20 de marzo de 2023
ANTE LA CRISIS DE LA IDENTIDAD DEL VARÓN
13 de febrero de 2023
BUENOS AIRES; ¿UN INMENSO GERIÁTRICO?
EL INVIERNO DEMOGRÁFICO EN ARGENTINA
12 de febrero de 2023
UN EMINENTE DOCTOR DE LA IGLESIA DEL TERCER MILENIO
QUE TU “SÍ” SEA “SÍ”
Y QUE TU “NO” SEA “NO”
La revista francesa La Nef ha publicado en su número de febrero 2023 un dossier especial sobre la figura del Papa Benedicto XVI.
Publicamos uno de los artículos, escrito por el cardenal guineano
Robert Sarah, que fuera colaborador del Papa Ratzinger.
Es un justo reconocimiento al Papa teólogo, cuyo pontificado brilla con una luz apacible y serena en medio de la oscuridad de una sociedad sin Dios.
Y que siempre, su “sí” fue “sí” y su “no” fue “no” (cfr. Mt. 5, 37) sin componendas o ambigüedades.
Un profeta de la Verdad frente al imperio de la mentira.
El descendiente
de San Agustín
Muchos homenajes
subrayan la grandeza de Benedicto XVI como teólogo. De eso no cabe
duda. Su obra perdurará. Sus luminosos libros son ya clásicos. Pero no debemos
equivocarnos. Su grandeza no reside principalmente en la penetración académica
de los conceptos de la ciencia teológica, sino en la profundidad teológica de su
contemplación de las realidades divinas.
Benedicto XVI tenía el don de hacernos ver a Dios, de hacernos
gustar su presencia, a través de sus palabras. Creo que puedo decir que
cada una de las homilías que escuché de él fue una verdadera experiencia
espiritual que marcó mi alma. En esto, es un verdadero descendiente de
San Agustín, el Doctor al que se sentía tan cercano en espíritu.
"Hacer presente a Dios en este mundo"
Su voz, frágil y cálida a la vez, consiguió hacernos sentir la
experiencia teológica que él mismo había vivido. Te aferraba en lo más hondo
del corazón y te conducía a la presencia de Dios.
Escuchémosle: "En nuestro
tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro
de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad
que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a
los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló
en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el
extremo, en Jesucristo crucificado y resucitado"
(Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la remisión de la excomunión
de los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Marcel Lefebvre,
10 de marzo de 2009).
Benedicto XVI no era un ideólogo rígido. Estaba enamorado de la
verdad, que para él no era un concepto, sino una persona encontrada y
amada: Jesús, el Dios hecho hombre. Recordemos su afirmación magistral: "No se comienza a ser cristiano por una
decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento,
con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello,
una orientación decisiva" (Deus caritas est, 1).
Benedicto XVI nos llevó a vivir este encuentro de fe con Cristo Jesús.
Allá donde iba, encendía esta llama en los corazones. Con jóvenes,
seminaristas, sacerdotes, jefes de Estado, pobres y enfermos, reavivó
la alegría de la fe con fuerza y discreción. Se hizo olvidar para dejar
brillar mejor el fuego del que era portador. Nos recordó: "Solo si hay una cierta experiencia, se puede también
comprender" (Encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de
Roma, 22 de febrero de 2007).
Nunca dejó de recordarnos que esta experiencia de encuentro con
Cristo no contradice ni la razón ni la libertad. "[Cristo] no quita nada, y lo da todo" (Santa Misa de
inicio del ministerio petrino, domingo 24 de abril de 2005).
Frente al imperio de la mentira
A veces estaba solo, como un niño que se enfrenta al mundo. Un
profeta de la verdad que es Cristo frente al imperio de la mentira, un
frágil mensajero frente a poderes calculadores e interesados. Frente al gigante
Goliat del dogmatismo relativista y el consumismo todopoderoso, no tenía
otra arma que su palabra.
