Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

6 de junio de 2015

EN CORPUS CHRISTI: EL SANTO CURA DE ARS

ANÉCDOTA 
SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA EUCARISTÍA 
EN LA VIDA DE CADA HOMBRE



             Se cuenta que el Santo Cura de Ars, tenía un feligrés que le llamaba mucho la atención porque siempre salía velozmente de la Iglesia luego de comulgar.

            Hasta que una día, para hacerle ver la importancia de la Presencia real de Jesucristo en su alma, mandó a dos de sus monaguillos para que lo acompañasen en el camino hacia su casa.

        ¿Cuál era el detalle? Cada monaguillo llevaba consigo una vela encendida, mientras caminaban a la par del feligrés.



 Cuando hemos comulgado, si alguien nos dijera:
“¿Qué se llevan ustedes a casa"?,
podríamos responder:
“Me llevo el Cielo.”

(San Juan María Vianney)

5 de junio de 2015

CORPUS CHRISTI

LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI EN BUENOS AIRES

Proclamar públicamente
la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.



Desde la fundación de la ciudad de Buenos Aires, la procesión del Corpus Domini en derredor de su Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) es una tradición ininterrumpida.



Tal era la devoción al Santísimo Sacramento desde la época de Garay, que en 1633 se funda la Archicofradía del Santísimo Sacramento, la institución más antigua de la ciudad y de la arquidiócesis, con sede en la entonces Iglesia matriz de la ciudad, ubicada en la Plaza Mayor.

Una eclosión fulgurante de esta devoción a Cristo Eucaristía, que marcó la vida de la Iglesia en Argentina, ocurrió en el inolvidable Congreso Eucarístico Internacional de 1934 en la urbe porteña.



Para esta ocasión se diseñó la magnífica pieza de orfebrería, realizada por los plateros Pallarols, que es la Custodia que se atesora en la Catedral Metropolitana, cuya altura supera a una persona y tiene en su base un hemisferio que representa al orbe.




Esta Custodia fue llevada bajo palio por las calles de la ciudad, con la presencia del Cardenal Pacelli (luego Papa Pío XII) quien fue el legado papal para esta extraordinaria manifestación de fe argentina.


En esta foto se observa la Custodia del Congreso Eucarístico Internacional 
colocada en la hornacina 
del Retablo Mayor de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Buenos Aires
 (Corpus Christi 2014)

Los versos del Himno de dicho Congreso Eucarístico expresan muy bien esta venerable tradición católica, presente desde los orígenes de nuestra historia patria:

Pasearon el Corpus
por nuestros solares
los hombres que luego
fundaban ciudades.
Y abrían los surcos
para los trigales…
(espigas dan hostias
y leños, altares)

Bandera tu Cuerpo
fue en la azul atmósfera.
Y el cáliz dorado
fue el sol de la gloria.
Antes que el arado
rompiera la costra
de la tierra virgen
se elevó tu Forma.



Con Santo Tomás de Aquino repetimos algunas estrofas de la secuencia LAUDA SION, que escribió en 1264 para esta Solemnidad del Corpus Christi:

Al Salvador alabemos,
que es nuestro Pastor y guía.
Alabémoslo con himnos
y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites
y con nuestras fuerzas todas;
pues tan grande es el Señor,
que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos
a Cristo, que es nuestro Pan,
pues Él es el Pan de vida,
que nos da vida inmortal.

El Pan que del cielo baja
es comida de viajeros.
Es un Pan para los hijos,
¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac el inocente
es figura de este Pan,
con el cordero de Pascua
y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros,
buen Pastor, Pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos
y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes,
Pastor de ovejas divino.
Concédenos en el cielo
gozar la herencia Contigo.



¡ALABADO SEA
EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR!

¡SEA POR SIEMPRE BENDITO Y ALABADO!




