23 RAZONES POR LAS QUE TODO SACERDOTE DEBE LLEVAR CLERGYMAN o HÁBITO
CLERICAL (traje distinguible)
“Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno”
(del canon 284 del Código de Derecho Canónico)
“En una sociedad secularizada y tendencialmente
materialista,
donde tienden a desaparecer incluso los signos externos
de las
realidades sagradas y sobrenaturales,
se siente particularmente la necesidad de
que el presbítero
—hombre de Dios, dispensador de Sus misterios—
sea
reconocible a los ojos de la comunidad,
también por el vestido que lleva,
como
signo inequívoco de su dedicación
y de la identidad de quien desempeña un
ministerio público.
El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su
comportamiento,
pero también por un modo de vestir,
que ponga de manifiesto de
modo inmediatamente perceptible por todo fiel, más aún, por todo hombre, su
identidad y su presencia a Dios y a la Iglesia.
El hábito talar es el signo exterior de una realidad
interior:
«de hecho, el sacerdote ya no se pertenece a sí mismo,
sino que, por
el carácter sacramental recibido (cfr. Catecismo
de la Iglesia Católica, n. 1563 y 1582), es “propiedad” de Dios.
Este
“ser de Otro” deben poder reconocerlo todos,
gracias a un testimonio límpido.
[…]
En el modo de pensar, de hablar, de juzgar los hechos del mundo,
de servir
y de amar, de relacionarse con las personas, incluso en el hábito, el sacerdote
debe sacar fuerza profética de su pertenencia sacramental,
de su ser profundo».”
(Directorio para el ministerio y la vida de los
presbíteros, 61)
Dos sacerdotes norteamericanos
(los padres Charles M. Mangan, ordenado en 1989, mariólogo y Gerald E. Murray, ordenado en 1984, párroco en Nueva York) hicieron un
listado de razones que fundan la vestimenta sacerdotal
1. El clergyman es un signo de la
consagración sacerdotal al Señor. Así
como el anillo identifica a marido y mujer y simboliza su unión, el alzacuellos
identifica a obispos y sacerdotes (y a menudo a diáconos y seminaristas) y
manifiesta su proximidad al Divino Maestro en virtud de su libre consentimiento
al ministerio ordenado al cual han sido (o pueden ser) llamados.
2. Llevando clergyman y no poseyendo demasiados
trajes, el sacerdote demuestra que se adhiere al ejemplo de pobreza material de
Señor. El sacerdote no elige su
indumentaria: es la Iglesia quien lo hace en virtud de su sabiduría dos veces
milenaria. La humilde aceptación del deseo de la Iglesia de que el sacerdote
lleve clergyman ilustra su saludable sumisión a la autoridad y su conformidad
con la voluntad de Cristo expresada a través de su Iglesia.
3. La ley de la Iglesia exige a los clérigos llevar hábito
clerical. Lo dice el número 61 del Directorio para Sacerdotes, que remite al canon 284.
4. Que se
lleve clergyman es el deseo reiterado y
ardiente del Papa Juan Pablo II. Este
deseo del Santo Padre no puede dejarse de lado sin más: él habla con un carisma
especial. Con frecuencia recuerda a los sacerdotes el valor de llevar
alzacuellos. En una Carta del 8 de
septiembre de 1982 al cardenal Ugo Poletti, su Vicario para la diócesis de Roma, en la que le instruye sobre las normas que deben
promulgarse sobre el uso del clergyman y el hábito religioso, el Pontífice
observa que el hábito clerical tiene valor "no sólo porque contribuye al
decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su
ministerio, sino por encima de todo porque evidencia en el seno de la comunidad
eclesiástica el testimonio público que
todo sacerdote debe dar de su propia identidad y su especial pertenencia a Dios”.
En su homilía del 8 de noviembre de 1982 el Papa se
dirigió a un grupo de diáconos a quienes iba a ordenar sacerdotes. Dijo que si
intentaban ser como uno más en su “estilo de vida” o en su “modo de vestir”,
entonces su misión como sacerdotes de Jesucristo no se realizaría del todo.
