,12. Ambos árboles alcanzan grandes alturas y son de raíces importantes)