Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

12 de mayo de 2018

ASCENSIÓN DEL SEÑOR



EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


En la cumbre del monte de los Olivos se encuentra el Edículo de la Santa Ascensión (s. IV) donde la tradición señala el lugar donde Cristo ascendió a los cielos.

Acercándonos a la culminación del tiempo pascual, a los cuarenta días de su Resurrección, el Señor asciende a los cielos (Hch.1,10)

Y la Iglesia canta gozosa, en la Liturgia de este día, unas estrofas plenas de significación:

“Renaciendo a nueva vida,
nos convida
a vivir -ya desde el suelo-
para el cielo:
es la gloria del Maestro,
triunfo nuestro:
surgiremos jubilosos
y gloriosos.”




En un ángulo del claustro románico del Monasterio de Santo Domingo de Silos (s. X) 
dos relieves que representan la Ascensión y Pentecostés.

10 de mayo de 2018

¡NO REPTEN!

"Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.  (Col 3, 1-2). 


Monte Tabor

Que Cristo descendió para ascendernos, 
se empobreció para enriquecernos, 
se humilló para elevarnos.

Que Dios se hizo hombre para divinizarnos, ¡no para humanizarnos!

¡No repten!, 
¡no se contenten con un cristianismo rastrero; 
¡remonten vuelo!, 
¡que han sido creados para las Alturas!”.

9 de mayo de 2018

CARIDAD Y FILANTROPÍA


LA FALSIFICACIÓN DE LA CARIDAD
El supuesto amor humano sin Dios es el peor enemigo del hombre, por lejos. Es el lobo con piel de cordero, la más aberrante denigración del hombre bajo el ropaje de dignificación.



"Para entender el cristianismo (en sus verdades y en sus bondades, en su doctrina y en su estilo concreto de vida) es imprescindible remontarse a las entrañas mismas del misterio íntimo de Dios. A los interiores de Dios, diría Vermeer; los adentros de Dios.

Como ante aquellas películas de trama muy intensa e intrigante, en que es crucial prestar mucha atención a los sucesos de los primeros minutos… pues si no, no se entiende nada, del mismo modo, quien no presta atención al Origen de nuestra Fe, no entenderá nada.

Un cristianismo sin Trinidad es como una gallina degollada, que sigue andando a los tumbos sin rumbo ni sentido ni sobrevida.

Nuestro Señor, en el capítulo XV de san Juan, lo pone en clave vitivinícola: un racimo de uva y el sarmiento que lo sostiene nada son sin la cepa de que provienen. Ella, la cepa, echando sus raíces en un suelo muy concreto, es la que hace posible el vino. No hay vida propia en la uva, ni hay vida propia del sarmiento: la vida de ambos es la vida de la cepa, de la vid.

Y tras expresarlo con la imagen del viñedo, lo dice del derecho, in recto, sin parábolas: es el amor interno de la Vida misma de Dios, es la inefable entrega irrestricta e infinita con que las Personas divinas se miran, se escuchan, se aman, se donan Unas a las Otras, es esa dinámica intratrinitaria la única Fuente del Amor verdadero.

La única usina de la Caridad.

“Fuera de la Iglesia no hay Salvación” porque “Fuera de la Trinidad, no hay Amor”.

Sólo porque Uno de la Trinidad, el Hijo, tomó nuestra Carne, nuestra carne tiene conexión, acople, injerto posible en esta Savia intradivina. Y así nos es posible lo, en principio, por completo imposible: que por mis venas corra este dinamismo de entrega con que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se aman Unos a Otros.

Ellos no hacen de mero “modelo a imitar”, no, no: el Amor de Ellos es el Flujo real y contundente que corre por mis pensamientos y sentimientos, mis pasiones y emociones, mi mente y mi corazón… si es que prendió el injerto.

Esa (y no otra) es la Caridad cristiana. Y si no es esa, es una quimera, un embuste, una impostura.

El drama tremendo y escalofriante es que “al amor le han usurpado su nombre”, en palabras de santa Teresa. Y hoy a cualquier sentimiento se le designa con el nombre de amor, o incluso a cualquier modo de filantropía o de afecto por las mascotas. El griego distingue bien tres términos diferentes para el cariño, para el afecto y para la caridad… que las lenguas actuales terminan homologando bajo el mismo término del amor, para confusión y caos de todos.

