Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

18 de febrero de 2017

EL PINCEL DE DIOS

FRA ANGÉLICO, 

presbítero dominico, pintor de la templanza y la serena belleza


Contrariamente a la temática de los colegas de su tiempo,
 que estaban afanosamente ocupados en idolatrar al hombre, 
entreteniéndose en la faceta humana, en llegar a la perfección del «natural», 
a través de la anatomía física del cuerpo 
y la presentación del «desnudo» como ideal de belleza del Renacimiento, 
el Angélico enfoca sus conquistas estéticas desde el ángulo del hombre, 
desde su interioridad, buscando en él el reflejo divino, 
empeñándose en escudriñar sus sentimientos espirituales


Beato Angélico O.P. más conocido como Fra Angélico O.P. o Fray Juan de Fiésole O.P  (Florencia, 24 de junio de 1390  – Roma 18 de febrero de 1455), fue un pintor cuatrocentista italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor consumado. 

Fue llamado "Angélico" por su temática religiosa, la serenidad de sus obras y porque era un hombre de extraordinaria devoción. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.

Fra Ángelico era poseedor de un "raro y perfecto talento, y nunca levantó el pincel sin decir una oración, ni pintó el Crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas".

En toda su obra se admira la armonía, la belleza y la serenidad propia de quien se expresa con espíritu de fe. 

Un genio de la pintura universal y sobre todo, en palabras del dominico Clérissac, un monje cuyo arte «consistía en infundir, en imágenes, la vida interior que dominaba y embelesaba su alma».

La Carta Apostólica QUI RES CHRISTI GERIT del Papa Juan Pablo II de 1982, expresaba que «quien hace cosas de Cristo, debe estar siempre con Cristo: éste era el lema que fray Juan de Fiésole repetía con frecuencia”.


Sobresalían entre sus virtudes, la templanza y la admiración por lo sobrenatural, lo que se proyecta en los celestiales personajes por él pintados. Sería sensato imaginar a nuestro bienaventurado monje meditando horas prolongadas y hasta días dentro del monasterio -estando en la capilla o caminando en el jardín, o hasta recogido en su celda austera- los misterios de Nuestra Fe y las escenas que retrataría, explorando no solo los detalles minuciosos que se notan en sus pinturas, pero, sobre todo el imponderable metafísico y más alto del episodio.

"Mirar al Beato Angélico es mirar un modelo de vida -decía Juan Pablo II- donde el arte se revela como camino que puede llevar a la perfección cristiana: él fue religioso ejemplar y gran artista". Por tanto, un hombre muy virtuoso que siempre buscó - a través del arte pictórico - picos, ideales, pulcritudes, inclusive en las menores cosas.

Rey de la pintura, él es también maestro de lo maravilloso, atribuyendo esplendor insuperable a los mínimos detalles de sus cuadros, al punto de dejar al espectador encantado y presto a la contemplación de sus pinturas, que a su vez lo llevan a la contemplación de las sublimidades celestiales.

Lleno de dones sobrenaturales, las habilidades naturales no le eran ajenas. Nos explican los estudiosos que él mismo fabricaba las tintas que usaba. Triturando piedras semipreciosas y mezclándolas con otras substancias, obtenía los mejores colores de su extraordinaria paleta. Entretanto, consciente de ser este mundo un valle de lágrimas, lleno de pormenores poco interesantes, banales, o hasta estéticamente desagradables, el Beato Angélico supo crear un modo de atenuarlos y tornarlos pintorescos. De donde sus personajes, en cierto modo, transcienden a las debilidades de nuestra naturaleza decaída y se nos figuran casi sin marca de pecado original.


                        El Papa Pío XII y Fra Angélico

Refiriéndose a Fra Angélico expresa el Papa Pio XII: “Contrariamente a la temática de sus colegas que estaban afanosamente ocupados en idolatrar al hombre, entreteniéndose en la faceta humana, en llegar a la perfección del «natural», a través de la anatomía física del cuerpo y la presentación del «desnudo» como ideal de belleza del Renacimiento, el Angélico enfoca sus conquistas estéticas desde el ángulo del hombre, desde su interioridad, buscando en él el reflejo divino, empeñándose en escudriñar sus sentimientos espirituales, dando así vida a un tipo de «hombre-modelo», que acaso rara vez se encuentra en las condiciones de la vida terrena, pero que debe proponerse a la imitación del pueblo cristiano”

 

Y leemos, en un artículo publicado en la página de la Orden Dominicana, titulado:

Predicando con la imagen de la belleza

En su personal tratamiento de los temas y protagonistas descuella en Fra Angelico su profunda religiosidad. La pertenencia a la Orden Dominicana, iniciada y continuada en conventos de rigurosa observancia, motivaron seguramente su iconografía.