Este David de los tiempos modernos se atrevió a gritar:
"El deseo de verdad pertenece a la
naturaleza misma del hombre, y toda la creación es una inmensa invitación a
buscar las respuestas que abren la razón humana a la gran respuesta que desde
siempre busca y espera: 'La verdad de la revelación cristiana, que se
manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el «misterio» de la
propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de
la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la
relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad
la palabra del Señor: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres»'
(Fides et ratio, 15)" (Discurso a los participantes en la Asamblea
plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 10 de febrero de 2006).
Un mensaje "insoportable" para el mundo
Pero la mentira y el compromiso no lo toleraron. Fuera de la
Iglesia, pero también dentro de ella, hubo quien perdió el control.
Sus propuestas fueron caricaturizadas, distorsionadas y ridiculizadas. El
mundo quería silenciarlo porque su mensaje era insoportable. Querían
silenciarle.
Benedicto XVI ha resucitado en nuestro tiempo la figura de los Papas de
la Antigüedad, mártires aplastados por el moribundo Imperio romano. El mundo,
como Roma en el pasado, tembló ante este anciano con corazón de niño. El
mundo estaba demasiado comprometido con la mentira para atreverse a escuchar la
voz de su conciencia. Benedicto XVI fue un mártir de la verdad,
de Cristo. Traición, deshonestidad, sarcasmo, no se le ahorró nada. Vivió el
misterio de la iniquidad hasta el final.
Como un padre
Entonces vimos al hombre discreto revelar plenamente su alma de pastor y
padre. Como un nuevo San Agustín, la paternidad del pastor desplegó en él la
madurez de su santidad. ¿Quién no recuerda la tarde en que, habiendo reunido en
la plaza de San Pedro a sacerdotes de todo el mundo, lloró con ellos, rió con
ellos y les abrió la intimidad de su corazón sacerdotal? Muchos jóvenes
le deben su vocación sacerdotal o religiosa. Benedicto XVI brillaba como un
padre entre sus hijos cuando estaba rodeado de sacerdotes y seminaristas.
Hasta el final, quiso apoyarlos y hablarles desde lo más profundo de su
corazón, llamado a seguir a Cristo en el don de sí mismo e incluso en el
sufrimiento por los demás. "Para que
el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí
mismo" (Deus caritas est, 34). "Cristo, padeciendo por todos nosotros, ha dado al
sufrimiento un nuevo sentido, lo ha introducido en una nueva dimensión, en
otro orden: en el orden del amor" (Discurso a los cardenales,
arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre
de 2005).
Benedicto XVI amaba a las familias y a los enfermos. Para
entenderlo, hay que haberle visto con los niños hospitalizados. Hay que haberle
visto dándole un regalo a cada uno. Hay que haber visto la pequeña lágrima de
emoción que brilló en su amable rostro.
A él, recordémoslo, se debe la lucidez de la Iglesia sobre la pedofilia.
Sabía cómo llamar al pecado por su nombre, cómo conocer y escuchar a las
víctimas, y cómo castigar a los culpables sin la complicidad que a veces se
disfraza de misericordia.
En la oración y el silencio
A pesar de ello, o tal vez a causa de este amor a la verdad, cada vez
fue más despreciado. Entonces el profeta, el mártir, el padre tan bueno se
convirtió en un maestro de la oración.
No puedo olvidar aquella tarde en Madrid cuando, ante más de un millón
de jóvenes entusiastas, renunció al discurso que había preparado para
invitarles a rezar en silencio con él. Había que ver a esos jóvenes de todo el
mundo, silenciosos, arrodillados detrás de quien les mostraba el camino.
Aquella noche, con su oración silenciosa, dio a luz a una nueva generación
de jóvenes cristianos: "Sólo ella
[la adoración] nos hace verdaderamente libres, solo ella nos da los criterios
para nuestra acción. Precisamente en un mundo en el que progresivamente se van
perdiendo los criterios de orientación y existe el peligro de que cada uno se
convierta en su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración"
(Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la
curia romana, 22 de diciembre de 2005).
