Semillas en el ciberespacio desde la mística de la A.C.

18 de junio de 2015

"Discite a me, quia mitis sum et humilis corde" (Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón)

DE LA VANAGLORIA Y LA SOBERBIA

Algunos apuntes para la vida espiritual sobre estos dos pecados capitales, de tanta actualidad en el mundo de hoy, tan inclinado al aplauso y la aprobación de los demás, tan confiado en su propio saber y que elude el camino de la santidad cuyo arquetipo es Jesucristo, camino de salvación para el hombre.

Por el R.P. Horacio Bojorge S.J.



1.- Vamos a tratar juntos estos dos pecados capitales porque están muy unidos entre sí.

La soberbia es el deseo desordenado de excelencia propia. A ella se opone la virtud de la Humildad. El humilde, obedece a Dios, busca su gloria y lo alaba.

* La vanagloria es el deseo desordenado de prestigio, de fama, del aplauso o la admiración de los demás, o simplemente la aprobación, o por lo menos la aceptación de los demás. A ella se opone la virtud de la Modestia. El modesto no busca su propia gloria ni quiere imponerse a otros.

2.- El soberbio lo es en primer lugar frente a Dios, luego se muestra soberbio ante los demás. Y al exigir que los demás reconozcan su superioridad, incurre en vanidad. Y así se hace dependiente, pasando de señor a esclavo y dependiente del ajeno reconocimiento.

3.- El vanidoso lo es frente a los demás. Su vanidad: o bien nace de la soberbia, o bien lo precipita en ella haciéndolo olvidar la gloria de Dios por buscar la propia.

4.- El arquetipo (=modelo primero y principal) de la soberbia es el Ángel malo cuya rebeldía ante Dios se expresa con la frase: "Non serviam" = "No te serviré". La soberbia se manifiesta como desobediencia a Dios. Por lo tanto, en todo pecado, por desobediencia a uno o varios mandamientos que manifiestan la voluntad de Dios, hay soberbia = desobediencia.

5.- A imagen y semejanza del Ángel caído, el Rey perverso del que habla el profeta Daniel, es el prototipo del hombre soberbio. Ese rey: "... obrará a su antojo; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses y proferirá cosas inauditas contra el Dios de los dioses;... prosperará hasta que haya colmado la medida de la Ira de Dios...se exaltará a sí mismo por encima de todos. En lugar del Dios verdadero, venerará al dios de la guerra, le rendirá culto con oro y plata, piedras preciosas y joyas... y a los que lo reconozcan dios los colmará de honores dándoles el dominio sobre muchos y repartiéndoles la tierra como recompensa" (Daniel 11,36-39).

6.- El arquetipo social o cultural de la soberbia y vanagloria es Babel, como veremos enseguida.

7.- Por el contrario: el arquetipo tanto de la Humildad como de la Modestia, es Jesús: siervo sufriente que viene a hacer la voluntad del Padre y a obedecerle. Y también lo es María.

LA CIVILIZACIÓN SOBERBIA Y VANA

8.- La soberbia no es sólo un mal individual sino también social, cultural y colectivo: adquiere formas de civilización y de cultura. Históricamente, la Ilustración racionalista dio lugar a la civilización soberbia y formó un tipo de hombre que, olvidado de Dios, sólo confía en el propio saber y querer.

9.- Por confiar sólo en su propio saber, se hace juez de todo y de todos. Juzga todo según su modo de ver o punto de vista. Por confiar sólo en su propio querer, es caprichoso y arbitrario, busca realizar la propia voluntad a toda costa, sin tener en cuenta la voluntad de Dios (o de los demás) y, si es preciso, aún en contra de ella. Si puede, usa la violencia.

10.- El soberbio es desobediente (como el rey Saúl a quien Dios corrige diciéndole: "mejor es obedecer que ofrecer sacrificios!" (Ver 1º Samuel 15,10-23).

11.- Este es el tipo de hombre del que habla San Pablo: Por lo que respecta a la [segunda] Venida de nuestro Señor [...] que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el [tipo de] Hombre Impío, el Hijo de perdición, El Adversario [de Dios[, que se levanta sobre todo lo que lleva el nombre de Dios [ver Daniel 11,36], o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en le Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios." (2 Tesalonicenses 1,1.3-4)

12.- Como el soberbio no quiere deber nada a nadie sino sólo a sí mismo y a su propio esfuerzo, es radicalmente malagradecido. Así que rechaza lo gratuito, el don ajeno; y por eso rechaza la gracia. Quiere salvarse a sí mismo, no por Cristo. Por eso, una forma sutil de la soberbia es poner la salvación en la propia justicia que viene de las obras.