4 de junio de 2015

LA SAGRADA LITURGIA

LO SAGRADO ES PROPIO
DE LA LITURGIA CATÓLICA

La Liturgia es la glorificación de Dios y la santificación de los hombres. Es el ámbito de lo sagrado.
No es un “show” o un espectáculo profano, banal y vulgar.
Desacralizar la liturgia es desnaturalizarla, hacerla irreconocible e inservible. Al final se acaba sustituyendo a Dios por el hombre, y la glorificación de Dios por el culto al hombre y la exaltación de sus emociones, afectos, compromisos.


"Subiré al Altar del Señor, al Dios que alegra mi juventud"
"Introibo ad altare Dei: ad Deum qui lætificat juventutem mea"


Artículo publicado por el padre Javier Sánchez Martínez
de la diócesis de Córdoba, España.


Afirmar la sacralidad de la Liturgia no es corriente hoy; más bien, concurriendo diversas causas para esto, se afirma lo contrario, desacralizándola, haciéndola vulgar y banal, de modo que no haya diferencia alguna entre la liturgia y lo profano, entre la liturgia y lo cotidiano. En gran medida, se ha relegado a Dios al segundo plano para exaltar al hombre y la comunidad, sus emociones, su subjetividad. La desacralización de la liturgia ha sido una opción querida y buscada, potenciando lo lúdico, lo festivo y lo didáctico.
La liturgia es glorificación de Dios y santificación de los hombres. En la liturgia ha de cumplirse lo que Cristo recordó a Satanás en el desierto: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y sólo a Él darás culto” (Mt 4,10). El culto divino, la expresión humana de adoración a Dios, se realiza en la liturgia de la Iglesia.
Tampoco acaba de ser cierta la afirmación de que Cristo ha roto la separación entre lo sagrado y lo profano cuando al expirar se rasgó el velo del Templo, porque la redención aún no se ha completado y el mundo sigue siendo mundo, secular, dominado por el Príncipe de las tinieblas (cf. Jn 12,31; 2Co 4,4), el padre de la mentira (Jn 8,44), mientras que la Iglesia –y su liturgia- es el ámbito claro de lo divino, del encuentro con Dios y de su actuación salvífica. Por eso la liturgia marca un hiato, una ruptura, entre lo profano (aún por redimir) y lo sagrado, entre el mundo terreno en el que nos desenvolvemos y las realidades celestiales que pregustamos en la liturgia.
Sí, la liturgia es el ámbito de lo sagrado; más aún, la liturgia es sagrada. Una buena imagen de lo que ocurre en la sagrada liturgia y de la actitud y el comportamiento necesarios los tenemos en el episodio de Moisés ante la zarza ardiente: se le manda que se descalce y adore porque “el sitio que pisas es terreno sagrado” (Ex 3).
Cristo mismo vivió en su existencia terrena la sacralidad de la liturgia de la Antigua Alianza –salmos, oraciones, bendiciones, peregrinaciones al Templo de Jerusalén, etc-. La Cena pascual era un gran acto litúrgico, solemne y sagrado. Cualquiera que conozca el desarrolla del seder pascual ve la disposición solemne de la mesa, la mejor vajilla y copas, el ritual establecido, los salmos cantados, etc., y así Cristo celebró la Última Cena, añadiendo la Eucaristía, consagrando el pan y el vino. Esto está lejos de la consideración secularizada de que esta Última Cena fue una comida con unos colegas, informal y dramática, sino una verdadera liturgia, sagrada, ritual, de Jesucristo, el verdadero Cordero pascual.
La liturgia es glorificación de Dios, como después, la existencia cristiana entre las realidades temporales, será su prolongación, una glorificación de Dios en el mundo: “glorificad a Dios en vuestros corazones” (1P 3,15), “ofreced vuestros cuerpos como hostia viva” (Rm 12,1), “servid a Cristo Señor” (Col 3,23).
Desacralizar la liturgia es desnaturalizarla, hacerla irreconocible e inservible. Al final se acaba sustituyendo a Dios por el hombre, y la glorificación de Dios por el culto al hombre y la exaltación de sus emociones, afectos, compromisos.
