Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

10 de enero de 2016

HIJOS DE DIOS

LA NUEVA VIDA DE LOS HIJOS DE DIOS: LA VIDA DE LA GRACIA SANTIFICANTE

Un repaso de los principales puntos 
donde se considera la condición de "hijos de Dios" 
y sus consecuencias 
en el Catecismo de la Iglesia Católica



Pila bautismal románica en la Iglesia de Olleros, en Palencia, España



136. ¿Qué quiere decir la Iglesia cuando confiesa: «Creo en el Espíritu Santo»?
Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo «ha sido enviado a nuestros corazones» (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios.


147. ¿Qué designamos con la palabra «Iglesia»? 
Con el término «Iglesia» se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.

154. ¿Cuáles son las características del Pueblo de Dios?
Este pueblo, del que se llega a ser miembro mediante la fe en Cristo y el Bautismo, tiene por origen a Dios Padre, por cabeza a Jesucristo, por condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, por ley el mandamiento nuevo del amor, por misión la de ser sal de la tierra y luz del mundo, por destino el Reino de Dios, ya iniciado en la Tierra.


158. ¿Por qué llamamos a la Iglesia esposa de Cristo?
Llamamos a la Iglesia esposa de Cristo porque el mismo Señor se definió a Sí mismo como «el esposo» (Mc 2, 19), que ama a la Iglesia uniéndola a Sí con una Alianza eterna. Cristo se ha entregado por ella para purificarla con su sangre, «santificarla» (Ef5, 26) y hacerla Madre fecunda de todos los hijos de Dios. Mientras el término «cuerpo» manifiesta la unidad de la «Cabeza» con los miembros, el término «esposa» acentúa la distinción de ambos en la relación personal.


177. ¿Quiénes son los fieles?
Los fieles son aquellos que, incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios; han sido hecho partícipes, cada uno según su propia condición, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay una verdadera igualdad en su dignidad de hijos de Dios.


230. ¿Por qué los sacramentos son necesarios para la salvación?
Para los creyentes en Cristo, los sacramentos, aunque no todos se den a cada uno de los fieles, son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor y la pertenencia a la Iglesia. El Espíritu Santo cura y transforma a quienes los reciben.

258. ¿Por qué la Iglesia bautiza a los niños?
La Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios.

357. ¿De qué modo la vida moral cristiana está vinculada a la fe y a los sacramentos?
Lo que se profesa en el Símbolo de la fe, los sacramentos lo comunican. En efecto, con ellos los fieles reciben la gracia de Cristo y los dones del Espíritu Santo, que les hacen capaces de vivir la vida nueva de hijos de Dios en Cristo, acogido con fe.
«Cristiano, reconoce tu dignidad» (San León Magno).

460. ¿Cuáles son los deberes de los padres hacia los hijos?
Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios, y proveer, en cuanto sea posible, a sus necesidades materiales y espirituales, eligiendo para ellos una escuela adecuada, y ayudándolos con prudentes consejos en la elección de la profesión y del estado de vida. En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana.

534. ¿Qué es la oración? 
La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.

557. ¿Cuál es la importancia de la Tradición respecto a la oración?
A través de la Tradición viva, es como en la Iglesia el Espíritu Santo enseña a orar a los hijos de Dios. En efecto, la oración no se reduce a la manifestación espontánea de un impulso interior, sino que implica contemplación, estudio y comprensión de las realidades espirituales que se experimentan.

581. ¿Qué lugar ocupa el Padre nuestro en la oración de la Iglesia?
Oración por excelencia de la Iglesia, el Padre nuestro es «entregado» en el Bautismo, para manifestar el nacimiento nuevo a la vida divina de los hijos de Dios. La Eucaristía revela el sentido pleno del Padre nuestro, puesto que sus peticiones, fundándose en el misterio de la salvación ya realizado, serán plenamente atendidas con la Segunda venida del Señor. El Padre nuestro es parte integrante de la Liturgia de las Horas.

