Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

15 de junio de 2018

NO NEGOCIABLES

TRES PRINCIPIOS "NO NEGOCIABLES"



El magisterio del Papa Benedicto XVI posee un bagaje sobreabundante de temas, que el extraordinario Papa teólogo ha tratado con solidez y precisión, abriéndonos el precioso tesoro del depósito de la fe cristiana con una meridiana claridad y convicción.

Es interesante recordar, en estos días, los tres "principios no negociables" (como llamó el Papa Ratzinger) que los laicos no pueden desconocer, y donde no es válido argumentar su legitima autonomía en la atención de los asuntos temporales.


Y estos tres principios, que valen tanto para los políticos como para los ciudadanos votantes, los repitió muchas veces a lo largo de su pontificado. Como, por ejemplo, ante los políticos de la Comunidad Europea (2006), al recibir las cartas credenciales del embajador argentino Juan Pablo Cafiero (2008) y ante los obispos argentinos en su visita Ad Limina (2009).

Estos tres postulados innegocialbles son:

1. La protección de la vida de todo ser humano, en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción en el vientre materno hasta su muerte natural;

2. El reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como la unión estable entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa ante los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel social insustituible;

3. La defensa y el respeto del derecho de los padres a educar a sus hijos.

En estos puntos, el político o ciudadano que claudique o los deje librado a falsos consensos, será pasible de romper la comunión eclesial y abdicar de sus compromisos bautismales propios.

Si bien no son verdades de fe, son valores inscritos en la naturaleza humana y comunes a todo el bien de la humanidad, sin distinción de credos o culturas. Su renuncia o menoscabo será causa de disolución, discordias y enfrentamientos que pesará sobre el entramado social, impidiendo una paz duradera.

13 de junio de 2018

DOCTOR EVANGÉLICO


San Antonio de Padua,
consejos sobre la centralidad de Jesucristo



"Si predicas a Jesús, 
Él ablanda los corazones duros;

si lo invocas, 
endulzas las tentaciones amargas;

si piensas en Él, 
te ilumina el corazón;

si lo lees, 
te sacia la mente"

Sermones Dominicales et Festivi III, p. 59.

12 de junio de 2018

UN CRIMEN ABOMINABLE (Concilio Vaticano II)

El llamado “rey del aborto” y su testimonio. 

El “eclipse de la razón”.


Pasos para legalizar el crimen del aborto
(consejos del Dr. Natahnson):
  1. Hacerse con los medios de comunicación y falsificar estadísticas;
  2. jugar la carta del anticatolicismo;
  3. ignorar la evidencia científica.