13.- Dijimos que el arquetipo social y cultural de la soberbia y de la vanidad, eran los hombres de Babel, que querían construir una torre para escalar el cielo: "Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, para hacernos famosos" (Génesis 11,4). Babel es la cultura que quiere adquirir fama y gloria a costa de la gloria de Dios.

14.- Babel nos revela los móviles de la civilización soberbia y la relación lógica que vincula la vanagloria con la soberbia.

15.- La búsqueda de la fama (=vanagloria) que fomentan nuestra cultura, induce a la soberbia: fama, aplausos, ranking, primera plana, figuración, cartel, records, concursos, premios, competencias. Esa exaltación del propio nombre, es lazo de la soberbia. A muchos les atrae y los llena de satisfacción ser nombrados y reconocidos: en su ambiente, su clase, su club, en el diario, la radio o la TV. Terminan obrando y viviendo para eso.

16.- Pero así, si son cristianos, dejan de desear: "santificado sea tu nombre", y de buscar la gloria de Dios, para ponerse a procurar su propia gloria y la exaltación del propio nombre, a recibir la gloria que viene de los hombres y no la que viene de Dios, viviendo para sí mismos y no para Dios.

17.- Por ser una actitud religiosa, la soberbia se manifiesta, primero, a nivel de la fe, con actitudes como: el rechazo, olvido o menosprecio del Dios de la Revelación cristiana; no aceptar aquéllos misterios del Credo que no entiende y sí sólo los que entiende; menosprecio de la Iglesia y de su magisterio al cual discute y pretende refutar; falta de aprecio del ejemplo y de la doctrina de los santos, del pueblo fiel y de la liturgia.

18.- Cuando al soberbio le viene una duda de fe, en lugar de dudar de su propia cabeza, duda del misterio que él no comprende. Y así, prontamente apostata. La Escritura dice que "El Señor resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes". El soberbio proclama tan pancho y tan campante que "no hay Dios", pero será él quien pasará como una nube y al poco tiempo no existirá más (Salmo 36,35-36; 72,17-18). ("'Nietzsche ha muerto': Dios").

19.- El soberbio, desconforme con la Iglesia católica, comienza descalificándola. Para ello esgrime un repertorio de anécdotas: pecados de sacerdotes o de fieles, malos recuerdos de su colegio o de su parroquia.

20.- Otras veces tiene objeciones racionales o científicas, cosechadas en su paso por la universidad o en lecturas, por las que descalifica los misterios de la fe. La cultura apostatogénica del mundo occidental es experta en proporcionarle primero motivos para apostatar y después coartadas con las que cubrir de honorabilidad el abandono de la fe y de la Iglesia.

21.- Luego de apostatar, el soberbio puede recorrer iglesias, sectas, cultos y religiones, macumbas, centros gnósticos, rosacruces o masónicos, Leones o Rotary Clubs, buscando lo que "le sirva". Busca a un Dios-servidor, en lugar de ser él servidor de Dios. Así, como ramas secas, los soberbios se desgajan de la Iglesia y como sarmientos secos son arrojados al fuego que los consumirá.

CASTIGO DE LOS SOBERBIOS

22.- El castigo del soberbio está en su propio pecado. Porque por su soberbia es engañado por el Padre de la mentira, que lo aparta de la Verdad y del Bien que es Dios. Por eso dice San Pablo: "La venida del (Hombre) Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades (encubiertas) que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un seductor (uno que los engaña) que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad" (2 Tesalonicenses 2,9-12).

23.- Pertenecen a la soberbia también ciertas actitudes ante el prójimo, tales como el egoísmo, egocentrismo, orgullo; el afán de ser el primero y ser más que los demás; la violencia o prepotencia que pretende someter a los demás (la pareja, los padres, los hijos, los hermanos, los compañeros) a sus deseos y caprichos; el menosprecio de las autoridades: cuando niños, la autoridad de los padres y cuando grandes cualquier autoridad, aspirando a dominarlas o sustituirse a ellas; el menosprecio de los demás (en la pareja, el cónyuge); el poner la confianza sólo en sí mismo; la ira ante cualquier contradicción o cualquier obstáculo a su voluntad, la violencia para prevalecer.