582. ¿Por qué podemos acercarnos al Padre con plena confianza?
Podemos acercarnos al Padre con plena confianza, porque Jesús, nuestro Redentor, nos introduce en la presencia del Padre, y su Espíritu hace de nosotros hijos de Dios. Por ello, podemos rezar el Padre nuestro con confianza sencilla y filial, gozosa seguridad y humilde audacia, con la certeza de ser amados y escuchados.

8 de enero de 2016

UN MALENTENDIDO PLURALISMO RELIGIOSO

EL GRAVE ERROR DEL RELATIVISMO RELIGIOSO

Una homilía del Obispo de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, en la Pascua del año 2013, es una alerta ante el relativismo religioso que impera en nuestra sociedad secularizada, por el cual todas las religiones son igualmente verdaderas. Y con una anécdota de San Ambrosio de Milán clarifica esta situación que confunde a muchos católicos.



Los Obispos hemos recibido el ministerio de guardar la integridad de la fe. Se trata de una encomienda que abarca tres niveles: Tener una fe coherente, predicar con pedagogía y rebatir los errores contrarios. Pues bien, tengo que confesar que me preocupa cómo se difunden en nuestros días algunas imágenes sobre la religiosidad y la espiritualidad, que son claramente incompatibles con nuestra fe católica. Me refiero en concreto a las dos siguientes:

«El vaso y el agua»: Se pretende diferenciar entre la religión y la espiritualidad sirviéndose del referido símil. Las religiones serían como el vaso (hay muchos vasos); mientras que la espiritualidad sería como el agua. Se puede beber agua en diversos tipos de vasos o sin necesidad de ellos. Así ocurriría también con las religiones; todas ellas serían igualmente válidas para beber el agua de la espiritualidad.

«El elefante»: Se representa a un elefante rodeado de una serie de personajes vestidos con los atuendos típicos de diferentes religiones; todos ellos con los ojos totalmente vendados: Un obispo católico toca con sus manos la trompa; un monje budista palpa un colmillo del elefante; un imán acaricia una de las patas traseras; un rabino manosea una de las orejas del elefante… Y en la parte baja inferior de esta viñeta se puede leer: «Dios es mayor que lo que las religiones dicen sobre Él». Es obvio que la conclusión a la que pretende hacernos llegar esta imagen del elefante es que todas las religiones se reducen a un intento infructuoso del hombre de alcanzar a Dios.

Alguien dijo que el relativismo es el ‘santo y seña’ más característico de la cultura occidental secularizada. Y sin lugar a dudas, la reflexión teológica no está al margen de este riesgo. La teoría del «pluralismo religioso» –es decir, la presentación de todas las religiones como igualmente verdaderas– no es sino la lectura del hecho religioso a la luz del relativismo.

La Nueva Era ha resultado ser una aliada inestimable para la penetración del relativismo en el campo religioso. Lo que hoy en día se lleva es el sincretismo y el esoterismo, como distintivo de una espiritualidad que está abierta a «todo», sin necesidad de creer en «nada» en concreto.

Sin embargo, quienes piensan que por este camino están descubriendo una espiritualidad moderna, están muy equivocados. En el fondo, nos encontramos ante una reedición del paganismo del Imperio Romano con el que se tuvo que enfrentar el cristianismo. Pongo un ejemplo ilustrativo muy concreto; el debate entre Simanco y San Ambrosio en el siglo IV:

Un presidente del Senado romano, de nombre Simanco, colocó un «ara de la Victoria» en el aula del Senado. Cada uno de los senadores debía quemar incienso en ese altar, independientemente de sus creencias, porque a juicio de Simanco tanto el cristianismo como el paganismo eran igualmente válidos. En su opinión todas las religiones son igualmente válidas al tratarse de caminos de búsqueda de una realidad que nos supera y que nunca podremos alcanzar. Su disertación se resume en la siguiente frase: «A tan gran Misterio es imposible que se pueda llegar por un solo camino».

