Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

18 de marzo de 2022

ANTE LA GRAVE CRISIS DE LA IDENTIDAD DEL VARÓN

  SAN JOSÉ, EL VARÓN JUSTO
19 DE MARZO

 

Un magnífico Himno litúrgico, compuesto hace pocos días,

que aúna las estrofas de Laudes y Vísperas.

Las tres primeras son las correspondientes a la oración matutina

y las tres últimas a las vespertinas.

 

En vísperas de la Solemnidad de San José,

es recomendable leer su texto y saborear su profunda teología,

tan importante en estos tiempos 

de una grave crisis de la vocación del varón:


EL VARÓN JUSTO

 

 

        Porque fue varón justo,

        le amó el Señor,

        y dio el ciento por uno su labor.

 

El alba mensajera

del sol de alegre brillo

conoce ese martillo que suena en la madera.

La mano carpintera

madruga a su quehacer,

y hay gracia antes que sol en el taller.

 

Cabeza de tu casa

del que el Señor se fía,

por la carpintería la gloria entera pasa.

Tu mano se acompasa

con Dios en la labor,

y alargas tú la mano del Señor.

 

Y, pues que el mundo entero

te mira y se pregunta,

di tú como se junta

ser santo y carpintero,

la gloria y el madero, la gracia y el afán,

tener propicio a Dios y escaso el pan.

 

Humilde magisterio

bajo el que Dios aprende:

¡Que diga, si lo entiende,

quien sepa de misterio!

Si Dios en cautiverio se queda en aprendiz,

¡aprende así la casa de David!

 

Sencillo, sin historia,

de espalda a los laureles,

escalas los niveles más altos de la gloria.

¡Qué asombro hacer memoria,

y hallarte a tu ascensión tu hogar, tu oficio

y Dios como razón!

 

Y, pues que el mundo entero

te mira y se pregunta,

di tú como se junta

ser santo y carpintero,

la gloria y el madero, la gracia y el afán,

tener propicio a Dios y escaso el pan.

 


PARA ESCUCHAR ESTE HIMNO CON SU MELODÍA:

 

https://youtu.be/X9F5LYMzSn4

 

 

12 de febrero de 2022

FRENTA A LA LARGA "SUSPENSIÓN DEL PRECEPTO DOMINICAL"

 “SINE DOMINICO NON POSSUMUS”

“Sin reunirnos el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir”

En estos tiempos de distanciamiento social por la epidemia,
y frente a la larga “suspensión del precepto dominical”
-decretada hace dos años (marzo de 2020)-
es bueno recordar el ejemplo de estos mártires

En Abitina, pequeña localidad cercana a Cartago de la actual Túnez, en el siglo IV,
49 cristianos fueron sorprendidos un domingo
mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix,
celebraban la Eucaristía, desafiando así las prohibiciones imperiales.


DOS COMENTARIOS DE BENEDICTO XVI:

EN BARI, DE LA HOMILÍA DEL 29 DE MAYO DE 2005:

“Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el procónsul Anulino. Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto cristiano Emérito dio al procónsul que le preguntaba porqué habían transgredido la severa orden del emperador.
Respondió: “Sine dominico non possumus”; es decir, “sin reunirnos en comunidad el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir”. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias para no sucumbir.
Después de atroces torturas, estos 49 mártires de Abitina fueron asesinados. Así, con la efusión de la sangre, confirmaron su fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo resucitado”.


DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINODAL
“SACRAMENTUM CARITATIS” (2007)

“A principios del s. IV, el culto cristiano estaba todavía prohibido por las autoridades imperiales. Algunos cristianos del Norte de África, que se sentían en la obligación de celebrar el día del Señor, desafiaron la prohibición.
Fueron martirizados mientras declaraban que no les era posible vivir sin la Eucaristía, alimento del Señor: sine dominico non possumus (Acta SS. Saturnini, Dativi el aliorum plurimorum martyrum in Africa. 7.9.10) Que estos mártires de Abitinia, junto con muchos santos y beatos que han hecho de la Eucaristía el centro de su vida, intercedan por nosotros y nos enseñen la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado.
Nosotros tampoco podemos vivir sin participar en el Sacramento de nuestra salvación y deseamos ser iuxta dominicam viventes, es decir, llevar a la vida lo que celebramos en el día del Señor. En efecto, este es el día de nuestra liberación definitiva. ¿Qué tiene de extraño que deseemos vivir cada día según la novedad introducida por Cristo con el misterio de la Eucaristía?” (n.95)




