DISCURSO DE LA PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID DOÑA ISABEL DIAZ AYUSO del 18 DE ABRIL DE 2022
AL RECIBIR LA MEDALLA DEL CUERPO DE LA REAL NOBLEZA
DEL PRINICIPADO DE ASTURIAS AL CONMEMORARSE LOS 1300 AÑOS DE LA BATALLA DE
COVADONGA
En un chiste de Mingote en ABC, un
nieto le preguntaba a su abuelo: «Abuelo,
¿te preocupa que yo no sepa quién fue don Pelayo?», y el abuelo le
contestaba con cariño: «No, hijo, lo que
me preocupa es que no sepas quién eres tú».
Esta es la razón última de estudiar
Historia, no solo en el colegio, sino durante toda la vida: saber quién es uno,
de dónde se viene y adónde se puede ir. Y no es casualidad que los totalitarios
procedan desde el primer momento a silenciar y manipular la Historia.
Que el Cuerpo de la Nobleza del
Principado de Asturias tenga a bien conmemorar el 1300 aniversario de la
Batalla de Covadonga, y que se acuerde de mí para hacerlo, entregándome además
esta medalla, es un honor y una responsabilidad.
Esta responsabilidad la ejercerá mi
Gobierno aplicando todas las mejoras necesarias, dentro de sus competencias,
para contrarrestar en lo posible el daño causado por la postergación de la
Historia de España, y los mismos conceptos de España y la Hispanidad, en
los planes de estudio del Gobierno de Sánchez. Para que los jóvenes que
estudien en la Comunidad de Madrid sí puedan saber quiénes son.
Conmemoramos en este acto la Batalla de
Covadonga, que Claudio Sánchez Albornoz situó, por primera vez, en el
722, hace ahora 1.300 años. La batalla que, según nuestra Historia, mezclada en
este caso con la tradición, frenó la invasión musulmana del 711 y dio comienzo
a la Reconquista.
La "Reconquista" no debería
ser un término cualquiera para un español, pero tampoco para ningún europeo.
Un Historiador tan moderno como
egregio, catedrático de instituto y académico, Antonio Domínguez Ortiz, decía
que la romanización y la reconquista constituyeron, respectivamente, la
base de nuestra unidad nacional y el generador de la individualidad
hispánica. Nada menos.
La Reconquista no se parece a nada que
haya ocurrido en ninguna otra nación del mundo. Durante casi ocho siglos,
España luchó por seguir siendo Europea, Occidental y libre. ¿Qué otra nación
del mundo ha sido sometida en un proceso semejante de conquista e islamización
y se puede llamar hoy "Occidente"? Esta unicidad de España tuvo unas
consecuencias que alimentaron las raíces más profundas del ser hispánico, que
nos permitió dar al mundo alguno de los mejores frutos de la Historia.
Desde muy pronto, tras la hazaña de don
Pelayo y los suyos, caló el sentimiento de la llamada «España perdida». No me
canso de repetir el término «España» pese a los que niegan que España ya
existiera entonces. No es cierto lo que dicen.
Un siglo antes de la Batalla de
Covadonga, uno de los mayores sabios de la Historia de la Humanidad, cuya
estatua nos recibe aquí cerca, en las escaleras de entrada a la Biblioteca
Nacional, San Isidoro de Sevilla, ya escribía: «De todas las tierras que se
extienden desde el mar de Occidente hasta la India tú eres la más hermosa.
¡Sacra y venturosa España, madre de príncipes y de pueblos!». El germen
de esta España libre es lo que hoy conmemoramos aquí.
Como vemos, son muchas las lecciones de
este momento crucial de nuestra Historia, que algunos quisieran, por desgracia,
borrar.
Como explicó Julián Marías, estos
siglos de lucha también nos enseñaron a convivir con «el otro», a tratarlo como
el enemigo invasor, sí, pero como persona. Cuando para el resto de europeos los
musulmanes eran poco menos que unos seres monstruosos, para nosotros eran los
que vivían junto a nosotros en nuestra "España perdida": con los que
hacíamos la guerra, la paz, o el amor... Este empeño histórico y esta vivencia
humana que se dieron simultáneamente nos permitieron nuestros mayores logros en
la Historia, casi incomprensibles para muchos:
• El Camino De Santiago, que es la gran
vía europea de fe y cultura, aún viva.
• La Escuela de Traductores de Toledo,
que recuperó la herencia de los clásicos greco-latinos, preparando así el
terreno para nuestro Siglo de Oro y el del resto de Europa.
• Las primeras Cortes de la Historia,
en León, en 1188.
• El diseño de la Diplomacia Moderna,
junto con el Papado, en tiempos de los Reyes Católicos.
• La elaboración de la primera doctrina
moderna del llamado después Derecho Internacional y de la primera escuela de
liberalismo, la Escuela de Salamanca.
• Los primeros Códigos de Derechos
Humanos de la Historia: las Leyes de Burgos, y las posteriores Leyes de Indias.
• Y nace el gran logro: la Hispanidad,
que culminaría en la institución de los Virreinatos y del maravilloso Barroco
Hispanoamericano.
Como ven, nada de esto podría haber
ocurrido sin la hazaña de don Pelayo y la empresa a la que dio comienzo.
Ahora se entiende mejor el que esa
"España perdida", una España cristiana, europea, libre, fuera el
referente de muchas generaciones consecutivas, y el germen de este espíritu
español, que luego la Monarquía Hispánica haría universal.
¿Cómo vamos a olvidarnos de todo esto?
¿Y por qué? ¿Quién gana y qué gana? Solo el resentimiento o la ignorancia más
suicida pueden llevar a España, a Hispanoamérica o a Europa entera a olvidar o
desconocer todo esto que hoy celebramos; precisamente en momentos tan terribles
y decisivos.
Nuestra Historia común y única nos
hace, nos enseña y nos llama, desde el pasado, a construir el futuro.
Mi responsabilidad hoy al recibir esta
medalla era recordarla, y como responsable política es mi deber garantizar que
los niños y jóvenes de la Comunidad de Madrid reciban su herencia; y que esto
sirva para inspirar al resto de España. Para que, luchando contra el olvido, el
rencor y la desidia, recuperemos juntos la España perdida o en peligro de
perderse.