Los cristianos se negaron en redondo a quemar incienso en ese altar pagano. San Ambrosio, obispo de Milán, fue el encargado de responder a Simanco: Ciertamente el misterio de Dios es inaccesible al ser humano por sus solas fuerzas, pero este misterio se nos ha hecho accesible por la Revelación de Dios. La religión cristiana no es el camino del hombre a Dios, sino el camino de Dios al hombre. Por lo tanto, en palabras de San Ambrosio, los caminos de acceso a Dios no son múltiples, sino uno solo: el camino por el que Dios se ha acercado al hombre.

El senador pagano Simanco –y con él, los defensores del pluralismo religioso en nuestros días– piensan que «a tan gran Misterio es imposible que se pueda llegar por un solo camino». Sin embargo, San Ambrosio mantiene que el politeísmo es irracional, y que Dios nos ha librado de él gracias a la Revelación.

A diferencia de otras religiones, la religión cristiana no es una gnosis, una salvación por el conocimiento, sino que nace del hecho histórico de la Encarnación, Muerte y Resurrección de Cristo, gracias a las cuales Dios nos ha abierto el camino de acceso a su Misterio de vida. Aquí reside la originalidad del cristianismo:

El acontecimiento central de la historia humana ha sido la venida de Dios, quien en Cristo, ha salido al encuentro del hombre.

La teoría del pluralismo religioso es totalmente incompatible con nuestra fe en la Encarnación. Las tendencias relativistas y sincretistas ligadas en mayor o menor medida a la Nueva Era, tienen muy poco de «nuevas», ya que en el fondo son una reedición del paganismo romano, que no podía soportar que Jesucristo fuese presentado como el «único mediador entre Dios y los hombres» (1 Tm 2, 5). Y es que, después de dos mil años de historia, ¡es muy difícil inventar una herejía original!

Pasados cincuenta años, estamos ante una buena oportunidad de redescubrir el Concilio Vaticano II, en el que de una forma muy equilibrada, se afirma por una parte, que en las diversas religiones podemos encontrar semillas de verdad, e incluso una cierta preparación para el Evangelio (cfr. LG 16). Pero al mismo tiempo se recuerda que solamente en Cristo y en su Iglesia se pueden encontrar la Revelación de Dios y la plenitud de los medios de la salvación (cfr. UR 3).

En definitiva, Jesucristo no solo es el agua, sino que también es el vaso. Y es que, en el cristianismo no se puede distinguir entre religiosidad y espiritualidad; de la misma forma que en el ser humano no se pueden separar las venas de la carne, sin acabar con su vida.

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián






6 de enero de 2016

DAR GRACIAS A DIOS EN EPIFANÍA

EPIFANÍA
De Horacio Bojorge




Día de Reyes magos, seis de enero.
De niño es preguntar: ¿Qué me trajeron?
De adulto comprobar: ¿Qué me dejaron?
Y es de viejos, incrédulos y avaros:
sospechar que los Reyes les robaron.

Yo considero estos zapatos míos
y los encuentro llenos de…vacío.
Mas ya sólo tenerlos es regalo,
en los tiempos que corren, nada malo.
Así que: ¡gracias, Señor, por estos calzados!

Y mientras me los pongo y me los ato,
descubro otro regalo y me enmimismo:
¿no es don poder calzarse por sí mismo?
Y al ir desenvolviendo reflexiones
crece mi gratitud por tantos dones.

Caigo en la cuenta, con sorpresa mía,
que es un día de Reyes cada día.
Porque al calzarse cada día los pies,
recibe el hombre, en don, cuanto hace y es.
Y lo que da la vida, aunque parezca malo,
es, bien mirado, todo de regalo.

Encuentro al despertarme… de mi engaño,
que es corona de gracias todo el año.
Y que la Epifanía manifiesta
que toda nuestra vida es día de fiesta.

Que nadie el Don de Dios, por tanto, mida
por los puntos que calza en esta vida.
Cuando regala, Dios tiene por norma
rebosar de abundancia toda horma:
deja lo mismo en la alpargata rota
que en los charoles y en las finas botas.

