Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

29 de marzo de 2020

400 AÑOS DE LA "IMPLATATIO ECCLESIAE" EN BUENOS AIRES


IV CENTENARIO DE LA CREACIÓN DE LA DIÓCESIS DE BUENOS AIRES


Cuando el Papa Paulo V erige el 30 de marzo de 1620 la diócesis de la Santísima Trinidad en el puerto de Buenos Ayres, la pequeña aldea de 2.500  habitantes dependía eclesiásticamente de Asunción, que era una diócesis de una enorme extensión.

En el actual territorio argentino de ese entonces, el único obispado era el de Córdoba del Tucumán, con sede en Santiago del Estero (Pio V, 1570)

Don Juan de Garay funda Buenos Aires en 1580,  y  le escribe al rey Felipe II: “… la gran necesidad que hay en estos parajes remotos de religiosos para predicar el Evangelio entre los naturales y entre los que aquí quedamos en este pueblo sin ningún sacerdote…”  Y dos años más tarde lamenta: “… nunca hemos tenido Misa, sino hace ahora un año por Cuaresma, cuando vino un sacerdote desde Santa Fe, que nos confesó y comulgó…” Ese sacerdote era el fraile Francisco de Aroca, con más de 80 años, que estaba solo en el convento franciscano santafecino.

Hacia 1590 llegaron catorce frailes franciscanos. Fue la primera orden religiosa en establecerse en Buenos Aires. Fray Francisco Romano, de esa comunidad, fue el Cura porteño de entonces.

Más tarde llegaron los jesuitas, los mercedarios y los dominicos, que establecieron sus conventos cerca de la Plaza Mayor.

El primer obispo de Buenos Aires fue el monje carmelita Fray Pedro de Carranza (nacido en Sevilla en 1567), que recibió la plenitud del Orden sagrado en Santiago del Estero en 1622.


La foto de abajo muestra el extensísimo territorio que abarcaba la diócesis porteña en el momento de su creación (1620) con más de 1.500.000 km2. Abarcaba las actuales provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Chaco, Formosa, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, toda la Patagonia, la República del Uruguay y los estados brasileños de Santa Catalina y Rio Grande.



Cuando se erige la diócesis estos son sus Patronos:

Titular:
la SANTÍSIMA TRINIDAD

Santo Patrono principal:
SAN MARTÍN DE TOURS

Santos Patronos menores:
SANTA CLARA Y SANTOS SABINO Y BONIFACIO.

Advocaciones marianas veneradas más antiguas:
NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES, NUESTRA SEÑORA DE LORETO y NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN.


ALTAR EN EL TRANSEPTO LATERAL DERECHO DE LA CATEDRAL 
DEDICADO A SAN MARTÍN DE TOURS



El retablo  se encuentra sobre dos peldaños de mármol. Está realizado en madera de palo paraguayo tallado, policromado y dorado. El altar está sostenido por columnas de capitel compuesto. Todo está trabajado con el dorado a la hoja, con estucados. 

En la hornacina central se encuentra la imagen de San Martín de Tours, que llegó a esta ciudad en 1838. Posee los atuendos de obispo y porta en su mano derecha un báculo.

Debajo se encuentra la imagen de Nuestra Señora de los Buenos Aires

Por encima del Retablo se puede observar un vitral que describe la anécdota cuando San Martín vio un mendigo y lo cubrió con su capa.



A ambos lados del altar, las imágenes de los patronos menores de la ciudad, San Bonifacio y San Sabino.