Los juicios críticos sobre su obra apuntan en esta línea. Su Santidad Pío XII, en la apertura de la Exposición del Angélico, se expresó en estos términos: «Su profunda religiosidad, su ascesis, alimentada con virtudes sólidas, con plegaria y contemplaciones, ha producido en él un influjo determinado en orden a dar a la expresión artística ese poder de lenguaje con que llega directamente a los espíritus y, como se ha dicho muchas veces, el poder de transformar en oración su arte».

Su aportación pictórica, a pesar de las connotaciones con otros maestros, se define por su personalidad religiosa, por su lirismo teológico transcendente, y por la carga espiritual que inyecta a sus protagonistas. Su lenguaje plástico contiene un proceso de maduración asequible al pueblo cristiano, pues todo lo narra con sencillez y trasparencia evangélicas. Su producción artística, en los diversos períodos de su vida, está marcada por esta dimensión didáctico-religiosa.

Sus composiciones sacras (cristológicas, mariológicas, angélicas, santorales y dominicanas) destacan por una rigurosa técnica artística, no exenta de anomalías típicas de los primitivos italianos, y por el toque de gracia de la luz y luminosidad de sus figuras. Son escenas que presentan una concepción unitaria, presidida por mesurado equilibrio en que los santos que la interpretan no se exhiben sino que asisten calladamente, sin pronunciar palabra que altere la serenidad del misterio del que todos son partícipes (Coronación de la Virgen, en San Marcos, celda n. 9; Crucifixión, en la Sala Capitular). A veces los santos comentan en silencio, o se miran con serena piedad para no turbar el orden y ritmo de la escena (Coronación del Louvre, Sagrada Conversación, Retablo de la SS. Trinidad, Descendimiento de la Cruz, Retablo de Bosco al Fratt). Sus personajes no se agitan exteriormente; están quietamente dominados por su calina interna; a lo sumo gesticulan con mesura sus manos ante la tragedia que presencian. En los rostros de todos los personajes se trasluce la paz interior de sus almas; y en la compostura externa se les aprecia tranquilidad anímica, fruto espiritual de la posesión de la «gratia Christi» en unos y de la «gloria Dei» en otros.

Dentro de este lirismo poético-religioso no caben emociones dramáticas, expresiones amargas, estados emocionales perturbados, estridencias psicológicas, exaltaciones desorbitadas, excitaciones pasionales: lo que predomina es la bonanza espiritual originada por una intensa vida interior.


                                                               

CUATRO PINTURAS DE ESTE SANTO PINTOR:




La anunciación del Ángel a María Virgen (1425) Museo del Prado, Madrid


La Virgen de la Humildad (1433) Museo Thyssen-Bornemiza, Madrid


La Virgen de la granada (1426) Museo del Prado, Madrid



Cristo resucitado con los santos y los mártires (1423) National Gallery, Londres.

7 de febrero de 2017

INCENSUM: CUANDO PARECE QUE SE EXTINGUE EL ARDOR

(del latín “incensum”,
participio de “incendere”, 'encender')

Una breve reflexión testimonial de un sacerdote al encender el incienso para la adoración al Santísimo Sacramento



       

        “Que mi oración suba hasta ti como el incienso
Salmo 140,2

        “Y vino otro Ángel que se ubicó junto al altar con un incensario de oro y recibió una gran cantidad de perfumes, para ofrecerlos junto con la oración de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos, subió desde la mano del Ángel hasta la presencia de Dios”.

Apocalipsis, 8, 3-4


         Anoche mientras preparaba el incensario para concluir la Hora Santa –una de las cosas más sugestivas que se percibe en el templo a oscuras con sólo los cirios, y con el humo del incienso acariciando el sacrosanto Cuerpo- me impresionó una delicada analogía.

         Había yo encendido el carbón y lo había arrojado dentro del turíbulo; pero, entretenido desenredando las cadenas, el pequeño cuboide negro parecía estar ya, de nuevo, apagado.

         La sacristía estaba a oscuras para no romper el clima litúrgico de semipenumbra del templo, por lo que no se podía casi ver.

