Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

21 de junio de 2019

QUI HOC AD AETERNITATEM?


SAN LUIS GONZAGA
novicio jesuita italiano (1568-1591)


El texto latino hace referencia a una expresión habitual de San Luis, cuando debía hablar o decidir: 

"¿QUÉ VALE TODO ESTO PARA LA ETERNIDAD?".

Era hijo de una familia noble italiana, que estaba al servicio del rey español Felipe II. Desde niño manifestó una gran piedad y vida mística. Estando en Madrid, la lectura de los libros del dominico Fray Luis de Granada lo llevaron a ingresar en el noviciado jesuita en Roma.

En 1560-1593 la peste hizo estragos en la ciudad eterna, causando miles de muertes, entre ellas la de los papas Sixto V, Urbano VII y Gregorio XIV. Luis atendió con heroísmo a los enfermos, y en el hospital improvisado por los jesuitas junto a la iglesia del Gesú, contrajo la enfermedad y falleció a los 23 años, sin haber sido ordenado sacerdote.

Fue declarado por el Papa Pío XI Patrono de la juventud católica, por la heroicidad de sus virtudes, especialmente su pureza, su ascética personal y su ardiente caridad.

La estampa de abajo posee los dos símbolos que caracterizaron a San Luis: la inocencia (el lirio) y la penitencia (la calavera). En la banda, está escrito el texto latino que era su lema (explicado arriba).



De la oración colecta de este día:

Dios nuestro, autor de todo bien,
que has querido unir en san Luis Gonzaga
una admirable inocencia de vida
y un austero espíritu de penitencia,
concédenos, por su intercesión,
que si no hemos sabido imitarlo en su vida inocente,
lo sigamos en el camino de la penitencia.


SANCTUS ALOYSIUS GONZAGA
Ora pro nobis!




Detalle de un cuadro español de San Luis Gonzaga, donde se muestran sus dos atributos ascéticos: la inocencia y la penitencia, junto a la corona de la santidad.


20 de junio de 2019

LA IMPORTANCIA DEL ORDEN DE APROBACIÓN DE LOS DOCUMENTOS DEL VATICANO II


La Liturgia no se hace para nosotros, sino para Dios


En una conferencia pronunciada en el año 2000 acerca de la “Eclesiología de la  Lumen Gentium”,
el entonces cardenal Ratzinger señaló
que su "tesis de fondo" al respecto era esta:

"el Vaticano II quiso claramente insertar y subordinar el discurso sobre la Iglesia al discurso sobre Dios; quiso proponer una eclesiología en sentido propiamente teo-lógico".

Y continua diciendo el cardenal: "la acogida del Concilio hasta ahora ha omitido esta característica determinante, privilegiando algunas afirmaciones eclesiológicas; se ha fijado en algunas palabras aisladas, llamativas, y así no ha captado todas las grandes perspectivas de los padres conciliares".

“Algo análogo se puede decir a propósito del primer texto que aprobó el Vaticano II: la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada Liturgia.

Al inicio, el hecho de que fuera la primera se debió a motivos prácticos.

Pero, retrospectivamente, se debe decir que, en la arquitectura del Concilio, tiene un sentido preciso: lo primero es la adoración. Y, por tanto, Dios.

Este inicio corresponde a las palabras de la Regla benedictina: "Operi Dei nihil praeponatur".

II. La constitución sobre la Iglesia -Lumen Gentium-, que fue el segundo texto conciliar, debería considerarse vinculada interiormente a la anterior.

La Iglesia se deja guiar por la oración, por la misión de glorificar a Dios.

La eclesiología, por su naturaleza, guarda relación con la Liturgia.

III. Y, por tanto, también es lógico que la tercera constitución -Dei Verbum- hable de la Palabra de Dios, que convoca a la Iglesia y la renueva en todo tiempo.

IV. La cuarta constitución –Gaudium et spes- muestra cómo se realiza la glorificación de Dios en la vida activa, cómo se lleva al mundo la luz recibida de Dios, pues sólo así se convierte plenamente en glorificación de Dios.

Ciertamente, en la historia del posconcilio la Constitución sobre la Liturgia no fue comprendida a partir de este fundamental primado de la adoración, sino más bien como un libro de recetas sobre lo que podemos hacer con la Liturgia.