FOTO: Mosaico bizantino de la Multiplicación de los Panes y los Peces (alrededor del año 480), que representa una cesta de pan flanqueada por dos peces. Se encuentra debajo de la mesa del altar en la “Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces”, en la orilla noroeste del Mar de Galilea cerca de la localidad de Tabgha, Israel.

1 de enero de 2022

LAUDIBUS IN SANCTIS (1591)

 

  UN EJEMPLO DE LA MÚSICA SACRA INGLESA DEL SIGLO XVI

 

Muy apropiado escucharlo y leer su texto en este final de la Octava de Navidad. 

Y saber que ya hace 400 años había música que cantaban católicos y protestantes, por encima de sus divisiones religiosas.



El compositor inglés William Byrd  (1543-1623) representa el pináculo de los logros artísticos en el período Tudor: un compositor prolífico y versátil en prácticamente todos los géneros, su música se podía escuchar en las grandes catedrales, en capillas privadas, en la corte y en la creación de música amateur doméstica. 

 

De hecho, la calidad de su producción incluso trascendió las amargas divisiones religiosas de la época, y su música fue admirada e interpretada por protestantes y católicos romanos por igual. 

 

En el video de abajo puede escucharse "Laudibus in sanctis" (1591) una paráfrasis estilizada del Salmo 150. Esta obra muestra a Byrd como un maestro absoluto del nuevo estilo de finales del siglo XVI: lleno de madrigalismos, utiliza la síncopa rítmica, configuración de palabras onomatopéyicas, y una sección de triple compás en la que la música rompe en danza.

 

Lo interpreta magistralmente el conjunto vocal inglés de jóvenes voces llamado VOCES8.

 

 

EN LATÍN

 

Laudibus in sanctis Dominum celebran supremum,
Firmamenta sonent inclita facta Dei.
Inclita facta Dei cantate, sacraque potentis
Voce potestatem saepe sonate manus.

Magnificum Domini cantet tuba martia nomen,
Pieria Domino concelebrate lira.
Laude Dei, resonantia tympana summi resonante,
Alta sacri organa resonente laude Dei.

Hunc arguta canant tenui psalteria corda,
Hunc agili laudet laeta chorea pede.
Concava divinas effundant cymbala laudes,
Cymbala dulcisona laude repleta Dei,
Omne quod aetheris in mundo vescitur auris,

Halleluia canat, tempus in omne Deo

EN CASTELLANO


Celebra al Señor Altísimo en santas alabanzas:
Dejemos que el firmamento se haga eco de las gloriosas obras de Dios.
Cantad las gloriosas hazañas de Dios, y con santa voz
proclama a menudo el poder de su mano poderosa.

Que la trompeta guerrera cante el gran nombre del Señor:
Celebren al Señor con la lira de Pierian.
Que resuenen panderos resonantes en alabanza del
Dios Altísimo,
Órganos elevados repiquen en alabanza del Dios santo.

Él dejó que los salterios melodiosos cantaran con cuerda fina,
Él dejó que la danza alegre alabara con pie ágil.
Que los platillos huecos derramen alabanzas divinas,
platillos de dulce sonido llenos de la alabanza de Dios.
Deje que todo en el mundo que se alimenta del
aire del cielo
Canten Aleluya a Dios para siempre.


https://youtu.be/fp_2mfpZ2XE

 

24 de diciembre de 2021

MAGNUM MYSTERIUM

 

EN LAS VÍSPERAS DE LA NAVIDAD

 

Unos versos espléndidos

de uno de los más grandes poetas argentinos:

el catamarqueño Juan Oscar Ponferrada (1908-1990).

