LA SEDE
DEL APOSTOLADO ASOCIADO
MONTEVIDEO 850 - BUENOS AIRES
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En este escrito se desea destacar el valor histórico,
cultural, religioso y patrimonial
que reviste el edificio erigido en 1920 en la calle
Montevideo 842–850
de la ciudad de Buenos Aires,
que se constituye en un monumento patente de la
importancia que otorga la Iglesia
al apostolado organizado de los laicos.
La edificación de esta Casa fue un preanuncio
de lo que luego ratificaría el Concilio Vaticano II
en su decreto Apostolicam Actuositatem,
en el que se alienta a un apostolado asociado de los
laicos.,
al servicio de Cristo y de la Iglesia.
1. La construcción de la Casa de Montevideo 842–850 para la UPCA (1920)
A comienzos del siglo XX la Iglesia en Argentina contaba con Cofradías,
Pías Uniones y Conferencias de laicos, en su mayoría parroquiales, volcadas a
fines espirituales o caritativos. No existía, empero, un apostolado organizado
que canalizara las energías de los fieles ante los grandes desafíos de la
época.
Un tiempo en
que no faltaron hombres de temple. Laicos comprometidos a título individual
—Santiago de Estrada, Emilio Lamarca, Pedro Goyena, Ernesto Padilla, Arturo Bas
y otros— que influyeron en la vida social argentina contra la avanzada liberal
y positivista del Estado nacional. Así se opusieron a la ley 1420 de educación
pública laicista y a la ley del Registro Civil, allá por 1884. Pero luchaban
solos, sin la fuerza que da la unidad.
Para remediar
ese desamparo organizativo, el 28 de abril de 1919 el Episcopado
argentino —presidido por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Antonio
Espinosa— funda la Unión
Popular Católica Argentina (UPCA). Su misión: agrupar a las asociaciones de laicos
del país, difundir la Doctrina Social inaugurada por la Rerum Novarum (1891)
del Papa León XIII, para hacer frente al liberalismo y al marxismo-leninismo
que se iniciaba y presentar una opción de formación sólida.
La UPCA no se
quedó en declaraciones. Construyó núcleos de viviendas dignas —el Barrio
Monseñor Espinosa en Barracas, el Barrio Nicolás Mihanovich en Parque
Avellaneda…—, organizó la Gran Colecta Nacional Pro-Paz Social, impulsó
los Cursos de Cultura Católica del doctor Tomás Casares y alentó
empresas que seguían los principios de la Doctrina Social, como la Algodonera
Flandria de Julio Steverlynk y la revista Criterio. Promovió además
leyes sociales: el descanso dominical, la Caja de Ahorro Postal, la protección
del trabajo de mujeres y menores…
Para que todo
ese torrente de acción apostólica tuviera casa propia, varias familias
realizaron donaciones y se
construyó la sede de la que aquí se habla, en un lote de 750 metros
cuadrados, quince metros de frente y cincuenta metros de fondo, en terrenos de
la antigua Capellanía porteña de Nuestra Señora del Carmen., en el año 1920.
Edificio de vanguardia. Punto de referencia cardinal de la historia del
apostolado laico católico en la Argentina.. No sólo destaca por su valor arquitectónico-urbanístico
sino por su función de impulso del trabajo evangelizador de los laicos.
2. Diseño y arquitectura de la Casa de Montevideo 850
El edificio se
diseñó para ser funcional y bello al mismo tiempo, con esa rara virtud
que sólo los grandes constructores logran. Tres pisos, amplia terraza,
auditorio: 2.942 metros cuadrados cubiertos que resuelven con soltura todas las
necesidades de una organización apostólica en plena expansión.