¿No vale más la vida que el vestido?
Descalzos nacen reyes y mendigos.
Fueron los Reyes Magos los primeros
en saberse, sin Cristo, pordioseros;
y en deponer ante los pies del Niño
su ofrenda de fatiga y de cariño.
Los primeros también que comprendieron
que Tú dejabas a estos hijos ruines
colmados de Jesús los escarpines.


5 de enero de 2016

UN CUENTO DE NAVIDAD

Cuento de Navidad:
Enseñar al que no sabe
(de las obras de misericordia)



Pedro presentaba un rostro serio, con las cejas arrugadas y la mirada enfadada.

—¿Qué te ocurre? —preguntó su madre.

—Don Julián es muy duro. Nos hace estudiar el catecismo… ¡de memoria! Nadie hará la Comunión hasta que no nos sepamos todas las preguntas.

El catecismo es algo inútil. Don Julián era un cura —como dirían las abuelas— chapado a la antigua. Sotana, bastón y mirada severa. Se rumoreaba, aunque nadie podía asegurarlo, que te soltaba un capón si te pasabas de listillo en sus clases. Pero no era seguro porque, evidentemente, nadie se atrevía a hacerlo.

—¿Por qué no hacemos como los demás grupos? Solo estudian un par de oraciones. Después, se pasan las horas coloreando. El catecismo es algo inútil.

—Pues eso no es lo que pensó Carlitos —respondió su madre.

—¿Quién es Carlitos?

Las mamás, que son muy sabias (Dios les concedió ese don) saben que a los niños no les gustan los sermones; pero, en cambio, adoran las historias.

—¿No conoces a Carlitos? —replicó sorprendida al tiempo que recostaba a su hijo en la cama.

—No.

—Carlitos era un niño muy pobre; no tenía padre y su madre no encontraba trabajo. Pasaba tanta hambre que su mamá pedía limosna en la puerta de la iglesia. Cuando los niños entraban a Catequesis, él se quedaba admirando sus ropas calentitas… y los días que llevaban merienda abría su mano esperanzado por si alguno compartía su mona con chocolate. Nunca lo hacían. No eran buenos niños.

Pedro no se atrevía a respirar por miedo a interrumpir el relato.

—Carlitos no entraba en las clases, era pobre y le daba vergüenza. Además, los demás niños se burlaban de él. Pero siempre acercaba su oreja hasta la ventana y el cura, que era bueno, empleaba una voz muy potente para que Carlitos oyera desde fuera la lección. Día tras día, escuchaba atento el catecismo. «¿Qué es ser cristiano?», preguntaba el sacerdote. «Ser cristiano es ser discípulo de Cristo», respondía él en voz baja.

—¡Igual que yo! —exclamó Pedro emocionado.

—Sí, como tú —le aseguró su madre—. Carlitos se fue aprendiendo todas y cada una de las preguntas que el cura exigía a sus alumnos. Y cuál era su sorpresa al comprobar que los niños apenas se sabían la lección.

–¿No se la aprendían?

—No. Estaban más ocupados en estudiar matemáticas, inglés y lenguaje. El tiempo libre que les quedaba lo dedicaban a jugar.

—¡Cómo mis amigos! —interrumpió Pedro—. Solo que ellos juegan a la Play.

—Exacto. Pero Carlitos hacía algo más que estudiar…

—¡¿Qué?!

—Carlitos aplicaba lo que aprendía. El día que algún cristiano caritativo le daba dos monedas, él entraba de puntillas en el templo y dejaba una en el cestillo. «Jesús —decía— hoy han sido generosos. Toma Tú una, que la necesitas más que yo». Y acto seguido, recordaba que el quinto mandamiento de la Santa Madre Iglesia es…

—¡Ayudar a la Iglesia en sus necesidades!

