Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

20 de marzo de 2023

ANTE LA CRISIS DE LA IDENTIDAD DEL VARÓN

 ANTE LA CRISIS DE LA IDENTIDAD DEL VARÓN

En un mundo donde se va desdibujando la figura paterna
y las virtudes propias del varón están difuminadas,
dando lugar a un demoledora crisis de la identidad masculina,
qué importante es volver la mirada espiritual a San José,
el Varón justo y sabio padre nutricio del Salvador.


La oración escrita por el Papa Francisco
en su Carta “PATRIS CORDE” (“CON CORAZÓN DE PADRE”) del 8 de diciembre de 2020,
con la que inauguró el Año Universal de San José
al cumplirse los 150 años
de la Declaración del ilustre Patriarca como Patrono de la Iglesia dice así:

SALVE REDEMPTORIS CUSTOS (en español)

"Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal.
Amén".

SALVE REDEMPTORIS CUSTOS (en latín)

"Salve, Redemptoris custos
et sponsus Mariae Virginis.
Tibi Deus suum Filium commisit;
in te Maria fiduciam suam reposuit;
tecum Christus vir factus est.
O beate Ioseph, etiam nobis monstra te esse patrem,
atque duc nos in vitae itinere.
Impetra nobis gratiam, misericordiam et animum,
et tuere nos ab omni malo. Amen".

Vir Iustus
Pater Salvatoris
Terror dæmónum,
Protéctor sanctæ Ecclésiæ,
ORA PRO NOBIS!

13 de febrero de 2023

BUENOS AIRES; ¿UN INMENSO GERIÁTRICO?

EL INVIERNO DEMOGRÁFICO EN ARGENTINA


Un comunicado oficial del Instituto del Diagnóstico (IADT), -el prestigioso sanatorio de la ciudad de Buenos Aires- anunció el cierre de la División de Obstetricia, Maternidad y Neonatologia de ese nosocomio por la caída feroz de nacimientos en Buenos Aires (40% menos de partos en los últimos cinco años)



El diario Clarín de hoy (12/2/2023) presenta esta noticia junto con estadísticas sombrías sobre la cantidad de nacimientos en la Argentina. Todo lo contrario a lo que vislumbraba Alberdi, cuando decía "Gobernar es poblar".

La noticia hace pensar. Y es fácilmente comprobable con sólo caminar por las plazas: no se ven cochecitos de bebés o matrimonios jóvenes con niños pequeños.

El paso siguiente será lo que propone un joven profesor de Yale para Japón: ante la gran cantidad de personas ancianas, que implican un costo enorme de atención, implementar el "suicidio asistido" masivo de gerontes como solución.





12 de febrero de 2023

UN EMINENTE DOCTOR DE LA IGLESIA DEL TERCER MILENIO


     QUE TU “SÍ” SEA “SÍ” Y QUE TU “NO” SEA “NO”

La revista francesa La Nef  ha publicado en su número de febrero 2023 un dossier especial sobre la figura del Papa Benedicto XVI. 

Publicamos uno de los artículos, escrito por el cardenal guineano Robert Sarah, que fuera colaborador del Papa Ratzinger.

Es un justo reconocimiento al Papa teólogo, cuyo pontificado brilla con una luz apacible y serena en medio de la oscuridad de una sociedad sin Dios. 

Y que siempre, su “sí” fue “sí” y su “no” fue “no” (cfr. Mt. 5, 37) sin componendas o ambigüedades. 

Un profeta de la Verdad frente al imperio de la mentira.





El descendiente de San Agustín

Muchos homenajes subrayan la grandeza de Benedicto XVI como teólogo. De eso no cabe duda. Su obra perdurará. Sus luminosos libros son ya clásicos. Pero no debemos equivocarnos. Su grandeza no reside principalmente en la penetración académica de los conceptos de la ciencia teológica, sino en la profundidad teológica de su contemplación de las realidades divinas.

Benedicto XVI tenía el don de hacernos ver a Dios, de hacernos gustar su presencia, a través de sus palabras. Creo que puedo decir que cada una de las homilías que escuché de él fue una verdadera experiencia espiritual que marcó mi alma. En esto, es un verdadero descendiente de San Agustín, el Doctor al que se sentía tan cercano en espíritu.