Y esto es tremendo pues el resultado es la falsificación más atroz del cristianismo. La más atroz por dos razones: por dar en el centro más meduloso de su identidad y porque la falsía, la falsificación está muy lograda: es decir, se le parece mucho. Como el más esmerado billete falso.

Y urge aquí la pregunta: ¿por qué es tan mala, tan perversa, una filantropía sublunar sin la Caritas intratrinitaria? ¿Acaso no puede ser un camino ascensional hacia Ella? O aunque no recorriera esa ascensión, ¿qué mal puede seguirse de un afable y gentil gesto de amor fraterno sin raigambre en el Amor de Dios?

Por un lado hay que decir que el primer problema es el de la “usurpación de nombre”. Que si la filantropía inmanente no tuviera pretensiones sobre la voz “caridad”, todo sería un poco más serio y justo. No obstante no se trata tan sólo de una guerra semántica, de un reclamo lingüístico.
Y es que ese racimo y ese sarmiento que no crecen desde el injerto, “dan uvas agraces”, como dice el Profeta. No es que tan sólo dé menos uva, sino que da mala uva, que envenena y hace caer los dientes todos, según grafica el Profeta.


Lo llamado a ser óptimo deviene pésimo.

Lo vemos, con escalofriante realismo empírico en la cultura actual, tan embanderada en la solidaridad y fraternidad... sin Dios.

Esa ONG pagana abocada a tareas de auxilio y asistencia al desvalido no es que “se quede a mitad de camino”, sino que toma otro camino, que conduce derecho al más oscuro y sórdido de los infiernos.

Sin el Amor divino, el “amor” fraterno, al poco de germinar y fructificar, se torna el más ponzoñoso de los venenos. No es casual que esa ONG nacida para consolar a los viejitos desamparados es la misma que termina inyectándoles aire defendiendo la eutanasia. No es mera coincidencia que la misma UNICEF que procura luchar contra la desnutrición infantil promueva matar a los niños en el vientre de sus madres.

Y esto mismo que ocurre con las instituciones es lo que se da en el corazón de cada hombre.

Va de nuevo: la filantropía sin Dios no queda a mitad de camino sino que cae en el abismo.

El Señor nos lo intenta decir mil veces, por activa y por pasiva, pero no hay caso, no lo entendemos. Hoy vuelve a la carga: ojo con la amistad humana, meramente humana. No está a medio camino sino descaminado. No es una verdad a medias sino una mentira. Como un billete falso no vale un poco menos que el verdadero, ni tan siquiera vale cero, sino que vale negativamente lo que un delito.

Ojo con la filantropía, con la acción social desgajada de la divina Cepa, pues no les dará un poco menos de uva, sino un vinagre que enferma y destruye.

Ni siquiera es un billete falso, sino una falsa billetera, diría Guide, que adultera todo cuanto se guarda en ella.

Los antiguos ya decían que la corrupción de lo óptimo es lo pésimo (corruptio optimi, pessima). La corrupción, la degeneración de la Caridad nos arroja en el más monstruoso de los escenarios posibles. Por eso, por encima de cualquier otra prevención y lucha, más que de tal o cual salvajada silvestre, nada debe alarmarnos más que el supuesto amor humano sin Dios: es el peor enemigo del hombre, por lejos. Es el lobo con piel de cordero, la más aberrante denigración del hombre bajo el ropaje de dignificación.

Volvamos incansablemente nuestros ojos al hondón mismo de la Vida interior de Dios, a esos Tres que en el mismo pulso con que se aman y entregan Unos a Otros irrigan la vida del Cuerpo de Uno de Ellos, que somos nosotros, minúsculos humanos injertados en el Amor Increado.

Amemos a Dios y al prójimo con el Amor de Dios derramado en nuestros corazones.

Lo demás, más que vanidad de vanidades, es atrocidad de atrocidades".

Diego de Jesús
6 de mayo 2018

Monasterio del Cristo Orante, Mendoza.


6 de mayo de 2018

PRELUDIO AL SILENCIO

VERSOS A UN AMADOR DEL SILENCIO

El brillante escritor argentino Leonardo Castellani hilvana unos versos muy profundos en su exilio de Manresa 
(escrito el 8 de agosto de 1948)




PRELUDIO AL SILENCIO

No gastes al tuntún más estampillas
-aquí llamadas sellos-
ni tinta, papel, pluma, sobre y fósforo 
¡oh amador del silencio!.