24.- "El orgullo es su collar, la violencia el manto que los cubre; la malicia les sale por los poros como grasa, su corazón desborda de artimañas. Se sonríen burlones, pregonan la maldad, prepotentes, hablan altivamente de violencia; ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra. Por eso el pueblo de Dios se va hacia ellos y bebe su agua a raudales" (Salmo 72,6-11). "Los malvados irán a la ruina, los enemigos del Señor pasarán como la hermosura de los prados, se disiparán más pronto que el humo...serán aniquilados y su descendencia será cortada" (Salmo 36,20.28)

HIPOCRESÍA

25.- Una forma particularmente perversa de la soberbia y la vanidad asociadas, es la que se disfraza de formas religiosas. En el evangelio, Jesús le reprocha a los escribas y fariseos que buscan ser saludados por las calles y en las plazas; los primeros puestos y los honores no sólo en los banquetes sino también en las sinagogas. De modo que buscan usar la piedad como pedestal de su ego, exaltándose a sí mismos ante los demás en las cosas de Dios.

26.- Jesús pone en guardia a sus discípulos contra esta hipocresía. Es tentación igualmente riesgosa para cristianos, buscarnos a nosotros mismos en el servicio eclesial.

HUMILDAD

27.- Jesús es el maestro de la Humildad: "aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11,29). "Él, que era de condición divina, no retuvo ávidamente ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo (...) y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Filipenses 2, 6.8)Toda la enseñanza de Jesús pone en guardia contra la levadura de los que buscan grandezas, honores o gloria propia en lugar de darla a Dios. Al culto de la grandeza, Jesús opuso y recomendó a sus discípulos el culto de la pequeñez. Jesús se complacía en llamar a sus discípulos: estos hermanitos míos mínimos.

28.- También María es nuestro modelo de humildad: "Mi alma engrandece al Señor porque miró la humildad de su esclava" (Lucas 1,46-48).

EJERCICIO

Lea los siguientes textos de la Sagrada Escritura. 
Subraye las palabras o las frases que tengan relación con la soberbia. Subraye con otro color, o con línea ondulada o doble línea, las que le vea relación con la vanagloria.

1º) "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis reposo para vuestras almas" (Mateo 11,29).

2º) "Al entrar (Cristo) en este mundo dice:...'He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!'" (Hebreos 10,7).

3º) "Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: 'Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiere salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" (Marcos 8,34-37).

Cuando sus discípulos discutían acerca de cuál era el más grande y el primero entre ellos, Jesús les enseñó:

4º) "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos" (Marcos 9,35).

5º) "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las gobiernan como señores absolutos y los grandes los oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros; sino que el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será el esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Marcos 10, 42-44).

6º) "No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados y con la medida con que midáis se os medirá a vosotros. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: 'Deja que te saque esa brizna del ojo', teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano" (Mateo 7,1-5).

7º) "'Guardaos de los escribas, que gustan usar amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas con pretexto de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa" (Marcos 12,38-40).

8º) Dijo Jesús: "Yo no recibo gloria de los hombres. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre a ese lo recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros que recibís la gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene de sólo Dios?"(Juan 5,41.43-44)


9º) "Entre los magistrados, muchos creyeron en Jesús; pero por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque preferían la gloria de los hombres a la gloria de Dios" (Juan 12,43).

17 de junio de 2015

UN CACTUS Y UN GUSANO

UN BREVE CUENTO CON MORALEJA

En la homilética también es bueno usar del amplísimo conjunto de cuentos con moraleja, que fijan una idea con más intensidad.

“Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá.
Porque todo el que pide, recibe, 
el que busca, encuentra 
y al que llama se le abrirá”
(Mt, 7, 7)



Hace no muchos años me hablaron de una pobre mujer, Angustias de nombre, que a pesar de sus pocos años había ya padecido mucho.

Como consecuencia de tanto sufrimiento y de su precaria vida de piedad, fue perdiendo la fe y su confianza en Dios. Por si faltaba algo, su marido hacía unos meses que se había quedado sin trabajo y apenas si tenían para vivir ellos y sus cuatro hijos.

Conociendo Consuelo, una amiga suya, el mal estado emocional en el que se encontraba fue un día a visitarla.
-¡Hola. Angustias! ¿Cómo te encuentras?

