Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

17 de noviembre de 2017

ACERCA DE LA SOBRIEDAD Y LA MODERACIÓN


 EN LA I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES


El Papa Francisco ha establecido que en el tercer domingo de noviembre, (este año el penúltimo domingo del año litúrgico), se celebre la Jornada Mundial de los pobres, para reflexionar acerca de los pobres y hacer un fuerte llamamiento a nuestra conciencia.

La Iglesia siempre ha considerado la formación de las conciencias como una tarea principal de su misión evangelizadora.

Por eso nos invita, en estos últimos domingos del año, 
a meditar acerca de las realidades escatológicas, 
sobre el fin último del hombre.

De la Epístola que se lee este día (1Tes. 5,6):

“Ustedes son hijos de la luz, hijos del día. 
Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas.
 No nos durmamos, entonces, 
como hacen los otros:
permanezcamos despiertos y seamos sobrios”.
   
 

  

LA VIRTUD DE LA SOBRIEDAD

(Reflexión en la I Jornada Mundial de los Pobres)


La sobriedad le da valor a las cosas que si son importantes, permitiendo a la persona que la practica saber cómo distinguir entre lo razonable y lo que es exagerado, en otras palabras, actuar con moderación. 

En efecto, cuando nos referimos a la sobriedad, lo hacemos pensando en la moderación y la templanza en el modo de actuar y vivir. Se actúa con sobriedad, cuando no nos dejamos llevar por los apetitos y los excesos, vivimos con sobriedad cuando no consideramos a las cosas superfluas como un fin en sí mismas.


La templanza es la virtud de vivir en la moderación y actuar con sobriedad. La sobriedad se manifiesta cuando somos capaces de reducir o disminuir la intensidad de algo considerado como excesivo. La sobriedad lleva implícita la prudencia, la sensatez, el buen juicio y la cautela. 

¿Entonces porqué no ser sobrios? ¿Debemos vivir preocupados de los apetitos? Vivimos muchas veces bajo la inclinación y el instinto que nos lleva a satisfacer deseos o necesidades de cualquier cosa, lo que nos produce una vida desordenada, pendiente solo de satisfacer los apetitos. 


“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también tu corazón”. El tesoro inagotable, está en los cielos, allí están “las reservas que no se acaban”


La sobriedad nos debe hacer ver la vida con criterios distintos, es decir, no debemos llevarnos por el afán de poseer cosas que son innecesarias, y adquirir una serie de bienes más para satisfacer deseos de vanidad o placer, algo que muchas veces se hace enceguecido por el egoísmo y la presunción.


Si buscamos la vida eterna, tenemos que ir por un camino lejos de lo inmoderado, y más cercano de lo sobrio, en todos los sentidos de la palabra, en el comer y vestir. Leemos en el Evangelio: “No estén pendientes de lo que comerán o beberán: ¡no se atormenten!” “el Padre de ustedes sabe lo que ustedes necesitan”

La sobriedad nos permite ver más allá del placer temporal, es decir podemos entrever el misterio de lo eterno. La sobriedad nos entregará valores perdurables, y con ella sabremos mejor que es lo que vale en nosotros.





13 de noviembre de 2017

ESTÉN PREVENIDOS PORQUE NO SABEN EL DÍA NI LA HORA


Mientras tanto, llegó el esposo:
 las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial
y se cerró la puerta. 
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron:
“Señor, señor, ábrenos”, 
pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. 
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora”.
(Mt. 25, 10 13)



De la reflexión del Monasterio del Cristo Orante

“Mientras tanto, llegó el Esposo”.

No podría ser ni más tremenda ni más fascinante la expresión y lo expresado. Incluso ese aire casual que le agrega el Señor, que lo dice con un tono neutro como si avisara que “entonces salió el sol o que empezó a llover…” incluso ese modo tan opaco de decir las cosas más sublimes, conmociona, descoloca, derriba.

Mientras tanto, llegó el Esposo.

No dice “después”, sino “mientras tanto”. 

¿Qué tanto hay en ese mientras tanto? Evidentemente poco, muy poco. Su regreso está próximo y cada noviembre la Iglesia se esmera en refrescarnos esta inminencia… que para Navidad ya es una noticia vieja y olvidada mientras nos disponemos a programar minuciosamente el año siguiente, en sus cuatro estaciones.

Mientras tanto, llegó el Esposo.