5. El clergyman evita “mensajes equívocos”: las intenciones del sacerdote serán reconocibles cuando se
encuentre en lo que podrían parecer circunstancias
comprometedoras. Supongamos que a un sacerdote se le pide que
visite pastoralmente casas de una zona donde se han impuesto el tráfico de
drogas y la prostitución. El alzacuellos lanza un claro mensaje a todos de que
el sacerdote ha venido para ejercer su función con los pobres y necesitados en
nombre de Cristo. Un sacerdote que, siendo conocido por el vecindario, visite
esas casas vestido de laico puede disparar chismorreos ociosos.
6. El clergyman anima a los demás a evitar la
inmodestia en el vestir, el hablar y el actuar, y les recuerda la
necesidad del decoro público. Un sacerdote serio, pero alegre y diligente,
puede impulsar a otros a meditar sobre la forma en la que se conducen. El
hábito clerical sirve como un desafío necesario en una época que se ahoga en la
impureza, exhibida mediante vestidos sugerentes, lenguaje blasfemo y acciones
escandalosas.
7. El clergyman protege la propia vocación al tratar con mujeres jóvenes y
atractivas. Un sacerdote sin alzacuellos (y que, naturalmente, tampoco lleva
anillo de casado) puede resultar un apetecible objeto de atenciones por parte
de una mujer soltera que busca marido o de una mujer casada tentada por la
infidelidad.
8. El clergyman
es un buen “guardaespaldas” de uno mismo. El alzacuellos le recuerda al mismo sacerdote su
misión e identidad: dar testimonio de Jesucristo, el Gran Sacerdote, en cuanto uno de sus hermanos-sacerdotes.
9. Un sacerdote con clergyman inspira a otros a
pensar: “He aquí un discípulo actual de Jesús”. El clergyman habla de la posibilidad de hacer un
compromiso sincero y eterno con Dios. Los
creyentes de diferentes edades, nacionalidades y temperamentos observarán la
vida virtuosa y centrada en los demás de ese hombre que viste con propiedad y
orgullo los hábitos de sacerdote católico, y quizá comprenderán que también
ellos pueden consagrarse de nuevo, o por primera vez, al Buen Pastor que les
ama.
10. El clergyman es una beneficiosa fuente
de curiosidad para los no católicos. La
mayor parte de los no católicos carecen de experiencia en el trato con
ministros que lleven hábito talar. Por tanto, los sacerdotes católicos, con su
indumentaria, pueden hacerles reflexionar (siquiera sea fugazmente) sobre la
Iglesia y lo que implica.
11. Un sacerdote vestido como quiere la Iglesia es un recordatorio de Dios y de lo
sagrado. A la ciénaga laicista dominante no le agradan
las imágenes que remiten al Creador, a la Iglesia, etc. Cuando el sacerdote
lleva clergyman, los corazones y las mentes de los demás se refrescan
elevándose hasta el “Ser Supremo”, normalmente relegado a una escueta
nota a pie de página en la agenda de la cultura contemporánea.
12. El clergyman recuerda también al sacerdote que
“nunca deja de ser sacerdote”. Con tanta confusión como hay hoy, el alzacuellos puede ayudar al sacerdote a evitar las
dudas interiores sobre quién es. Dos
formas de vestir pueden conducir (y a menudo lo hacen) a dos estilos de vida, e
incluso a dos personalidades.
13. Un sacerdote con clergyman es un mensaje
vocacional andante. Ver a un
sacerdote alegre y feliz caminando tranquilamente por la calle puede ser un
imán que atraiga a los jóvenes a considerar la posibilidad de que Dios les esté
llamando al sacerdocio. Dios hace la llamada; el sacerdote es simplemente un
signo visible que Dios utilizará para atraer a los hombres a Sí.
14. El clergyman coloca al sacerdote en
situación de disponibilidad para los sacramentos, especialmente la confesión y la extremaunción y en
situaciones de crisis. Justo porque el alzacuellos permite una identificación
inmediata, los sacerdotes que lo llevan se hacen a sí mismos más aptos para que
se les aproxime la gente, en particular cuando más seriamente se les necesita.
Los autores de este artículo podemos dar testimonio de que se nos han pedido los
sacramentos y la asistencia en aeropuertos o tanto en ciudades populosas como
pueblos aislados, sólo porque fuimos reconocidos inmediatamente como sacerdotes
católicos.