Mientras tanto, los creadores de la Liturgia, ocupados como están de modo cada vez más apremiante en reflexionar sobre cómo pueden hacer que la Liturgia sea cada vez más atractiva, comunicativa, de forma que la gente participe cada vez más activamente, no han tenido en cuenta que, en realidad, la Liturgia se "hace" para Dios y no para nosotros mismos.

Sin embargo, cuanto más la hacemos para nosotros mismos, tanto menos atractiva resulta, porque todos perciben claramente que se ha perdido lo esencial".

Si volviéramos a tomar conciencia de que la Liturgia no se hace para nosotros, sino para Dios, ¡cuánto más fervor, alegría y fe encontraríamos en nuestras celebraciones!

Tomado del Blog “La escala de Jacob”



18 de junio de 2019

CORPUS DOMINI: BONI PASTOR, PANIS VERE...


LA IGLESIA VIVE DE LA EUCARISTÍA

Unos párrafos
de la Carta Encíclica del Jueves Santo 2003
de San Juan Pablo II, papa,
que expresa el núcleo del misterio eucarístico:
Sacrificio, Presencia y Banquete.



         La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra -en síntesis- el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única.

         Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

         Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es « fuente y cima de toda la vida cristiana ». « La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo ». Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

         Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del Misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen. En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su Sacrificio redentor, tenemos su Resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia?

        El Misterio eucarístico –sacrificio, presencia, banquete –no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: una, santa, católica y apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada.

         En el humilde signo del pan y el vino, transformados en su Cuerpo y en su Sangre, Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza y nuestro viático y nos convierte en testigos de esperanza para todos. Si ante este Misterio la razón experimenta sus propios límites, el corazón, iluminado por la gracia del Espíritu Santo, intuye bien cómo ha de comportarse, sumiéndose en la adoración y en un amor sin límites.

         Hagamos nuestros los sentimientos de santo Tomás de Aquino, teólogo eximio y, al mismo tiempo, cantor apasionado de Cristo eucarístico, y dejemos que nuestro ánimo se abra también en esperanza a la contemplación de la meta, a la cual aspira el corazón, sediento como está de alegría y de paz:

« Bone pastor, panis vere,
Iesu, nostri miserere... ».

“Buen pastor, pan verdadero,
oh Jesús, nuestra misericordia:
nútrenos y defiéndenos,
llévanos a los bienes eternos
en la tierra de los vivos.

Tú que todo lo sabes y puedes,
que nos alimentas en la tierra,
conduce a tus hermanos
a la mesa del Cielo
a la alegría de tus santos”.



17 de junio de 2019

LA LENGUA


DE LOS CLÁSICOS GRIEGOS
Las fábulas de la antigua Grecia tienen un trasfondo ético notable
y sus enseñanzas morales son atemporales.

LA LENGUA


Esopo, considerado el padre de la fábula, era un esclavo frigio que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo.
Se cuenta que uno de sus amos, Xantus, le ordenó que fuera al mercado y le trajese el mejor alimento que encontrara. Esopo fue y compró solamente lengua y cuando Xantus le preguntó “¿Por qué lengua?”, Esopo respondió:
“Me pediste lo mejor, y traje lengua. La lengua es el fundamento de la filosofía y de las ciencias, el órgano de la verdad y la razón. Con la lengua se instruye, se construyen las ciudades y las civilizaciones. Se persuade y se dialoga. Con la lengua se canta, con la lengua se reza y se declara el amor y la paz. ¿Qué otra cosa puede haber mejor que la lengua?”
Tratando de probar su inteligencia, Xantus le dijo de nuevo:
“Trae del mercado lo peor que encuentres”; y Esopo trajo lengua de nuevo.
Cuando Xantus vio la lengua, lo reprendió, recordándole que le había pedido lo peor, y exigió una explicación. A lo que Esopo respondió:
“La lengua es la madre de todos los pleitos y discusiones, el origen de las separaciones y las guerras. Con la lengua se miente, con la lengua se calumnia, con la lengua se insulta, con la lengua se rompen las amistades. Es el órgano de la blasfemia y la impiedad. No hay nada peor que la lengua.”
La lengua es un arma de doble filo. Y siempre es mejor callar que hablar.