 

Para leer con detenimiento,

saboreando la maravilla de nuestro idioma español,

que el poeta hace brillar con su sublime pluma,

escrito en el año 1965.

 

Una manera brillante de adentrarse poéticamente

en el "Magnum Mysterium"

del Verbo de Dios hecho hombre para nuestra redención,

que recuerda la antífona antíquísima "Rorate coeli":



COMO LA FLOR DEL ROCIO

 

Del cielo bajó el Amor

en una noche de frío

como la flor del rocío

cayendo sobre otra flor.

 

I 

Aquella noche pasaron
cosas que nunca se vieron;
las estrellas florecieron
y las flores alumbraron;
las bestias se humanizaron
y hubo un parto sin dolor;
un gran Rey se hizo pastor
y un Pastor se hizo cordero,
y en ese dulce entrevero
del cielo bajó el Amor.


II

Nada se puede igualar
a un milagro verdadero;
Él vuelve plata el lucero
y dulce el agua del mar.
Milagro es poder parar
el tiempo, la sangre, el río
y hacer Dios su labrantío
en el pobre barro humano
y dar Trigo del verano
en una noche de frío.


III

Brillaba la noche aquella,
y ardía como ninguna
porque esa noche la luna
al sol encerraba en ella…
Vino como una doncella
temblando de amor el frío
sobre la escarcha del río
donde el hielo se quemaba,
como la flor del rocío.


IV


Flor del rocío caía
sobre el cáliz de una rosa.
¡Qué lluvia tan silenciosa
y el cielo entero llovía!
De este modo se cumplía
la promesa del Creador
de pagarnos con amor
todo el dolor que le dimos.
Y ésa fue la flor que vimos

cayendo sobre otra flor...



(la foto corresponde a la llamada "flor del rocío" que abre sus pétalos cuando el vapor de agua se condensa en pequeñas gotitas y sale el sol)


 

18 de diciembre de 2021

TOTA PULCHRA: LA PREPARACIÓN A LA LLEGADA DEL REDENTOR

La sublime y antiquísima antífona mariana,

TOTA PULCHRA,

en su brevedad y belleza,

nos anuncia la llegada del Redentor.

 

En la plenitud de los tiempos,

una Mujer dará a luz al Hijo de Dios.

 

Lo cantan los cuatro hermanos alemanes Gerstner,

que componen el conjunto musical HARPA DEI,

que se dedican con nobleza a la música sagrada.


 

En la armonía de la melodía gregoriana,

en la gran calidad de las voces

y en la impecable interpretación,

se exalta a quien nos dio al Autor de la Vida.

 

Estos jóvenes coreutas tienen como finalidad:

 

"contribuir a rescatar y crear sensibilidad

hacia la tradición musical de la Iglesia universal,

que –en términos del Concilio Vaticano II—

“constituye un tesoro de valor inestimable,

que sobresale entre las demás expresiones artísticas.” (Constitución Sacrosanctum Concilium).


https://youtu.be/N_oknR9l33g

25 de noviembre de 2021

NON NOVA, SED NOVITER

LA BÚSQUEDA FRENÉTICA DE LA NOVEDAD EN TODAS LAS COSAS


Un párrafo muy actual de una Encíclica del Papa Benedicto XV (1914-1922), sucesor de San Pío X y antecesor de Pío XI.

Se trata de AD BEATISSIMI APOSTOLORUM, su primera Carta Encíclica, escrita al comenzar la Primera Guerra Mundial.


“...Así se engendraron los monstruosos errores del modernismo, que nuestro Predecesor llamó justamente síntesis de todas las herejías y condenó solemnemente.

 

Nos, venerables hermanos, renovamos aquí esta condenación en toda su extensión.

 

Y dado que tan pestífero contagio no ha sido aun enteramente atajado, sino que todavía se manifiesta acá y allá, aunque solapadamente, Nos exhortamos a que con sumo cuidado se guarde cada uno del peligro de contraerlo [...]