No gastes tu literatura
con quien no entras en entendimiento.


A los que oír no quieren, no les grites,
ni discutas con los que tienen miedo
de la verdad, que la verdad es cosa
tan escasa y valiosa en estos
bienaventurados
tiempos
que no hay que desperdiciarla
con los a ella poco abiertos,
con los que no la hambrean día y noche
con fauces de silencio,
con los que no sabían -ni sabrán-
que tenías corazón en el pecho.


Déjalos,
el mundo es grande y Dios es nuevo.

Algo tendrás que hacer ¡oh duro! antes
de morir cuando no te has muerto...
Déjales la satisfacción cumplida
de saber que eso
no ha sido
culpa de ellos,
déjalos que se pierdan de tu vista
y de tu recuerdo,
piérdete de una vez y para siempre
en el silencio,
honra a tu Dios con la total ofrenda
del tranquilo silencio,
encláustrate en el claustro
que ya sabes interno,
y haz en ti
el silencio
también -y ante todo-
para dentro.
No envidies más a los felices
a los que saben, con sus anestésicos
pasar al lado del humano dolor,
mecanizados y siniestros,
suscitando despegos a su paso,
o haciendo iniquidades sin saberlo
y se van de este mundo, como dicen
las mamás a los niños al mecerlos:
si eres malo ninguno te querrá
sin que nadie quiera quererlos.
Y tú te irás y falta poco
y quiera Dios que sin hacer daño
ni siquiera
a un perro.
Surgen tantos recuerdos de mi infancia
que temo
no ande la muerte cerca
—digo temo por no decir espero—

Cacé ayer una cigarra
en un pino
como en aquellos tiempos
cuando niño solito y algo chúcaro
andaba al sol y al céfiro
como en el montecito
de mi pueblo,
o cuando bandeaba
de oído y sin solfeo
la marcha número uno de Spreáffico,
clarinete primero,
en los días de campo
del colegio.

Y veo el rostro de mi madre
y el día en que besé a mi padre muerto
y me asaltan congojas infantiles
del niño que en lo oscuro tiene miedo
y un ansia inexplicable
de echarme en un regazo inmenso...
Bien: éstos son romanticismos
y no son ni siquiera versos
¿Existirá el regazo? Es muy probable
yo así lo creo.
Nunca lo he visto y
tengo sueño.
¿Sueño? Y aún, a ratos, tengo
lo que es más raro: sueños...
Leonardo Castellani


1 de mayo de 2018

EN EL DÍA DEL TRABAJO

UNA BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA CODICIA

La Iglesia siempre ha considerado la formación de las conciencias como una tarea principal de su misión evangelizadora. Y si bien es muy meritorio trabajar con los pobres, tanto o más necesario es enseñar el valor de las virtud sociales, que se nutre de la suma de hombres virtuosos.
Una de las causas principales de la pobreza en el mundo es la codicia humana, que deslumbra a muchos hombres, creando una sociedad egoísta siempre insatisfecha de bienes materiales, basada en un afán desmedido por poseer riquezas y en un individualismo que sólo mira los derechos propios sin importar los ajenos.