-No tan bien como deseara. La verdad es que últimamente estoy con la depre. Ya sabes todo lo que nos está ocurriendo. – Respondió a la amiga.

-Lo que debes hacer es tener fe. ¡Pídele a Dios y verás cómo te ayuda!

-Dios me ha abandonado. Al principio rezaba, pero me aburrí. No sé si habrá alguien arriba porque, por más que le pido, no me responde.

Angustias, durante sus años mozos, había sido una “buena cristiana”; pero luego, cuando la vida empezó a azotarle, y debido también a que su marido era poco practicante, se fue separando de Dios y de la vida de piedad.
Consuelo le insistió en que rezara con fe, pues Dios nunca dejaba de escuchar nuestra oración. Por más que le insistía, Angustias no parecía dar su brazo a torcer. Así que después de un pequeño debate, y viendo Consuelo que no conseguía nada le dijo a Angustias:
Mira, Angustias, nada vas a perder si le pides a Dios de nuevo. Él nunca abandona. Es más, a partir de ahora pediré yo también por ti.

Angustias no estaba muy convencida, pero para que su amiga se callara le prometió que volvería a rezar. Y no se le ocurrió otra cosa que decirle a Dios:
-¡Señor! Ya sabes todo lo que me pasa. Mi amiga me ha pedido que te rece, pero la verdad es que he perdido la fe; así que te voy a pedir algo sencillo. ¡Mira!, me gustaría, que como signo de tu amor hacia mí, y para probarme que me escuchas, me regalaras una flor y una mariposa.


Pasaron unos días, y la mujer, enfrascada de nuevo en los quehaceres cotidianos, se olvidó de Dios y de lo que le había pedido.

Un miércoles por la mañana, mientras la pobre mujer estaba haciendo la cocina, sonó el timbre de la casa. Se secó las manos apresuradamente y acudió a la puerta a ver quién era.
A través de la ventana  vio un furgón de reparto y un hombre vestido de marrón a la puerta de su casa. Ella abrió la puerta y el repartidor le pregunta:
¿Vive aquí Angustias Sánchez?

–Sí, servidora (así se hablaba antiguamente).

–Pues mire, le traigo un paquete.

La mujer lo recibió. Firmó la hoja de entrega. El furgón se marchó y la mujer, curiosa, se dispuso a abrir el paquete, no sin antes buscar el remitente del mismo. Por más que buscó no encontró nombre alguno.
Así que se dispuso a abrir la misteriosa caja, que era un poco más grande que una caja de zapatos. Fue a la cocina, tomó unas tijeras, y un tanto nerviosa abrió el paquete.


Cuál fue su sorpresa cuando dentro de la caja se encontró una maceta pequeña con un cactus pinchoso, un gusano negro feo y peludo y una pequeña tarjeta de visita que decía: “En respuesta a tu oración”.




En ese momento le entró un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Parecía que quería adivinar que el paquete venía del cielo. Pero no, del cielo no era, pues eso no era lo que ella había pedido a Dios.
Disgustada porque Dios tampoco le había escuchado, volvió a meter el cactus con el gusano y la nota en la caja y la tiró en una esquina del patio de la casa, pensando:
De aquí a unos días, cuando limpie el patio, lo tiro todo a la basura.

Pasaron ocho o diez días, y nuestra sufrida mujer se dispuso una mañanita a limpiar el patio de la casa. Era finales de la primavera. El buen tiempo, pronto les permitiría sentarse a tomar la sombra en el patio y oler el perfume de los rosales y jazmines.

En eso que vio la caja que ella misma había tirado en un rincón del patio. Entonces, le vino a la mente todo lo que le había dicho su amiga respecto a pedirle a Dios; y dibujando una sonrisa burlona, comprobó lo que Dios le había respondido.
Angustias comenzó a limpiar el patio. Tomó la caja para tirarla a la basura, cuando de pronto, movida por la curiosidad y quizá también por algo de resentimiento con Dios, abrió la caja como para reírse de Él. Cuál fue su sorpresa, cuando al quitar la tapa, se encontró que el cactus tenía una flor bellísima y el gusano negro, feo y peludo se había transformado en una preciosa mariposa multicolor.


En ese mismo instante, tocada por la gracia de Dios, elevó los ojos al cielo para pedir perdón y comenzó a rezar un Padrenuestro a Dios Nuestro Señor.
…………………………………………………………………………………
El Señor siempre escucha nuestra oración.