UN VIRUS MÁS PELIGROSO Y MÁS LETAL


LAS CALAMIDADES SON LLAMADAS A LA CONVERSIÓN

SAN ROQUE, ABOGADO CONTRA EL CONTAGIO Y LA PESTE


Es comprensible la alarma generada por un virus que se ha expandido rápidamente, que es muy contagioso y ha producido ya miles de muertes. Son razonables algunas –no todas- de las medidas y precauciones que las autoridades sugieren o decretan…
Pero lo que resulta incomprensible es que los creyentes no reaccionemos, al menos con la misma rapidez y contundencia, ante otros virus infinitamente más graves y peligrosos: los que conducen al pecado y a la condenación eterna.
Las palabras de Jesús a este respecto son claras y rotundas: «No temáis a los que matan el cuerpo –¡tampoco a los virus!-, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo» (Mt 10,28).
Desde el Antiguo Testamento los profetas han interpretado las calamidades como una llamada a la conversión, a volver a Dios (ver, por ejemplo, Am 4,6-12; Dt 4,29-31).
Jesús mismo confirmó esta interpretación, que aparece en toda la Biblia (p. ej. Ap 9,20-21): «Aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo» (Lc 13,1-5).
La epidemia nos recuerda algo que todos deberíamos saber: que nuestra vida es caduca, que estamos de paso en este mundo, que «a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre» (Lc 12,40). Nos hace ver lo frágil de nuestras falsas seguridades
Por eso es ante todo una llamada a volver a Dios, a cambiar de vida, a reorientar nuestro camino hacia lo eterno, hacia lo definitivo, lo que no pasa, lo que no se deteriora ni corrompe (cf. Lc 12,33).
Al fin y al cabo, antes o después tenemos que morir. No debe preocuparnos el hecho de morir, sino nuestro destino eterno, es decir, si en el momento de nuestra muerte nos encontraremos en el camino de la salvación o en el camino de la condenación eterna.

Julio Alonso Ampuero


27 de marzo de 2020

IV CENTENARIO CREACIÓN DE LA DIÓCESIS DE BUENOS AIRES (1620-2020) EL SANTO CRISTO PORTEÑO


EL SANTO CRISTO DE BUENOS AIRES

En este IV Viernes de Cuaresma de 2020
traemos a la memoria un Crucifijo
de relieve de la vida de nuestra ciudad,
al celebrar el cuarto centenario
de la creación de la Diócesis de Buenos Aires
(Bula de Paulo V del 30 de marzo de 1620)



Es una de las imágenes más antiguas de la Catedral Metropolitana porteña: se trata del Santo Cristo, una talla de Cristo Crucificado que se halla en el Retablo izquierdo del crucero del templo catedralicio.

Es una donación que hizo, en el año 1671, el gobernador del Río de la Plata, el Maestre de Campo José Martínez de Salazar al obispo de Buenos Aires, el dominico monseñor Cristóbal Mancha y Velasco.

El Santo Cristo de Buenos Aires es una talla de bulto, en madera de algarrobo estucada y policromada. Tiene una base de yeso y luego está pintada. Representa a Jesucristo crucificado, todavía con vida, y con cuatro clavos. Sobre la cabeza tiene tres potencias de plata labrada. Estas se colocaron en 1735. La cabeza tiene un halo metálico y más arriba un INRI de chapa plateada. 

Es una de las obras de estatuaria más importantes del período colonial rioplatense del siglo XVII.

La imagen tiene 1,75 metros de altura y 1,50 de brazos. Reposa sobre una cruz de madera con punteras de plata trabajada.

La obra la realizó en Buenos Aires el tallista portugués Manuel de Coyto.

Ha sido muy venerada por la ciudad, y se le atribuyen muchos milagros, especialmente en tiempos de furiosas tormentas y pestes.

Con el Papa Francisco, que hoy veneró el Cristo romano de la Iglesia de San Marcelo en Roma, invocamos en esta ocasión a esta imagen del Crucificado en la urbe porteña:

¡TE ADORAMOS, CRISTO, Y TE BENDECIMOS,
PORQUE POR TU SANTA CRUZ,
REDIMISTE AL MUNDO!

MISERERE NOBIS, DOMINE!

DIOS SANTO
DIOS FUERTE
DIOS INMORTAL
¡TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS!






25 de marzo de 2020

ANGELUS DOMINI



 EL ANGELUS EN EL ARTE




A lo largo de los siglos, 
la música y la pintura reflejaron con destellos muy luminosos 
el pasaje evangélico de la Anunciación del Señor a María por medio del arcángel Gabriel. 
Hay muchas y sublimes expresiones artísticas 
en cuadros, murales, composiciones orquestales y corales.

En el día que se celebra la Anunciación del Señor, 
escuchemos la composición coral más importante del gran autor alemán Franz Biebl (1906-2001),  que nos sumerge en este misterio redentor. 

Y como dice el refrán popular: “quien reza cantando, reza dos veces”.

El armonioso coro “a capella” VOCES 8 
canta la primera antífona del tradicional Ángelus que dice: 
“Angelus Domini nuntiavit Mariae, et concept de Spiritu Sancto”, seguida del Ave María.

En el video de abajo:

https://youtu.be/ycAtH_b7PnI

XXV ANIVERSARIO DE LA EVANGELIUM VITAE


EVANGELIUM 
VITAE



El 25 de marzo de 1995 San Juan Pablo II 
publicaba una de sus más importantes documentos: 
la Carta Encíclica Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida)

Hoy se cumplen veinticinco años 
de este maravilloso regalo del Magisterio de la Iglesia. 
Y cada línea conserva su actualidad, con párrafos proféticos

En este día que celebramos la Encarnación del Señor, 
en un contexto de gran preocupación por la vida humana, 
resulta significativo recordar este importante documento papal.


