Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

26 de junio de 2020

UN GRAN ESCRITOR ARGENTINO


LEOPOLDO MARECHAL
(1900-1970)


Un homenaje al gran poeta y escritor argentino
 al conmemorarse los 50 años de su fallecimiento,
con uno de sus poemas más reconocidos,
que canta a la Argentina.

         Hoy, 26 de junio de 2020, se cumplen 50 años del fallecimiento de Leopoldo Marechal, para muchos el mejor poeta argentino, autor de Adán Buenosayres una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana.

         Comenzó a escribir a los 12 años. En 1919 se recibió de maestro y, luego, de bibliotecario y profesor de enseñanza secundaria. Integró el grupo Florida, junto con otros escritores y pintores como Güiraldes, Bernárdez, Borges, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Xul Solar y Figari, destinados a establecer una gran renovación en las letras y las artes.

         Una frase famosa de su cuño expresa: “del laberinto se sale hacia arriba”, haciendo alusión a no dejarse enredar por el acaecer de las situaciones, sino buscar siempre el camino de la belleza. Él supo cantar con vena poética y un rico dominio del idioma, la maravilla de la vida humana.

         Un largo poema suyo, incluido en su obra HEPTAMERÓN, que tituló DIDÁCTICA DE LA PATRIA, (1966) muestra al autor en su profundidad, donde se percibe su fe católica y una visión profética de la Argentina.

         Vale la pena leer con detenimiento este poema, pues el poeta intuye y expresa como ninguno las virtudes y sobre todo los vicios argentinos, los de una Patria todavía joven como la nuestra, y, en especial, los de su clase dirigente y la de todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en los diferentes ámbitos de la sociedad argentina.

         Como dice Marechal, la Argentina tiene un destino grande, y en los siguientes dos versos se sintetiza el largo poema:

         ".., el nombre de la Patria viene de “argentum”
¡Mira que al recibir un nombre recibe un destino¡
Hazte de plata y espejea el oro que se da en las alturas
y verdaderamente serás un argentino"

         ¿Cómo poder realizar ese destino, luego de tantas frustraciones? El poeta llama a la esperanza:

        "Si como pueblo no trazamos la Cruz
-porque la Patria es joven y su edad no madura-
la debemos trazar como individuos,
fieles a una celosa geometría.
¡La vertical del santo, la horizontal del héroe!

         No se trata de vestir armaduras llenas de pedrerías
Tu heroísmo ha de ser un caballo de granja
tu santidad una violeta
otros recogerán a su tiempo los laureles
yo te di los oficios del pilar y el carozo
fuertes y mudos en su anonimato.

         Ni tú ni yo veremos la cara de su estío...
Lo verán nuestros hijos y nuestros nietos
y todos aquellos hombres dichosos
que tengan en suerte
la gracia de nacer en suelo argentino”.

A continuación, el poema completo:




DIDÁCTICA DE LA PATRIA
1
Conozco a los varones de mi tierra y mi siglo:
inciertos en el mal y en la virtud,
son como yo, tienen la misma cara
sin dibujos de llanto
y el mismo corazón en arcilla mojada
que no tostó ni el fuego ni la gloria.

2
Josef, lo que te anuncio no es alegre ni triste:
sólo es fatal en esta Patria joven.
¿No te hubiera gustado, como a todos,
poner tus cuatro vientos en su bandera niña,
y montar alazanes que arquean los pescuezos
en el día feliz de una batalla;
o romper en su elogio, con la oda,
los tímpanos del mundo,
y arrancar una pluma del ángel para ella?

No has de lograrlo, y quedará en tu sueño:
la infancia de la Patria jugará todavía
más allá de tu muerte (yo lo aprendí hace mucho).
Ella es un año inmenso que despunta en nosotros:
ni tú ni yo veremos la cara de su estío.
  
3
Generaciones hubo más dignas que la nuestra.
¿Qué nos pasó a nosotros, Josef, que nos legaron
un tiempo sin destino que merezca un laurel,
un puñal que no sale de su vaina
y un día sin talones de castigar la tierra,
o una estúpida noche de soldados vacantes?

Nos enseñaron que la Patria era
no sé yo qué juicioso paraíso
de infalibles trigales y vacas repetidas.
Así engordamos junto a los grasientos
asadores y cerca de las uvas pisadas.
Y dormimos en todas las vigilias del hombre.