Muchos años llevamos ya asistiendo a esta pobreza litúrgica, cada vez más antropocéntrica y menos sagrada, cada vez más convertida en espectáculo y menos recogida, interior y espiritual. Ratzinger, atento a todas estas realidades, desgranaba sus raíces y consecuencias hace ya años:
“En los últimos quince años hemos estado demasiado condicionados por la idea de ‘desacralización’. Estuvimos bajo el impacto de las palabras de la carta a los Hebreos: ‘Cristo murió fuera de la puerta’ (13,12). Además, esto se puso en conexión con otra frase que dice que en el momento de la muerte del Señor el velo del templo se rasgó en dos. El templo, ahora, está vacío. El sacrum, la santa presencia de Dios, ya no se oculta en él; está fuera, en el exterior de la ciudad. El culto se ha trasladado desde la casa santa a la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Él fue presencia auténtica de Dios ya durante su vida. Al rasgarse el velo del templo –habíamos pensado-, habían sido desgarrados los límites entre lo sagrado y lo profano. El culto ya no es algo separado de la vida cotidiana, sino que lo santo habita en la cotidianeidad. Lo sagrado ya no es un ámbito especial, sino que quiere estar en todas partes, se quiere realizar precisamente en el ámbito mundano. De aquí se han sacado consecuencias muy concretas, incluso para las vestiduras de los sacerdotes, para la forma del culto litúrgico y la arquitectura de iglesias. En todas partes se debían abatir los bastiones: en ningún ambiente debían ya ser distinguibles entre sí la vida y el culto…
En la medida en que el mundo no ha llegado a plenitud, permanece en él la diferencia entre lo sagrado y lo profano, pues Dios no le priva de la presencia de su santidad, pero tampoco esa santidad suya lo ha asumido todavía en su totalidad. La pasión de Jesucristo fuera de los muros de la ciudad y la ruptura del velo del templo no significan que ahora todo espacio sea templo o que absolutamente nada lo pueda ser ya. Esto solamente ocurrirá en la nueva Jerusalén…
Esto quiere decir que aquí la sacralidad es más densa y más potente, porque es más auténtica de lo que era en la Antigua Alianza… La reverencia no se ha hecho superflua, sino más exigente. Y como el hombre está formado de cuerpo y alma, y además es un ser sociable, también necesitamos siempre la expresión visible de la reverencia, las reglas de juego de su configuración colectiva, de sus signos visibles en este mundo no salvado y no-santo” (Ratzinger, J., Homilía, en Obras Completas, vol. XI, 356-357).
Nadie puede excusarse con palabras mágicas, como si fueran un talismán, para continuar desacralizando la liturgia e impidiendo el encuentro con Dios; no es “pastoral” desfigurar la liturgia, sino lo más anti-pastoral, impropio de un pastor que quiera llevar a su rebaño a los prados fértiles; no es “creatividad” reinventar la liturgia constantemente a gusto del consumidor humano, degradándola en espectáculo, sino que “creatividad” será buscar medios de evangelización para las nuevas realidades y desafíos; no es “evangelizar” hacer de la liturgia un discurso de moniciones constantes y amplias homilías con el nuevo moralismo de hoy (¡hablar de valores!) porque la liturgia evangeliza por sí misma y es distinta por completo del ámbito didáctico de la catequesis.
La liturgia, que es sagrada, tiene su propia función, su propio camino y su propia naturaleza; cuando se desacraliza, se destruye, prestando un pésimo servicio a las comunidades cristianas.

P. Javier Sánchez Martínez, sacerdote



Misa Pontifical en Roma, en la iglesia parroquial de la Santísima Trinidad de los peregrinos,
31 de mayo de 2015



3 de junio de 2015

REINTERPRETACIÓN DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO



Una nueva versión de la lucha de clases que avanza con mucha fuerza en la Argentina. Antecedentes históricos y desarrollo

Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo".