Escribe el Papa en esta Encíclica:

“Hoy el anuncio del valor y el carácter inviolable de toda vida humana desde su concepción y hasta su muerte natural es particularmente urgente ante la impresionante multiplicación y agudización de las amenazas a la vida de las personas y de los pueblos, especialmente cuando ésta es débil e indefensa.

 A las tradicionales y dolorosas plagas del hambre, las enfermedades endémicas, la violencia y las guerras, se añaden otras, con nuevas facetas y dimensiones inquietantes.

Ya el Concilio Vaticano II, en una página de dramática actualidad, denunció con fuerza los numerosos delitos y atentados contra la vida humana. A treinta años de distancia, haciendo mías las palabras de la asamblea conciliar, una vez más y con idéntica firmeza los deploro en nombre de la Iglesia entera, con la certeza de interpretar el sentimiento auténtico de cada conciencia recta:

« Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador ».

Por desgracia, este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando. Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y —podría decirse— aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias”. (E.V. 3)

Para leer esta Carta Apostólica completa en su versión oficial:



24 de marzo de 2020

ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO ET MARIA VIRGINE, ET HOMO FACTUS EST


LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR


El 25 de marzo la la Iglesia celebra -como solemnidad litúrgica- 
uno de los principales misterios de la fe cristiana:
LA ENCARNACIÓN DEL VERBO DIVINO
EN EL SENO PÚRISIMO DE MARÍA VIRGEN.

Nueve meses antes del Nacimiento del Señor, 
recordamos la anunciación del árcangel Gabriel
a María de Nazareth
cuando, por obra del Espíritu Santo, Dios se hizo hombre.

Lo profesamos en el tercer artículo del Credo
(haciendo genuflexión):
“… que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre…”

Celebrando la “plenitud de los tiempos”
se reza con júbilo la tradicional oración
del ANGELUS DOMINI.

- El Ángel del Señor anunció a María,
y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

+ Dios te salve, María, llena eres de gracia…

- He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según lo has dicho.

+ Dios te salve, María, llena eres de gracia…

-Y el Verbo se hizo carne,
y habitó entre nosotros.

+ Dios te salve, María, llena eres de gracia….

-Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Infunde, Señor, tu gracia
en nuestros corazones,
para que, quienes hemos conocido por el anuncio del ángel
el misterio de tu Encarnación,
por los méritos de su Pasión y muerte en Cruz,
lleguemos a la gloria de la Resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

UN HIMNO MUY PROPICIO PARA ESTOS DÍAS


En este tiempo de Cuaresma/cuarentena,
la Iglesia canta
en las Laudes matinales del martes de la IV Semana de Cuaresma 
un sublime poema que pareciera escrito para estos días.



UNA VIÑA, UN LAGAR, FRUTOS AMARGOS, VINO DE EXCELENCIA


Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu vino
y, para el vino, una viña.

Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.

Edificaste una torre,
Señor, para tu guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.

Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.

¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.


23 de marzo de 2020

"RARO" DOMINGO DE LAETARE 2020 CONVIVIENDO CON EL CORONAVIRUS


AYER FUE UN DOMINGO "RARO"


(Reflexión de un laico 
sobre el IV Domingo de Cuaresma de Laetare del año 2020)


XIII Estación del Vía Crucis de la Basílica porteña del Espíritu Santo


       Benedicto XVI, en su primer viaje fuera de Roma como Papa (28 de mayo de 2005), fue a Bari. Allí, la Iglesia en Italia celebraba el XXIV Congreso Eucarístico Nacional. Estaba programado para que lo presidiera el Papa san Juan Pablo II (que falleció el 2 de abril de 2005)

       En la homilía de la Misa de Clausura de dicho Congreso, el Papa Ratzinger se refirió al lema de esa convocatoria ("SINE DOMINICO NON POSSUMUS VIVERE" que traducido expresa: "SIN EL DOMINGO NO PODEMOS VIVIR"), memorando a los llamados Mártires de Abitinia, una página muy luminosa de la vida de la Iglesia.

       Copio abajo unos párrafos de dicho mensaje papal (1) que recuerdo vivamente.

       Al leerlos otra vez pienso: ¡Qué difícil es congeniar esas sabias palabras del gran Papa teólogo con estos tiempos de "aislamiento social obligatorio" establecido por el gobierno nacional!, cuya decisión comprendo y acato, en aras del bien común.