"Hacer presente a Dios en este mundo"

Su voz, frágil y cálida a la vez, consiguió hacernos sentir la experiencia teológica que él mismo había vivido. Te aferraba en lo más hondo del corazón y te conducía a la presencia de Dios.

Escuchémosle: "En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo, en Jesucristo crucificado y resucitado" (Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la remisión de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Marcel Lefebvre, 10 de marzo de 2009).

Benedicto XVI no era un ideólogo rígido. Estaba enamorado de la verdad, que para él no era un concepto, sino una persona encontrada y amada: Jesús, el Dios hecho hombre. Recordemos su afirmación magistral: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus caritas est, 1).

Benedicto XVI nos llevó a vivir este encuentro de fe con Cristo Jesús. Allá donde iba, encendía esta llama en los corazones. Con jóvenes, seminaristas, sacerdotes, jefes de Estado, pobres y enfermos, reavivó la alegría de la fe con fuerza y discreción. Se hizo olvidar para dejar brillar mejor el fuego del que era portador. Nos recordó: "Solo si hay una cierta experiencia, se puede también comprender" (Encuentro con los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma, 22 de febrero de 2007).

Nunca dejó de recordarnos que esta experiencia de encuentro con Cristo no contradice ni la razón ni la libertad. "[Cristo] no quita nada, y lo da todo" (Santa Misa de inicio del ministerio petrino, domingo 24 de abril de 2005).

Frente al imperio de la mentira

A veces estaba solo, como un niño que se enfrenta al mundo. Un profeta de la verdad que es Cristo frente al imperio de la mentira, un frágil mensajero frente a poderes calculadores e interesados. Frente al gigante Goliat del dogmatismo relativista y el consumismo todopoderoso, no tenía otra arma que su palabra.

Este David de los tiempos modernos se atrevió a gritar: "El deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre, y toda la creación es una inmensa invitación a buscar las respuestas que abren la razón humana a la gran respuesta que desde siempre busca y espera: 'La verdad de la revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el «misterio» de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor:  «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres»' (Fides et ratio, 15)" (Discurso a los participantes en la Asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 10 de febrero de 2006).

Un mensaje "insoportable" para el mundo

Pero la mentira y el compromiso no lo toleraron. Fuera de la Iglesia, pero también dentro de ella, hubo quien perdió el control. Sus propuestas fueron caricaturizadas, distorsionadas y ridiculizadas. El mundo quería silenciarlo porque su mensaje era insoportable. Querían silenciarle.

Benedicto XVI ha resucitado en nuestro tiempo la figura de los Papas de la Antigüedad, mártires aplastados por el moribundo Imperio romano. El mundo, como Roma en el pasado, tembló ante este anciano con corazón de niño. El mundo estaba demasiado comprometido con la mentira para atreverse a escuchar la voz de su conciencia. Benedicto XVI fue un mártir de la verdad, de Cristo. Traición, deshonestidad, sarcasmo, no se le ahorró nada. Vivió el misterio de la iniquidad hasta el final.

Como un padre

Entonces vimos al hombre discreto revelar plenamente su alma de pastor y padre. Como un nuevo San Agustín, la paternidad del pastor desplegó en él la madurez de su santidad. ¿Quién no recuerda la tarde en que, habiendo reunido en la plaza de San Pedro a sacerdotes de todo el mundo, lloró con ellos, rió con ellos y les abrió la intimidad de su corazón sacerdotal? Muchos jóvenes le deben su vocación sacerdotal o religiosa. Benedicto XVI brillaba como un padre entre sus hijos cuando estaba rodeado de sacerdotes y seminaristas.

Hasta el final, quiso apoyarlos y hablarles desde lo más profundo de su corazón, llamado a seguir a Cristo en el don de sí mismo e incluso en el sufrimiento por los demás. "Para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo" (Deus caritas est, 34). "Cristo, padeciendo por todos nosotros, ha dado al sufrimiento un nuevo sentido, lo ha introducido en una nueva dimensión, en otro orden: en el orden del amor" (Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005).