De ahí su insistencia en la importancia de la Liturgia. Sabía que en la Liturgia la Iglesia se
encuentra cara a cara con Dios. Si no está en el lugar que le corresponde,
entonces se dirige a la ruina.
A menudo repetía que la crisis de la Iglesia era
fundamentalmente una crisis litúrgica, es decir, una pérdida del sentido del
culto. "El misterio es el
corazón del que sacamos nuestra fuerza", le gustaba repetir. Trabajó
mucho para devolver a los cristianos una liturgia que fuera, según sus
palabras, "un verdadero diálogo del
Hijo con el Padre".
Frente a un mundo sordo a la verdad; frente, a veces, a una
institución eclesiástica que se negaba a escuchar su llamada, Benedicto XVI
optó finalmente por el silencio como última predicación.
Al renunciar a su cargo y retirarse a la oración, recordó a todos que "necesitamos hombres que miren
de frente a Dios y aprendan de Él lo que es la verdadera humanidad.
Necesitamos personas cuyas mentes estén iluminadas por la luz de Dios y cuyos
corazones Dios abra para que sus mentes puedan hablar a las mentes de los demás
y sus corazones puedan abrir los corazones de los demás" (Cardenal
Ratzinger, Conferencia en el monasterio de Santa Escolástica, Subiaco, 1 de
abril de 2005). Sin saberlo, el Papa estaba dibujando su propio retrato,
añadiendo: "Solo de los santos, solo
de Dios, viene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo".
¿Habrá sido Benedicto XVI la última luz de la civilización cristiana? ¿El ocaso de
una era superada? A algunos les gustaría pensar que sí. Es cierto que, sin él,
nos sentimos huérfanos, privados de la estrella que nos guiaba. Pero ahora su
luz está en nosotros.
Benedicto XVI, con su enseñanza y su ejemplo, es el Padre de la
Iglesia del tercer milenio.
La luz alegre y pacífica de su fe nos iluminará durante mucho
tiempo.
31 de diciembre de 2022
IN MEMORIAM +BENEDICTO XVI (1927-2022)
MANTÉNGANSE FIRMES EN LA FE CATÓLICA
Escribe el Papa Benedicto XVI en el final de su
testamento espiritual, fechado el 29 de agosto de 2006:
DEL TESTAMENTO DE BENEDICTO XVI
“...Lo que antes dije a mis
compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia han sido confiados a
mi servicio:
¡Manténganse firmes en la fe!
¡No se dejen confundir!
A menudo parece como si la ciencia
-las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica
(especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de
ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica.
He vivido las transformaciones de las
ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he visto cómo, por el contrario,
las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser
ciencia, sino interpretaciones filosóficas que sólo parecen ser competencia de
la ciencia.
Desde hace sesenta años, acompaño el
camino de la teología, especialmente de las ciencias bíblicas, y con la
sucesión de las diferentes generaciones, he visto derrumbarse tesis que
parecían inamovibles y resultar meras hipótesis: la generación liberal
(Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la
generación marxista.
He visto y veo cómo de la confusión
de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe.
Jesucristo es verdaderamente el
camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es
verdaderamente su cuerpo...”
29 de diciembre de 2022
BENEDICTO XVI
Jueves 29 de diciembre del año del Señor 2022
“Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de
juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su
Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella,
arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar.
Porque llegará el tiempo en que los hombres no
soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus
inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los
oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas.
Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas
las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la
perfección tu ministerio.
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una
libación, y el momento de mi partida se
aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera,
conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de
justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día”.
(2Tim.4,1-8)
18 de noviembre de 2022
+CARDENAL JUAN CARLOS ARAMBURU (1912-2004)
EN LAS VÍSPERAS DE
CRISTO REY
+Cardenal JUAN CARLOS
ARAMBURU (1912-2004)
In memoriam
Hace hoy 18 años, fallecía a los 92 años de edad en Buenos Aires (el 18 de noviembre de 2004) el arzobispo emérito de Buenos Aires, cuando se aprestaba a salir para el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers (donde dos veces a la semana confesaba a los fieles).