—¡Muy bien! El día que se celebraba una misa de duelo en la parroquia, Carlitos entraba a hurtadillas en el templo y se quedaba en la parte trasera. Sabía que la séptima obra de misericordia espiritual era rezar por los vivos y por los muertos. Un día, el sacerdote lo encontró sentado en el banco y habló con él. Enseguida se quedó prendado de su sencillez y, tras comprobar que se conocía el Catecismo mejor que ningún otro alumno que había tenido, le dio la Comunión.

—¿A él solo?

—Bueno, llamó a su madre, pero a nadie más, porque lo importante no es la fiesta sino el Sacramento —recordó su madre—. Pasaron los años y Carlitos se hizo mayor. Como era pobre, no pudo estudiar y nunca encontró trabajo. Pero eso, acabó pidiendo limosna en la puerta de la iglesia como su madre. Una fría noche de Navidad, de esas donde el viento sopla con fuerza y los animales se acurrucan para entrar en calor, cayó una gran nevada y Carlitos, que no tenía ni una manta con la que taparse, murió congelado.

—No me gusta este cuento —se lamentó el niño.

—¡Espera! Que no acaba aquí. Aquella misma noche, su alma subió al cielo y se topó con San Pedro, que custodiaba la puerta. «En el cielo solo pueden entrar los sabios —advertía con voz regia y poderosa— así pues, ¿qué sabes tú?». Las ánimas que iban por delante, orgullosas, enseguida mostraron sus conocimientos de arquitectura, derecho o ingeniería. Pero San Pedro, sacudía la cabeza. «Eso solo sirve en la Tierra. No necesitamos arquitectos en el cielo.»

Pedro tenía los ojos bien abiertos y no parpadeaba.

—Entonces, le tocó el turno a Carlitos. Él no sabía nada. Nunca había estudiado. Solo el Catecismo. «¿Y bien?», le preguntó San Pedro. Carlitos, de repente, se acordó de su cura y balbuceó: «Van al cielo…»

—…los que mueren en gracia de Dios—murmuró Pedro, acabando la frase.

—Eso mismo dijo Carlitos —le confirmó mamá—. San Pedro, apenas reprimió una sonrisa y le lanzó otra pregunta: «¿Quién ama a Dios?» Entonces, Carlitos, más seguro de sí mismo, exclamó: «Ama a Dios, sobre todas las cosas, quien cumple sus mandamientos». «¿Cumpliste tú sus mandamientos?», le replicó interesado. Para Carlitos, aquel fue el examen más sencillo que hizo…

—¡Y el único! Porque nunca fue a la escuela —le interrumpió Pedro divertido.

—Es verdad. Le mostró cuánto había amado al Señor con los ratos de oración compartidos en el Sagrario; los desagravios que hizo cuando oía maldecir su nombre; las misas que escuchaba escondido en el último banco…

—Carlitos era muy bueno.

—Era más, cariño. Era santo. Por eso, San Pedro le abrió las puertas del Cielo de par en par.

—¿Qué pasó con las otras ánimas?

—No lo sé —mamá se encogió de hombros—. Yo solo me sé la historia de Carlitos. Pero no pintaba bien la cosa. ¿Has comprendido el relato?

—Sí, los otros estudiaron cosas inútiles para el Cielo; Carlitos, en cambio, aprendió lo necesario.

—Muy bien. Las lecciones del colegio son importantes, pero para esta vida. No debemos olvidar que, más importante, es la otra posterior. Por eso, agradece a don Julián su dedicación.

—¡Supongo que tienes razón! —su hijo le dio un beso y se acostó—. Mamá…

—¿Sí?

—Gracias.

Minutos más tarde, sacó bajo su almohada el librito del catecismo y se puso a repasar las preguntas. «Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos», leyó. «¡Bravo, Carlitos!», concluyó y cerró el libro conforme, listo para dormir.