El doctor Bernard Nathanson (1926- 2011) fue un médico neoyorkino que, de “rey del aborto” como se lo llamó, se convirtió en uno de los más importantes defensores de la vida humana desde la concepción.
Lo llamaban así porque practicó más de setenta mil abortos y porque fue uno de los que más promovió los cambios legislativos a favor del aborto en Estados Unidos a comienzos de los años setenta.
Nathanson estudió medicina en Montreal y su padre fue un destacado médico ginecólogo/obstetra. Siendo estudiante se enamoró de Ruth, una joven judía con quien tenía planes de matrimonio. La joven se quedó embarazada y cuando Bernard le escribió a su padre para consultarle la posibilidad de contraer matrimonio, éste le envió cinco billetes de cien dólares junto con la recomendación de abortar. Bernard convenció a Ruth para que abortase.
Conoció entonces el siniestro mundo del aborto y cuando acabó sus estudios se dedicó plenamente a ello. Años después, en 1968, fundó junto con otras personas una importante Fundación (la Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes de Aborto, llamada NARAL Pro-Choice America) para revocar las leyes contra el aborto en Estados Unidos, y en 1973 ya lo habían conseguido. Trabajó con Betty Friedan y otros por la legalización del aborto en los Estados Unidos. Sus esfuerzos tuvieron éxito en el caso Roe versus Wade, en el cual se reconoció el derecho al aborto inducido.
"He abortado —se lamentaría amargamente años después— a hijos de amigos, colegas, conocidos e incluso profesores. Llegué incluso a abortar a mi propio hijo (…) Mi mujer quería seguir adelante con el embarazo pero me negué y yo mismo realicé el aborto”.
Pero poco a poco las cosas empezaron a cambiar. Una nueva tecnología, los ultrasonidos, irrumpió en el ámbito de la medicina.
Un día pudo observar el corazón del feto en los monitores electrónicos y comenzó a plantearse por vez primera "qué era lo que estábamos haciendo verdaderamente en la clínica". Decidió reconocer su error en un artículo en la revista The New England Journal of Medicine y aquello provocó una enorme reacción. Tanto él como su familia recibieron incluso amenazas de muerte.
Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se concretó a través de evidencias científicas.
Como científico no creo, yo sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción”, escribió en 1992.
Se reconoció como responsable directo de la muerte de 75.000 niños no-nacidos. Abandonó la industria del abominable crimen del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente a través de dos películas, “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de la vida del niño no-nacido en todo el mundo.
En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el crimen abominable del aborto.
En 1996, el Dr. Nathanson, judío de nacimiento, fue bautizado en la Iglesia Católica por el Cardenal John O’Connor, en la catedral de San Patricio de Nueva York.
Carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992):
“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.
Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.
  • 1. Nuestro primer gran logro fue dominar los medios de comunicación; les convencimos de que la causa proaborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que, en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto. Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en USA. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.
El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanas convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.
Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en USA. Y el número de anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más.
  • 2. La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo. Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del "malvado" principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los permanentes repiqueteos de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.
  • 3. La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.
Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida?
En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.
Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.
Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?
Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores y empresas que practican el aborto.
Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas y un enorme negocio.
Es un acto de mortífera violencia.
Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.
Como científico no creo, yo sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada, creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”.
Dr. Bernad Nathanson

Santa Gianna Beretta Molla
Ora por Argentinae!

9 de junio de 2018

COR MARIAE IMMACULATUM



 “MARÍA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN”

De los Sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo

(Sermón 8, En la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María: Opera 2, Venecia 1751, 38-39)



Pintura de la Basílica porteña del Espíritu Santo


       María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.

    Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.

    Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón. En el que Cristo el Señor entra de buen grado.




Santa María, Madre de Dios

en este día

ruega por nos.


Cor Mariae Immaculatum

Ora pro Nobis!



4 de junio de 2018

LLEGANDO EL INVIERNO


Breve cuento y corolario 
“La última golondrina”



Una golondrina llegó tarde a la cita otoñal. Sus hermanas ya habían partido buscando un clima más templado. ¿Qué hacer? Se lanzó al mar ella sola. El sol brillaba con fuerza. No se divisaba ninguna nave donde poder descansar por unos minutos..

Después de varias horas le faltó el ánimo y decidió dejarse caer al agua y así morir.

En ese momento vio otra golondrina que planeaba casi a ras de mar en su misma dirección. Se alegró y, sacando fuerzas de flaqueza, luchó para no caer muerta.

Cada vez que se sentía cansada, miraba a su fiel compañera, que la seguía en todo su trayecto, y de esta manera volaba con más fuerza.

Llegó la noche y la golondrina amiga desapareció, pero la meta estaba ya muy cercana.

Se dijo entonces:

—¿Dónde estás, amiga de viaje?: ¿O tal vez sólo has sido mi propia sombra proyectada sobre el agua del mar?


COROLARIO


La vida es un arduo camino para hacerlo sólo. Siempre es bueno ir acompañado por si las fuerzas nos flaquean. Podrá haber ocasiones, como en el caso de esta golondrina, en el que parte del trayecto lo tendremos que hacer solos: una enfermedad, una desgracia, la pérdida de un ser querido. En esos momentos nos sentiremos abandonados y sin fuerzas.

Pero siempre tendremos un recurso: acudir a Cristo. Ya nos lo dijo Él: “Vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados que Yo les aliviaré”.

El saber que Cristo recorrió antes nuestro mismo camino; el saber que Cristo también nos acompaña ahora en el nuestro; y junto a Cristo, su Madre y los santos, nos dará fuerzas para no sentirnos solos.

Sigamos en su compañía y nuestras noches no serán tan oscuras. Ellos harán el camino junto a nosotros, nos mostrarán un motivo de esperanza para seguir luchando y nos conducirán a feliz puerto, donde encontraremos nuestro descanso.