16 de junio de 2019

TIBI LAUS, TIBI GLORIA, TIBI GRATIARUM

EN EL DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Un homenaje a San Juan Pablo II



Que muestra su profunda piedad católica, 
con los nombres de tres de sus Encíclicas 
(de las catorce que escribió)
Todo un canto de alabanza a la Trinidad:

GLORIA AL PADRE
(DIVES IN MISERICORDIA)

GLORIA AL HIJO
(REDEMPTOR HOMINIS)

GLORIA AL ESPÍRITU SANTO 
(DOMINUM ET VIVIFICANTEM)


AL DIOS QUE ES, QUE ERA Y QUE VENDRÁ
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.


Tibi laus,
Tibi gloria,
Tibi gratiarum
actio in sæcula sempiterna,
O Beata Trinitas!


15 de junio de 2019

DEUS, UNUS ET TRINUS


SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



Concluido el tiempo pascual,
la Iglesia nos invita en este domingo
a invocar a “Dios Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo recibe una misma adoración y gloria”.

El Prefacio de hoy es una síntesis
de esta fe en el Dios uno y trino:

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno:

Que con tu Hijo único y el Espíritu Santo
eres un solo Dios, un solo Señor,
no una sola Persona,
sino tres Personas distintas
de una misma naturaleza.

Cuanto creemos de tu gloria, Padre,
porque Tú lo revelaste,
lo afirmamos también de tu Hijo
y del Espíritu Santo, sin diferencia alguna.

Por eso, al proclamar nuestra fe
en la verdadera y eterna Divinidad,
adoramos a tres personas distintas,
de única naturaleza e iguales en dignidad.

VIVAT DEUS, UNUS ET TRINUS
IN CORDIBUS NOSTRIS!


SAPIENTIAE


LA SABIDURÍA ES LA MODERACIÓN DEL ALMA

Escribe San Agustín en sus “Coloquios”:

Si me preguntáis qué es la sabiduría, os diré que es la moderación del alma, por medio de la cual conserva un equilibrio, sin explayarse demasiado ni limitarse en exceso:

  ü    Se explaya en demasía por la apetencia del poder, la soberbia, la lujuria y las demás pasiones del mismo género, con que las almas de los intemperantes y desdichados esperan obtener un disfrute y poder.

  ü   Se limita con el temor, la tristeza, la codicia, la avaricia y demás vicios por los cuales los hombres son desdichados e insatisfechos.

Cuando el alma contempla la sabiduría que ha descubierto, y cuando se mantiene unida a ella, sin que sea seducida por la vanidad ni por la mentira de las apariencias, no teme la intemperancia, ni a la indigencia, ni a la desdicha.






LA LITURGIA Y LAS ESTRELLAS



LITURGIAE ET STELLAS

Un texto de Romano Guardini que, poéticamente, parangona a la Liturgia con las estrellas



“La Liturgia
encierra dentro de sí
algo que nos invita
a poner la mirada y el pensamiento
en las estrellas,
que nos recuerdan
el giro inmutable y eterno
de sus órbitas,
y nos habla
de su orden acordado y armonioso,
y de su majestuoso y solemne silencio
en la inmesidad
por donde los astros discurren”.

(Romano Guardini,
“El espíritu de la Liturgia, cap. VII)



9 de junio de 2019

NO ENTRISTEZCAN AL ESPÍRITU SANTO



 No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado a ustedes con un sello para el día de la redención.
(Ef. 4,30)





Así exhortaba san Pablo a los cristianos de Éfeso. 
Entristecer al Espíritu Santo ha sido también la gran pena de los santos. Y así lo manifiesta esta conmovedora y hasta desgarradora súplica que el beato John H. Newman dirigía al Paráclito.

El Amor que el Espíritu Santo derrama con abundancia sobre nosotros, pobres pecadores, necesariamente toma la forma de una contrición humilde y profunda, agradecida y sublime.




“Te adoro, Señor Todopoderoso, Paráclito,
porque en tu infinita compasión
me has hecho entrar a esta Iglesia,
la obra de tu poder sobrenatural.

No pretendí de Ti tan maravilloso favor, que está por encima de cualquier otro en el mundo entero. Había muchos hombres mejores que yo por naturaleza, dotados con talentos naturales más agradables, y menos manchados con el pecado.