Por mientras, dicen en el campo. ¿Mientras qué? Mientras planificamos las vacaciones, mientras vemos madurar las uvas en el viñedo y creemos inexorable la llegada de abril y su vendimia. A lo más nos permitimos preguntarnos: ¿habrá mucha uva para abril? Pero jamás se nos cae de la boca un: ¿habrá abril?

Mientras tanto, llegó el Esposo.
Pocos tópicos han sido tan descuidados como el del Retorno de Cristo. No tanto por reformado —al modo de otros anaqueles de la Doctrina— sino sencillamente descuidado, ninguneado, como se abandona una casa o un terreno dejando que los yuyos lo cubran.

Nos atañe —casi con urgencia— reacondicionar las abandonadas ruinas de lo que en otros siglos de nuestra Fe fuera el nudo más lumbroso e imantante de cuanto cree y moviliza la vida de un creyente: Cristo vuelve.

Un grito lo precede. 
No una solicitada del diario, ni una bula papal ni un tratado teológico.
No, no: un grito.
¿Quién grita?
El vigía nocturno, desde su mangrullo.
Es curiosa la situación, pues el custodio de la ciudadela suele cuidar el fortín y avisa de la llegada del enemigo. Y aquí es al revés: la casa está tomada, sometida, y el vigía, a voz en cuello, avisa que llega la liberación, que avanza desde el horizonte el rescatista, el Libertador. Es un grito de alerta y júbilo, de aviso y exultación.


12 de noviembre de 2017

LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES ES SEMILLA DE CRISTIANOS

EL MISTERIO  DE LA INIQUIDAD 

Y LA CONFESIÓN DE LOS MÁRTIRES



Ayer, en el Palacio Arena de Madrid, el cardenal Amato en nombre del Papa Francisco presidió la Misa de Beatificación de 60 mártires vicencianos (sacerdotes, relligiosos y laicos). Su homilía fue magnífica (ver vídeo abajo)

Ante una oleada de odio fratricida, el testimonio de la fuerza del bien que confiesan los mártires con su vida es una luz esplendorosa y es semilla de nuevos cristianos, gracias a su ejemplo de vida y a su intercesión celestial.

En España, entre los años 1936 a 1939, fueron miles los católicos asesinados por odio a la fe: el misterio de la iniquidad llevado a un grado superlativo.

Es necesario tenerlo presente como recuerdo de la macabra exaltación del mal y del odio. Como también el testimonio admirable de tantos hombres y mujeres que respondieron al mal con el bien, siendo coherentes con sus convicciones sin recurrir a la violencia. Y la Iglesia los celebra para invitar a los fieles a permanecer firmes en la fe.

https://youtu.be/b7iDzO_OYhg

8 de noviembre de 2017

UN GRANDE DE ESPAÑA

8 de noviembre (1517-2017)
500 años del fallecimiento del Cardenal Francisco Jiménez de CISNEROS


Una antigua biografía de este gran español, fue titulada con estas significativas frases “ARQUETIPO DE VIRTUDES, ESPEJO DE PRELADOS”.


La vida y la obra del Cardenal Cisneros, en tiempos difíciles para la consolidación de España como nación y para la vida de la Iglesia, fue una estela luminosa, que posee una actualidad asombrosa, tanto en su admirable labor religiosa como también en su gigantesca tarea como hombre de Estado.

Leer su prolífica historia es bucear en el alma de un hombre de fe firme y un gran humanista que estaba convencido que era necesaria una Reforma (aún antes que Lutero) que debía sostenerse en dos pilares: el MORAL y el INTELECTUAL.

El escritor español José María Pemán, pone en boca de Cisneros unos versos excelsos, en su poema dramático referido al confesor de la Reina Isabel. El cardenal responde a la Reina Isabel la Católica, cuando ésta le dice que, si se retira a la vida de eremita franciscano, sería como “sepultarse en vida”:

El que no sabe morir
mientras vive, es vano y loco;
morir cada hora su poco
es el modo de vivir.

Igual que el sol hay que ser
que con su llama encendida,
va, acabando y renaciendo,
de tantas muertes tejiendo
la corona de su vida.

Por eso busco el sufrir,
para, como el sol, decir
que de la muerte recibo
nueva vida, y que si vivo,
vivo de tanto morir.


Es una buena síntesis de las motivaciones del Cardenal Cisneros, que refiere a la política, donde los intereses y egoísmos, los secesionismos, los beneficios económicos, la corrupción y la violencia priman sobre el servicio al bien común. Y también a la vida de fe, con sus luces y sus sombras.