 

Y no solamente deseamos que los católicos se guarden de los errores de los modernistas, sino también de sus tendencias o del espíritu modernista, como suele decirse; el que queda inficionado de este espíritu rechaza con desdén todo lo que sabe a antigüedad y busca con avidez la novedad en todas las cosas:

 

§  en el modo de hablar de las cosas divinas,

§  en la celebración del culto sagrado,

§  en las instituciones católicas

§  y hasta en el ejercicio privado de la piedad.

 

Queremos, por tanto, que sea respetada aquella ley de nuestros mayores:

 

“Que nada sea innovado, si no es en el sentido de la tradición” (Nihil innovetur, nisi quod traditum est); la cual, si por una parte, ha de ser observada inviolablemente en las cosas de fe, por otra, sin embargo, debe servir de norma para todo aquello que pueda sufrir mutación, si bien aún en esto vale generalmente la regla: Non nova, sed noviter (no novedades, sino de un modo nuevo)”.

 

Benedicto XV,

Ad Beatissimi Apostolorum, 1-11-1914.



Escudo del Papa Benedicto XV


 

22 de noviembre de 2021

EL OBISPO, CUSTODIO DE LA TRADICIÓN

 

UN BRILLANTE ARTÍCULO DE UN JOVEN OBISPO NORUEGO 

El semanario inglés THE TABLET (un periódico fundado en 1840 por un cuáquero convertido al catolicismo en Londres) publica hace unos días atrás, un excelente artículo escrito por el joven obispo noruego de la diócesis más boreal del mundo (Trondheim, Noruega)

El obispo es Erik Varden (en la foto). Noruego de 47 años, nacido luterano, que se convirtió al catolicismo de joven, estudió teología y filosofía en Cambridge, se hizo monje cisterciense de estricta observancia, trapense, y fue abad, en Inglaterra, de la abadía de Mount Saint Bernard en Leicestershire. También estudió en Roma en el Pontificio Instituto Oriental y enseñó durante algunos años en el Pontificio Ateneo Sant’Anselmo.

El Papa Francisco lo nombró obispo de Trondheim (una diócesis en el extremo norte de Noruega)  y el 3 de octubre de 2020 recibió la sagrada ordenación en la catedral de la ciudad, la primera desde la Reforma Protestante en el siglo XVI. 

Sobre una población de 700.000 habitantes, en un vasto territorio, hay 16.000 católicos (2 %), en su mayoría inmigrantes de muchos países del mundo, como en una tierra de misión.


EL OBISPO, CUSTODIO DE LA TRADICIÓN.


DEPOSITUM CUSTODI


Lumen Gentium, la espléndida Constitución sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, describe el oficio del obispo mediante significativos títulos. Si eres un obispo, estos títulos también son bastante intimidantes. Entonces, se le dice, que es usted un "pastor de la Iglesia" (n. 18), un "sucesor de los Apóstoles" (n. 18), "el principio visible y fundamento de la unidad' en su diócesis" (n. . 23), "el administrador de la gracia del sacerdocio supremo" (n. 26) y mucho más. En un Motu proprio reciente, el Santo Padre hizo hincapié en un adjetivo adicional. Nos recordó que un obispo es "traditionis custos" ("un custodio de la tradición'). Por esa definición, yo, obispo novicio, estoy agradecido. 

Es tentador, cuando se le asigna un cargo así, pensar que mucho depende de usted. El Papa Francisco nos recuerda que este no es el caso. Un obispo no es más que un eslabón de una cadena larga, larga, que se conoce con el nombre de "tradición". En latín, "traditio" indica el acto de transmitir algo. Un obispo encargado de la custodia de la tradición debe asegurarse de que continúe la transmisión. Mira hacia atrás con atención, gratitud y gracia para recibir lo que le es entregado; mira hacia adelante con expectación, deseando transmitir, sin menoscabo, el tesoro que le ha sido confiado momentáneamente. 

"Sin disminuir" no es sinónimo de "sin cambios"; aún así, se requiere precaución. No debo reducir el patrimonio universal a un producto de mi preferencia. Cuando el Concilio nos instó -con lo que presumiría llamar énfasis cisterciense- a volver a las fuentes, fue con miras a restaurar la plenitud donde las opciones particulares se habían impuesto en la restricción y habían estrechado espacios amplios. 