Su proyectista fue el arquitecto francés Auguste HUGUIER (el mismo del Palacio Estrugamou -1924- en Juncal y Esmeralda) y fue construido por la empresa GRAMONDO Y CIA que edificó muchas obras magníficas de la ciudad como el actual Palacio San Martín (casa de la familia Anchorena -1911-), la casa de Enrique Larreta en Belgrano (actual Museo) y el Club Español en la calle Bernardo de Irigoyen (1910)
Merece detenerse a considerar su fachada. Estilo
neoclásico riguroso: pilastras, capiteles, molduras ornamentales que el tiempo
no ha erosionado. Es una obra de arte civil-católico construida en el corazón
urbano de Buenos Aires como un recordatorio pétreo de que la fe también sabe
levantar edificios que canten la gloria de Dios. Varios emblemas heráldicos
pueblan su superficie como un programa iconográfico escrito en piedra:
En el tímpano del tercer piso, el escudo de la UPCA dominado por un monograma de
Cristo y una corona de laureles.
Bajo el balcón del primer piso, la tiara papal con las
llaves, flanqueada por los Evangelios y una Cruz. Desde ese mismo
balcón, el Día del Papa, el Nuncio Apostólico bendecía a los miles de niños que
desfilaban por la calle Montevideo en adhesión al Obispo de Roma.
Tiara papal y llaves cruzadas bajo el balcón del primer piso
Por encima de los dos
espléndidos portones de hierro —una herrería que es por sí sola una pequeña
obra maestra—, un pez
flanqueado por haces de trigo y racimos de uvas: los símbolos
primitivos de la fe cristiana, tan antiguos como las catacumbas, rezumando
desde la piedra de una casa porteña del siglo veinte.
Se prestó atención particular al teatro: una sala
con 250 butacas, palco y vestuarios, con un gran escenario y un túnel para
acceder al mismo desde la entrada, por un subsuelo. Todo un alarde
arquitectónico para la época, que permitía ofrecer piezas de teatro sacras y
conciertos de música.
También en este teatro se realizaron muchísimas conferencias de ilustres
oradores y estudiosos, ofreciendo la sabiduría de la cultura católica en sus
diversas materias, con una asistencia que colmaba su aforo.
Un párrafo aparte merecen los dos grandes murales en arcos de medio punto que se encuentran en las dos paredes laterales del teatro (ver fotos)
Estas grandes pinturas muestran el “milagro” sucedido en Roma cuando nevó en verano. La ciudad de Buenos Aires tiene como patrona a Nuestra Señora de las Nieves y como un recuerdo fundacional el teatro lleva el nombre de “SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AYRES”
Los dos murales son copias de los que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid y son una de las obras maestras del pintor español Bartolomé Murillo (1655). Los pintó para la iglesia sevillana de Santa María la blanca.
La primera obra muestra el “Sueño del Patricio” y la segunda el
momento cuando “El patricio Juan y su
esposa revelan su sueño al papa Liberio”. Según la tradición, que relata el
Martirologio romano, el papa Liberio (352-366) encargó la construcción de la Basílica
de Santa María la mayor en Roma para celebrar la aparición de la Virgen María
en sueños idénticos compartidos por dicho patricio local llamado Juan, su
esposa y el mismo Papa, donde se les anunciaba un milagro que ocurriría en la
noche del 4 al 5 de Agosto de 352. Esa noche del ferragosto nevó en el
monte romano del Esquilino, pidiendo la Virgen que se construyera un templo en
ese lugar.
En los pisos altos, salas para la imprenta, la Biblioteca y la Oficina
del Libro —la cultura como apostolado, la letra impresa como medio de
evangelización—, además de los despachos donde se desarrollaban las diversas
tareas de la institución
Encontramos
también una gran Capilla
en el segundo piso, que merece
párrafo aparte. Altar, sagrario y crucifijo de impecable factura. Sacristía
ricamente provista. Y los magníficos vitrales que representan a los santos
patronos: Santa Elena, San José, Santa Catalina de Siena, Santa Teresita del
Niño Jesús, y la Virgen de Luján con el Sagrado Corazón de Jesús. Un pequeño
paraíso de luz coloreada en el corazón de la ciudad.