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

Y los bendijo, diciéndoles: "Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra".

(Génesis, 1, 26-28)

La ideología de género recoge la interpretación de Friedrich Engels, expresada en su libro "El origen de la familia", donde relata la historia de la mujer en relación con la técnica según la cual, la propiedad privada convierte al hombre en propietario de la mujer. En la familia patriarcal fundada sobre la propiedad privada, la mujer es explotada y oprimida por el hombre. Por ende, el proletariado y las mujeres se convierten en dos clases oprimidas.

La liberación de la mujer –sostiene Engels- pasa por la destrucción de la familia y su ingreso al mercado del trabajo. Así, ocupará su lugar en la sociedad de producción, ya sin el yugo marital ni la carga de la maternidad.

El feminismo radicalizado reinterpreta la historia bajo una perspectiva dialéctica neo-marxista, identificando a la mujer con la clase oprimida y al hombre con la opresora. El matrimonio monógamo es la síntesis y expresión del dominio patriarcal y toda diferencia es entendida como sinónimo de desigualdad, por lo que es preciso acabar con ella.

"El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino" (Friedrich Engels, "The origin of the Family, Property and the State").

Para las feministas radicales, los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la institución familiar, verdadera causante de las clases. En ese sentido, Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir la diferencia de sexos: "... Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se rebele y tome el control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana (piénsese en las políticas de "salud reproductiva"). La meta definitiva de la revolución feminista debe ser acabar con el privilegio masculino y con la distinción de sexos".

Asimismo, inspirándose en el estructuralismo, la ideología de género considera que cada cultura produce sus propias normas de conducta y modela un tipo de mujer distinto. Según las sociedades, ciertas tareas serán tradicionalmente consideradas como "tareas femeninas" y otras como masculinas. De este modo; en esta nueva cultura, los papeles o funciones del hombre y la mujer serían perfectamente intercambiables. La familia heterosexual y monógama aparece como un caso más de práctica sexual junto a la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, el travestismo, familias monoparentales masculinas o femeninas, y hasta uniones pedofílicas o incestuosas.

Para lograr la igualdad definitiva entre hombre y mujer es necesario: cambiar todos los roles masculinos y femeninos existentes; considerar la familia actual como perimida; negar la identidad biológica-psíquica-espiritual de ambos sexos; cambiar los términos que incluyen tácitamente o excluyen a la mujer dentro del hombre (ej: "alumnos y alumnas").

Conceptos

Según el profesor Schooyans, el concepto de género es utilizado por las feministas radicales como "ideología según la cual, los roles del hombre y la mujer no están dentro de la naturaleza, sino que son el resultado de la historia y de la cultura".

Las entidades propulsoras de esta filosofía como el CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer) sostienen que "género" refiere a una ideología que niega el fundamento natural de los roles tradicionales del hombre y la mujer y alega que son puras invenciones sociales sujetas al cambio. En este contexto, la sexualidad es reinterpretada en su totalidad.

La guerra semántica (conceptos utilizados por los difusores de la ideología de género)

1. Perversidad polimorfa, sexualmente polimorfo: el ser humano nace sexualmente indefinido. Por tanto, la atracción por personas del otro sexo no es natural, sino socialmente impuesta.

2. Preferencia u orientación sexual: distinguen cinco sexos, heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual y transexual, con iguales derechos legales y sociales.

3. Homofobia: temor a las relaciones homosexuales por la heterosexualidad obligatoria.

4. Deconstrucción: denunciar las ideas y el "lenguaje hegemónico" para persuadir a la gente de que su percepción de la realidad es mera construcción social.

Primer blanco: la familia

Según Alison Jagger: "...La destrucción de la familia biológica que Freud jamás visualizó permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos".
Así lo explica Christine Riddiough, colaboradora de la revista "Catholics for a Free Choice" ("Católicas por el derecho a decidir" –lobby "pro género-):

"La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también provee de legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser buenos ciudadanos... tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas".