Es muy bueno mirar la Historia, "magistra vitae". Ella puede ayudarnos a entender la actual situación moral, religiosa y política de nuestra sociedad.

Un homenaje justo y agradecido a esta gran personalidad española, que es venerable de la Iglesia.

4 de noviembre de 2017

ANTE LA TENTACIÓN DE LA APOSTASÍA

A NUESTRA SEÑORA 

en momentos de incertidumbre y confusión




Pueden caer los muros venerables
que albergaron la fe de los mayores,  
pueden perder el brillo los fulgores 
de las verdades que son inmutables.

Pueden los templos tornarse inhabitables 
sacando a Dios por dar al hombre honores,
pueden volverse de hule las flores
y los granos de sal ser no-salobres.

Pero nunca podrá la apostasía
manchar con ruda mano la inocencia
de una voz que a la Virgen se aquerencia,

con lágrimas pidiendo a porfía
crucificada con la penitencia
que vuelva Cristo a rescatar su herencia.


La imagen de Nuestra Señora Ter Admirabilis de Shoenstatt
Rodeada por el lema:
"SERVUS MARIAE NUNQUAM PERIBIT"

24 de octubre de 2017

NO SE PUEDE FALSIFICAR LA HISTORIA

UN CAMBIO TOTAL DE LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA
El cardenal Gerhard Müller, que fuera Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribe un artículo donde expresa que es inaceptable afirmar que la reforma de Lutero fue un acontecimiento del Espíritu Santo.


         “Hoy existe una gran confusión al hablar de Lutero y es necesario decir claramente que, desde el punto de vista de la dogmática y de la doctrina de la Iglesia, no se trató de una reforma, sino una revolución, es decir, un cambio total de los fundamentos de la fe católica.
        No es realista argumentar que su intención era luchar contra algunos abusos en relación con las indulgencias o los pecados de la Iglesia del Renacimiento. Los abusos y las malas acciones siempre han existido en la Iglesia, no solo en el Renacimiento, y hoy siguen existiendo. La Iglesia es santa por la gracia de Dios y los sacramentos, pero todos los hombres de la Iglesia somos pecadores y todos necesitamos el perdón, el arrepentimiento y la penitencia.
          Esta distinción es muy importante. En el libro escrito por Lutero en 1520, De captivitate babylonica Ecclesiae (La cautividad babilónica de la Iglesia), queda absolutamente claro que Lutero había dejado atrás todos los principios de la fe católica, la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio del Papa, de los Concilios y de los obispos. En este sentido, malinterpretaba el concepto de desarrollo homogéneo de la doctrina cristiana, que ya se había explicado en la Edad Media, y llegó a negar el sacramento como un signo eficaz de la gracia que contiene y sustituyó esta eficacia objetiva de los sacramentos por una fe subjetiva. 
         Lutero abolió cinco sacramentos y también negó la Eucaristía: el carácter sacrificial del sacramento de la Eucaristía y la conversión real de la sustancia del pan y el vino en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.
       Asimismo, definió el sacramento del Orden como una invención del Papa —a quien denominaba el Anticristo— en lugar de como una parte de la Iglesia de Jesucristo. En cambio, nosotros defendemos que la jerarquía sacramental, en comunión con el sucesor de Pedro, es un elemento esencial de la Iglesia Católica y no solo un elemento de una organización humana.
            Por esta razón, no podemos aceptar que la reforma de Lutero se defina como una reforma de la Iglesia en el sentido católico. Es católica una reforma que consiste en una renovación de la fe vivida en la gracia, la renovación de las costumbres y la ética, la renovación espiritual y moral de los cristianos; no una nueva fundación, una nueva Iglesia.
         Por lo tanto, es inaceptable que se afirme que la reforma de Lutero “fue un acontecimiento del Espíritu Santo". Es lo contrario, se produjo contra el Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo ayuda a la Iglesia a preservar su continuidad a través del Magisterio de la Iglesia, sobre todo en el servicio del ministerio petrino: solo sobre Pedro estableció Jesús su Iglesia (Mt 16,18), que es “la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad “(1 Tim 3,15). El Espíritu Santo no se contradice a sí mismo.
      Se oyen muchas voces que hablan con demasiado entusiasmo sobre Lutero, sin conocer bien su teología, su polémica y los efectos desastrosos de este movimiento que causó la destrucción de la unidad de millones de cristianos con la Iglesia Católica. Podemos evaluar positivamente su buena voluntad, la lúcida explicación de los misterios de la fe común, pero no sus declaraciones en contra de la fe católica, especialmente con respecto a los sacramentos y la estructura jerárquica apostólica de la Iglesia.
        No es correcto afirmar que Lutero inicialmente tenía buenas intenciones, queriendo decir que fue la rígida actitud de la Iglesia la que lo empujó por el camino equivocado. No es cierto: Lutero luchaba contra la venta de indulgencias, pero el objetivo no era la indulgencia como tal, sino como un elemento del sacramento de la penitencia.
    Tampoco es cierto que la Iglesia rechazara el diálogo: Lutero tuvo primero un debate con Juan Eck y, a continuación, el Papa envió como legado al cardenal Cayetano para hablar con él. Se puede discutir sobre las formas de actuar, pero cuando se trata de la sustancia de la doctrina, hay que afirmar que la autoridad de la Iglesia no cometió ningún error. De lo contrario tendríamos que aceptar que la Iglesia ha enseñado errores en la fe durante mil años, cuando sabemos —y esto es un elemento esencial de la doctrina— que la Iglesia no puede errar en la transmisión de la salvación en los sacramentos.
         No se deben confundir los errores personales, los pecados de las personas que forman parte de la Iglesia con los errores en la doctrina y los sacramentos. Quien confunde estas dos cosas en realidad cree que la Iglesia no es más que una organización creada por hombres y niega el principio de que fue el mismo Jesús quien fundó su Iglesia y la protege para que transmita la fe y la gracia en los sacramentos a través del Espíritu Santo. La Iglesia  de Cristo no es una organización meramente humana: es el Cuerpo de Cristo, donde reside la infalibilidad de los Concilios y del Papa, en formas precisamente delimitadas. Todos los Concilios hablan de la infalibilidad del magisterio, al proponer la fe católica. En la confusión de hoy, muchos han terminado por dar la vuelta a la realidad: creen que el Papa es infalible cuando habla en privado, pero en cambio, en temas en los que todos los Papas de la historia han enseñado la fe católica, dicen que es falible.
      Por supuesto, han pasado 500 años y ya no es el momento de la controversia, sino de la búsqueda de la reconciliación: pero no a costa de la verdad. No se debe crear confusión.
    Si bien debemos ser capaces de descubrir la acción del Espíritu Santo en los cristianos no católicos de buena voluntad que no hayan cometido personalmente este pecado de separarse de la Iglesia, no podemos cambiar la historia y lo que pasó 500 hace años.
      Una cosa es el deseo de mantener buenas relaciones con los cristianos no católicos hoy en día, con el fin de caminar hacia la plena comunión con la jerarquía católica y la aceptación de la tradición apostólica, según la doctrina católica; otra cosa diferente es comprender mal o falsificar lo que sucedió hace 500 años y las consecuencias desastrosas que tuvo. Unas consecuencias contrarias a la voluntad de Dios: “Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”(Jn 17, 21)".
+ Cardenal Gerhard L. Müller