3 de junio de 2018

EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS DOMINI


SACERDOTES SANTOS Y NUMEROSOS PARA QUE NUNCA NOS FALTE EL CORPUS CHRISTI


El cardenal arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, adora el Corpus Domini al concluir la procesión del Corpus Christi en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Catedral Metropolitana.


Porque es infinitamente bueno, «Dios es amor», Deus caritas est (1 Jn. 4,8). 
Porque Dios es amor es infinitamente bueno. 
Y porque es amor infinitamente bueno difunde su propia bondad: bonum est diffusivum sui.

A partir de estas premisas, podemos definir 
las cuatro revelaciones fundamentales del amor que Dios nos tiene.

Primera, la Creación.
Siendo infinito en el ser, la bondad, la belleza, Dios existe desde toda la eternidad y no tiene ninguna necesidad de las criaturas. Las pone en la existencia, las hace pasar de la nada al ser, movido por un amor inmensamente bueno, que crea las criaturas para que participen de su ser y bondad. Por puro amor y bondad, gratuitamente, las crea y las conserva en el ser: por puro amor y bondad, en Él «vivimos y nos movemos y somos» (Hch 17,28). Ésta es la primera y permanente declaración del amor que Dios nos tiene.
Y el hombre es amor, al ser en el mundo visible, el único ser creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gén 1,26). Por eso el hombre es hombre en la medida en que ama a Dios, a los hermanos, a la creación. Por el contrario, el hombre que no ama, o que ama poco y mal, apenas es hombre: es una falsificación del ser humano verdadero, una caricatura del hombre. Y en esta trágica condición pecadora caen Adán y Eva y toda la humanidad, que de ellos reciben una naturaleza humana herida.


Segunda, la Encarnación del Hijo divino.
El hundimiento del hombre en el pecado de Adán y Eva no tiene remedio por medios naturales: «pecador me concibió mi madre» (Sal 50). El hombre nace afectado de una enfermedad mortal, de la que él, con sus propias fuerzas, no puede salvarse. Por eso San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: «vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados… pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo: de gracia habéis sido salvados» (2,1.4-5). Ésta es la segunda declaración del amor que Dios nos tiene, preparada en nuestro mundo en la historia de la salvación iniciada por Dios en Abraham.
«El Verbo era Dios… Todas las cosas fueron creadas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho» (Jn 1,1.3). «Él es la imagen [visible] del Dios invisible, el Primogénito de toda criatura; porque en Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles… Todo fue creado por Él y para él. Él es antes que todo, y todo subsiste en él» (Col 1,15-17). El Verbo encarnado, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por obra del Espíritu Santo se hizo hombre en las entrañas virginales de María para, como un segundo Adán, iniciar una «nuevo creación», a la que se accede por el agua y el Espíritu Santo en un «segundo nacimiento», que nos da ser «nuevas criaturas».

Tercera, la muerte de Cristo en la Cruz.
El Hijo eterno del Padre, «nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios verdadero, por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo. Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado» (Credo). El Verbo encarnado «no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, sino que se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres… Se humilló, hecho obediente [al Padre] hasta la muerte, y una muerte de Cruz» (Flp 2,6-8). Ésta es la tercera declaración del amor que Dios nos tiene, una declaración que se perpetúa en la Liturgia del la Eucaristía, pues ésta hace siempre actual el Sacrificio de la Cruz en nuestros altares (Pablo VI, Mysterium fidei, 1965).

Cuarta, la Eucaristía, el Corpus Christi.
Resucitado al tercer día y ascendido a los cielo, el Cristo vencedor del pecado y de la muerte, del mundo y del demonio, se queda con nosotros para siempre en la Eucaristía, en modo visible/invisible, hasta que vuelva con nosotros finalmente en la Parusía. Es una «locura de amor» inefable: mysterium fidei. En ella da cumplimiento fiel a su palabra: «Yo estaré con vosotros siempre, hasta la consumación del mundo» (Mt 28,20). «Éste es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros: haced esto en memoria mía» (Lc 22,19). «Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Xangre está en Mí y Yo en él» (Jn 6,55-56). Ésta es la cuarta y definitiva declaración del amor que Dios nos tiene. Recordémoslo cada vez que recibimos la comunión: «–El cuerpo de Cristo. –Amén».