En esta misma
Capilla celebró la Misa en varias ocasiones San Luis Orione, entre 1934 y 1935. Está documentado en el Libro
de Celebraciones, con la firma del propio Don Orione. Los antiguos dirigentes
recordaban con emoción que el santo de la Divina Providencia parecía levitar en
el momento de la consagración. Hay historias que la piedra y el papel guardan
mejor que la memoria.
En el hall principal de Planta Baja, dos hornacinas albergaban dos grandes bustos de mármol: León XIII y Pío XI, los papas que marcaron el rumbo de la doctrina social y del apostolado laico.
El techo del mismo hall exhibe el escudo nacional y los escudos de
las catorce provincias que entonces conformaban la República. Una
declaración de intenciones: la patria y la fe, juntas, bajo el mismo techo.
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Techo del hall de Planta Baja (foyer del Teatro Santa María))
El ascensor que se instaló fue un alarde de vanguardia: herrería de primer nivel, objeto de admiración para todo visitante de la época, donde el barrio circundante era de casas bajas.
En la entrada de la Casa, una placa
de bronce honra a una de las donantes y pionera de la UPCA:
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ANA ELÍA DE
ORTIZ BASUALDO Fundadora
del Instituto Técnico Femenino Prototipo
de Mujer Cristiana que
fue su Presidenta y
será para siempre su Modelo.
En
testimonio de afecto indeleble y
para perpetuar su memoria consagra
la Liga de Damas Católicas MCMXXX |
En 1934, con
motivo del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, la casa de
Montevideo 850 fue un hervidero de actividad: de sus paredes y de sus salas
salieron los hilos organizativos de ese gran acontecimiento de la vida eclesial
argentina.
3. La creación de la Acción Católica Argentina (1931)
El 5 de abril de 1931 el
Episcopado Argentino funda la Acción Católica Argentina con una Carta
Pastoral Colectiva firmada por todos los obispos de entonces. El documento
lleva el peso de once firmas mitradas:
"Como os hemos
anunciado oportunamente, la asociación que fue en su tiempo creada para unir
vuestras fuerzas, "La Unión Popular", ha sido reformada, de acuerdo
con las enseñanzas que han sido sugeridas por una experiencia de largos años,
no sólo nuestra, sino, sobre todo, del Sumo Pontífice Pío XI, gloriosamente
reinante. […] Queremos, pues, promulgar, y declaramos que, desde esta fecha,
queda oficialmente establecida, en nuestra querida Patria, la providencial
organización general de las energías apostólicas del pueblo cristiano que se
conoce con el nombre de Acción Católica."
— Carta Pastoral Colectiva del
Episcopado Argentino, 5 de abril de 1931
La ACA absorbió las organizaciones de la UPCA —Liga de Damas Católicas,
Liga de la Juventud Femenina Católica, Asociación de Hombres Católicos y
Federación de la Juventud Católica— y tomó su relevo histórico. Las dos ramas
femeninas permanecieron en Montevideo 850; los organismos masculinos y la Junta
Arquidiocesana pasaron por varias sedes hasta afincarse en Paraguay 1931,
propiedad del arzobispado.
Paraguay
1931 — Sede hasta 1984 de la Junta Arquidiocesana de la A.C. porteña y de los
Consejos Arquidiocesanos HAC y JAC
4. La sede única de la Acción Católica de Buenos Aires (1985)
En 1983, siendo asesor arquidiocesano de la Acción Católica monseñor
José Manuel Lorenzo, Obispo auxiliar de Buenos Aires, se inició el proceso de
reunificación. Era el momento propicio para que todos los organismos
arquidiocesanos de la A.C. porteña habitaran bajo el mismo techo. El Vicario
General de la Arquidiócesis, monseñor Arnaldo Canale, negoció con la Junta
Central de la ACA una permuta que hoy puede juzgarse de maestría diplomática:
la casa de Paraguay 1931 a cambio de la posesión completa del edificio de
Montevideo 850.
Las ramas masculinas se retiraron de Paraguay 1931 y se ubicaron en Montevideo 850. La familia quedó reunida. Y el edificio patrimonial del apostolado laico en la arquidiócesis, recuperó su destino original.
