UNA ALEGORÍA MAGNÍFICA DEL PRIMER IZAMIENTODE LA BANDERA ARGENTINA EN ROSARIO DE SANTA FE
Por Miguel
Carrillo Bascary (*)
Un
análisis del notable vitral que corona la puerta cancel de la Catedral de
Rosario y que es una alegoría sublime.
El tema de la obra
Recuerda el día más significativo de la historia civil de la ciudad
argentina de Rosario, el 27 de febrero de 1812, cuando el entonces
coronel Belgrano hizo izar por primera vez la Bandera nacional en
la batería “Libertad”, ubicada a unos 100 metros hacia el sureste del templo,
sobre la “Barranca de las Ceibas”. Es el lugar que, desde 1957, ocupa el
Monumento Nacional a la Enseña patria. Como protagonistas del
trascendental acto que refleja la imagen, se retrata al prócer y a dos
colectivos sociales, la guarnición militar y el vecindario de la pequeña
localidad, que con sus poco más de 700 habitantes[1] ni
siquiera podía llamarse "villa" (pueblo).
Ubicación
Se encuentra en el templo que hoy es la Catedral, Basílica menor, Santuario
arquidiocesano y Parroquia de “Nuestra Señora del Rosario”, ubicado en
la ciudad que lleva este nombre, en la provincia de Santa Fe, Argentina.
En principio, no deja de llamar la atención que en esta iglesia católica
se represente una escena histórica que poco tiene que ver con el credo. Sin
embargo, se justifica plenamente ya que la evolución de la urbe está
unida a la advocación mariana que se venera allí desde 1731. Con los años
devino en el templo que se consagró en 1888 y que fue parcialmente reformado en 1927, momento en que se
instaló la vidriería objeto de esta nota, con lo que el templo
adquirió el aspecto que hoy conocemos.
Fue en derredor de esa humilde capilla que paulatinamente se formó la
ciudad, hasta el punto que una ordenanza municipal de 1925 reconoció a la
advocación de “Nuestra Señora del Rosario” como “fundadora” y que una
ley provincial de 1823, le asignó el título de “patrona”, al par que
otra ley estableció como “día de la ciudad” al 7 de octubre, festividad
universal de aquella.
Designación
No consta que el vitral tenga una nominación oficial; aunque se puede
admitir la que figura en el folleto que se distribuyó cuando se habilitó el
remozamiento de la Catedral en 1927, “Creación y bendición de la Bandera Nacional en la Batería Libertad
(año 1812)”.
Autoría
Fue diseñado por Francisco (Francesco) Stella (Roma,
1862- Buenos Aires, 1940), que fuera escenógrafo y decorador. En su Roma natal
se formó como alumno de Alejandro y Luis Bazzani [2],
hasta el punto en que llegó a trascender.
Francesco Stella[3] el autor del diseño del vitral
Stella arribó a
nuestro país 1897, contratado para ejecutar la ornamentación de la residencia
particular del entonces presidente de la República, José Evaristo Uriburu
(1831-1914). Más tarde se ocupó de igual tarea en la hoy basílica de “María
Auxiliadora y San Carlos de Borromeo[4]”,
perteneciente a la Congregación de Don Bosco y en la de “Nuestra Señora de la
Merced”, ambas en la ciudad de Buenos Aires.
Solicitaron la
colaboración de Francesco los más afamados arquitectos de su tiempo. Participó
en la organización de la “Sociedad Escenógrafos Reunidos” (1905), junto a Juan
Piantini, Darío Fiorani, Cipriano Otorgués, Alfredo Lancillotti y Humberto
Talevi. Entre 1911 y 1924 fue contratado por el Teatro “Colón” de Buenos Aires
para realizar la escenografía que ambientó numerosas presentaciones de ópera y
ballet, era la época dorada del espacio.
En la hoy Catedral
de Rosario trabajó en los muros y cielorraso junto a su hijo Ugo[5] (Rieti,
1891-1953), quien llegó a la Argentina en 1905, donde desarrolló una extensa
tarea.
No ha trascendido, pero es posible que para elaborar el vitral haya
existido algún asesor histórico cuyo nombre no se conservó.
La ejecución material correspondió al afamado taller vitralista del
catalán Amadeo Villela y el francés Enrique A. Thomas[6],
que estaba radicado en la ciudad de Bs. Aires, sobre la avenida Callao 480[7].
Posicionamiento en el templo
El vitral integra el timbre superior de la gran puerta cancel que
separa la nave del atrio interior que se abre hacia la calle Buenos Aires,
puerta de ingreso de por medio. En la arquitectura religiosa, los atrios son
espacios intermedios entre la cotidianeidad de la vida y la perspectiva
trascendente de la comunión espiritual en la Iglesia. En consecuencia, tienen
un rol propedéutico.