       Como fieles laicos católicos, vivimos en el mundo e intentamos cada domingo estar al "pie de la Cruz" (“Iusta Crucem...” Jn.19, 25) participando en la actualización incruenta del mismo sacrificio redentor, para alimentarnos sobrenaturalmente de aquella vida que nace de la Eucaristía como un manantial que brota hasta la vida eterna.

      Éste fue un raro DIES DOMINI (de esta expresión latina proviene la palabra "DOMINGO" = "EL DÍA DEL SEÑOR")

       Porque en este Domingo (como lo hacemos dominicalmente) no pudimos participar, en la forma habitual, en la que es "la fuente y el culmen de la vida cristiana" (cfr. CIC 1324). Tuvimos otras maneras de acompañar este día a través de las múltiples formas audiovisuales online, cada uno virtualmente, desde su individual monitor, unidos a la Iglesia en todo el mundo, o a través de ejercicios religiosos de oración y meditación personal.

        Son éstos, días cuaresmales de una inusitada fuerza espiritual, con una perspectiva distinta, que nos impulsan a valorar más el "Dies Domini", con Sagrarios casi abandonados y templos consagrados cerrados y vacíos.

      Un Domingo raro que se pareció más a un "Viernes Santo" -único día en el año en que la Iglesia no celebra la Misa-. Y sin siquiera el viático reparador, haciendo una "comunión de deseo" con una intensidad excepcional.

        Un Domingo raro, paradójicamente llamado "de Laetare ", sin el brillo propio del "Dies Domini" y que tuvo, más bien, las características de un profético "Dies irae" (2). Que nos alerta acerca de un mundo que camina por oscuras quebradas, que no sigue la voz del Buen Pastor que guía por el recto camino, que no percibe sus pasos ni puede ver su cayado de madera, que nos remite a su Cruz redentora.

       Por todo ello, expresamos nuestros fervientes deseos:

§  Que los mártires de Abitinia intercedan por esta situación anémica excepcional.

§  Que sepamos valorar y agradecer lo que tantos sacerdotes ofrecen en estos días de silencio: la Misa “sin pueblo”.

§   Que quienes tenemos el gran don de tener muchos templos a dónde acudir ordinariamente para participar del Sacrificio del Altar, reconozcamos que en otros lugares de nuestro país y del mundo muchos deben recorrer largas distancias para cumplir el precepto dominical.

§ Que el Señor se apiade de nosotros y retomemos -cuando concluya esta difícil coyuntura- con más fervor la Misa dominical.

§          Que, en tanto no podemos dar culto público a Dios como quisiéramos, aprovechemos esta inmensa oportunidad para ofrecer un culto interior, en “espíritu y en verdad”.

"¡Señor, danos siempre de ese Pan!". (cfr. Jn. 6,34)

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NOTAS


(1) DE DICHA HOMILIA DE BENEDICTO XVI:

"Este Congreso Eucarístico, que hoy se concluye, ha querido volver a presentar el domingo como "Pascua semanal", expresión de la identidad de la comunidad cristiana y centro de su vida y de su misión. El tema elegido, "SIN EL DOMINGO NO PODEMOS VIVIR", nos remite al año 304, cuando el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, bajo pena de muerte, poseer las Escrituras, reunirse el domingo para celebrar la Eucaristía y construir lugares consagrados al culto divino.

En Abitina, pequeña localidad de la actual Túnez, 49 cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía desafiando así las prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el procónsul Anulino. Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador. Respondió:  "Sine dominico non possumus"; es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir. Después de atroces torturas, estos 49 mártires de Abitina fueron asesinados. Así, con la efusión de la sangre, confirmaron su fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo resucitado. 

Sobre la experiencia de los mártires de Abitina debemos reflexionar también nosotros, cristianos del siglo XXI. Ni siquiera para nosotros es fácil vivir como cristianos, aunque no existan esas prohibiciones del emperador. Pero, desde un punto de vista espiritual, el mundo en el que vivimos, marcado a menudo por el consumismo desenfrenado, por la indiferencia religiosa y por un secularismo cerrado a la trascendencia, puede parecer un desierto no menos inhóspito que aquel "inmenso y terrible" (Dt 8, 15) del que nos ha hablado la primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio. 