Mónica C. Ars


LA NOCHE DE LOS REYES MAGOS

5 de Enero
VIGILIA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR



En esta “noche de Reyes”,  vigilantes como los Magos,
cuando en la noche de Palestina dijeron a Herodes:

“PORQUE VIMOS SU ESTRELLA EN ORIENTE
Y HEMOS VENIDO A ADORARLO.” (cf. Mt.2,2)



De la oración colecta de la Misa de las Vísperas de la Solemnidad:



Señor y Dios nuestro,
que el esplendor de tu gloria ilumine nuestros corazones  para que podamos caminar entre las tinieblas de este mundo y llegar a la Patria donde todo es eterna claridad.


3 de enero de 2016

NOMEN EIUS JESUS


FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS.

Desde los primeros años del cristianismo el nombre de Jesús es venerado por los creyentes. 

Su recitación es sinónimo de bendición y de piedad.




 Escudo de la Compañía de Jesus, cuyo lema es "NOMEN EIUS IESUS ET VOCATUM EST" (tomado de Lc.2,21: "Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y SE LE PUSO EL NOMBRE DE JESÚS,  nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción").


REFLEXIÓN DE SAN JUAN PABLO II


"NO HAY NINGÚN OTRO NOMBRE POR EL CUAL PODAMOS SALVARNOS"

«El nombre “Jesús”, considerado en su significado etimológico, quiere decir “Yahvé libera”, salva, ayuda. Antes de la esclavitud de Babilonia se expresaba en la forma “Jehosua”: nombre que contiene la raíz del santísimo nombre de Yahvé. Después de la esclavitud babilónica tomó la forma abreviada “Jeshua” que en la traducción de los Setenta se transcribió como “Jesoûs”, de aquí “Jesús”.

El nombre estaba bastante difundido, tanto en la antigua como en la Nueva Alianza. Es, pues, el nombre que tenía Josué, que después de la muerte de Moisés introdujo a los israelitas en la tierra prometida: “Él fue, según su nombre, grande en la salud de los elegidos del Señor... para poner a Israel en posesión de su heredad” (Eclo 46, 1-2). Jesús, hijo de Sirah, fue el compilador del libro del Eclesiástico (50, 27). 

En la genealogía del Salvador, relatada en el Evangelio según Lucas, encontramos citado a “Er, hijo de Jesús” (Lc 3, 28-29). Entre los colaboradores de San Pablo está también un tal Jesús, “llamado Justo” (cf. Col 4, 11).

El nombre de Jesús, sin embargo, no tuvo nunca esa plenitud del significado que habría tomado en el caso de Jesús de Nazaret, y que había sido revelado por el ángel a María (cf. Lc 1, 31 ss.) y a José (cf. Mt 1, 21). Al comenzar el ministerio público de Jesús, la gente entendía su nombre en el sentido común de entonces. 
(...)

En la tradición del pueblo de Israel el nombre “Jesús” conservó su valor etimológico: “Dios libera”. Por tradición, eran siempre los padres quienes ponían el nombre a sus hijos. 

Sin embargo en el caso de Jesús, Hijo de María, el nombre fue escogido y asignado desde lo alto, y antes de su nacimiento, según la indicación del Ángel a María, en la anunciación (Lc 1, 31 ) y a José en sueño (Mt 1, 21). “Le dieron el nombre de Jesús”, subraya el Evangelista Lucas, porque este nombre se le había “impuesto por el Ángel antes de ser concebido en el seno de su Madre” (Lc 2, 21).

En el plan dispuesto por la Providencia de Dios, Jesús de Nazaret lleva un nombre que alude a la salvación: “Dios libera”, porque Él es en realidad lo que el nombre indica, es decir, el Salvador. Lo atestiguan algunas frases que se encuentran en los llamados Evangelios de la infancia, escritos por Lucas: “...os ha nacido... un Salvador” (Lc 2, 11), y por Mateo: “Porque salvará al pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). 

Son expresiones que reflejan la verdad revelada y proclamada por todo el Nuevo Testamento. Escribe, por ejemplo, el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un Nombre, sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble la rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Kyrios, Adonai) para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 9-11).