Benedicto XVI amaba a las familias y a los enfermos. Para entenderlo, hay que haberle visto con los niños hospitalizados. Hay que haberle visto dándole un regalo a cada uno. Hay que haber visto la pequeña lágrima de emoción que brilló en su amable rostro.

A él, recordémoslo, se debe la lucidez de la Iglesia sobre la pedofilia. Sabía cómo llamar al pecado por su nombre, cómo conocer y escuchar a las víctimas, y cómo castigar a los culpables sin la complicidad que a veces se disfraza de misericordia.

En la oración y el silencio

A pesar de ello, o tal vez a causa de este amor a la verdad, cada vez fue más despreciado. Entonces el profeta, el mártir, el padre tan bueno se convirtió en un maestro de la oración.

No puedo olvidar aquella tarde en Madrid cuando, ante más de un millón de jóvenes entusiastas, renunció al discurso que había preparado para invitarles a rezar en silencio con él. Había que ver a esos jóvenes de todo el mundo, silenciosos, arrodillados detrás de quien les mostraba el camino.

Aquella noche, con su oración silenciosa, dio a luz a una nueva generación de jóvenes cristianos: "Sólo ella [la adoración] nos hace verdaderamente libres, solo ella nos da los criterios para nuestra acción. Precisamente en un mundo en el que progresivamente se van perdiendo los criterios de orientación y existe el peligro de que cada uno se convierta en su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración" (Discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados superiores de la curia romana, 22 de diciembre de 2005).

De ahí su insistencia en la importancia de la Liturgia. Sabía que en la Liturgia la Iglesia se encuentra cara a cara con Dios. Si no está en el lugar que le corresponde, entonces se dirige a la ruina.

A menudo repetía que la crisis de la Iglesia era fundamentalmente una crisis litúrgica, es decir, una pérdida del sentido del culto. "El misterio es el corazón del que sacamos nuestra fuerza", le gustaba repetir. Trabajó mucho para devolver a los cristianos una liturgia que fuera, según sus palabras, "un verdadero diálogo del Hijo con el Padre".

Frente a un mundo sordo a la verdad; frente, a veces, a una institución eclesiástica que se negaba a escuchar su llamada, Benedicto XVI optó finalmente por el silencio como última predicación.

Al renunciar a su cargo y retirarse a la oración, recordó a todos que "necesitamos hombres que miren de frente a Dios y aprendan de Él lo que es la verdadera humanidad. Necesitamos personas cuyas mentes estén iluminadas por la luz de Dios y cuyos corazones Dios abra para que sus mentes puedan hablar a las mentes de los demás y sus corazones puedan abrir los corazones de los demás" (Cardenal Ratzinger, Conferencia en el monasterio de Santa Escolástica, Subiaco, 1 de abril de 2005). Sin saberlo, el Papa estaba dibujando su propio retrato, añadiendo: "Solo de los santos, solo de Dios, viene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo".

¿Habrá sido Benedicto XVI la última luz de la civilización cristiana? ¿El ocaso de una era superada? A algunos les gustaría pensar que sí. Es cierto que, sin él, nos sentimos huérfanos, privados de la estrella que nos guiaba. Pero ahora su luz está en nosotros.

Benedicto XVI, con su enseñanza y su ejemplo, es el Padre de la Iglesia del tercer milenio.

La luz alegre y pacífica de su fe nos iluminará durante mucho tiempo.

 

31 de diciembre de 2022

IN MEMORIAM +BENEDICTO XVI (1927-2022)


MANTÉNGANSE FIRMES EN LA FE CATÓLICA


En la Plaza de San Pedro durante el mensaje Urbi et Orbi del 9 de abril de 2012

Escribe el Papa Benedicto XVI en el final de su testamento espiritual, fechado el 29 de agosto de 2006:

 

DEL TESTAMENTO DE BENEDICTO XVI

 

“...Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio:

 

 ¡Manténganse firmes en la fe!

 ¡No se dejen confundir! 

 

A menudo parece como si la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica. 

 

He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he visto cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas que sólo parecen ser competencia de la ciencia. 

 

Desde hace sesenta años, acompaño el camino de la teología, especialmente de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones, he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. 