15 de octubre de 2017

AÑO SANTO JUBILAR TERESIANO EN ÁVILA


 ¡CAMINA CON DETERMINACIÓN!
Lema del Año Jubilar teresiano 
2017 - 15 DE OCTUBRE -2018




El Papa Francisco ha concedido a la ciudad española de Ávila un AÑO SANTO JUBILAR, que se celebrará en cada año que el día de Santa Teresa (15 de octubre) caiga en domingo, como en este año 2017.
                                                                                     
Ayer el Obispo de Ávila abrió la puerta santa del primer Jubileo, que es la puerta izquierda del Convento de La Santa (lugar abulense donde nació Teresa de Ahumada y Cepeda).

El lema es “¡CAMINA CON DETERMINACIÓN!, que alude a la obra escrita teresiana y a la fuerte personalidad de la Doctora mística de la Iglesia.

Una interesante página web preparada para este Año Jubilar propone cuatro rutas de peregrinación (http://www.jubileoteresiano.com/)


  1.     De la cuna al sepulcro de la santa
  2.     La ruta de la salud
  3.     La ruta del confesor
  4.     La ruta de los caminos y posadas

Todo un maravilloso camino por la fecunda Castilla, con explicaciones y motivaciones para cada lugar, que incluye los siete templos jubilares (la Catedral de Ávila y seis monasterios carmelitas)



De la espléndida poesía de Santa Teresa, sublime por su mística y su gloriosa gramática castellana, unos versos para saborear espiritualmente:

VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ


Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criaste,
vuestra, pues me redimiste,
vuestra, pues que me sufriste,
vuestra, pues que me llamaste.
Vuestra, porque me esperaste,
vuestra, pues no me perdí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce amor,
amor dulce, veisme aquí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención
pues por vuestra me ofrecí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí.


¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,


¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
o, por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce Amor, decid:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David encumbrado.
Sea Jonás anegado,
o libertado de allí:


¿Qué mandáis hacer de mí?
Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstrame la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo Vos en mí vivid.


¿Qué mandáis hacer de mi?
Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?






13 de octubre de 2017

TACITURNITAS

 CULTIVAR EL SILENCIO
COMO TACITURNITAS

Breve reflexión acerca de la norma de la Regla de San Benito referida a la “taciturnitas”, esto es, renunciar al propio turno de palabra para escuchar al Otro, cultivando el silencio



San Benito pide cultivar el silencio, aprender el silencio, “studere silentium”, según la bella expresión que utiliza en el capítulo 42 de la Regla, y lo pide, fundamentalmente, por dos fines:

1.    La escucha meditativa de la Palabra de Dios
2.    y la caridad hacia los otros. 

El capítulo 6 de la Regla pide cultivar el silencio como taciturnitas para no pecar, porque “La muerte y la vida en poder de la lengua están - in manibus linguae“ - dice Benito citando el libro de los Proverbios (RB 6,5; Prov 18,21).

Así pues, el silencio como taciturnidad es la renuncia a este poder, un desarmarse ante los demás de manera que las palabras entre nosotros no sean siempre duelos en los que el más débil debe morir.

San Benito nos invita también a desarmarnos de las palabras que creemos buenas:

“Por lo tanto, dada la importancia que tiene la taciturnidad, raras veces recibirán los discípulos perfectos licencia para hablar, incluso cuando se trate de conversaciones honestas, santas y de edificación, para que guarden un silencio lleno de gravedad” (RB 6,3).

El problema es que raramente somos dueños de la calidad de nuestra palabra y de su efecto en los demás. Tenemos necesidad de una conversión del corazón que corte el poder de nuestra palabra, su capacidad posesiva y ofensiva, y se convierta cada vez más en transmisión de la Palabra de Dios que crea cada cosa como “cosa buena” (cfr. Gn 1), es decir, bendiciéndola.

Para que esto suceda; san Benito propone esencialmente dos cosas: callar y escuchar:

“Además, hablar y enseñar incumbe al maestro; pero al discípulo le corresponde callar y escuchar” (6,6). 

Por lo tanto, el silencio que escucha es para san Benito el principio de la caridad.

Callando y escuchando aprendemos a concebir la palabra no ya como un arma de poder en manos de nuestra lengua, sino como un don no nuestro que solo podemos transmitir, y el bien que hace esta palabra radica en la Palabra que recibimos; radica, finalmente, en la palabra misma, en cuanto Palabra de Dios que escuchamos en silencio.

Para san Benito, sin escucha no hay silencio.

El silencio benedictino y monástico en general no es nunca “autista”, no es nunca un cerrarse en sí mismo, sino un acto de relación, exactamente, una “taciturnitas”; es decir, un renunciar al propio turno de palabra para escuchar al otro.

El silencio nace precisamente de la humildad de reconocer que la palabra del otro es más importante que la mía. Pero a esto solo llegamos si se cultiva la escucha de Dios, la escucha del Verbo de Dios, también a través de las mediaciones humanas.

Nuestro silencio está en la Palabra de Dios, consiste en concentrarse en la única Palabra que vale la pena escuchar y que contiene todas las palabras, toda la verdad, toda la realidad: la palabra del Verbo de Dios, Cristo mismo.

9 de octubre de 2017

EL AGUA SE ESCONDE TRAS LA ROCA

DESOLACIÓN



Señor, en esas horas en que mi alma
se siente intimidada por las sombras,
cuando el miedo a la cruz que se avecina
hace temblar la llama de mi antorcha,

cuando todo se vuelve cuesta arriba
y aun las espinas hieren a las rosas,
cuando el alba se fuga de mis manos
como una asustadiza mariposa,

cuando la gracia cierra su postigo
y me duele hasta el hueso Tu demora,
cuando menos cristiano te parezco
pues mi fe se estremece como una hoja,

es cuando más te ruego que me ayudes
a entender que la zarza no arde sola,
que el desierto precede al paraíso…
¡y que Tu agua se esconde tras la roca!