LA CODICIA, UNO DE LOS DEFECTOS DEL ALMA HUMANA QUE MÁS DAÑO HAN HECHO A LA HUMANIDAD

La codicia es el afán desquiciado de poseer riquezas para atesorarlas, sin importar los medios empleados para conseguirlas. Es un apetito desordenado de posesiones y el frenesí por obtener lo que se cree es provechoso, pero que no lo es, y que sirve solo para saciar las vanidades mundanas.
Las propuestas hedonistas de la sociedad actual motivan exacerbadamente las ganas de adherirse a lo material. El bombardeo publicitario y la competencia personal y social, acondicionan la mente para avivar las ansias y fascinaciones de obtener lo frívolo: continuos viajes sofisticados, mansiones, joyas, juegos de azar, comidas exóticas, posesión de aparatos electrónicos, ropa de moda, consumo de estupefacientes, bebidas embriagantes, servicios de confort sofisticados, entretenimientos vanos y otras expectativas de dispendio superfluo, no indispensables para vivir felices.
La ambición por todo eso, desespera a quienes las echan de menos. Los medios de comunicación y otras influencias extra sensoriales, las exhiben como imprescindibles. La competencia comercial estimula los instintos y por eso no se percibe la torpeza derrochadora. En la brega por adquirir lo ansiado, muchos transitan las veredas del mal, preñado de egoísmo y banalidad.
La avaricia es dañina, pues la vida se hace artificiosa. La ambición de comprar y ostentar, cimienta costumbres materialistas de existir y esclaviza a quienes padecen esos deterioros y al círculo familiar. El patrón de aprendizaje es que, para ser mejores, se debe tener de todo y alardear de ello.
La avaricia es difícil de superar en la etapa adulta, y la gravedad del mal se propagará en las sucesivas generaciones. Los descendientes serán esclavos del tener, pues para los avaros poder vivir bien, no deben tener restricciones sociales ni pobreza terrenal, y para atrapar ese objetivo es valedero cualquier medio.
La codicia es considerada como un pecado capital en la doctrina cristiana. En cualquier sociedad y época, han sido definida como un vicio, un vicio de lo más rastrero y repugnante. Llega a ser un tipo de psicosis progresiva y de fatales consecuencias. En efecto, al tratarse de un deseo insidioso por querer tener más y más a cualquier costo, sobrepasa los límites de lo ordinario y de lo lícito.
San Pablo llega a definirla como "la raíz de toda maldad" (1Tim.6,10)
Santo Tomás de Aquino escribió que la codicia (avaricia) es «un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales».
En el día que exaltamos el trabajo humano como una realización importante del hombre, que hace a su dignidad personal y social, breguemos por una sociedad donde reinen las virtudes sociales que posibilitan un trabajo honesto y fecundo, donde la laboriosidad, la austeridad, la justa concepción de los derechos y obligaciones, y la recta conciencia, colaboran para crecer en un mundo de paz.
Hoy, particularmente, invocamos a San José obrero, el hombre fiel y prudente, que con su trabajo silencioso y su vida austera, la Iglesia exalta como aquetipo del trabajador, como varón justo, y celoso administrador de los bienes que no se corrompen.
Por eso, la tradición cristiana invita a acudir siempre a este modelo ejemplar e intercesor maravilloso. Y repite siempre la famosa jaculatoria del Génesis (55,5):

"ITE AD JOSEPH"


29 de abril de 2018

SANTA CATALINA DE SIENA


DIEZ FRASES DE SANTA CATALINA DE SIENA, Virgen y Doctora de la Iglesia



1.    
No existe paz fuera de la Verdad.

2.    
La vida cristiana empieza su camino en serio a partir del conocimiento de sí mismo a la luz de Dios.

3.    
O escogemos el Puente, que es Cristo, o nos devora el río, que es el torrente de las promesas falsas y amenazas falsas del mundo.

4.    
El que no arde de amor por la Iglesia que no piense que ama mucho a Cristo.

5.    
Todos han de tener inmenso aprecio por la celebración cotidiana, digna y fervorosa, de la Eucaristía.

6.    
Aprendemos a orar como aprendimos a hablar: oyendo a otros y repitiendo con sabiduría y amor.


7.    
Nuestra voluntad es tan débil como la distancia que nos separa de la voluntad de Dios: a mayor distancia, mayor debilidad.

8.    
La santidad es el fruto propio del Bautismo, y por consiguiente, la meta natural de todo bautizado.

9.    
Sí, somos hijos del Rey, pero no se os olvide que su corona es de espinas

10.     
La verdadera perfección consiste en esto: hacer siempre           la santísima voluntad de Dios.

27 de abril de 2018

LA SACRISTÍA: UN LUGAR LITÚRGICO


La Sacristía:
antesala de la Sagrada Eucaristía

Es común observar en los templos parroquiales que la Sacristía es un lugar social de conversaciones y ruido, con cantidad de cosas desordenadas.
No es ese el ambiente que debe reinar en este lugar litúrgico.



Dos fotos de la fantástica Sacristía de la Catedral de Toledo


Un lugar amplio, hermoso, que disponga para empezar la celebración litúrgica con suficiente recogimiento y que sirva igualmente para conservar todas las cosas y elementos necesarios para el culto: esto es la sacristía.

