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24 de diciembre de 2021

MAGNUM MYSTERIUM

 

EN LAS VÍSPERAS DE LA NAVIDAD

 

Unos versos espléndidos

de uno de los más grandes poetas argentinos:

el catamarqueño Juan Oscar Ponferrada (1908-1990).

 

Para leer con detenimiento,

saboreando la maravilla de nuestro idioma español,

que el poeta hace brillar con su sublime pluma,

escrito en el año 1965.

 

Una manera brillante de adentrarse poéticamente

en el "Magnum Mysterium"

del Verbo de Dios hecho hombre para nuestra redención,

que recuerda la antífona antíquísima "Rorate coeli":



COMO LA FLOR DEL ROCIO

 

Del cielo bajó el Amor

en una noche de frío

como la flor del rocío

cayendo sobre otra flor.

 

Aquella noche pasaron
cosas que nunca se vieron;
las estrellas florecieron
y las flores alumbraron;
las bestias se humanizaron
y hubo un parto sin dolor;
un gran Rey se hizo pastor
y un Pastor se hizo cordero,
y en ese dulce entrevero
del cielo bajó el Amor.


II

Nada se puede igualar
a un milagro verdadero;
Él vuelve plata el lucero
y dulce el agua del mar.
Milagro es poder parar
el tiempo, la sangre, el río
y hacer Dios su labrantío
en el pobre barro humano
y dar Trigo del verano
en una noche de frío.


III

Brillaba la noche aquella,
y ardía como ninguna
porque esa noche la luna
al sol encerraba en ella…
Vino como una doncella
temblando de amor el frío
sobre la escarcha del río
donde el hielo se quemaba,
como la flor del rocío.


IV


Flor del rocío caía
sobre el cáliz de una rosa.
¡Qué lluvia tan silenciosa
y el cielo entero llovía!
De este modo se cumplía
la promesa del Creador
de pagarnos con amor
todo el dolor que le dimos.
Y ésa fue la flor que vimos

cayendo sobre otra flor...



(la foto corresponde a la llamada "flor del rocío" que abre sus pétalos cuando el vapor de agua se condensa en pequeñas gotitas y sale el sol)


 

5 de enero de 2021

VENITE ADOREMUS, DOMINUM

 

LOS MAGOS ADORAN A DIOS HECHO HOMBRE

 

(del  libro “La infancia de Jesús” del Papa teólogo,Benedicto XVI)

 

Ante el Niño regio de Belén, los Magos adoptan la proskýnesis, es decir, se postran ante Él.

 

La palabra griega [para adoración] es proskynesis. Significa el gesto de sumisión; el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que “libertad” no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente autónomo, sino orientarse según la medida de la Verdad y del Bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos.

Este gesto es necesario, aún cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva.

 

Éste es el homenaje que se rinde a un Dios-Rey.

 

De aquí se explican los dones que ofrecen los Magos. No son dones prácticos, que en aquel momento tal vez hubieran sido útiles para la Sagrada Familia, como comida o vestido.

 

Los dones expresan lo mismo que la proskýnesis: son un reconocimiento de la dignidad regia de Aquel a quien se los ofrecen: oro, incienso y mirra.

 

La tradición de la Iglesia ha visto representados en estos tres dones —con algunas variantes— tres aspectos del misterio de Cristo:

 

§           el oro hace referencia a la realeza de Jesús,

§          el incienso al Hijo de Dios

§          y la mirra al misterio de su Pasión redentora.

 

 

 

LA PROSKYNESIS

(una brevísima explicación)

 

La palabra “proskynesis” (castellanizada prosquinesis; griego προσκύνησις, formada a partir de las palabras griegas pros y kuteo, literalmente ‘besando hacia’) es el nombre griego del acto ritual de saludar al soberano persa.

 

Según el historiador griego Heródoto, si dos persas del mismo rango se encontraban al pasar, se besaban a modo de saludo; si uno de los dos era de rango ligeramente inferior, besaba al otro en la mejilla; y si uno de los dos era de un rango muy inferior, se postraba frente al otro.

 

De un modo ritualizado, algo similar sucedía en la corte persa. De acuerdo con su rango, los súbditos del rey debían postrarse, arrodillarse, o inclinarse hacia él.

 

Luego de proclamarse sucesor de los reyes persas, Alejandro Magno intentó introducir la proskynesis en su propia corte (327 a. C.). Esto trajo malestar entre sus súbditos griegos, quienes sólo se postraban ante sus dioses y consideraban absurdo y bárbaro el acto de la proskynesis.

 

En la tradición de la Iglesia se ha representado al Mago Melchor (el mayor de todos) postrado ante el Niño de Belén, en tanto le ofrece oro.

 

Hoy, pareciera que debemos “adorar” al hombre y no a Dios. La enseñanza del misterio de la Epifanía del Señor es muy profunda y nos revela el centro de nuestra fe.

 

 

UNA OBRA DE ARTE QUE NOS EXPRESA LO DICHO CON UNA BRILLANTE SIMBOLOGÍA.


La foto es parte del Políptico de la iglesia de Santa María del Camino en Pisa.

 

Corresponde al pintor Masaccio (c. 1426) y es una tabla pintada donde se destacan los tres Magos de Oriente que, con una gran comitiva, llegan a Belén a adorar al Niño.

 

Esta magnífica pintura está titulada: “LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS”.

 

 

Tiene muchos elementos simbólicos muy ricos. Entre ellos:


* Ante todo el colorido que dimana expansivamente del Niño y su derredor, contrasta con la lobreguez del fondo del paisaje. 


* El dorado es usado para las aureolas de los tres miembros y las coronas de los Magos, como señal de realeza.


* Los servidores de estos Magos retiran de las cabezas de sus amos las coronas reales en señal de adoración.


* Los tres ofrecen sus dones, tal como lo narra el Evangelio, y sus manos juntas expresan el sometimiento del poder terrenal a la majestad divina, en una analogía del vasallo y su Señor.


* La comitiva de caballos y pajes muestra el esplendor de estos visitantes.


* El Rey Mago más anciano ya se ha postrado delante del Niño y besa sus pies. Su corona está en el suelo y San José sostiene el don ofrecido.


* El Rey Mago más joven se acerca al pesebre mientras un sirviente toma desde su cabeza la corona. Dos pasos más adelante, ya sin su corona (que carga a su lado otro paje) y de rodillas, el segundo rey une sus manos en un gesto de adoración.