El ejemplo de Isaac

Vivir, trabajar y orar como enseñó el Concilio es ser como Isaac, ese misterioso Patriarca. Dejó pocas palabras para el registro, hizo pocos actos monumentales. Aún así, su ejemplo es notable. Sin preocuparse por dejar una huella propia, "Isaac cavó de nuevo los pozos de agua que se habían cavado en los días de Abraham, su padre; porque los filisteos los habían tapado después de la muerte de Abraham; y les dio los nombres que les había puesto su padre ”(Génesis 26:18). 


Una anécdota de monseñor Giovanni Battista Montini

Pienso a menudo en un incidente en la vida de Giovanni Battista Montini, más tarde Papa, ahora santo, Pablo VI. Habiendo sido designado para la sede de Milán, Montini tuvo una audiencia con Pío XII. Cuando los dos hombres se despidieron, el anciano y enfermo Papa le dio al nuevo arzobispo este consejo: "Depositum custodi". Es una frase de sustancia. La noción de depositum fidei es antigua. Se refiere a la plenitud de fe contenida tanto en la Escritura como en la Tradición; representa aquello sin lo cual el cristianismo no sería en sí mismo. No es una noción estática. El depósito encontrará siempre nuevas formas de expresarse. Habla muchos idiomas. Es capaz de asumir diferentes formas culturales. Encontrar su articulación más auténticamente cristófora aquí y ahora es un desafío para cada generación de creyentes. Lo que importa es esto: no reducirlo a menos que él mismo. 

Montini sucedió al cardenal Schuster en la sede de Milán en 1954. Fue una época de confusión e incertidumbre. De esto Pío XII era más consciente que la mayoría. No le dijo a Montini que fuera un "disco rayado", que siguiera diciendo viejas verdades a la antigua. Conocía demasiado bien ese intelecto penetrante, ese sacerdote sensible. Lo que le dijo fue: ve a pastorear tu rebaño variado y disperso; encontrar palabras y gestos que puedan comprender, pero sin transigir; tenga confianza en que el depósito que le fue confiado desde antiguo contendrá el germen de respuestas que necesita para abordar las preguntas de hoy; vivir de ese depósito, profundizar en él y profundamente. Así explicó Montini las palabras del Papa en su discurso inaugural, que apuntaba a la tradición milenaria de la Iglesia como fuente de siempre nueva relevancia y originalidad.


El custodio de la tradición no es un anticuario

En estos días hay una tendencia en el exterior que busca reducir la "tradición" a un término de partidismo, algo que uno puede estar a favor o en contra. No tiene sentido. En el momento en que veo la "tradición" como un objeto, una posesión a mi alcance (ya sea para rechazarla o para preservarla celosamente), reduzco un proceso vivo a una cosa . Me asigno la tarea de un anticuario encargado de otorgar o rechazar órdenes de conservación. Eso es bastante diferente a ser un custodio. Hay una hermosa línea en el himno completo de la Iglesia. Pide al Hacedor de todas las cosas, ut solita clementia sis præsul ad custodiam. La custodia es una función de constancia en el indulto. Ejercitar no es no quedarse atrás sino seguir adelante. La palabra 'praesul', a menudo traducida como 'protector', significa literalmente 'alguien que salta o baila al frente', como el rey David ante el Arca (2 Sam 6: 14ss.). Debe haber energía humilde en la custodia y alegría agradecida. Cuidado con lo que hay detrás, nos hace aptos para seguir adelante. 

No hace falta decir que no todos estarán siempre de acuerdo sobre cómo llevar adelante la tradición. Hay lugar para una disputa constructiva y respetuosa. Siempre ha existido. Parte de lo que hace que la Iglesia sea católica es su capacidad de sostener la tensión, de esperar que las aparentes antítesis se resuelvan -por gracia, en caridad, no por compromiso- en síntesis. 