A veces lo que nos manda no es tanto lo que nosotros esperábamos, pero siempre es lo más nos conviene.

Sencillamente lo único que tenemos que hacer es tener paciencia a que el cactus dé su flor y el gusano se transforme en mariposa…. 

Y es que Dios, siempre escucha.


11 de junio de 2015

COR IESU SACRATISSIMUN

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
EN VOS CONFÍO



Latiente manantial de luz y gracia
que al mundo das salud y eterna vida,
llama de puro amor siempre encendida
que la sed de las almas calma y sacia.

Consuelo y paz, dulzura y eficacia,
en la pena, la lucha o la caída,
imán de mi oración, llaga y herida
que me llena de Dios y el “yo” vacía.

Te adoro Corazón, Dios verdadero,
Te contemplo, Jesús, como yo hombre,
diciendo -balbuceando- que te quiero

repito 'en Vos confío', sin que sombre
la duda ni el pecado cuando espero
y rezo a tu Corazón, digo tu Nombre.



JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN,
HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO.

ESCRITORES CATÓLICOS ARGENTINOS

LA CRUZ



Un magnífico poema del talentoso escritor argentino Francisco Luis Bernárdez,
que conjuga una gran calidad literaria con la belleza de nuestro idioma español y una gran profundidad teológica, expresada con sencillez y piedad.


Pájaro que has posado
sobre el hombro de Jesús:
canta con todo tu canto
mientras se apaga su luz,
pues en el mundo callado
nadie es capaz, como tú,
de consolar con tu canto
al Señor que está en la Cruz.

Hombre, flor, estrella, pájaro:
esta Cruz es vuestra cruz.

Estrella que estás mirando
la agonía de Jesús:
brilla con todo tu brillo
en el firmamento azul,
pues en él no queda nada
más sincero que tu luz
para consolar, brillando,
al Señor que está en la Cruz.

Hombre, flor, estrella, pájaro:
esta Cruz es vuestra cruz.

Flor que levantas los ojos
humildes hacia Jesús:
dale todo tu perfume
desde la tierra sin luz,
pues en la tierra no queda
más virtud que tu virtud
de consolar, dando aroma,
al Señor que está en la Cruz.

Hombre, flor, estrella, pájaro
esta Cruz es vuestra cruz.


Hombre que ya tienes alma
y en al alma gratitud:
si te alejas de ti mismo
y te acercas a Jesús,
comprenderás que no hay nadie
más indicado que tú
para consolar, llorando,
al Señor que está en la Cruz.

Hombre, flor, estrella, pájaro
esta Cruz es vuestra cruz.

Francisco L. Bernárdez.


9 de junio de 2015

CERCANOS AL SÍNODO DE LA FAMILIA

FORMAR FAMILIAS CRISTIANAS

Frente al nuevo poder mundial neopagano 
que trata de imponer en Occidente la ideología de género y de culto a la tierra y al clima, 
consolidar familias auténticamente católicas,
que vivan la heroicidad de la fe.






De la Homilía de Monseñor Schneider,
Obispo auxiliar de Astana (Kazakhstan)
en la Misa del domingo de Pentecostés,
24 de mayo de 2015,
en el hipódromo de Rambouillet, Francia
ante más de 12.000 jóvenes participantes de la
33 Peregrinación de Notre Dame de París a Notre Dame de Chartres,
a lo largo de 90 kilómetros por la campiña francesa.


¿Cuáles son los efectos de este fuego Divino de Pentecostés? Es la transformación de nuestro amor humano, muy débil e inconstante, en un amor sobrenatural. Gracias a este amor sobrenatural podemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El fuego del amor Divino en nuestra alma contiene sobre todo la virtud de la Fortaleza La virtud de la Fortaleza ha dado a los fieles, durante dos mil años, la capacidad de preferir la muerte antes que traicionar las promesas bautismales; morir antes que pecar; morir antes que traicionar las promesas matrimoniales; morir antes que traicionar las promesas sacerdotales; morir antes que traicionar los votos religiosos.

