Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

8 de febrero de 2015

LOS SIGNOS SAGRADOS: I) SANTIGUARSE

En varias entradas próximas de este blog transcribiremos algunos párrafos del libro de Romano Guardini titulado LOS SIGNOS SAGRADOS, que se refiere a algunos gestos y símbolos litúrgicos de siempre, que tienen una gran significación espiritual.


Porque la Liturgia tiene expresiones sensibles que reflejan el valor de lo invisible, gestos y símbolos materiales que nos llevan hacia lo profundo de lo sobrenatural, realidades humanas que nos impulsan a lo divino.


    I. LA SEÑAL DE LA CRUZ (santiguarse)



Santiguarse no debe ser un gesto precipitado, que carezca de sentido. ¡No! Un signo de la cruz, un verdadero "signo", lento, amplio, desde la frente al pecho, desde un hombro a otro.

Al trazar la señal de la Cruz sobre tu cuerpo, concentra en ese signo todos tus pensamientos y todo tu corazón. Mira como sus dos líneas recorren todo tu ser: de la frente al pecho, de un brazo al otro. Lo sentirás como un abrazo; te estrecha así; te consagra y te santifica todo entero: cuerpo y alma.

¿Por qué? Porque es el signo de la Redención.

Sobre la Cruz Jesús salvó a la humanidad entera; por ella santifica a todo el hombre, de raíz, hasta la última fibra de su ser. Por eso lo hacemos al comenzar nuestra oración, a fin de que, acallados los ruidos, ponga en orden nuestro mundo interior, unifique y concentre en Dios todo nuestro ser: nuestro pensamiento, nuestro corazón, nuestra voluntad. Después de la oración a fin de que permanezca en nosotros lo que Dios nos ha regalado.

En la tentación; para que nos fortalezca.

En el peligro, para que nos proteja.

Al bendecir, para que la plenitud de la vida divina penetre en el alma, fecunde y consagre todas sus potencias.

Piensa en ello cada vez que haces el signo de la Cruz. Entre los símbolos sagrados ninguno tan santo como éste. Hazlo bien, lento; amplio, con atención.

Entonces sí, este signo impregnará con su eficacia todo tu ser: tu interior, tu exterior, tus pensamientos y tus deseos, tu corazón y tus sentidos, todo; lo fortificará, lo signará, lo santificará por la fuerza de Cristo, en el nombre de Dios en Tres Personas.

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