Montevideo 850
Finalmente, el 15
de diciembre de 1986, concluidas las mudanzas, el arzobispo de
Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu, bendijo la placa de bronce en el
hall de entrada, y con ese gesto litúrgico se re-inauguró la Casa. Se cumplen
ahora cuarenta años de aquel hito mayor en la vida del apostolado laico en la
arquidiócesis.
Para llegar a ese día hubo que hacer muchas concesiones y reubicar a
grupos ajenos a la vida pastoral que se habían instalado en la Casa. Un trabajo
arduo y con muchas renuncias, que dio sus frutos.
Ese día se bendijo también una mayólica
de la Virgen de Luján, colocada con un farol junto a la puerta de entrada, que
es muy venerada por los vecinos que pasan por allí.
El cardenal Aramburu bendice la placa de bronce · 15 de
diciembre de 1986
Lo acompaña en el descubrimiento de la misma el dr. Luis
Bocchicchio
Texto de la placa de bronce
colocada en el hall de entrada:
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"Si el Señor no edifica la Casa, en vano trabajan los
constructores" Salmo 128
El Arzobispo de Buenos Aires, Su Eminencia Reverendísima Cardenal Juan Carlos Aramburu bendijo y dejó inaugurada esta Casa de la calle Montevideo 850 como Sede Oficial de los Organismos Arquidiocesanos de la Acción Católica el día 15 de diciembre de 1986
¡Alabado sea Jesucristo!
Junta Arquidiocesana de la Acción Católica de Buenos Aires
|
Ese día se entregó un pergamino a cada asistente que
dice:
LA ACCIÓN CATÓLICA
DE LA ARQUIDIÓCESIS DE BUENOS AIRES
HACE PRESENTE SU GRATITUD
EN EL DÍA DE LA BENDICIÓN E
INAUGURACIÓN
DE SU SEDE OFICIAL ÚNICA.
15 DE DICIEMBRE DE 1986
¡ALABADO SEA JESUCRISTO!
CARDENAL JUAN CARLOS ARAMBURU
Monseñor Guillermo Leaden Fidel
Luis Bocchicchio
Asesor
Presidente
Epílogo
La Casa de Montevideo 850 no es sólo un inmueble. Es un testimonio en
piedra y cal que narra un siglo de historia del laicado católico argentino: con
sus afanes, sus santos y su formación apostólica, sus Obispos y su
espiritualidad. Un edificio que fue preanuncio de lo que el Concilio Vaticano
II vendría a consagrar —el apostolado asociativo de los laicos— décadas antes
de que los padres conciliares lo plantearan.
Como se ha dicho, esta Casa de Montevideo 850 es fruto de los esfuerzos
y la generosidad de muchos laicos a lo largo de más de un siglo de historia de
la UPCA y de la A.C. En ella están resumidos otros bienes patrimoniales que se
compraron y edificaron en los años ´40 y ´50, como la Casa de Ejercicios JAC
(actual Colegio de San Isidro Labrador) la Quinta de Recreación AJAC (situada
en Parque Leloir) la Casa de Recreación JAC en Vicente López, todos ellos
entregados al Arzobispado.
En sus
salones se preparó la organización de un Congreso Eucarístico Internacional; en
su Capilla, un santo levitaba en la consagración y muchos Obispos celebraron la
Misa; desde su balcón, el Nuncio bendecía a la multitud. Esta Casa es, sobre todo,
la expresión concreta de cómo la Iglesia respaldó el trabajo evangelizador de
los laicos reunidos en forma asociada.
Su
mantenimiento y su uso son hoy responsabilidad del Consejo Arquidiocesano de
Buenos Aires. Que la Acción Católica siga siendo fermento apostólico y escuela
de formación cristiana -misioneros y discípulos- para los laicos porteños que
tienen en Montevideo 850 su faro y su hogar, en adhesión plena a la Iglesia que
la construyó.
¡Alabado sea Jesucristo!

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