15. El clergyman es un signo de que el
sacerdote se esfuerza por ser santo viviendo siempre su vocación. Es un sacrificio estar constantemente disponible para las
almas siendo públicamente identificable como sacerdote. Pero es un sacrificio
agradable a Nuestro Señor. Nos recuerda cómo el pueblo acudía a Él, y cómo Él
nunca les daba la espalda. ¡Hay tanta gente que se beneficiará del sacrificio
que hacemos al esforzarnos por ser santos sacerdotes sin interrupción!
16. El clergyman sirve como recordatorio a los
católicos “alejados” para que no olviden su situación irregular y sus responsabilidades con el Señor.
Para lo bueno y para lo malo, el sacerdote es un testigo de Cristo y de su
Santa Iglesia. Cuando un “alejado” ve un sacerdote, se le anima a recordar que
la Iglesia sigue existiendo. Un sacerdote alegre supone un saludable
recordatorio de la Iglesia.
17. A veces, en particular cuando hace calor, llevar clergyman es un sacrificio. Las
mejores mortificaciones son las que uno no busca. Sobrellevar las incomodidades del calor y la humedad puede
servir como maravillosa expiación de nuestros pecados, y como medio para
obtener gracias para nuestros parroquianos.
18. El clergyman sirve como “signo de contradicción” en un mundo perdido en el pecado y en
la rebelión contra el Creador. El clergyman implica una poderosa afirmación:
que el sacerdote, como alter Christus [otro Cristo], ha aceptado el mandato del Redentor
de llevar el Evangelio a la plaza pública, sin importar el coste personal.
19. El clergyman ayuda
a los sacerdotes a evitar la mentalidad “de guardia/de permiso” en el servicio sacerdotal. Los
números 24 y 7 deben ser nuestros números característicos: somos sacerdotes 24
horas al día, 7 días a la semana. Somos sacerdotes, no hombres dedicados a una
“profesión sacerdotal”. De guardia o de permiso, debemos estar disponibles a
quienquiera que Dios ponga en nuestro camino. Con la oveja perdida no se puede
programar una cita.
20. Los “oficiales” del ejército de Cristo deben identificarse
como tales. Tradicionalmente, se nos insiste en que quienes reciben el
sacramento de la confirmación se convierten en “soldados” de Cristo, católicos
adultos preparados y dispuestos a defender su nombre y su Iglesia. Quienes se
ordenan como diáconos, sacerdotes y obispos deben también prepararse
-cada uno en su ámbito- a pastorear el rebaño del Señor. Los sacerdotes que llevan clergyman llevan adelante su
inequívoco papel como líderes en la Iglesia.
21. Los santos nunca han aprobado que se le quite importancia a
las vestiduras sacerdotales. Por ejemplo, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787),
santo patrono de los teólogos morales y de los confesores, en su estimado
tratado La dignidad y santidad sacerdotal, urge a llevar hábito
talar apropiado, afirmando que el hábito clerical ayuda tanto al sacerdote como
a los fieles a recordar el sublime esplendor del estado sacerdotal instituido
por el Dios-Hombre.
22. La mayor parte de los católicos esperan que sus
sacerdotes vistan como tales. Los
sacerdotes siempre han hecho sentirse cómodo y seguro a su pueblo. De niños, a
los católicos se les enseña que el sacerdote es el representante de Dios,
alguien en quien pueden confiar. Por tanto, el Pueblo de Dios quiere saber
quiénes son esos representantes y qué representan. La preciada costumbre de
llevar un traje distinguible ha sido sancionada durante siglos por la Iglesia;
no es una imposición arbitraria. Los católicos esperan de sus sacerdotes que se
vistan como sacerdotes y se comporten en armonía con las enseñanzas y las
prácticas de la Iglesia. Como hemos observado dolorosamente en los últimos
años, a los fieles les molesta y hiere especialmente cuando los sacerdotes
desafían a la legítima autoridad de la Iglesia y enseñan o actúan de forma
inapropiada o incluso pecaminosa.
23. Tu vida no es tuya;
perteneces a Dios de una forma especial, has sido enviado a servirle con tu
vida. Cuando nos despertamos cada mañana, debemos dirigir nuestros pensamientos
a nuestro amado Dios, y pedir la gracia de servirle bien ese día. Al ponerse la prenda que proclama a todos que
Dios aún actúa en este mundo a través del ministerio de hombres pobres y
pecadores, el sacerdote recuerda a sí mismo la digna tarea
de servidores a quienes Él ha elegido.