4
Entretanto, los pueblos que aventaba la historia
dos veces conocieron el sabroso
pavor de las batallas.
No me importa, Josef, el tenor de su guerra:
ellos caían bajo la implacable legislación del ciclo;
se miraban desnudos
en el espejo claro de la muerte;
sentían retemblar bajo sus pies
la cubierta del mundo, navío castigado
y abrirse arriba todos los pasajes del cielo.

Nosotros les vendíamos harinas
y carnes envasadas.
Muy dichosos de ser espectadores
y no actores de aquella promoción de la sangre,
reíamos felices de nuestra paz bovina:
quemábamos incienso a nuestro dios
en figura de Shorthon;
y lo apedreábamos a veces
cuando la lluvia, en su traición,
enflaquecía los vacunos
o nos diezmaba los trigales. Josef,
lo que te digo no es de hiel ni de miel:
sólo es fatal en una Patria niña.
Con todo, algo debemos hacer en esta infancia.
"¿Qué?", me dirás, y te respondo ahora.

6
El nombre de tu Patria viene de argentum. ¡Mira
Que al recibir un nombre se recibe un destino!
En su metal simbólico la plata
es el noble reflejo del oro principial.
Hazte de plata y espejea el oro
que se da en las alturas,
y verdaderamente serás un argentino.

7
Es un trabajo de albañilería.
¿Viste los enterrados pilares de un cimiento?
Anónimos y oscuros en su profundidad,
¿no sostienen, empero,
toda la gracia de la arquitectura?
Hazte pilar, y sostendrás un día
la construcción aérea de la Patria.

8
Y es una vocación de agricultura.
¿No viste la semilla en su carozo
y el carozo en su tierra y esa tierra en su invierno?
Riñón de lo posible, la semilla es el árbol
no proferido aún y ya entero en su número
Josef, hazte carozo de la Patria en ti mismo,
y otros verán arriba la manzana
que prometiste abajo.

9
Somos un pueblo de recién venidos.
Y has de saber que un pueblo se realiza tan sólo
cuando traza la Cruz en su esfera durable.
La Cruz tiene dos líneas: ¿cómo las traza un pueblo?
Con la marcha fogosa de sus héroes abajo
(tal es la horizontal)
y la levitación de sus santos arriba
(tal es la vertical de una cruz bien lograda).

10
Josef, si como pueblo no trazamos la Cruz,
porque la Patria es joven y su edad no madura,
la debemos trazar como individuos,
fieles a una celosa geometría.
¡La vertical del santo, la horizontal del héroe!
Te resulta dificil, ¿no es verdad?
Pero aquí no se trata de vestir armaduras
llenas de pedrería
ni de abrirse las nalgas con lujosos rebenques.

Tu heroísmo ha de ser un caballo de granja,
tu santidad una violeta gris.
Otros recogerán, a su tiempo, laureles
y el brillo escandaloso de la notoriedad:
yo te di los oficios del pilar y el carozo,
fuertes y mudos en su anonimato.

11
Josef, dos modos hay de hacerte rico:
o aumentando las cifras de tu cuenta bancaria
o reduciendo tus necesidades
a lo estricto y cabal.

Mejor es el segundo, por la razón que sigue:
¿No es el hombre un viajero de la tierra?,
¿su viaje no es de un año?
El que poco desea o necesita
es, bien mirado, un cómodo viajero
que anda sin equipaje.

12
Yo conozco a viajeros que se cargan
de maletas ociosas.
Por cuidar y mover sus pesados baúles
ni observan el paisaje ni leen la escritura
de este mundo sabroso
(porque todo viajero debe ser un lector).

Josef, eliminando tus valijas inútiles
ya eres pobre y liviano según la tierra gorda:
leyendo y meditando tus lecciones de viaje,
ya eres rico y pesado según la ley de arriba
Si todos alcanzaran este fácil teorema,
los hombres mis hermanos viajarían desnudos.
  
13
De los siete pecados capitales
que asaltan a los hombres junto al Río,
el primero es la Envidia (los he clasificado
por orden riguroso de maldad).

La riqueza exterior, los honores, el lujo,
la suerte y el talento constituyen el pasto
natural de la Envidia.
¿Josef, que no te muerdan sus dientes amarillos!
Ni envidies a los otros
ni les des ocasión de que te envidien.
La manera segura de no ser envidiado
es la de no mostrar nada envidiable.

14
La Gula está en el orden segundo de mi lista.
Es terrible, Josef, lo que devoran
nuestros conciudadanos entusiastas.
Por sus jamás ociosas dentaduras
yo diría que pasa toda la Creación
en su aspecto visible y masticable:
gordos terrestres piden ser y son.
Josef, no te abandones a tan loco ejercicio:
devora, en cambio, sin temor ninguno,
toda la Creación inteligible,
y te convertirás en un gordo celeste.