Por permanecer fieles a los Mandamientos de Dios hay, actualmente, familias, jóvenes, sacerdotes y obispos que a menudo son marginados, ridiculizados y perseguidos por el poder dictatorial de la “nueva” ideología mundial neo-marxista: ideología de género y de culto a la tierra y al clima. Hay también familias, chicas y chicos jóvenes, sacerdotes, seminaristas e incluso obispos que son marginados y ridiculizados a veces en el mismo ámbito eclesial a causa de su fidelidad e la integridad de la Fe católica y del culto Divino según la tradición de los Apóstoles y de nuestros predecesores.

Pentecostés es también el día del nacimiento visible de la Iglesia, que es la gran Familia de todos los hijos adoptivos de Dios. Hay, también, otra Creación divina que se llama la Familia Humana, constituida por el padre, la madre y los hijos. Jesucristo, nuestro Salvador, ha elevado la familia natural a la dignidad de “iglesia doméstica” gracias al Sacramento del Matrimonio. Actualmente, la familia natural y la familia cristiana se han convertido en el objetivo principal de los ataques y de la destrucción por parte del régimen mundial neomarxista de la ideología de género. Paradójicamente, vivimos en el tiempo de la familia porque es atacada. Hoy la familia está llamada a dar el testimonio de la Belleza Divina de su “ser” y de su “vocación”.

Para permanecer fiel a su vocación la familia católica debe practicar, en primer lugar, la oración cotidiana en familia.

El Papa Pío XII nos dejó dicho: “Nos, os suplicamos al respecto: tened en el corazón el guardar esta bella tradición de las familias cristianas: la oración de la tarde en común. Todos juntos os reunís al final de cada día para implorar la bendición de Dios, y para honrar a la Virgen Inmaculada con el rosario de sus alabanzas por todos los que duermen bajo el mismo techo. Si las duras e inexorables exigencias de la vida moderna no os dejan ni tiempo para dedicar estos benditos minutos al agradecimiento a Dios; ni el de añadir, siguiendo una costumbre muy querida por nuestros padres, la lectura de una breve vida de santos, del santo que la Iglesia nos propone como modelo y protector especial para cada día, negaos a sacrificar todo ese tiempo, por corto que vaya a ser, y que os reúne en el dedicaros a Dios para alabarle y presentarle vuestros deseos, vuestras necesidades, vuestras penas y vuestras ocupaciones. El centro de vuestra existencia debe ser el Crucifijo o la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Que Cristo reine en vuestro hogar y os convoque cada día en torno a Él!” (Discurso, 12 de febrero de 1941).

¡Oh familia católica, padres y madres de familia, niños, chicos y chicas jóvenes, no tengáis miedo de luchar contra el pecado, contra el espíritu seductor de la ideología neopagana! ¡No tengáis miedo de luchar para defender los Mandamientos de la Ley de Dios, para defender la integridad de vuestra Fe y de vuestra Castidad! ¡No tengáis miedo de ser heroicos!

Escuchemos lo que nos decía el Papa Pío XII: “En los tiempos actuales, como en los primeros siglos del cristianismo, en los países donde acechan las persecuciones religiosas abiertas, o subrepticias, pero no por eso menos duras, los más humildes fieles pueden encontrarse, de un momento a otro, en la dramática necesidad de escoger entre su Fe, que tienen el deber de conservar intacta, y su libertad, sus medios de subsistencia o incluso su propia vida.

Pero, en las épocas normales, en las situaciones ordinarias de las familias cristianas, sucede a veces que las almas se ven abocadas a la alternativa de violar un imprescriptible deber o exponerse a sacrificios y a peligros dolorosos y gravosos, en su salud, en sus bienes, en su posición familiar o social: se encuentran en la necesidad d ser heroicos y de mostrarse heroicos si quieren permanecer fieles a sus deberes y mantenerse en la gracia de Dios” (Discurso, 20 de agosto de 1941).

Mis queridos hermanos y hermanas, la familia católica tiene todavía una vocación que, actualmente, queda a veces en el olvido. Es la vocación de ser el primer seminario (cf. Concilio Vaticano I, Optatam totius, n. 2).

¿Cuál es la necesidad más urgente para la Iglesia y para el mundo en nuestros días? La necesidad más urgente,  en la actualidad, es que haya familias auténticamente católicas que se conviertan en los primeros seminarios para las vocaciones sacerdotales y religiosas.

 El Papa san Juan Pablo II ha dicho a los esposos católicos: “Si Jesús, con un acto de Amor de predilección con vuestra familia diese a uno de vuestros hijos el don de la vocación sacerdotal o religiosa, ¿cuál sería vuestra actitud? Espero que creáis en la palabra de Don Bosco, que decía: El don más grande que Dios puede ofrecer a una familia es un hijo sacerdote. Estad pues prontos para recibir este don con gratitud cordial y sincera” (Angelus, 13 de enero de 1980).