         Pero de todos modos comencé a balancear el turíbulo con la esperanza de que en su interior aún hubiera fuego.

         Y así fue: luego de tres o cuatro oscilaciones suaves, una chispa rojiza asomó en el interior del incensario... y a medida que aumentaba la velocidad del movimiento, el carboncito negro se tornó ígneo por completo, totalmente dispuesto ya para cumplir su noble misión de ser símbolo de nuestra creatural adoración.

         Y caí en la cuenta de cuántas veces Dios Padre, viendo casi extinguido el ardor, me ha sacudido, una y otra vez, hacia un lado y hacia el otro, con una única intención: que renazca el calor y la luz.

         Por eso, cuando el Padre te sacuda, no te asustes, ni te dejes dominar por el vértigo: Él tiene firmemente en su mano el extremo que te sustenta.

         Solo tenés que dejarte balancear, y aprovechar tan preciada ocasión para que la fe y el amor vuelvan a fulgir.


P. Leandro Bonim



4 de febrero de 2017

RENOVAR LA ADHESIÓN A LA FE EN TODA SU INTEGRIDAD...

“…ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE…
                                                      (Credo Niceno-Constantinopolitano, s. IV)                                                                                                                                                                                          

En referencia a una polémica suscitada por una religiosa dominica contemplativa en España acerca de la vida matrimonial de la Santísima Virgen María y San José

La religiosa dominica contemplativa argentina residente en Cataluña, sor Lucía Caram, muy conocida por sus expresiones contestatarias, dijo que la Virgen María y San José tenían una relación de “pareja normal”, que implicaba “tener sexo y tener una relación normal de pareja”.
En el programa televisivo español del 29 de enero de “Chester in love”, conducido por el periodista Risto Mejide, sor Caram aseguró que “la Iglesia durante mucho tiempo ha tenido muy mala relación” con el tema del sexo, y lo tuvo “un poco bajo la alfombra, y no era un tema tabú sino un tema que se consideraba sucio, oculto, y era la negación de lo que yo creo que es una bendición”.
En el caso de la Virgen María, dijo la religiosa dominica, entiende “que realmente sea muy difícil de creer, de asumir, el tema de la virginidad de María, y encima a San José, para demostrar que no había nada, normalmente lo dibujan viejo y con barba”.
“Entonces era el abuelo que estaba con… No. Yo creo que María estaba enamorada de José y yo creo que era una pareja normal”, dijo, y precisó queyo creo que lo normal, es tener sexo y tener una relación normal de pareja”.
Sobre la virginidad de María, dijo, “yo entiendo que cuesta de creer, que cuesta digerir, y muchas veces cuando se intenta explicar acaba sacando una carcajada de la gente porque hace poco creíble el mensaje”.
Para Lucía Caram, la Iglesia debería “haber presentado a María y a José de otra manera, y entender que es una relación madura de amor que se abre a la vida y que es capaz de gestar y secundar un proyecto de liberación, de salvación”.
Para Caram es necesaria una revolución y que empieza a haber una revolución (…) Porque las iglesias están vacías, el mensaje no tiene credibilidad”.




El periodista Sergio Rubín, en TN Noticias (canal de cable argentino), se refirió a dicha entrevista, diciendo que concede que los "creyentes" se enojen con la monja por sus dichos sobre la "normal" actividad sexual de María y José, pero que el centro del problema no son las perimidas fábulas de "la manzana" o de "la palomita" sino la histórica actitud retrógrada de la Iglesia respecto del sexo...

Ante semejante desatino, son muy oportunas las palabras del Arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca, que nos recuerdan la fe de siempre, que contiene verdades sagradas:



        “Ante las declaraciones de Sor Lucía Caram op, ampliamente difundidas por los medios de comunicación, según las cuales la Virgen María y San José habrían tenido relaciones sexuales, se recuerda a los fieles católicos que la virginidad perpetua de María es una verdad esencial de nuestro Credo.

       Por lo tanto, negarla o ponerla en duda, afecta directamente a nuestra fe, pues ello va contra la Sagrada Escritura (cf. Mt 1, 25; Lc 1, 26-38) y contra la Tradición unánime ratificada en innumerables ocasiones por el Magisterio de la Iglesia. Basta recordar lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo, ‘lejos de disminuir consagró la integridad virginal’ de su madre.