Hoy luchamos con este aspecto del catolicismo. ¿Por qué? En parte porque el ritmo de vida nos ha hecho demasiado impacientes para darle a cualquier proceso en todo momento el tiempo que necesita para funcionar. En parte porque somos víctimas del engaño peculiar y auto-engrandecedor del siglo XXI que supone que nuestros tiempos son categóricamente diferentes de todos los demás tiempos y, por lo tanto, siempre exigen medidas categóricamente nuevas. Nos vendría bien releer Eclesiastés. Y recordar una o dos lecciones de la historia de la Iglesia. Recientemente, el calendario litúrgico nos ofreció una de ellos.


El ejemplo de los Santos Ponciano e Hipólito

El 13 de agosto celebramos con toda la Iglesia la Memoria litúrgica de los Santos Ponciano e Hipólito. No todos los católicos tendrán una devoción espontánea por estos dos. Es una pena. Tienen mucho que enseñarnos. Ponciano fue obispo de Roma 230-35. La posición exterior de la Iglesia entonces era frágil, la tolerancia imperial intermitente. Por dentro, estaba dividido por desacuerdos relacionados con Orígenes. Ese incomparable teólogo había sido condenado por dos concilios alejandrinos cuyos edictos aprobaba Ponciano. También hubo disputas sobre el perdón de los pecados. ¿Hay personas irreparablemente más allá de los límites a causa de los actos que han cometido, ya sean de falta moral o relacionados con la apostasía? Los papas contemplaban cada vez más la reconciliación con la comunión a través de la penitencia. Esta política provocó fuertes respuestas. 

El principal de los críticos fue el sacerdote Hipólito. El distinguido diccionario de historia papal de Philippe Levillain se refiere a él como un "tradicionalista". Hipólito estaba empapado de pensamientos griegos. Orígenes, que lo escuchó predicar, lo admiró. Hipólito deploró lo que veía como actitudes laxas e irreflexivas por parte de la Iglesia jerárquica. Poco a poco movilizó una comunión alternativa. Si era de hecho, como a veces se afirma, un "antipapa" sigue siendo un punto discutible; pero ciertamente era una espina clavada en el costado del obispo legítimo de Roma. 

Cuando, en marzo de 235, Maximino "el tracio" accedió al trono imperial, quiso socavar la presencia cristiana en Roma. Pensó que una forma conveniente de hacerlo sería privar a la Iglesia de sus cabezas. Reconoció a dos: Ponciano e Hipólito. Así que los hizo arrestar a ambos y enviarlos a trabajos forzados en las minas de Cerdeña. Allí, los dos viejos oponentes se reconciliaron. Ambos reconocieron la sinceridad cristiana del otro a pesar de las diferentes opiniones sobre asuntos particulares. Ponciano, sintiendo que no viviría mucho a causa del trato que se le había dado, abdicó de su cargo, siendo el primer Papa en hacerlo. Murió en octubre de 235. Hipólito murió poco después. En uno o dos años, el Papa Fabián hizo que trajeran sus cuerpos a Roma. La Iglesia honra a ambos hombres como mártires: los celebramos con vestiduras rojas, en una sola fiesta, como si el testimonio de uno fuera incompleto sin el otro. 

La Oración colecta para la fiesta de los Santos Ponciano e Hipólito ofrece un texto muy rico para la meditación, quizás también para el auto-examen:

Patientia pretiosa iustorum tuæ nobis, Domine, 

quæsumus, impactum dilectionis acumulet, 

et in cordibus nostris sacræ fidei semper exerceat firmitatem. 


Que la preciosa paciencia 

[palabra dentro de la cual está incrustada la raíz latina 'passio'] 

de los justos, Señor, 

aumente en nosotros un apego sincero a tu amor; 

y que en todo momento se ejercite nuestro corazón 

en la firmeza de la santa fe.

 


El abad -dice la Regla de san Benito- debe sacar de su tesoro "lo nuevo y lo viejo". 

Surgen armonías inesperadas en un templo consagrado católico en su origen y desde la Reforma Protestante perteneciente a la Iglesia de Noruega. 

Sea testigo el magnífico órgano Steinmeyer en Nidarsodomen, Trondheim (en la foto) sede del Obispo que escribe esta nota.