¿Quién nos da el Cuerpo de Cristo?
El Padre celestial. Lo dice Jesús claramente: «es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (Jn 6,32). Es el Padre, el que «tanto amó al mundo, que le dió su Unigénito Hijo» (Jn 3,16): lo dió en Belén, lo dió en la Cruz, lo da en la Eucaristía. «Pudiera ser que alguno muriera por uno bueno. Pero Dios probó [mostró, demostró, garantizó, reveló, declaró] su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8).
El Verbo encarnado, nuestro Señor y Salvador Jesucristo: Él «entrega su cuerpo y su sangre» en sacrificio de expiación para nuestra salvación (Lc 22,19). «Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,14).
El Espíritu Santo. «Por obra del Espíritu Santo», se realiza en la Virgen María la encarnación del Verbo, Y «por obra del Espíritu Santo» obra Dios la transubstanciación eucarística del pan y del vino en el cuerpo y la sangre del Salvador Jesucristo. Consiguientemente en la Misa, en la epíclesis, antes de la consagración, el sacerdote pide al Padre: «te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que sean el Cuerpo y la + Sangre de Jesucristo, nuestro Señor» (Pleg. euc. III).
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, que nos dan el Corpus Christi. Cuando vamos a comulgar, sobre todo, reconozcamos en la fe con toda gratitud que es la Santísima Trinidad la que nos da el pan vivo bajado del cielo.

La Santísima Virgen María nos da el Cuerpo de Cristo, que durante nueve meses se ha formado en su seno por obra del Espíritu Santo. Así ha venerado y adorado siempre la Iglesia el sagrado cuerpo de Cristo. Es la fe católica que se expresa muy bien en el Pange lingua, el himno litúrgico compuesto por Santo Tomás de Aquino (+1274) para la nueva solemnidad del Corpus Christi.
Corporis mysterium… nobis datus, nobis natus, ex intacta Vírgine… El misterioso Cuerpo del Cristo glorioso nos ha sido dado, nos ha nacido, de la Virgen inmaculada. Tengámoslo muy presente cuando en la Misa nos acercamos a comulgar: este pan vivo que recibo de la Santísima Trinidad nos ha sido dado, nos ha nacido, de la Virgen inmaculada: nobis natus ex intacta Virgine. Ella nos ha dado el Corpus Christi. Ella, que tantas veces comulgó antes de su Ascensión, nos ayude a recibirlo con una fe y un amor semejantes a los suyos.

La Santa Madre Iglesia es la que nos hace posible la comunión eucarística del Cuerpo vivificante de Jesucristo. Es ella, como Madre, la que da a sus hijos este alimento sobrenatural perfecto, esta medicina que tiene fuerza santificante para sanar todas las enfermedades del alma.

La Iglesia nos asegura el verdadero Corpus Christi por medio de sus sacerdotes ministros. Si no hay sacerdotes, no hay Eucaristía, no hay Sacrificio de alabanza y expiación, no hay Pan vivo celestial que baje a nuestros altares. Demos, pues, gracias a Dios que, como nos dice el Vaticano II hablando de los presbíteros,
«… siendo el solo Santo y santificador, quiso tomar a hombres como compañeros y ayudadores que le sirvieran humildemente en la obra de la santificación. De ahí que los presbíteros son consagrados por Dios, a fin de que, hechos de manera especial partícipes del sacerdocio de Cristo, obren en la celebración del Sacrificio [eucarístico] como ministros de Aquel que en la liturgia ejerce constantemente, por obra del Espíritu Santo, su oficio sacerdotal en favor de nosotros» (Presbyterorum ordinis 5).

Pidamos, pues, a Dios que suscite en la Iglesia sacerdotes santos y numerosos, de modo que nunca nos veamos privados del Corpus Christi, del Pan vivo bajado del cielo.