La razón de la exaltación de Jesús la encontramos en el testimonio que dieron de El los Apóstoles, que proclamaron con coraje: "Porque en ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos».  (Act 4, 12)».

San Juan Pablo II, catequesis del 14 de enero de 1987


1 de enero de 2016

SALVE MATER MISERICORDIAE

1° DE ENERO
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS




La Iglesia, en el primer día del año, celebra a la Virgen María en su título de fe más sublime: ser Madre de Dios.

Desde muy antiguo se canta el HIMNO SALVE MATER MISERICORDIAE, que saluda a la Madre con versos inigualables, de gran profundidad espiritual. Y posee un significado adicional muy intenso en este Año Jubilar de la Misericordia convocado por el Papa.

El himno posee seis estrofas y un estribillo que se repite.

Abajo puede escucharse una versión cantada por los monjes carmelitas descalzos de Eslovenia, con una melodía gregoriana excelsa, con voces castas que son un deleite espiritual en este comienzo de año.

La letra (con su traducción al español) para poder seguir el canto monacal, es la siguiente:

SALVE MATER MISERICORDIAE

Estribillo
(en latín):

Salve máter misericórdiæ,
Máter Déi, et máter véniæ,
Máter spéi, et máter grátiæ,
máter pléna sanctæ lætítiæ.
O María!

1
Sálve, décus humáni géneris,
Sálve Vírgo dígnior céteris,
Quæ vírgines ómnes transgréderis,
et áltius sédes in súperis,
O María!

2
Sálve félix Vírgo puérpera:
Nam qui sédet in Pátris déxtera,
Caélum régens, térram et aéthera,
Intrá túa se cláusit víscera,
O María!


3
Te creávit Páter ingénitus,
Adamávit te Unigénitus,
Fecundávit te sánctus Spíritus,
Tu és fácta tóta divínitus,
O María!

4
Te creávit Déus mirábilem,
Te respéxit ancíllam húmilem,
Te quæsívit spónsam amábilem,
Tíbi múmquam fécit consímilem,
O María!

5
Te beátam laudáre cúpiunt
Omnes jústi, sed non suffíciunt;
Múltas láudes de te concípiunt,
Sed in íllis prórsus defíciunt,
O Mária!

6
Esto, Máter, nóstrum solátium;
Nóstrum ésto, tu Vírgo, gáudium;
Et nos tándem post hoc exsílium,
Laétos júnge chóris cæléstium,
O Mária!



Estribillo
(TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL)

Salve, María, Madre de misericordia,
Madre de Dios y Madre del perdón,
Madre de la esperanza y Madre de la gracia,
Madre llena de santa alegría.


1 
Salve, María, honor del género humano;
salve, Virgen más digna que nadie
que sobrepasas a todos
 y estás en lo más alto del cielo.

2
Salve, María, dichosa Virgen Madre,
pues se encerró en tu seno
el que reside a la derecha del Padre
y gobierna el cielo, la tierra y los aires.

3
El Padre no engendrado te ha creado,
el Unigénito te ha preservado, 
el Espíritu Santo te ha fecundado, 
Tú eres toda de Dios.
¡Oh María!


4
Dios te creó admirablemente
y te exaltó como servidora humilde,
Quiso esposarse contigo
por tu consentimiento fiel
¡Oh María!

5
Eres digna de toda alabanza
Entre todos los santos Tú eres excelsa
Todos te veneran y te exaltan
por los portentos que se dieron en Ti.

6
Que seas Tú,  Madre, nuestro consuelo;
que seas nuestra alegría y nuestro gozo;
Y después de este destierro,
que cantemos contigo en el coro celestial
Oh, María!


EL ENLACE PARA ESCUCHAR ESTE BELLÍSIMO HIMNO ES:

https://soundcloud.com/bos-karmelit-ni/10-salve-mater-misericordiae

Ante la anulación del anterior enlace, otra versión de este maravilloso canto gregoriano:

http://gregorian-chant-hymns.com/hymns-2/salve-mater.html