Jorge Doré





8 de octubre de 2017

ELOGIO DE LA REPETICIÓN

HACERSE COMO NIÑOS

Una reflexión interesante acerca de la importancia de la repetición en la vida del hombre, desde su infancia, que ayuda a su formación moral, social y religiosa. Citando a tres grandes autores: CHESTERTON, GUARDINI y KIERKEGAARD. Porque la búsqueda de la novedad hasta el paroxismo sólo genera angustia y ansiedad. Y la vida de oración pide, muchas veces, la repetición sosegada y confiada.






E C L E S I A S T E S

«Hay un pecado; decir que es gris una hoja verde
y se estremece el sol ante el ultraje;
una blasfemia existe: el implorar la muerte;
pues sólo Dios conoce lo que la muerte vale;
y un credo: no se olvidan de crecer las manzanas
en los manzanos, nunca, pase lo que nos pase;
hay una cosa necesaria; todo;
el resto es vanidad de vanidades»

G. K. Chesterton


Hay gente que asocia de forma automática la repetición al aburrimiento, a la pobreza, a la vaciedad, a la nada. Los tiempos que vivimos abonan estas tesis con sus cambios bruscos y veloces, con su fugacidad, con esa impregnación caduca que se asocia a todas las cosas, con esa necesidad de novedad que genera angustia, ansiedad y neurosis.

Hay que volver de nuevo la mirada a los niños. No es solo un consejo; es un mandato de Nuestros Señor. Y lo olvidamos siempre…

Y los niños adoran la repetición, la necesitan.

CHESTERTON nos dice que los niños no se cansan de la repetición «cuando descubren un juego o una broma que les proporciona especial alegría. Un niño se golpea rítmicamente los talones, a causa de un desborde y no de una carencia de vida. Porque los niños rebosan vitalidad por ser en espíritu libres y altivos; de ahí que quieran las cosas repetidas y sin cambios. Siempre dicen “hazlo otra vez”; y el grande vuelve a hacerlo aproximadamente hasta que se siente morir. Porque la gente grande no es suficientemente fuerte para regocijarse en la monotonía».

Los niños están mucho más cerca de Dios que nosotros, y la repetición también.

Confirmando esta idea, vuelve CHESTERTON a decirnos al respecto de la repetición y la monotonía que «tal vez Dios sea bastante fuerte para regocijarse en ella. Es posible que Dios diga al sol cada mañana: “hazlo otra vez”, y cada noche diga a la luna: “hazlo otra vez”. Puede que todas las margaritas sean iguales, no por una necesidad automática; puede que Dios haga separadamente cada margarita y que nunca se haya cansado de hacerlas iguales. Puede que Él, tenga el eterno instinto de la infancia; porque pecamos y envejecimos, y nuestro Padre es más joven que nosotros.»

GUARDINI, por su parte, siguiendo esta línea de pensamiento, relaciona la repetición con la oración, con la comunicación con Dios.

«Las frases de las oraciones pierden, con la repetición, el carácter significativo que les es propio. Su primer significado queda como en suspenso y deja expresar a su través un nuevo contenido. Cada palabra se convierte en una palabra de segundo grado –por así decir-, cuyo contenido viene dado por cada uno de los “misterios” contemplados», dice. Y refiriéndose al Rosario, paradigma de la oración repetitiva, dice que la repetición de sus palabras con «paciencia amorosa» «abren el ámbito sacro de la Revelación, en el cual el Dios vivo se convirtió en nuestra verdad»  y que «Lo que llena de sentido el Rosario es un proceso incesante de simpatía santa».

Recuerdo también el impresionante comienzo de esa magnífica película rusa que es «La Isla» y el reiterativo breve rezo del monje atormentado.

KIERKEGAARD, que estudió y mucho esto de la repetición y que igualmente vio su carácter trascendente, dijo al respecto que «El mundo, desde luego, jamás habría empezado a existir si el Dios del cielo no hubiera deseado la repetición… por eso hay mundo y subsiste gracias a que es cabalmente una repetición. La repetición es la realidad y la seriedad de la existencia. El que quiere la repetición ha madurado en la seriedad». Él decía que la repetición no es un movimiento de la naturaleza o de las ideas abstractas, sino de la interioridad para recuperar la inocencia pérdida; que no es en sí́ la redención pero sí la posibilidad de ella, porque, a partir de ese momento se está́ en situación de volver a creer de nuevo; es decir, de recuperar la propia inocencia.

Volvemos a los niños. Siempre volvemos a ellos...

(del blog “De libros, padres e hijos”)