   El "Caeremoniale episcoporum" señala como paradigma:
    “En la iglesia catedral no debe faltar el “secretarium”, es decir una sala digna, en lo posible cercana a la entrada de la iglesia, en la cual el Obispo, los concelebrantes y los ministros puedan ponerse los vestidos litúrgicos, y de la cual se inicie la procesión de entrada. La sacristía será de ordinario diferente del “secretarium”; en ella se guarda el ajuar sagrado, y en ella los días ordinarios el celebrante y los ministros se pueden preparar para la celebración “ (n. 53).
  
Tanto en la sacristía como en el secretarium debe observarse el silencio y la modestia (cf. Id., n. 37):
  “Pongan todos esmero en guardar silencio, respetando así tanto la común disposición de ánimo como la santidad de la casa de Dios” (Id., n. 170).
   En las nuevas construcciones hay que pensar en la sacristía como un lugar amplio y no como si fuera un pequeño vestidor; y pastoralmente, cuidar mucho la sacristía: hay que lograr que unos minutos antes de la celebración litúrgica no se convierta en lugar de conversaciones y asuntos varios, sino de silencio, ya que es lugar casi-sagrado, para permitir que el sacerdote y los ministros se dispongan a los Misterios con humildad y devoción. El silencio y el orden son cualidades de una buena sacristía.
   La sacristía debe arreglarse en función de los fines propios de una sacristía. La cajonera debe ser elegante, cuidada, guardando en ella con orden (y con su inventario) ornamentos más nobles, capas pluviales, dalmáticas y los manteles del altar.  Sobre la cajonera un crucifijo hermoso y, por ejemplo, seis candelabros que inviten al recogimiento al revestirse el sacerdote para ofrecer el sacrificio eucarístico.
    En los armarios de la sacristía se dispondrán en riguroso orden el ajuar sagrado. En una estantería única y exclusivamente los leccionarios y Evangeliario; en otra, los rituales (nuevos y en sus últimas ediciones); en otra los cantorales, libros para las vísperas dominicales, etc…; en las puertas centrales los ornamentos litúrgicos;  en otra parte, lo referente a la Eucaristía (cálices, copones y patenas, vinajeras, etc.), las custodias y los santos Óleos con lo necesario para el bautismo (si no estuvieren en el Baptisterio ni en una arqueta exclusiva para ellos).
  El orden y la limpieza que se guarden en la sacristía crean una antesala real de celebración de los misterios, un lugar sacro para conservar lo sagrado. Se realiza, así pues, lo previsto en el Directorio “Ambientación y arte en el lugar de la celebración”:
  “…La sacristía, en la que se conserva todo el ajuar litúrgico y en la que pueden prepararse el celebrante y los ministros para la celebración de los días ordinarios…” (n. 20).
   “En la sacristía se debe disponer de un estante apropiado para los libros, no debiendo quedar amontonados en la credencia o en el ambón” (n. 26).
 Muy poco recomendable es el comportamiento de algunas personas que -en todas las parroquias- un poco antes de la Misa se dedica, en lugar de rezar, a irse a la sacristía, sentarse allí, curiosear, entablar conversación, “cotillear", y luego presumir de “católicos comprometidos” o de “amigo del cura". La sacristía no está para eso.

22 de abril de 2018

EL ABOMINABLE CRIMEN DEL ABORTO (G.S.51, 3)

EL VALOR DE LA VIDA HUMANA

El Catecismo de la Iglesia Católica, en sus números 2270 a 2275 expresa claramente la gravedad del aborto provocado, una doctrina que es constante en la Tradición y el Magisterio auténtico de la Iglesia.

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).

«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado» (Jr 1, 5).
«Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15).

LA IGLESIA LO AFIRMA DESDE EL SIGLO PRIMERO

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

«No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8).

«Dios [...], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (G.S. 51, 3).

PENA CANÓNICA DE EXCOMUNIÓN

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.


El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

“Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).

“Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho [...] El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).


LA BIOÉTICA Y LA MEDICINA

Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, “si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación [...] Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 1, 2).


Se deben considerar “lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual” (Instr. Donum vitae 1, 3).

«Es inmoral [...] producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible» (Instr. Donum vitae 1, 5).

“Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad” (Instr. Donum vitae 1, 6).

PER CRUCEM AD LUCEM


CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ


Magnífica reflexión acerca de la mística de la cruz, 
agua salutífera que lleva al puerto de la salvación



(Lc. 9, 23)

         Si sufrís como conviene, la cruz se os hará un yugo muy suave (Mt 11,30), que Jesucristo llevará con vosotros. Vendrá a ser las dos alas del alma que se eleva al cielo; el mástil de la nave que os llevará al puerto de la salvación feliz y fácilmente.