El peligro de esta doctrina

El riesgo para la Nación de esta perniciosa doctrina son sus tácticas de infiltración a través de la legislación, educación y sobre todo, de los medios masivos de comunicación.

El propósito será "deconstruir" aquello que se considera culturalmente como natural poniendo de manifiesto que no lo es, sino que se trata de imposiciones culturales. A partir de allí aceptar la cuestión del "género" e insertar su concepción en todos los organismos y/o entidades (Ej: planes de estudio –ley 114 de la ciudad de Bs As; ley 418, ley de educación sexual de la ciudad de Bs As, etc.; apertura de departamentos o secretarías de "género", por ej: en los partidos políticos, en la CGT, etc.).

Otro ámbito por el que se difunde afanosamente esta ideología –buscando perversamente modificar el "sentido común" de la población- es, como quedo dicho, a través de los medios de comunicación. Basta observar en el ámbito de la televisión por ejemplo, la inclusión cada vez mayor de conductores o panelistas "afeminados", travestis, etc., presentándolos como algo normal ante la sociedad.
Volviendo al tema legislativo; además de las ya citadas, debemos apuntar "la avanzada" que se efectúa a través de las leyes y conferencias internacionales. Mediante este mecanismo se busca imponer la doctrina de género a nivel global, universal, para desde allí incluirse en las legislaciones y políticas públicas de los países. Por supuesto, consideramos que esta forma de difusión y aplicación de la perspectiva de género en la política interna de los Estados es esencialmente violatoria de la soberanía de cada país y de la identidad cultural de nuestros pueblos. Las conferencias internacionales sobre el tema arrancan en 1975 "I Conferencia de la Mujer"; 1979 "Convención Internacional"; 1980, Copenhague, "II Conferencia sobre la Mujer"; 1985, Nairobi, "III Conferencia de la Mujer"; 1995, Beijing, "IV Conferencia de la Mujer"; 2000, Nueva York, "Beijing + 5"; 2001 "Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación, la Xenofobia y formas conexas de intolerancia"; etc.

Finalmente, señalamos que estos programas están financiados y promovidos por lo más concentrado de la plutocracia internacional y sus colaterales; desde la ONU, el FMI, el Banco Mundial, hasta diversas fundaciones (Ford, Hullet Packard, y otras), ONGs "mundialistas". Lo cierto es que lo que se oculta con esta estrategia es la promoción de la "salud reproductiva" como forma de reducir la tasa de fecundidad de los pobres, países en vías de desarrollo, etc. Para ello se forman objetivos mundiales sobre población (ej: basta ver el MEMO 200, más conocido como "Informe Kissinger") y medios coercitivos sobre los gobiernos locales para que implementen estos programas, y es justamente en este punto: el control demográfico donde confluyen los programas de "salud reproductiva" y la "perspectiva de género" como peligro potencial a la seguridad nacional ya que se impulsan planes contrarios a los intereses del país que debería trabajar intensamente en una geopolítica y política demográfica en sentido inverso a estas doctrinas; esto es, promoviendo la vida, las familias numerosas, la ocupación del territorio (que en ciertas zonas como la patagónica llega a tener 0,5 habitantes por km2, considerándose según los cánones internacionales, como zona desértica), complementada con una adecuada y firme política de desarrollo y población.


EL TRAJE ECLESIÁSTICO DIGNO

23 RAZONES POR LAS QUE TODO SACERDOTE DEBE LLEVAR CLERGYMAN o HÁBITO CLERICAL (traje distinguible)



“Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno”
(del canon 284 del Código de Derecho Canónico)