La carpintería de esta puerta cancel consta de un
segmento central formado por cuatro elementos, plegables entre sí, y dos
puertas laterales complementarias. En sus cuidadas líneas resaltan las
exquisitas tallas de varios ángeles en diversas actitudes.
La cara interna solo muestra paneles ciegos. El timbre del panel
central está cerrado por vidrios color ámbar, cubiertos por una
verdadera filigrana de trazos vegetales labrados en metal, lo que facilita el
acceso de la luz hacia el interior.
Cuando el visitante ingresa al templo es imposible apreciar el vitral,
pero ya en la nave, un efecto de contra luz lo destaca en todo
su colorido. En horas de la tarde-noche, la iluminación del atrio interno suple
la presencia de los rayos solares, momento en que el diseño alcanza su máxima
pureza.
Análisis del vitral
La composición posee una neta función didáctica. A primera
vista su lectura es muy sencilla, con tres ítems principales:
1) la Bandera nacional
(motivo de la obra),
2) el coronel Belgrano, como
expresión de la autoridad militar, factótum del acto,
3) y el párroco Julián Navarro
(1777-1854), en obvia referencia al protagonismo de la Iglesia Católica en el
acontecimiento.
A estos se suma el acompañamiento de soldados y, en menor proporción, de
algunos habitantes de la localidad que entonces se conocía con el topónimo de
“Capilla del Rosario”.
La disposición de las figuras le aporta volumen, ya que
la vista del observador soslaya con naturalidad a los personajes menores,
trascurre hacia Belgrano y a Navarro, para centrarse en el motivo central,
la Bandera que destaca nítidamente, en el momento de ser izada por
primera vez. Su presencia al tope del mástil indica la plenitud del
acontecimiento.
El vexilo ocupa el plano superior del conjunto. Esto contribuye a
enaltecerlo, identificándolo con el cielo, lo que en una iglesia posee significativa
correspondencia.
Sobre la derecha, como figura dominante se advierte a Manuel
Belgrano, quien monta a caballo, con lo que destaca el rango de su mando.
Al sobresalir de esta forma sintoniza con su rol de creador de la Enseña
patria.
Equilibrando la expresión contrasta a su frente el párroco de la
localidad, el doctor Julián Navarro, quien por su volumen y actitud
se plantea como único interlocutor de Belgrano. Más aún, el blanco del
sobrepelliz que reviste, lo destaca por sobre el sobrio uniforme azul del
prócer. Un mensaje sutil, pero no menos significativo en el contexto de la
obra, ya que parece sugerir un superior designio divino.
Desde la perspectiva del Ceremonial el gesto de bendecir resulta
anacrónico con respecto al izamiento. En puridad, la bendición debió
concretarse antes de endrizar el paño, con lo que se trata de una admisible
licencia cronológica que se permitió el artista. Un detalle desde la perspectiva
litúrgica es el paño humeral que recubre los hombros del sacerdote.
Navarro es asistido por un acólito de sotana roja y
roquete, munido de una cruz procesional, un objeto litúrgico que la Iglesia
emplea como símbolo de misión y de marcha, tanto en el espacio como en el
devenir de los tiempos. De esta forma, el artista señala que la
bendición, aparentemente dirigida a la Bandera, trasciende al momento
y se extiende al pueblo argentino significado por ella.
Más atrás, sobre la izquierda del vitral, se observan varias
personas en trajes de paisanos que representan a los pobladores de la
hoy ciudad de Rosario. El más destacado de entre ellos, viste a lo gaucho, con
chiripá y calzoncillos cribados (por entonces no se usaban bombachas), lleva su
largo cabello recogido en una coleta, algo propio de la época. Muestra una
típica actitud paternal, ya que enseña la Bandera a quien aparenta ser su hijo,
como insinuándole que recuerde el histórico acontecimiento. Que el
niño sea pelirrojo o rubio podría explicarse como un recurso del artista para
destacarlo del conjunto en el que se minimiza por su menor altura.
Por detrás se observa a tres mujeres; la más
perceptible, que viste modestamente de verde, no mira a la Bandera, sino que su
vista se dirige al niño, con lo que parece confiarle el destino de la Patria
que simboliza en el lábaro. Aunque nada permita aseverarlo, algunos quieren ver
en ella a la mismísima María Catalina Echevarría, a quien la
memoria social le asigna haber cosido el histórico paño. La hipótesis de esta
eventual correspondencia es muy atractiva, ya que expresaría la tradición
local. Sin embargo, el análisis detallado de su aspecto revela que la dama
tiene una tez morena, lo que contrasta al compararlo con la de las dos féminas
que se distinguen algo más atrás. Esta presencia étnica podría evidenciar las raíces
indianas del pueblo y, también recuerda que en el censo practicado en la
"Capilla del Rosario" entre 1815 y 1816, el quince por ciento de su
población era de piel negra o morena.