Queridos padres, queridas madres, queridos abuelos y abuelas católicos, rezad: “Señor, si queréis, llamad a uno de mis hijos al sacerdocio”. Hombres y mujeres jóvenes, que sentís en vuestra alma la vocación al matrimonio, la vocación de fundar una iglesia doméstica, pedid: “Señor, si queréis, llamad a uno de mis futuros hijos al sacerdocio”. Y vosotros, muchachos y chicos jóvenes, cualquiera podría decir: “Señor, estoy dispuesto a seguiros si me llamáis al sacerdocio”.

¡Qué hermosa vocación la de ser un verdadero católico! ¡Qué hermosa vocación la de luchar por la integridad de la Fe y de los Mandamientos de la Ley de Dios! ¡Qué hermosa vocación la de ser una familia católica, una iglesia doméstica! ¡Qué hermosa vocación la de ser un hombre joven, una joven, castos! ¿Qué hermosa vocación la de ser un seminarista o un sacerdote con un corazón puro y ardiente!

No tengamos miedo al Goliat de nuestros tiempos, que es la dictadura de la nueva ideología anticristiana mundial. El fuego del Amor divino y el don de la Fortaleza del Espíritu Santo nos volverán capaces de vencer al actual Goliat con las cinco piedras de la honda de David.

¡Ven, oh Espíritu Santo, y haz florecer de nuevo muchas iglesias domésticas, que nos darán las cinco piedras de David que vencerán a Goliat, es decir: buenos padres y madres católicos, muchachos puros, jóvenes puros, sacerdotes puros y obispos intrépidos!

¡Ven, oh Espíritu Santo! ¡Así sea!

Mons. Athanasius Schneider






6 de junio de 2015

EN CORPUS CHRISTI: SAN ALBERTO HURTADO

Meditación sobre la Sagrada Eucaristía

Escrito por San Alberto Hurtado
en su libro “Un fuego que enciende otros fuegos”



    I. La Eucaristía como Sacrificio

    El sacrificio eucarístico es la renovación del sacrificio de la Cruz. Como en la Cruz todos estábamos incorporados en Cristo; de igual manera en el sacrificio eucarístico, todos somos inmolados en Cristo y con Cristo.

    De dos maneras puede hacerse esta actualización. La primera es ofrecer, como nuestra, al Padre celestial, la inmolación de Jesucristo, por lo mismo que también es nuestra inmolación. La segunda manera, más práctica, consiste en aportar al sacrificio eucarístico nuestras propias inmolaciones personales, ofreciendo nuestros trabajos y dificultades, sacrificando nuestras malas inclinaciones, crucificando con Cristo nuestro hombre viejo. Con esto, al participar personalmente en el estado de víctima de Jesucristo, nos transformamos en la Víctima divina. Como el pan se transubstancia realmente en el cuerpo de Cristo, así todos los fieles nos transubstanciamos espiritualmente con Jesucristo Víctima. Con esto, nuestras inmolaciones personales son elevadas a ser inmolaciones eucarísticas de Jesucristo, quien, como Cabeza, asume y hace propias las inmolaciones de sus miembros.

    ¡Qué horizontes se abren aquí a la vida cristiana! La Misa centro de todo el día y de toda la vida. Con la mira puesta en el sacrificio eucarístico, ir siempre atesorando sacrificios que consumar y ofrecer en la Misa.

    ¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!



    II. La Eucaristía es centro de la vida cristiana

    Por la Eucaristía tenemos la Iglesia y por la Iglesia llegamos a Dios. Cada hombre se salvará no por sí mismo, no por sus propios méritos, sino por la sociedad en la que vive, por la Iglesia, fuente de todos sus bienes. Sin la Eucaristía, la Iglesia de la tierra estaría sin Cristo. La razón y los sentidos nada ven en la Eucaristía, sino pan y vino, pero la fe nos garantiza la infalible certeza de la revelación divina; las palabras de Jesús son claras: «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre» y la Iglesia las entiende al pie de la letra y no como puros símbolos. Con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas, los católicos creemos, que «el cuerpo, la sangre y la divinidad del Verbo Encarnado» están real y verdaderamente presentes en el altar en virtud de la omnipotencia de Dios.