Sin embargo, en tu inescrutable amor por mí, me has elegido y traído a tu rebaño.

Tú tienes una razón para cada cosa que haces. Sé que debe haber habido una razón sapientísima, como decimos en lenguaje humano, para haberme elegido a mí y no a otro, pero sé que esa razón fue algo externo a mí mismo.

No hice nada por ella, sino todo contra ella. Hice todo para frustrar tu propósito. Y por eso debo todo a tu gracia. Debería haber vivido y muerto en la oscuridad y el pecado; debería haber llegado a ser cada vez peor cuanto más vivía; debería haber tenido que odiar más y abjurar de ti, fuente de mi bienaventuranza; debería haberme hecho cada año más apto para el infierno, y al final habría llegado allí, si no fuera por tu incomprensible amor por mí. Dios mío, ese amor arrollador me cautivó.

¿Ha habido alguna juventud tan impía como algunos años de la mía? ¿No te desafié, de hecho, a que hicieras lo peor?

Ah, cómo luché para verme libre de Ti.

Pero Tú eres más fuerte que yo y has prevalecido. No tengo una palabra que decir, sino doblegarme con temor reverencial ante las profundidades de tu amor» 

(John Henry Newman, 
Meditaciones y Devociones, Ágape, 2007, p.299).


8 de junio de 2019

ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR, Y RENOVARÁS LA TIERRA


SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS


Bóveda del ábside de la Basílica porteña del Espíritu Santo

      
    Concluyendo el tiempo pascual, la Iglesia conmemora la venida del Espíritu Santo, que confesamos en el Credo como “Señor y Dador de Vida” (Símbolo de la fe, año 381)

       La tercera persona de la Santísima Trinidad es quien impulsa y da el santo aliento.


     Es la Luz santísima que ofrece descanso en el trabajo, santa tregua en las fatigas, templanza de las pasiones, frescor en las horas de bochorno, alegría en nuestro llanto y santa paz en las aflicciones

         Este “dulce huésped del alma” nos regala sus dones:

don de sabiduría,
de entendimiento,
de consejo,
de fortaleza,
de ciencia,
de piedad
y de temor de Dios.



Con la oración colecta de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, rezamos:

Dios todopoderoso y eterno,
Tú has querido prolongar
la celebración del misterio pascual
durante cincuenta días;
haz que los pueblos dispersos se congreguen
y las diversas lenguas se unan
en la proclamación de la gloria de tu Nombre.



VENI CREATOR SPIRITUS!
VENI SANCTE SPIRITUS!







6 de junio de 2019

VENI SANCTE SPIRITUS! (NUEVA Y EXIMIA VERSIÓN MUSICAL)


SECUENCIA DE PENTECOSTES




Nave de la Basílica del Salvador, en Santiago de Chile,
en ruinas desde los devastadores sismos de 1985 y 2010

El sublime himno del siglo X que la Iglesia canta en Pentecostés, donde se expresa el deseo de la venida del Espíritu Santo, en una moderna adaptación musical de Pablo Coloma y la Fundación Canto Católico de Chile.

Abajo el texto para leer
mientras se escucha el video cuyo enlace es:


El video está grabado en la Basílica del Salvador de Santiago de Chile, imponente templo neogótico de 98 metros de largo y 37 metros de ancho, con una altura de 30 metros.

La obra se inició en 1871 y fue concluida en 1932.

Un terremoto en 1985 produjo serias grietas en su estructura oeste y caída de algunas bóvedas.

En el terremoto de 2010 se  agravó aún más la situación del edificio, pues destruyó parte del techo, un muro lateral y varios de los vitrales de cuatro metros que fueron traídos desde Múnich en el siglo XIX.

La espléndida melodía y voces, conjugadas con las imágenes devastadoras y la luz que surge del imponente vitral con la paloma del Espíritu Santo, conforman un gran acierto espiritual y de gran profundidad simbólica y religiosa. 

¡Cuánto bueno y noble puede hacerse con sólo ocho voces, 
sin ninguna parafernalia de ruido!



Ven, Espíritu Divino,
manda un rayo de tu lumbre
desde el cielo.