       La Liturgia de la Iglesia celebra a María como la ‘Aeiparthenos’, la ‘siempre-virgen’” (n. 499). Y también: “María ‘fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo, Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre’: ella, con todo su ser, es ‘la esclava del Señor’ (Lc 1, 38)” (n. 510)

       Se invita a los fieles a renovar su adhesión a la fe en toda su integridad y a crecer en el amor y la devoción a la Madre de Dios, desechando las enseñanzas confusas o contrarias que dañan la integridad de nuestro compromiso con Cristo, con la Iglesia y con su Madre Santísima”.

 
+ Alfredo Horacio Zecca,
por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica,
Arzobispo Metropolitano de Tucumán

San Miguel de Tucumán, 3 de febrero de 2017



De las letanías lauretanas (s.XIV)

Virgo prudentíssima. 
Virgo veneranda. 
Virgo prædicánda. 
Virgo potens. 
Virgo clemens. 
Virgo fidélis. 
Speculum iustitiæ. 
Sedes sapiéntiæ. 
Causa nostræ laetítiæ.

SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Ora pro nobis!




28 de enero de 2017

DE LA MARAVILLOSA PINTURA CUZQUEÑA


SANTO TOMÁS DE AQUINO
Un "lienzo votivo"


Nuestro tiempo, tan racional y relativista,
donde dominan los sentimentalismos subjetivos, 
tiene necesidad de su luminosa enseñanza imperecedera,
que armonizó con excelencia la fe y la razón






SANTO TOMÁS DE AQUINO,
PATRONO DE LA UNIVERSIDAD DEL CUSCO,
Pintura de la escuela cusqueña, C. 1690 - Museo de Arte de Lima


El mural de la escuela cuzqueña que se muestra arriba y que se exhibe en el Museo de Arte de Lima presenta al Doctor Angèlico con alas de ángel y de su pluma brotan rayos de sabiduría que destruyen a la serpiente de siete cabezas que ataca al conocimiento verdadero (simbolizado en el unicornio)

En su mano sostiene a la  Iglesia y una Custodia (porque, al decir de San Juan Pablo II “la Iglesia vive de la Eucaristìa”)

Esta pintura, de grandes dimensiones, fue encargado a artistas cusqueños en un momento crítico de la Universidad del Cusco, cuya existencia peligraba por las presiones del Obispo del Cusco Manuel de Mollinedo y Angulo. Es un “lienzo votivo”, destinado a solicitar la protección del santo patrono de la institución



Santo Tomás de Aquino aparece triunfante, aplastando a la Hidra de herejía. En el fondo, los dos jardines dispuestos simétricamente simbolizan la universidad. Las cintas de oro y las inscripciones reflejan la ortodoxia tomista profesada por esta institución. A la derecha se obsevan a San Pedro y San Pablo y, arriba de ellos, a la Inmaculada.

LUMEN ECCLESIAE


SANTO TOMAS DE AQUINO, Doctor de la Iglesia

“El más docto entre los santos
y el más santo entre los doctos”
(Beato Pablo VI)



Llamado “Doctor Angelicus” por su pensamiento lúcido y certero, que fundamenta en el “ser y no en el parecer”, y en la “necesidad de la gracia divina en la vida de los hombres”.

En la Encíclica FIDES ET RATIO, el Papa San Juan Pablo II escribe:

“La fe y la razón son como las dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la Verdad”. Y el Aquinate es doctor insigne proclamado por la Iglesia por su doctrina sólida y perdurable, también para nuestro tiempo tan racionalista….

De la oración colecta de este día:

Dios nuestro,
que hiciste de santo Tomás de Aquino
un modelo de santidad y de doctrina,
concédenos la gracia
de comprender sus enseñanzas
e imitar sus ejemplos.

Lumen Ecclesiae,
Doctor veritatis,
Aquam sapientiae.


Ora pro nobis!

22 de enero de 2017

PARA FORMAR HOMBRES Y APÓSTOLES: Pensar a dónde voy y a qué...

UNA LUCHA NO FÁCIL
EMPEÑARSE EN AHONDAR EN EL INTERIOR Y PLANEAR SOBRE LAS CUMBRES


Los Ejercicios Espirituales siguen siendo una tarea indispensable para re-ordenar la vida interior del hombre. 
La Encíclica MENS NOSTRA del Papa Pío XI (20 de diciembre de 1929) tiene una actualidad impresionante y explica con claridad meridiana la necesidad de los Santos Retiros.
Frente a la ligereza, irreflexión, disipación continua y vehemente, insaciable codicia de riquezas y placeres, debilidad y extinción en las almas del deseo de bienes más elevados, enredo, y servidumbre en las cosas temporales que impide a las almas levantarse a las Verdades eternas.
Aquí un resumen de la misma.
        