En ese desierto, Dios acudió con el don del maná en ayuda del pueblo hebreo en dificultad, para hacerle comprender que "no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Señor" (Dt 8, 3). En el evangelio de hoy, Jesús nos ha explicado para qué pan Dios quería preparar al pueblo de la nueva alianza mediante el don del maná. Aludiendo a la Eucaristía, ha dicho: "Este es el Pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron:  el que come este Pan vivirá para siempre" (Jn 6, 58). El Hijo de Dios, habiéndose hecho carne, podía convertirse en Pan, y así ser alimento para su pueblo, para nosotros, que estamos en camino en este mundo hacia la tierra prometida del cielo. 

Necesitamos este Pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El Domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para sacar fuerzas de Él, que es el Señor de la vida. Por tanto, el precepto festivo no es un deber impuesto desde afuera, un peso sobre nuestros hombros. Al contrario, participar en la celebración dominical, alimentarse del Pan eucarístico y experimentar la comunión de los hermanos en Cristo, es una necesidad para el cristiano; es una alegría; así el cristiano puede encontrar la energía necesaria para el camino que debemos recorrer cada semana".

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(2) "Dies irae" es un himno latino, cuyo autor es Tomás de Celano, que fue el biógrafo de san Francisco de Asís. Se considera el mejor poema del latín medieval. En ese texto se narra el día del Juicio Final, con la última trompeta llamando a los muertos al trono divino para su salvación o condenación.








21 de marzo de 2020

EN TIEMPOS DE "MALOS AIRES"


INVOCAR A NUESTRA SEÑORA 
DE LOS BUENOS AIRES

Nuestra ciudad tiene un nombre que evoca el ruego que imploraban hacia lo Alto  los navegantes con sus embarcaciones a vela para llegar a buen puerto.

Y en estos tiempos de “malos aires” es bueno recordar este nombre bendito de nuestra urbe, e invocar a su santa Patrona.

Los incomparables versos que escribió el talentoso escritor argentino Francisco Luis Bernárdez (1900-1978) son una ocasión propicia para ello




Imagen de Nuestra Señora de Buenos Aires que se venera en la Catedral metropolitana porteña

Oración
a Nuestra Señora de los Buenos Aires

Virgen que das el puerto de tus brazos,
Virgen que das el puerto de tus ojos,
tanto a la embarcación hecha pedazos
como a la voluntad hecha despojos;


que con tu nombre calmas las pasiones
y los desordenados movimientos
los movimientos de los corazones
y las pasiones de los elementos;


que con el nombre con que das la calma
diste comienzo a la ciudad querida,
puesto que dar el nombre es dar el alma,
puesto que dar el alma es dar la vida;


Virgen que favoreces nuestras cosas
con tus imploraciones insistentes,
porque tus manos misericordiosas
cuando se juntan son omnipotentes;


Virgen que con tus manos aseguras,
Virgen que con tus ojos iluminas
los derroteros y las singladuras
de las generaciones argentinas;


Nuestra Señora de los Buenos Aires
antes de que aparezca el Anticristo,
pídele a Dios que funde a Buenos Aires
por vez tercera, pero en Jesucristo;


para que cuando caigan las estrellas,
y la luna se apague con el viento,
y de la luz del sol no queden huellas
ni en la memoria ni en el firmamento;


para que cuando en forma decisiva
la Palabra de Dios nos interrogue;
para que cuando el río de agua viva
nos apague la sed o nos ahogue;


para que cuando suene la trompeta
sobre la confusión de las campanas,
y el demonio se quite la careta,
y aparezca el Ladrón en las ventanas;


para que cuando vuelvan del olvido
todos los que disfruten de sosiego,
y este renacimiento prometido
sea para la luz o para el fuego;


para que cuando el río de la Plata
pueda llamarse río de la Sangre,
y convertido en una catarata
el cielo moribundo se desangre;


para que cuando cese la discordia,
para que cuando cese la codicia,
para que cuando la Misericordia
dé paso finalmente a la Justicia;


para que cuando el tiempo se resuelva
en un hoy sin ayer y sin mañana,
y el espacio de ahora se disuelva
en una dimensión ultramundana;


para que cuando todo esté marchito,
las mujeres, los niños y los hombres
que nacieron aquí tengan escrito
en las frentes el nombre de los nombres;


y para que la bienaventurada
ciudad de Buenos Aires sobreviva,
convertida en la parte más poblada
de la Jerusalén definitiva.


Francisco Luis Bernárdez


El escudo de la ciudad de Buenos Aires. La paloma en su vértice hace alusión a los “buenos aires” (el Espíritu Santo) y los barcos, con el ancla, a la condición de puerto.



             
Una antigua escultura de Nuestra Señora de Buenos Aires que se encontraba en el antiguo Fuerte de la Ciudad (donde hoy está la Casa Rosada)