“En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, 
donde tienden a desaparecer incluso los signos externos 
de las realidades sagradas y sobrenaturales, 
se siente particularmente la necesidad de que el presbítero 
—hombre de Dios, dispensador de Sus misterios— 
sea reconocible a los ojos de la comunidad, 
también por el vestido que lleva, 
como signo inequívoco de su dedicación 
y de la identidad de quien desempeña un ministerio público. 
El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, 
pero también por un modo de vestir, 
que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel, más aún, por todo hombre, su identidad y su presencia a Dios y a la Iglesia.
El hábito talar es el signo exterior de una realidad interior: 
«de hecho, el sacerdote ya no se pertenece a sí mismo, 
sino que, por el carácter sacramental recibido (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1563 y 1582), es “propiedad” de Dios. 
Este “ser de Otro” deben poder reconocerlo todos, 
gracias a un testimonio límpido. […] 
En el modo de pensar, de hablar, de juzgar los hechos del mundo, 
de servir y de amar, de relacionarse con las personas, incluso en el hábito, el sacerdote debe sacar fuerza profética de su pertenencia sacramental, 
de su ser profundo».”
(Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 61)

Dos sacerdotes norteamericanos 
(los padres Charles M. Mangan, ordenado en 1989, mariólogo  y Gerald E. Murray, ordenado en 1984, párroco en Nueva York) hicieron un listado de razones que fundan la vestimenta sacerdotal

1. El clergyman es un signo de la consagración sacerdotal al Señor. Así como el anillo identifica a marido y mujer y simboliza su unión, el alzacuellos identifica a obispos y sacerdotes (y a menudo a diáconos y seminaristas) y manifiesta su proximidad al Divino Maestro en virtud de su libre consentimiento al ministerio ordenado al cual han sido (o pueden ser) llamados.

2. Llevando clergyman y no poseyendo demasiados trajes, el sacerdote demuestra que se adhiere al ejemplo de pobreza material de Señor. El sacerdote no elige su indumentaria: es la Iglesia quien lo hace en virtud de su sabiduría dos veces milenaria. La humilde aceptación del deseo de la Iglesia de que el sacerdote lleve clergyman ilustra su saludable sumisión a la autoridad y su conformidad con la voluntad de Cristo expresada a través de su Iglesia.

3. La ley de la Iglesia exige a los clérigos llevar hábito clerical. Lo dice el número 61 del Directorio para Sacerdotes, que remite al canon 284.

4. Que se lleve clergyman es el deseo reiterado y ardiente del Papa Juan Pablo II. Este deseo del Santo Padre no puede dejarse de lado sin más: él habla con un carisma especial. Con frecuencia recuerda a los sacerdotes el valor de llevar alzacuellos. En una Carta del 8 de septiembre de 1982 al cardenal Ugo Poletti, su Vicario para la diócesis de Roma, en la que le instruye sobre las normas que deben promulgarse sobre el uso del clergyman y el hábito religioso, el Pontífice observa que el hábito clerical tiene valor "no sólo porque contribuye al decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su ministerio, sino por encima de todo porque evidencia en el seno de la comunidad eclesiástica el testimonio público que todo sacerdote debe dar de su propia identidad y su especial pertenencia a Dios”.


En su homilía del 8 de noviembre de 1982 el Papa se dirigió a un grupo de diáconos a quienes iba a ordenar sacerdotes. Dijo que si intentaban ser como uno más en su “estilo de vida” o en su “modo de vestir”, entonces su misión como sacerdotes de Jesucristo no se realizaría del todo.

5. El clergyman evita “mensajes equívocos”: las intenciones del sacerdote serán reconocibles cuando se encuentre en lo que podrían parecer circunstancias comprometedoras. Supongamos que a un sacerdote se le pide que visite pastoralmente casas de una zona donde se han impuesto el tráfico de drogas y la prostitución. El alzacuellos lanza un claro mensaje a todos de que el sacerdote ha venido para ejercer su función con los pobres y necesitados en nombre de Cristo. Un sacerdote que, siendo conocido por el vecindario, visite esas casas vestido de laico puede disparar chismorreos ociosos.