A QUIÉN VA DIRIGIDA LA ENCÍCLICA “MENS NOSTRA”

Esta Encíclica, escrita por el Papa Pio XI,  se dirige a todo el mundo —Urbi et Orbi— pero de un modo especial a los Obispos, guías y formadores del Pueblo de Dios y de sus conciencias. Está dirigida a quienes son capaces de profundizar y ascender en orden al espíritu y de proyectar o promover esa ascensión espiritual en todos los niveles.

Pero está dirigida con carácter especial al hombre de la sociedad moderna, cuya modernidad consiste en la búsqueda del mayor goce con el menor número de renuncias; para el hombre moderno superficial y vacuo, que asume como filosofía de la vida la superficialidad de su propia existencia.

La característica de este hombre moderno es la huida de Dios y luego de sí mismo. Muy pronto apagará la luz de la conciencia, dominado por el temor cobarde a una conciencia que llama y grita.

Este hombre moderno no es el que plasmó Dios. Este hombre moderno es hijo de la insensatez, dominado por constantes contradicciones, y cuya razón de ser parece estar encubierta en la palabra “nada".

Por desgracia el hombre de la mentira, de la vacuidad de la existencia es el hombre universal. Su raza no se extingue.

El Documento del Papa es un llamado a este hombre universal a quien quiere despertar de su sopor enervante y hacerlo volver a la seriedad de la vida, a la responsabilidad de la existencia; para quien vivir sea cumplir un destino, asumir una misión, responder con grandeza al don de la vida.

La voz del Papa quiere restaurar en el fondo de cada corazón la jerarquía de valores que han de ser vividos como una opción absoluta.

CÓMO REHACER AL HOMBRE

La riqueza y la grandeza del ser humano parten de su vida racional. La gracia lo inserta en Dios y en sus Misterios; hace del hombre partícipe de Dios.

Esta vida racional entra en juego mediante las potencias del alma: inteligencia y voluntad. Facultades o potencias que crecen con su actividad y hábitos propios, y se perfeccionan en la medida en que se dan y entregan a la Verdad y al Bien. Verdad y Bien que constituyen el absoluto de Dios.

Según el lenguaje bíblico el hombre que asienta su vida sobre arena, construye en vano. Construye sobre la mentira y sobre el mal. De este modo degrada sus potencias y se hace un hombre infrahumano, que vive en la pesada y lúbrica atmósfera de un submundo. Los hábitos malos esclerosan la conciencia, invierten a todo el hombre. Es difícil restaurar al hombre por cuanto al huir éste de sí mismo torna imposible su cambio interior.

Pero todo este proceso no acaba ni muere con el individuo. El área de la mentira y del mal se extiende y afirma, cristalizada en una civilización del confort, del placer, del hedonismo degradante, del pecado sin escrúpulo, de la moral permisiva hasta llegar a esta terrible transmutación de llamar mal al bien y bien al mal, a la mentira verdad y a la verdad mentira.

EL DIAGNÓSTICO

Para este hombre moderno Pío XI tiene un diagnóstico terminante y claro; diagnóstico vertido en palabras objetivas y concretas, diagnóstico ordenado a liberar al hombre de su fatal enervamiento. Y el diagnóstico es el siguiente: el mundo, el hombre, está enfermo, muy enfermo de gravísima enfermedad. El Papa desciende a la raíz de las cosas y a su razón de ser. Enfatiza con vigor y rigor el mal contemporáneo.

Estas son sus palabras: “La gravísima enfermedad de la edad moderna, y fuente principal de los males que todos lamentamos, es esa ligereza e irreflexión que lleva extraviados a los hombres. De aquí la disipación continua y vehemente en las cosas exteriores; de aquí la insaciable codicia de riquezas y de placeres que poco a poco debilita y extingue en las almas el deseo de bienes más elevados, y de tal manera las enreda en las cosas temporales y transitorias, que no las deja levantarse a la consideración de las verdades eternas, ni de las leyes divinas, ni; aun del mismo Dios, único principio y fin de todo el universo creado".