Esta conmemoración está muy próxima a la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (el próximo domingo 20/11) y muy ligada al lema episcopal del cardenal, que era “ADVENIAT REGNUM TUUM” (¡VENGA TU REINO!) en sintonía con esa profunda espiritualidad cristocéntrica que lo caracterizó, junto con su fiel amor a la Iglesia, otra de sus notas distintivas.
Fue de esos hombres que la Iglesia preparó con esmero para su tarea ministerial, nacido en la Argentina profunda, religiosa y austera. Desde muy joven se consagró al Señor, y su vida deja una estela de discreción y entrega apostólica, con un servicio fiel a todos sin acepciones o categorías. Hombre sencillo, pero sin alardes de su estirpe provinciana, imponía por su porte de digno sucesor de los Apóstoles.
Juan Carlos Aramburu nació en Reducción (Córdoba), el 11 de febrero de 1912. A los 11 años ingresó en el Seminario de Córdoba y años más tarde fue enviado al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1934. Obtuvo los doctorados en Filosofía y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana.
El 7 de octubre 1946 fue nombrado por el Papa Pío XII Obispo auxiliar de Tucumán; y Obispo de la misma en 1953. Su labor pastoral se manifestó en la creación de diez nuevas parroquias y en la construcción de muchas capillas en el interior de la diócesis tucumana. Decidió la construcción de la Casa de Ejercicios Espirituales de Tucumán. En las parroquias tucumanas llegó a confirmar a más de 1.000 personas por día, y según sus cálculos, el total llega a unas 150.000 en sus 21 años de obispo.
Al elevar el Sumo Pontífice la diócesis tucumana a la jerarquía de arquidiócesis, en 1957, el prelado fue promovido a arzobispo de Tucumán siendo su primer arzobispo y cuarto diocesano.
Participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II, al que calificó “como el momento más trascendente de su vida”.
El 14 de junio de 1967, San Pablo VI lo nombró Coadjutor con derecho de sucesión del Cardenal Antonio Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires
El 22 de abril de 1975 fue promovido a arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, tras la aceptación papal de la renuncia del cardenal Antonio Caggiano. Fue el noveno Arzobispo y vigésimo cuarto diocesano de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Rigió la arquidiócesis a lo largo 23 años con una fidelidad ejemplar.
El 24 de mayo de 1976 fue creado Cardenal; y como tal integró las Congregaciones para las Iglesias Orientales, para la Educación Católica, y para el Culto; la Prefectura de Asuntos Económicos y el Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos en la Santa Sede.
El 11 de febrero de 1987 presentó su renuncia al Arzobispado de Buenos Aires por límite de edad, pero el Papa San Juan Pablo II se la aceptó sólo tres años más tarde, el 11 de julio de 1990.
Sus restos mortales están sepultados en la capilla San Juan Bautista, ubicada en uno de los laterales de la Catedral Metropolitana, en honor al santo de su título cardenalicio.
Que
descanse en la Paz del Señor, como servidor fiel y prudente.
ANEXO ESTADÌSTICO
Dos datos del gobierno pastoral del Cardenal Aramburu en Buenos Aires:
CREÓ 25 NUEVAS PARROQUIAS
|
1. REINA DE LOS APOSTOLES |
|
2. INMACULADA CONCEPCION (D) |
|
3. MARIA MADRE DE LA IGLESIA |
|
4. NUESTRA SEÑORA DE FATIMA (B) |
|
5. CRISTO MAESTRO |
|
6. JESUS SALVADOR |
|
7. PURISIMO CORAZON DE MARIA |
|
8. VIRGEN INMACULADA DE LOURDES |
|
9. SANTA MARIA MADRE DEL PUEBLO |
|
10.