6. El clergyman anima a los demás a evitar la inmodestia en el vestir, el hablar y el actuar, y les recuerda la necesidad del decoro público. Un sacerdote serio, pero alegre y diligente, puede impulsar a otros a meditar sobre la forma en la que se conducen. El hábito clerical sirve como un desafío necesario en una época que se ahoga en la impureza, exhibida mediante vestidos sugerentes, lenguaje blasfemo y acciones escandalosas.

7. El clergyman protege la propia vocación al tratar con mujeres jóvenes y atractivas. Un sacerdote sin alzacuellos (y que, naturalmente, tampoco lleva anillo de casado) puede resultar un apetecible objeto de atenciones por parte de una mujer soltera que busca marido o de una mujer casada tentada por la infidelidad.

8. El clergyman es un buen “guardaespaldas” de uno mismo. El alzacuellos le recuerda al mismo sacerdote su misión e identidad: dar testimonio de Jesucristo, el Gran Sacerdote, en cuanto uno de sus hermanos-sacerdotes.

9. Un sacerdote con clergyman inspira a otros a pensar: “He aquí un discípulo actual de Jesús”. El clergyman habla de la posibilidad de hacer un compromiso sincero y eterno con Dios. Los creyentes de diferentes edades, nacionalidades y temperamentos observarán la vida virtuosa y centrada en los demás de ese hombre que viste con propiedad y orgullo los hábitos de sacerdote católico, y quizá comprenderán que también ellos pueden consagrarse de nuevo, o por primera vez, al Buen Pastor que les ama.

10. El clergyman es una beneficiosa fuente de curiosidad para los no católicos. La mayor parte de los no católicos carecen de experiencia en el trato con ministros que lleven hábito talar. Por tanto, los sacerdotes católicos, con su indumentaria, pueden hacerles reflexionar (siquiera sea fugazmente) sobre la Iglesia y lo que implica.

11. Un sacerdote vestido como quiere la Iglesia es un recordatorio de Dios y de lo sagrado. A la ciénaga laicista dominante no le agradan las imágenes que remiten al Creador, a la Iglesia, etc. Cuando el sacerdote lleva clergyman, los corazones y las mentes de los demás se refrescan elevándose hasta el “Ser Supremo”, normalmente  relegado a una escueta nota a pie de página en la agenda de la cultura contemporánea.

12. El clergyman recuerda también al sacerdote que “nunca deja de ser sacerdote”. Con tanta confusión como hay hoy, el alzacuellos puede ayudar al sacerdote a evitar las dudas interiores sobre quién es. Dos formas de vestir pueden conducir (y a menudo lo hacen) a dos estilos de vida, e incluso a dos personalidades.

13. Un sacerdote con clergyman es un mensaje vocacional andante. Ver a un sacerdote alegre y feliz caminando tranquilamente por la calle puede ser un imán que atraiga a los jóvenes a considerar la posibilidad de que Dios les esté llamando al sacerdocio. Dios hace la llamada; el sacerdote es simplemente un signo visible que Dios utilizará para atraer a los hombres a Sí.

14. El clergyman coloca al sacerdote en situación de disponibilidad para los sacramentos, especialmente la confesión y la extremaunción y en situaciones de crisis. Justo porque el alzacuellos permite una identificación inmediata, los sacerdotes que lo llevan se hacen a sí mismos más aptos para que se les aproxime la gente, en particular cuando más seriamente se les necesita. Los autores de este artículo podemos dar testimonio de que se nos han pedido los sacramentos y la asistencia en aeropuertos o tanto en ciudades populosas como pueblos aislados, sólo porque fuimos reconocidos inmediatamente como sacerdotes católicos.

15. 
El clergyman es un signo de que el sacerdote se esfuerza por ser santo viviendo siempre su vocación. Es un sacrificio estar constantemente disponible para las almas siendo públicamente identificable como sacerdote. Pero es un sacrificio agradable a Nuestro Señor. Nos recuerda cómo el pueblo acudía a Él, y cómo Él nunca les daba la espalda. ¡Hay tanta gente que se beneficiará del sacrificio que hacemos al esforzarnos por ser santos sacerdotes sin interrupción!