Este solo párrafo de la Encíclica la contiene toda. Cada palabra ocupa su justo lugar, lleva intacto su particular contenido y despeja toda duda.

El inmediato sucesor de Pío XI, Su Santidad Pío XII, ha expresado esto mismo en síntesis genial: Todo se ha perfeccionado menos el hombre". Por otro camino llega a la misma enfermedad del hombre.

El párrafo de Pío XI señala, a través de varios substantivos, la autogénesis del mal y esa terrible degradación progresiva que lleva a la autodestrucción.

He aquí un elenco:
Ligereza, irreflexión, disipación continua y vehemente, insaciable codicia de riquezas y placeres, debilidad y extinción en las almas del deseo de bienes más elevados, enredo, y servidumbre en las cosas temporales que impide a las almas levantarse a las Verdades eternas.

Esta gravísima enfermedad del espíritu es hija del pecado y de la subversión de valores. Su enfermedad llega a la incapacidad de resistir; los tóxicos son tan fuertes como la misma enfermedad.

Cuando las facultades racionales del hombre no son puestas en acción, es decir, cuando el ser humano no habla, ni piensa, ni ama, ni escruta la invisible realidad de las cosas, ese modo de actuar del hombre es infraracional. Las potencias del alma se oxidan, el universo sigue rodando como rueda que rueda en el vacío, sin introducir ni aportar nada, a excepción de su estéril movimiento.

Pensar en sí mismo es fácil. Pensarse a sí mismo es difícil y duro. Para pensarse a sí mismo el hombre debe descender y llegar a los senos más profundos del alma y arrancarse a sí mismo su propio secreto: “Soy esto que soy".

La inmanencia rige el orden de la vida. Cuanto más elevada es una vida, más es inmanente. Dios vive ad intra de un modo eminente y absoluto. Se conoce y se ama desde su interior y hacia su interior. De manera semejante, invita al hombre —su creatura— a entrar en las sendas interiores del espíritu, para que se conozca, sepa quién es, descubra para qué vive, hacia dónde proyecta su personalidad, hasta que finalmente se sienta copartícipe con Dios de una misma vida.

LA RUTA HACIA DIOS

El ejercicio de las potencias tiene su cima y su cumbre en Dios, Verdad sobre toda verdad y Bien sobre todo bien. Cada uno de nosotros tiene que dar una respuesta a la invitación divina de subir más alto. O, si se quiere, cada uno de nosotros debe renacer —nacer de nuevo—, pero renacer llevando en sí mismo la imagen viva de Dios.

Para este renacer no son suficientes las fuerzas humanas. Se necesita el poder infinito de la gracia que por su propia naturaleza tiende a la perfección del hombre.

La expresión más acabada de este proceso es la SANTIDAD. Santo y perfecto se identifican. Alcanzar la santidad es la meta, el fin al que debe tender toda vida cristiana, cuyo ordenamiento debe responder esencialmente el fin último del hombre.

Todos los grandes procesos interiores necesitan una clara noción del fin y una voluntad férrea para lograrlo. Pero, además, los procesos que cambian el corazón de raíz, los que conducen a su vez al Corazón de Dios, son hijos y brotes de la oración. Esta es la llave maestra que abre el Corazón de Dios y el del hombre y establece entre ambos una inagotable corriente de vida divina, de sangre transformadora y nutriente.

En el orden de las “gracias fuertes” —aquellas gracias que renuevan o hacen renacer al hombre— la gracia de la oración es quizás la primera después del bautismo. La oración nos introduce en el fecundo silencio de Dios, pero nos introduce también en un abismo de luz, a cuyo resplandor es fácil discernir los grandes valores o las efímeras apariencias que defraudan cualquier ansia de ascensión espiritual.

Séanos lícito repetir una vez más cuánto peso llevan las palabras bíblicas: mentira y verdad, mal y bien. Para el hijo de la mentira, mentir, corromper, le es esencial o al menos necesario. El hijo de la verdad tiene el poder sagrado de participar de Dios, porque Dios es Verdad y es Amor.

El hijo de la verdad vive la verdadera escala de valores. Piensa, juzga, ama, es hombre en la medida en que esa escala se convierta en el principio y fin de toda su existencia. Desde esa escala de valores aprende a pensar, a ordenar el interior, a discernir el valor de las cosas, a jugarse entero por los grandes bienes.