PATROCINIO DE LA VIRGEN |
|
11.
SAN ILDEFONSO |
|
12.
NUESTRA SEÑORA DE ITATI |
|
13.
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DEL MILAGRO |
|
14.
NUESTRA SEÑORA DE LA VISITACION |
|
15.
SEÑOR DEL MILAGRO |
|
16.
MARIA MADRE DEL REDENTOR |
|
17.
CORAZON DE JESUS |
|
18.
NUESTRA SEÑORA DE LORETO |
|
19.
MADRE ADMIRABLE |
|
20.
SANTA CATALINA DE ALEJANDRIA |
|
21.
NUESTRA SEÑORA DE CAACUPE |
|
22.
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN (C) |
|
23.
VIRGEN DE LOS MILAGROS DE CAACUPE |
|
24.
NUESTRA SEÑORA DE LA ANUNCIACION |
|
25.
NUESTRA SEÑORA DE LA RABIDA |
|
26.
INMACULADA VIRGEN DE FATIMA |
CANTIDAD DE CENTROS Y CÍRCULOS PARROQUIALES
DE ACA en BUENOS AIRES
AL CONCLUIR SU MANDATO APOSTÓLICO (1990)
16 de octubre de 2022
LA GRAVITAS SACERDOTALIS
LA IMPORTANCIA DE
LAS MANOS DEL SACERDOTE EN LA LITURGIA
Un breve extracto de un artículo de don Enrico Finotti (Cf.
LITURGIA CULMEN ET FONS, n.1 – 2021, p. 7) sobre la importancia y el sentido
teológico de la disciplina en la liturgia y otros ámbitos que dicen relación a
ella.
El autor señala el valor
que encierra los gestos litúrgicos del celebrante, empezando por los
movimientos y gestos que realiza con sus manos y brazos. En efecto, los gestos
del sacerdote son de gran importancia para el decoro del culto y el
recogimiento de la asamblea. También a través de gestos corporales el hombre
manifiesta la presencia de lo sagrado y el modo adecuado de comportarse ante
una realidad que lo trasciende y supera.
Las manos y los
brazos
"La posición de las manos y de los brazos
es quizá el elemento más recurrente y visible de la gestualidad sagrada. Las
manos juntas constituyen la actitud ordinaria para entrar y estar en el altar;
de este gesto, cuidado con propiedad y mantenido con constancia, depende la
devoción del sacerdote y del pueblo que lo observa. La indisciplina de las
manos, que manipulan innecesariamente objetos y páginas, o que se agitan en
posiciones inconexas y profanas, secundando de modo superficial movimientos
inconscientes e irreflexivos, inducen a la distracción y revelan un ánimo
desprovisto de devoción y lejos del sentimiento interior que debe inspirar los
gestos sagrados.
· Con las manos
apoyadas sobre las rodillas, el sacerdote se sienta a escuchar la palabra de
Dios;
· las manos levantadas,
con la debida discreción, el sacerdote eleva la alabanza y proclama la gloria
del Altísimo;
· con las manos
noblemente extendidas sobre las oblatas o sobre el pueblo invoca la epíclesis
del Espíritu Santo;
· con las manos
temblorosas toca los dones místicos, los eleva con dignidad sagrada, los parte
con cuidadosa circunspección, los ofrece con veneración en la santa comunión;
finalmente, con las manos bendice y
despide al pueblo.
Se comprende entonces la importancia
que corresponde al sacerdote en la disciplina de las manos, que deben ser el
reflejo de las «manos santas y
venerables» (Canon Romano) del Señor, contempladas en el acto sublime de la
institución de la Eucaristía.
Por eso la Iglesia unge las manos
sacerdotales con el sagrado crisma y manda que el sacerdote, tras la ablución
ritual en la sacristía, acceda al acto de la consagración luego del lavabo,
así como los Apóstoles fueron purificados mediante el lavatorio de los
pies".
Texto
completo: liturgiaculmenetfons.it