 

He visto y veo cómo de la confusión de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe.

 

Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo...”

 

29 de diciembre de 2022

BENEDICTO XVI

 

Jueves 29 de diciembre del año del Señor 2022


“Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. 

Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. 


Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio.


Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.  Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día”.


(2Tim.4,1-8)

18 de noviembre de 2022

+CARDENAL JUAN CARLOS ARAMBURU (1912-2004)

 

EN LAS VÍSPERAS DE CRISTO REY

 

+Cardenal JUAN CARLOS ARAMBURU (1912-2004)

In memoriam


Hace hoy 18 años, fallecía a los 92 años de edad en Buenos Aires (el 18 de noviembre de 2004) el arzobispo emérito de Buenos Aires, cuando se aprestaba a salir para el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers (donde dos veces a la semana confesaba a los fieles).

Esta conmemoración está muy próxima a la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (el próximo domingo 20/11) y muy ligada al lema episcopal del cardenal, que era “ADVENIAT REGNUM TUUM” (¡VENGA TU REINO!) en sintonía con esa profunda espiritualidad cristocéntrica que lo caracterizó, junto con su fiel amor a la Iglesia, otra de sus notas distintivas.

Fue de esos hombres que la Iglesia preparó con esmero para su tarea ministerial, nacido en la Argentina profunda, religiosa y austera. Desde muy joven se consagró al Señor, y su vida deja una estela de discreción y entrega apostólica, con un servicio fiel a todos sin acepciones o categorías. Hombre sencillo, pero sin alardes de su estirpe provinciana, imponía por su porte de digno sucesor de los Apóstoles.

Juan Carlos Aramburu nació en Reducción (Córdoba), el 11 de febrero de 1912. A los 11 años ingresó en el Seminario de Córdoba y años más tarde fue enviado al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1934. Obtuvo los doctorados en Filosofía y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana.

El 7 de octubre 1946 fue nombrado por el Papa Pío XII Obispo auxiliar de Tucumán; y Obispo de la misma en 1953. Su labor pastoral se manifestó en la creación de diez nuevas parroquias y en la construcción de muchas capillas en el interior de la diócesis tucumana. Decidió la construcción de la Casa de Ejercicios Espirituales de Tucumán. En las parroquias tucumanas llegó a confirmar a más de 1.000 personas por día, y según sus cálculos, el total llega a unas 150.000 en sus 21 años de obispo.

Al elevar el Sumo Pontífice la diócesis tucumana a la jerarquía de arquidiócesis, en 1957, el prelado fue promovido a arzobispo de Tucumán siendo su primer arzobispo y cuarto diocesano.

Participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II, al que calificó “como el momento más trascendente de su vida”.

El 14 de junio de 1967, San Pablo VI lo nombró Coadjutor con derecho de sucesión del Cardenal Antonio Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires

El 22 de abril de 1975 fue promovido a arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, tras la aceptación papal de la renuncia del cardenal Antonio Caggiano. Fue el noveno Arzobispo y vigésimo cuarto diocesano de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Rigió la arquidiócesis a lo largo 23 años con una fidelidad ejemplar.

El 24 de mayo de 1976 fue creado Cardenal; y como tal integró las Congregaciones para las Iglesias Orientales, para la Educación Católica, y para el Culto; la Prefectura de Asuntos Económicos y el Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos en la Santa Sede.

El 11 de febrero de 1987 presentó su renuncia al Arzobispado de Buenos Aires por límite de edad, pero el Papa San Juan Pablo II se la aceptó sólo tres años más tarde, el 11 de julio de 1990.

Sus restos mortales están sepultados en la capilla San Juan Bautista, ubicada en uno de los laterales de la Catedral Metropolitana, en honor al santo de su título cardenalicio.

Que descanse en la Paz del Señor, como servidor fiel y prudente.