16. El clergyman sirve como recordatorio a los católicos “alejados” para que no olviden su situación irregular y sus responsabilidades con el Señor. Para lo bueno y para lo malo, el sacerdote es un testigo de Cristo y de su Santa Iglesia. Cuando un “alejado” ve un sacerdote, se le anima a recordar que la Iglesia sigue existiendo. Un sacerdote alegre supone un saludable recordatorio de la Iglesia.

17. A veces, en particular cuando hace calor, llevar clergyman es un sacrificio. Las mejores mortificaciones son las que uno no busca. Sobrellevar las incomodidades del calor y la humedad puede servir como maravillosa expiación de nuestros pecados, y como medio para obtener gracias para nuestros parroquianos.

18.
 El clergyman sirve como “signo de contradicción” en un mundo perdido en el pecado y en la rebelión contra el Creador. El clergyman implica una poderosa afirmación: que el sacerdote, como alter Christus [otro Cristo], ha aceptado el mandato del Redentor de llevar el Evangelio a la plaza pública, sin importar el coste personal.

19. El clergyman ayuda a los sacerdotes a evitar la mentalidad “de guardia/de permiso” en el servicio sacerdotal. Los números 24 y 7 deben ser nuestros números característicos: somos sacerdotes 24 horas al día, 7 días a la semana. Somos sacerdotes, no hombres dedicados a una “profesión sacerdotal”. De guardia o de permiso, debemos estar disponibles a quienquiera que Dios ponga en nuestro camino. Con la oveja perdida no se puede programar una cita.

20. Los “oficiales” del ejército de Cristo deben identificarse como tales. Tradicionalmente, se nos insiste en que quienes reciben el sacramento de la confirmación se convierten en “soldados” de Cristo, católicos adultos preparados y dispuestos a defender su nombre y su Iglesia. Quienes se ordenan como diáconos, sacerdotes y obispos deben también prepararse -cada uno en su ámbito- a pastorear el rebaño del Señor. Los sacerdotes que llevan clergyman llevan adelante su inequívoco papel como líderes en la Iglesia.

21. Los santos nunca han aprobado que se le quite importancia a las vestiduras sacerdotales. Por ejemplo, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), santo patrono de los teólogos morales y de los confesores, en su estimado tratado La dignidad y santidad sacerdotal, urge a llevar hábito talar apropiado, afirmando que el hábito clerical ayuda tanto al sacerdote como a los fieles a recordar el sublime esplendor del estado sacerdotal instituido por el Dios-Hombre.


22.
 La mayor parte de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan como tales. Los sacerdotes siempre han hecho sentirse cómodo y seguro a su pueblo. De niños, a los católicos se les enseña que el sacerdote es el representante de Dios, alguien en quien pueden confiar. Por tanto, el Pueblo de Dios quiere saber quiénes son esos representantes y qué representan. La preciada costumbre de llevar un traje distinguible ha sido sancionada durante siglos por la Iglesia; no es una imposición arbitraria. Los católicos esperan de sus sacerdotes que se vistan como sacerdotes y se comporten en armonía con las enseñanzas y las prácticas de la Iglesia. Como hemos observado dolorosamente en los últimos años, a los fieles les molesta y hiere especialmente cuando los sacerdotes desafían a la legítima autoridad de la Iglesia y enseñan o actúan de forma inapropiada o incluso pecaminosa.

23.
 Tu vida no es tuya; perteneces a Dios de una forma especial, has sido enviado a servirle con tu vida. Cuando nos despertamos cada mañana, debemos dirigir nuestros pensamientos a nuestro amado Dios, y pedir la gracia de servirle bien ese día. Al ponerse la prenda que proclama a todos que Dios aún actúa en este mundo a través del ministerio de hombres pobres y pecadores, el sacerdote recuerda a sí mismo la digna tarea de servidores a quienes Él ha elegido.