Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

4 de marzo de 2017

REFLEXIÓN EN CUARESMA

TODO SE ENRAÍZA EN EL MISTERIO

REFLEXIÓN A PARTIR DE  LA ORACIÓN DE CUARESMA de San Efrén 

"Señor y Maestro de vida, 
no me abandones al espíritu de pereza,
de desánimo, de dominación
y de vana charlatanería"



         “La "pereza"(…) significa el olvido, del que los ascetas dicen que es el "gigante del pecado".

         El olvido es la incapacidad de sorprenderse, de maravillarse, de ver. El no-despertar, una especie de sonambulismo, tanto el de la agitación como el de la inercia, sin otro criterio que el de la utilidad, la rentabilidad, la relación calidad precio.

         Es el ruido interior y exterior, que para unos será la agenda demasiado llena en la que cada momento se engrana con el siguiente y para otros, la agenda demasiado vacía, la violencia y las drogas blandas o duras.

         Es el no comprender que el otro existe de manera tan interior como yo, no pararse por nada, ni ante la emoción de una música o de una rosa y no dar gracias por nada porque tengo derecho a todo. Ignorar que todo se enraíza en el misterio y que el misterio habita en mí.

         Olvidar a Dios y a la Creación de Dios. No saberse aceptar como una criatura que tiene un destino infinito. Olvidar la muerte y el posible sentido más allá de esa muerte; es una neurosis espiritual que tiene que ver con el rechazo a la "luz de la vida" que da sentido al otro, al mínimo grano de polvo, a mí mismo.

         Este olvido, que llega a ser colectivo, abre los caminos del horror. Entonces decimos que Dios no existe, se acentúa nuestra neurosis y los ángeles perversos de la nada invaden el escenario de la historia.

         Señor y dueño de mi vida, despiértame.

         Esa "pereza", esa anestesia de todo el ser, su insensibilidad, la cerrazón del corazón, la exasperación del sexo, del intelecto, conduce al "abatimiento", a lo que los ascetas denominan "acedia", al hastío de la vida y a la desesperanza. ¿Para qué hacer nada?.

         Se da entonces la fascinación del suicidio, la burla universal. Estoy de vuelta de todo, todo me da igual, heme aquí cínico o adormecido. Muy viejo y sin espíritu de infancia.

         También se puede poner los pies en polvorosa y huir con el espíritu de "dominio"[ambición] y de las "palabras vanas". Necesitamos esclavos y enemigos, los inventamos, podemos incluso sacralizarlos, como lo mostró René Girard. Dominar es sentirse dios, tener enemigos es hacerlos responsables de la propia angustia”. (…)
        
         En cuanto a las "palabras vanas", -la expresión es evangélica-designan cualquier ejercicio del pensamiento y de la imaginación que se substrae del silencio, al asombro y a la angustia de ser, al misterio. Conciernen a cualquier aproximación al hombre que intenta explicarlo o reducirlo, ignorando en él lo inexplicable y lo irreductible, y a toda aproximación a la creación que desprecie sus ritmos y su belleza. Apropiación y no emoción. Fantasmas de un arte que ya no quiere ser nupcial.

         Pertenecemos a una civilización de "palabras vanas", de imágenes vanas, en la que necesidades hipertrofiadas, piratean de deseo, en la que el dinero modela los sueños, en la que la publicidad se convierte en lo opuesto a la ascesis, que es la disminución voluntaria de las necesidades para compartir y dejar libre el deseo".

Olivier Clement. Comentario a la oración de San Efrén (II)


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