José María Iraburu, sacerdote


25 de mayo de 2018

VIVAT DEUS, UNUS ET TRINUS, IN CORDIBUS NOSTRIS


EL "THRONUM GRATIAE"

Vitral de la Basílica del Espíritu Santo en Buenos Aires

Un ejemplo del arte cristiano, 
concebido con belleza y profunda simbología.



            La Basílica del Espíritu Santo presenta una planta en forma de cruz latina. En la intersección de la Nave Longitudinal y la Nave Transversal, se encuentra el Crucero. Este espacio se alza hasta la Bóveda central, en cuya cúspide se eleva un cimborrio que permite apreciar un doble efecto arquitectónico. Favorecer la iluminación interior y resaltar al exterior el punto de encuentro de las naves.





         En la breve linterna de este cimborrio se distingue un vitral o roseta que se ilumina naturalmente mediante una lucarna circular que aporta luz y ventilación desde el exterior, donde se eleva el cupulín que remata en su aguja con una veleta a los cuatro vientos.






         En el óculo central de este vitral se simboliza, por sobre todo el conjunto iconográfico de la Basílica, a DIOS UNO Y TRINO, ALFA Y OMEGA. Fue diseñada por el renombrado vitralista francés Gustave Pierre Dagrant.


            A finales de diciembre de 1906 la firma DAGRANT de Burdeos, Francia, concluyó y embarcó hacia Buenos Aires los vitrales, oportunamente encomendados para concluir la ornamentación iconográfica del templo del Espíritu Santo, diseñada por el Padre Arquitecto de la Congregación del Verbo Divino, R.P. Juan Beckert, svd.

            Es evidente que, al proyectar la magnífica Basílica, su talentoso arquitecto colocó este vitral en este lugar –el más alto del templo, luego de las torres-campanario- con una clara enseñanza. En la cúspide de las Bienaventuranzas se encuentra el “Trono de la Gracia”, hacia donde deben ir dirigidas las mentes y los corazones de los fieles reunidos en la celebración de la Sagrada Eucaristía.

         San Arnoldo Janssen encabezaba sus cartas con el lema: VIVAT DEUS, UNUS ET TRINUS, IN CORDIBUS NOSTRIS, fruto de su gran devoción a la Santísima Trinidad, heredada de sus mayores.




            La temática de este vitral es conocida con el nombre de Thronum Gratiae. La clara impronta sajona de esta imagen sagrada, surge especialmente en el alto Medioevo, hacia el siglo XII. 

            Hay muchas pinturas, tallas y códices miniados que representan este icono, y es evidente que estaba en la mente y en la espiritualidad de San Arnoldo Janssen, impulsor de la Basílica del barrio de Palermo. 

          Aquí copiamos seis ejemplos de la multitud de imágnes del Thronum Gratiae a lo largo de los siglos:



Miniatura del Misal de Cambrai, c 1120


Österreichischer Meister,Austria, 1410


Retablo de la Wiesenkirche de Soest, Westfälischer Meister (Maestro de Westfalia),(1260-1270)


Trinidad, de Alberto Durero (1511), óleo de 135 × 123 cm conservado en el Kunsthistorisches de Viena


Tron Laski, c 1500




Gnadenstuhl del Gertraudenhospital de Anfang, siglo XVI.





Gnadenstuhl barroco del coro de la Asamkirche de Múnich, 1733–1746.


         En el caso de la Basílica del Espíritu Santo se trata de un vitral diseñado en forma de roseta, que se organiza, primariamente, con un óculo central propiamente figurativo y hagiográfico. Representa la tradicional disposición trinitaria vertical 'en altura' Padre, Hijo y el Espíritu Santo entre ellos. Todo el conjunto está inscripto sobre un fondo de un vívido azul celeste, color también presente en los siete ventanales del ábside central de la Basílica. Esta cromía ha sido referenciada por expertos como "bleu Dagrant", lo que parece indicar que el genial vitralista había creado un azul particularmente reconocible.

  Finalmente, ese círculo central está rodeado por una corona concéntrica. Su composición es geométrica, bordeada por dos circunferencias de perlas. Está constituido por ocho paneles trapezoidales curvos que se concatenan formando la silueta de una estrella de 12 puntas ornamentada con un patrón de motivos vegetales, lóbulos, follajes y florones multicolores.