15
Por la mañana, cuando te levantes,
piensa, Josef, en ese nuevo día;
y no te olvides que al salir al sol
entrarás en un campo de batalla.
Que no te engañe el paso normal de los tranvías
ni la canción melosa del frutero
ni el pacífico rostro de tu jefe
ni la sonrisa blanca de tu subordinado.

Ángeles y demonios pelean en los hombres:
el bien y el mal se cruzan invisibles aceros.
Y has de andar con el ojo del alma bien alerta,
si pretendes estar en el costado
limpio de la batalla.
Josef, nada es trivial en esa guerra:
basta el peso ladrón de una bolsa de azúcar
para que llore un ángel y se ría un demonio.

16
No vaciles jamás en la defensa
o enunciación o elogio
de la Verdad, el Bien y la Hermosura.
Son tres nombres divinos que trascienden al mundo,
y es fácil deletrearlos en las cosas.
No los traiciones, aunque te flagelen:
yo sé bien que la triste Cobardía
suele atar a los hombres junto al Río moroso.

Vence a la Cobardía de los ojos oblicuos,
y la Patria futura dará el santo y el héroe
que han de trazar las líneas de la Cruz.

17
Liviano de equipaje y avizor en tu guerra,
te asaltarán, empero, no escasas tentaciones.
Josef, has de vencerlas, o llorará la Patria
todavía en pañales.

Si te ofrecen un cargo de visibilidad,
acéptalo en razón de tu mérito sólo
y en vista de los frutos que darás a tu pueblo.
Si eres olmo, no admitas la función del peral,
o has de ser un peral falsificado
y un olmo sinvergüenza.

18
Los cargos o funciones de mucha jerarquía
tientan o con el oro fiscal siempre indefenso
o con los relumbrones de toda investidura.
Josef, no pongas mano en los dineros
que a tu virtud laudable se confíen.
El Robo, soslayada forma de la violencia,
es el tercer pecado de nuestros compatriotas.

19
En cuanto al relumbrón, si te lo imponen,
lo llevarás con el desgano y frío
de quien se envaina por obligación
en un frac de molesto protocolo.

Sea tu libre personalidad,
y no el brillo exterior que te prestaron,
la que se muestre a todos, fiel e igual a sí misma.
Conozco a personajes que se creían águilas,
temidos y solemnes en su pluma oficial,
y que al ser desnudados exhibieron risibles
jalones de gallina.

20
Si acaso gobernaras a tu pueblo,
no has de olvidar que todo poder viene de Arriba,
y que lo ejerces por delegación,
como instrumento simple de la Bondad Primera.
Josef, el gobernante que lo ignora u olvida
se parece a un ladrón en sacrilegio
que se Va con el oro de una iglesia.
  
21
Según la más antigua ley de la caridad,
el superior dirige al inferior.
Hasta los nueve coros angélicos reciben
y cumplen esta norma del gobierno amoroso;
y el ángel superior, al de abajo se inclina
para darle una luz que a su vez le fue dada.

Todo buen gobernante lo será
cuando a sus inferiores descienda por amor
y se haga un simulacro de aquel Padre Celeste
que a toda criatura da el sustento y la ley.

El gobernante que no asuma el gesto
de la paternidad
es ya un tirano de sus inferiores,
aunque regale sus fotografías
con muy dulces autógrafos.

22
Empero, no confundas esa paternidad
con un fácil reparto de juguetes.
Recordarás, Josef, que tu Padre de arriba
gobierna con dos manos:
con la manó de hiel de su Rigor
y la mano de azúcar de su Misericordia.

Si asumes el poder, usa las dos,
ya la dura o la blanda, según tu inteligencia.
Josef, el que gobierna con una mano
sola tiene la imperfección de un padre manco.
  
23
Ni te muestres al pueblo demasiado
ni en el poder te agites como un hombre de circo.
Imita, si gobiernas, a ese Motor Primero
que hace girar al cosmos
y es invisible y a la vez inmóvil.

24
Preferiría yo, sin embargo, que tales
pesos no recayeran en tus hombros.
Es mejor construirse y apretarse uno mismo
(ya te hablé del pilar y la semilla),
y crecer por adentro lo que afuera se poda
y ganar por arriba lo que se pierde abajo.

Si así lo hicieras, crecerá la Patria,
Josef, en cada una de tus disminuciones.
Y todo lo que pierdas lo ganará esa Novia
del Suceder, en su más claro día.

Leopoldo Marechal


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