 

 

 

ANEXO ESTADÌSTICO

 

Dos datos del gobierno pastoral del Cardenal Aramburu en Buenos Aires:

 

 

CREÓ 25 NUEVAS PARROQUIAS 

1.   REINA DE LOS APOSTOLES

2.   INMACULADA CONCEPCION (D)

3.   MARIA MADRE DE LA IGLESIA

4.   NUESTRA SEÑORA DE FATIMA (B)

5.   CRISTO MAESTRO

6.   JESUS SALVADOR

7.   PURISIMO CORAZON DE MARIA

8.   VIRGEN INMACULADA DE LOURDES

9.   SANTA MARIA MADRE DEL PUEBLO

10.               PATROCINIO DE LA VIRGEN

11.               SAN ILDEFONSO

12.               NUESTRA SEÑORA DE ITATI

13.               NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DEL MILAGRO

14.               NUESTRA SEÑORA DE LA VISITACION

15.               SEÑOR DEL MILAGRO

16.               MARIA MADRE DEL REDENTOR

17.               CORAZON DE JESUS

18.               NUESTRA SEÑORA DE LORETO

19.               MADRE ADMIRABLE

20.               SANTA CATALINA DE ALEJANDRIA

21.               NUESTRA SEÑORA DE CAACUPE

22.               NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN (C)

23.               VIRGEN DE LOS MILAGROS DE CAACUPE

24.               NUESTRA SEÑORA DE LA ANUNCIACION

25.               NUESTRA SEÑORA DE LA RABIDA

26.               INMACULADA VIRGEN DE FATIMA

 

 

CANTIDAD DE CENTROS Y CÍRCULOS PARROQUIALES 

DE ACA en BUENOS AIRES  

AL CONCLUIR SU MANDATO APOSTÓLICO (1990)




16 de octubre de 2022

LA GRAVITAS SACERDOTALIS


LA IMPORTANCIA DE LAS MANOS DEL SACERDOTE EN LA LITURGIA

 

Un breve extracto de un artículo de don Enrico Finotti (Cf. LITURGIA CULMEN ET FONS, n.1 – 2021, p. 7) sobre la importancia y el sentido teológico de la disciplina en la liturgia y otros ámbitos que dicen relación a ella. 

 


El autor señala el valor que encierra los gestos litúrgicos del celebrante, empezando por los movimientos y gestos que realiza con sus manos y brazos. En efecto, los gestos del sacerdote son de gran importancia para el decoro del culto y el recogimiento de la asamblea. También a través de gestos corporales el hombre manifiesta la presencia de lo sagrado y el modo adecuado de comportarse ante una realidad que lo trasciende y supera.

Las manos y los brazos

"La posición de las manos y de los brazos es quizá el elemento más recurrente y visible de la gestualidad sagrada. Las manos juntas constituyen la actitud ordinaria para entrar y estar en el altar; de este gesto, cuidado con propiedad y mantenido con constancia, depende la devoción del sacerdote y del pueblo que lo observa. La indisciplina de las manos, que manipulan innecesariamente objetos y páginas, o que se agitan en posiciones inconexas y profanas, secundando de modo superficial movimientos inconscientes e irreflexivos, inducen a la distracción y revelan un ánimo desprovisto de devoción y lejos del sentimiento interior que debe inspirar los gestos sagrados.

 

·         Con las manos apoyadas sobre las rodillas, el sacerdote se sienta a escuchar la palabra de Dios;

 

·       las manos levantadas, con la debida discreción, el sacerdote eleva la alabanza y proclama la gloria del Altísimo;

 

·       con las manos noblemente extendidas sobre las oblatas o sobre el pueblo invoca la epíclesis del Espíritu Santo;

 

·       con las manos temblorosas toca los dones místicos, los eleva con dignidad sagrada, los parte con cuidadosa circunspección, los ofrece con veneración en la santa comunión;

 

finalmente, con las manos bendice y despide al pueblo.

 

Se comprende entonces la importancia que corresponde al sacerdote en la disciplina de las manos, que deben ser el reflejo de las «manos santas y venerables» (Canon Romano) del Señor, contempladas en el acto sublime de la institución de la Eucaristía.

 

Por eso la Iglesia unge las manos sacerdotales con el sagrado crisma y manda que el sacerdote, tras la ablución ritual en la sacristía, acceda al acto de la consagración luego del lavabo, así como los Apóstoles fueron purificados mediante el lavatorio de los pies".

 

Texto completo: liturgiaculmenetfons.it