LA RESPUESTA DEL BIEN Y DE LA VERDAD

A la gravísima enfermedad y fuente de todos los males, opone Pío XI la irrupción de bienes que bajan al corazón del hombre, cuando el hombre “busca de veras a Dios". Es la antítesis del mal que había señalado. He aquí sus palabras:

“Al obligar al hombre al trabajo interior del espíritu, a la reflexión, a la meditación, al examen de sí mismo, es maravilloso el desarrollo que da a las facultades humanas; de tal manera que en esta insigne palestra del espíritu la razón aprende a pensar con madurez y ponderar equilibradamente las cosasla voluntad se fortalece en gran medidalas pasiones se sujetan al dominio de la razón, la actividad, unida a la reflexión, se ajusta a normas fijas y sensatas, y toda el alma resurge a su nobleza y excelsitud nativas“.

Párrafo tan denso debe ser meditado hasta arrancarle su más profundo contenido, el misterio de las cosas en orden a sí mismo y en orden a Dios.

LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

Aprender a pensar, a guardar silencio interior, buscar la soledad de espíritu y anclar en ella, amar con ese amor que es más fuerte que la muerte, es obra de hombres que han tomado en serio el por qué de la existencia.

El hombre que ha restituido en sí mismo la imagen viva de Dios se ha desposado con la Verdad y con el Bien. En él ha nacido el santo. Siente la necesidad de penetrar en todos los abismos y planear sobre todas las cumbres.

Ahora se siente libre, feliz poseedor de sí mismo, ansioso de realizar proezas por su Dios. El fin último de su vida, la razón de su existencia se ha logrado. Está bebiendo la copa de la paz.

La historia de las almas santas, empleando éste u otro lenguaje, nos hace vislumbrar el vacío, la necedad, la superficialidad, la vacuidad de un alma que vive de afuera para afuera. Los santos, por su parte, son clara y terminante reacción a la superficialidad humana. Obran desde adentro para adentro.

El Señor nos ha dicho que vino al mundo para traer la guerra y no la paz, la violencia y no la inercia. Nos ha querido decir con esto que la vida espiritual, la que Él trajo al mundo, exige lucha. Al esfuerzo por reordenar el interior se lo llama Ejercicios Espirituales.

Ejercicios Espirituales por cuanto se empeñan en la doble dimensión del alma: hacia la profundidad de los abismos y hacia la altura de las cumbres, obra de la oración y del silencio, pero también obra de una lucha a sangre y fuego contra las concupiscencias. Destacamos el poder absoluto de la oración; esa nobleza espiritual que importa el trato y la convivencia con Dios.

Todos estos héroes disciplinaron sus vidas con la oración, azotes, ayunos, trabajos apostólicos, cumplimiento del deber de estado. Y se convirtieron en transfusores de santidad. De los Santos brotaron santos. Floreció el desierto.

A esta no fácil lucha, a este constante vigilar las operaciones y los movimientos del alma llamamos Ejercicios Espirituales.

Estas dos riquísimas palabras son capaces de elevar a toda una generación, a todo un mundo. Pueden producir una revolución espiritual.

De hecho la han producido. Y por esas ironías de la gracia, el instrumento para esta revolución espiritual es un pequeño libro: el libro de los Ejercicios según la mente de San Ignacio de Loyola o Ejercicios Ignacianos.

Vienen superando desde hace siglos las pruebas de fuego: pero doctrina y método quedaron intactos.

Su autor es Dios. Su instrumento San Ignacio de Loyola. Todo el libro está impregnado de noble grandeza espiritual.

Lo que fue y sigue siendo para la doctrina de la Iglesia la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, en orden a la ascética cristiana lo son los Ejercicios de San Ignacio de Loyola.

De entrada ubican al hombre frente a una ley metafísica: el Principio y Fundamento. O sea, el fin del hombre. Acaban con la contemplación para alcanzar amor, punto final y término del vivir humano.

Como el mundo moderno no se entiende a sí mismo ni comprende al hombre, menos entiende el supremo principio ordenador que son los Ejercicios. En medio de tanta confusión no faltan quienes aseguran que ya pasó el siglo de San Ignacio y que el libro de los Ejercicios Espirituales es una pieza de museo.

Sin embargo nos salvará la Suma Teológica y nos salvará el libro de los Ejercicios.

Monseñor + Adolfo TORTOLO
Arzobispo de Paraná

Para leer completa y en castellano esta Encíclica ver el siguiente enlace oficial:

https://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19291220_mens-nostra.html#_ftnref5