    El Cristo Eucarístico se identifica con el Cristo de la historia y el de la eternidad. No hay dos Cristos sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. No es un Cristo el que posee la Iglesia de la tierra y otro el que contemplan los bienaventurados en el cielo: ¡una sola Iglesia, un solo Cristo!

    Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros, debería revolucionar nuestra vida. No tenemos nada que envidiar a los apóstoles y a los discípulos de Jesús que andaban con Él en Judea y en Galilea. Todavía está aquí con nosotros. En cada ciudad, en cada pueblo, en cada uno de nuestros templos; nos visita en nuestras casas, lo lleva el sacerdote sobre su pecho, lo recibimos cada vez que nos acercamos al sacramento del Altar.

    Un alma permanece superficial mientras que no ha sufrido. En el misterio de Cristo existen profundidades divinas donde no penetran por afinidad sino las almas crucificadas. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz. El que quiere comulgar con provecho, que ofrezca cada mañana una gota de su propia sangre para el Cáliz de la redención.



    III. La Eucaristía y las aspiraciones del hombre



    La gran obra de Cristo, que vino a realizar al descender a este mundo, fue la redención de la humanidad. Y esta redención en forma concreta se hizo mediante un sacrificio. Toda la vida del Cristo histórico es un sacrificio y una preparación a la culminación de ese sacrificio por su inmolación cruenta en el Calvario. Toda la vida del Cristo místico no puede ser otra que la del Cristo histórico y ha de tender también hacia el sacrificio, a renovar ese gran momento de la historia de la humanidad que fue la primera Misa, celebrada durante veinte horas, iniciada en el Cenáculo y culminada en el Calvario.

    Toda santidad viene del sacrificio del Calvario, él es el que nos abre las puertas de todos los bienes sobrenaturales. Todas las aspiraciones más sublimes del hombre, todas ellas, se encuentran realizadas en la Eucaristía:

    1. La Felicidad: el hombre quiere la felicidad y la felicidad es la posesión de Dios. En la Eucaristía, Dios se nos da, sin reserva, sin medida; y al desaparecer los accidentes eucarísticos nos deja en el alma a la Trinidad Santa, premio prometido sólo a los que coman su Cuerpo y beban su Sangre.

    2. Ser como Dios: El hombre siempre ha aspirado a ser como Dios, a transformarse en Dios, la sublime aspiración que lo persigue desde el Paraíso. Y en la Eucaristía ese cambio se produce: el hombre se transforma en Dios, es asimilado por la divinidad que lo posee; puede con toda verdad decir como San Pablo: «ya no vivo yo, Cristo vive en mí» (Gál 2,20).

    3. Hacer cosas grandes: El hombre quiere hacer cosas grandes por la humanidad; pero, ¿dónde hará cosas más grandes que uniéndose a Cristo en la Eucaristía? Ofreciendo la Misa salva la humanidad y glorifica a Dios Padre en el acto más sublime que puede hacer el hombre. El sacerdote y los fieles son uno con Cristo, «por Cristo, con Él y en Él» ofrecemos y nos ofrecemos al Padre.

    4. Unión de caridad: en la Misa, también nuestra unión de caridad se realiza en el grado más íntimo. La plegaria de Cristo «Padre, que sean uno... que sean consumados en la unidad» (Jn 17,22-23), se realiza en el sacrificio eucarístico.


    ¡Oh, si fuéramos a la Misa a revivir el Santo Sacrificio, a ofrecernos en el ofertorio con el pan y el vino que van a ser transformadas en Cristo pidiendo nuestra transformación!

La consagración sería el elemento central de nuestra vida cristiana. Teniendo la conciencia de que ya no somos nosotros, sino que tras nuestras apariencias humanas vive Cristo y quiere actuar Cristo...

    Y la comunión -esa donación de Cristo a nosotros, que exige de nosotros gratitud profunda- traería consigo una donación total de nosotros a Cristo, que así se dio, y a nuestros hermanos, como Cristo se dio a nosotros.

    A la comunión no vamos como a un premio, no vamos a una visita de cortesía, vamos a buscar a Cristo para «por Cristo, con Él y en Él» realizar nuestros mandamientos grandes, nuestras aspiraciones fundamentales, las grandes obras de caridad... Después de la comunión quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás. ¡Eso es comulgar!