Ven, oh Padre de los pobres,
luz profunda en tus dones,
Dios espléndido.

No hay consuelo como el tuyo,
dulce huésped
de las almas,
mi descanso.

Suave tregua en la fatiga,
fresco en horas de bochorno,
paz del llanto.

Luz santísima penetra
por las almas de tus fieles
hasta el fondo.

Qué vacío hay en el hombre,
qué dominio de la culpa…
sin tu soplo.

Lava el rastro de lo inmundo,
llueve Tú nuestra sequía,
¡ven y sánanos!

Doma todo lo que es rígido,
funde el témpano,
encamina lo extraviado.

Da a los fieles que en ti esperan
tus sagrados siete dones
y carismas.

Da su mérito al esfuerzo,
salvación e inacabable alegría.
Amén





5 de junio de 2019

CHOCANDO CONTRA UNA PREDICACIÓN SECULARIZADA Y SINCRETISTA



 EL CRISTOCENTRISMO
EN LOS PADRES DE LA IGLESIA


Composición de iconos de Padres de la Iglesia latina y griega

        Destaca poderosamente en los Padres sin excepción el anuncio o predicación de Jesucristo, Señor y Salvador, “mejor del cual nada existe” (S. Ignacio de Antioquía). Para ellos el centro de toda predicación cristiana que se precie es Jesucristo, Hijo de Dios, que verdaderamente se encarnó, nació, murió por nosotros y resucitó según la carne, y es constituido Señor de todo, del cielo y de la tierra. Hablan de Él con pasión, con entusiasmo, con fuerza. Nada puede sustituir en ellos la predicación sobre Cristo, sus misterios y su redención.  

         Sería inútil buscar en los Padres otro núcleo de su predicación ni otros centros o ejes de gravedad. Nunca lo sustituirían por una aproximación humana o histórica a “Jesús de Nazaret”, un “creyente”, un “buscador de Dios” o un simple “hombre ejemplar”, que nos llevase “a lo divino”, entendido genéricamente como “trascendencia”. Sería inútil buscar ese lenguaje, que no es cristiano ni eclesial, en los Padres; es más, a quienes lo propusieron –desde el arrianismo o las corrientes gnósticas- la réplica fue brutal y clara. ¡No permitían los Padres que se alterase o que se desfigurase el Misterio de Jesucristo! Era intocable.

            Su pasión por Jesucristo los llenaba, y anunciaban a Cristo y defendían la verdad sobre Jesucristo, definida en los dogmas de los diferentes Concilios ecuménicos. Había que mostrar el mismo y único Misterio de Jesucristo a cada generación y no modelar un Jesús al gusto de cada generación o de cada corriente filosófica. Esto lo hicieron muchos herejes en su momento y se construyeron su propio Jesús partiendo de sus propios principios filosóficos o ideológicos, un intento errado de llegar al “Jesús de Nazaret histórico”.

            Pero tampoco, en otra dirección, omitirían el anuncio de Jesucristo y su consideración por temas universales que a todos les gustase y fuesen “políticamente correctos”; ellos no hablarán de buscar la paz del Imperio o de las naciones por encima de la verdad y la justicia; tampoco se dedicarán exclusivamente a hablar del cuidado de la tierra y del “ecologismo” o de “la madre tierra”; ni tampoco, por ejemplo, omitirían a Cristo para hablar del “diálogo” o de la “solidaridad” entre todos al margen de la verdad como si la verdad fuese la fuente del conflicto y todo se solucionase con el irenismo. Ellos, decididamente, hablarán de “falsas religiones” o de “falsas filosofías” porque sólo la verdad engendra paz y justicia.

            Evidentemente, los Padres chocan con la predicación buenista y ciega de hoy, la predicación secularizada y en gran medida sincretista. ¡Chocarían y hasta se escandalizarían escuchándonos muchas veces!

            Confrontando nuestro presente con la Tradición, vemos cuán distinto es el tono hoy, la sustitución cristológica por el buenismo moral y la solidaridad… una pobreza que daña al pueblo santo de Dios. El futuro que hemos de construir nos lo marcan los Padres: anunciar íntegro, y con amor, el misterio de nuestro Salvador Jesucristo.

p. Javier Sánchez Martínez