En un segundo plano, por detrás del sacerdote y con chaquetas rojas, se vislumbra
una formación de efectivos del “Regimiento de Pardos y Morenos”, que
también eran parte de la guarnición.
En el sector opuesto, referenciados hacia atrás de la figura de
Belgrano, sobresalen elementos del Regimiento 5, designación que
encubre a quienes fueran los célebres “Patricios”, momentáneamente postergados
a consecuencia del llamado “Motín de las Trenzas[8]”
que habían protagonizado meses antes.
Sobre el fondo se perfilan algunos soldados de la “Caballería de la
Patria”, con lanzas y gorras cuarteleras.
Estas unidades se hallaron presentes en Rosario el 27 de febrero de
1812.
La posición de las armas de todos los efectivos militares indica que se
encuentran prestando honores al símbolo que se presenta.
Precisamente, al lado del prócer, destaca un soldado músico que
con su caja de guerra ejecuta el toque previsto por la normativa.
En perspectiva del centro se observa una barranca bastante
lograda, pero de mucha menos altura que la existente, el amplio curso del río
Paraná y, sobre el fondo, el perfil de la isla donde se instaló la batería
“Independencia”. Dos cañones en desafortunada cercanía con el mástil
referencian a la batería “Libertad”, preciso lugar donde se levantó la Bandera.
Algunos implementos de construcción (carretilla de
madera y diversos tipos de palas), sugieren que la batería aún estaba inconclusa.
Además, se observan varias cestas de sauce rellenas con
pedruscos, son elementos defensivos conocidos desde antiguo para incrementar la
solidez de las fortificaciones defensivas. Unas balas de cañón
descuidadamente colocadas tienden a caracterizar la posición.
Cierra y ornamenta el perímetro del vitral una guarda formada por hojas
de roble, una especie vegetal exótica para la zona, pero que contribuye a
resaltar la imagen épica del acontecimiento captado.
El vitral es una alegoría, lo trascendente es el mensaje
intemporal que trasmite a las generaciones sucesivas de observadores. En este
contexto cabe resignar una rigurosa fidelidad histórica. Y de una calidad
artística excepcional
En conclusión
·
El hermosísimo vitral de la Catedral de Rosario, próximo a cumplir un
siglo de su instalación, es una obra particularmente significativa para la
ciudad, plasma la relación entre el origen religioso de su identidad y el ser
“cuna de la Bandera nacional”.
·
El análisis de sus elementos permite señalar interesantes aspectos, como
una alegoría historia de fuste.
NOTAS
[1] El censo
levantado entre fines de 1815 y el 12 de enero de 1816 computa 761 personas
avecinadas en la planta urbana.
[2] También
en la Catedral de Rosario se observan otras obras de Stella, son las pinturas
contenidas en las pechinas que aluden a los Cuatro Evangelistas, acompañados
por sus emblemas alegóricos (el león de San Marcos; el ángel de San Mateo; el
buey de San Lucas y el águila de San Juan). Pueden advertirse elevando los ojos
hacia la cúpula, desde el crucero del templo. Además, se le atribuye el
decorado manierista del cielo raso, centrado en la imagen de “Nuestra Señora
del Rosario de Pompeya”, entregando el Rosario a Santa Catalina de Siena y a
Santo Domingo de Guzmán, grandes difusores de esta devoción.
[3] Foto
tomada de “Arte de la Argentina” https://artedelaargentina.com/disciplinas/artista/pintura/francisco-stella
[4] De arquitectura
similar a la iglesia parroquial que se levanta en la ciudad de Rosario
[5] Una calle de
Rosario lleva su nombre, pero por paradoja no hay ninguna referencia en el
espacio urbano a su padre.
[6] Más tarde Thomas
formó su propia empresa. Se le deben los vitrales de la Catedral de Bariloche
dedicada a “Nuestra Señora del Nahuel Huapi” y del templo parroquial de “María
Auxiliadora” (Rosario), construido por la Congregación de Don Bosco.
(*) Ex. Director del Monumento Nacional a la Banderra, en Rosario
(PUBLICADO EL 18 DE JUNIO
DE 2023 EN EL BLOG “BANDERAS ARGENTINAS Y DE TODO EL MUNDO)
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