         Llevad, pues, vuestra cruz con paciencia, y por esta cruz bien llevada, os veréis iluminados en vuestras tinieblas espirituales, pues quien no ha sido probado por la tentación, nada sabe (Sir 34,9).
        
         Llevad vuestra cruz con alegría, y os veréis abrasados en el amor divino, pues «sin cruces ni dolor, no se vive en el amor» [Imitación de Cristo III,5,7].

         Solamente se recogen rosas entre las espinas. Y sólo la cruz enciende el amor de Dios, como la leña el fuego. Recordad aquella hermosa sentencia de la Imitación: «cuanta violencia os hiciereis sufriendo con paciencia, tanto creceréis» en el amor divino [I,25,3].

         No esperéis nada grande de esas personas delicadas y perezosas, que rehúyen la cruz cuando ésta se les acerca, y que jamás por su cuenta se buscan alguna con discreción: son tierra inculta que no dará sino abrojos, porque no ha sido arada, desmenuzada y removida por el labrador experto; son agua estancada, que no sirve ni para lavar ni para beber.

         Llevad vuestra cruz alegremente: encontraréis en ella una fuerza victoriosa a la que ningún enemigo vuestro podrá resistir (+Lc 21,15), y gozaréis de una dulzura encantadora, con la que nada puede compararse.

         Sí, Hermanos míos, sabed que el verdadero paraíso terrestre está en sufrir algo por Jesucristo (+Hch 5,41).

         Preguntad, si no, a todos los santos: os dirán que nunca gozaron en su espíritu de tan grandes delicias como en medio de los mayores tormentos. «¡Vengan sobre mí todos los tormentos del demonio!», decía San Ignacio mártir [Romanos 5]. «O morir o padecer», decía Santa Teresa [Vida 40,20]. «No morir, sino sufrir», decía Santa Magdalena de Pazzi. Y San Juan de la Cruz: «padecer por Vos y que yo sea menospreciado» [decl. de su hno. Francisco]. Y tantos otros hablaron este mismo lenguaje, como leemos en sus vidas.

         Creed a Dios, queridos Hermanos míos: cuando se sufre por Dios alegremente, dice el Espíritu Santo, la cruz es causa de toda clase de alegrías para toda clase de personas (+Sant 1,2).

         La alegría de la cruz es mayor que la de un pobre a quien colman de todo género de riquezas; mayor que la de un aldeano que se ve elevado al trono; mayor que la de un comerciante que gana millones; mayor que la de un general que consigue grandes victorias; mayor que la de unos cautivos que se ven libres de sus cadenas. Imaginad, en fin, todas las mayores alegrías que puedan darse en esta tierra: pues bien, todas están contenidas y sobrepasadas por la alegría de una persona crucificada, que sabe sufrir bien. (…)

         En efecto, ¿no es la cruz la que dio a Jesucristo «un nombre sobre todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos» (Flp 2,9)

         La gloria de la persona que sufre bien es tan grande, que el cielo, los ángeles y los hombres, y el mismo Dios del cielo lo contemplan con gozo, como el espectáculo más glorioso. Y si los santos tuvieran algún deseo, sería el de volver a la tierra para llevar alguna cruz.


San Luis María Grignion de Montfort, 
"Carta a los Amigos de la Cruz, 34".


9 de abril de 2018

ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE


SONETO 
A LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR

Francisco Luis Bernárdez 
(Buenos Aires, 1900-1978)

Para que el alma viva en armonía,
con la materia consuetudinaria
y, pagando la deuda originaria,
la noche humana se convierta en día;

para que a la pobreza tuya y mía
suceda una riqueza extraordinaria
y para que la muerte necesaria
se vuelva sempiterna lozanía

lo que no tiene iniciación empieza,
lo que no tiene espacio se limita,
el día se transforma en noche oscura,

se convierte en pobreza la riqueza,
el modelo de todo nos imita,
el Creador se vuelve criatura.


FOTO: 
Relieve de la Anunciación del Señor 
en el Portal de la Caridad 
de la Fachada del Nacimiento 
de la Basílica de la Sagrada Familia (Barcelona, Gaudí)