LA PRIMACÍA DE LA GRACIA
Durante las décadas de los 60 y los
70 se produjo -en el seno de la Iglesia- una perversa dialéctica que
confrontaba la acción con la contemplación, exaltando una
"ortopraxis" que vaciaba los contenidos de la fe, confrontada con una
"ortodoxia" denostada y relegada a unos pocos círculos intelectuales.
En este sentido, y en el día grande
de la Purísima es bueno recordar una frase de la Exhortación Apostólica de Juan
Pablo II al comenzar el tercer milenio. Decía el santo Papa:
"Un principio esencial de la visión cristiana de la vida es la primacía de
la gracia. Hay una tentación que insidia siempre el camino espiritual y la
acción evangelizadora: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad
de hacer y programar. Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su
gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra
inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino.
Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, « no podemos hacer nada » (Jn 15, 5)"
(Cfr. Novo Millennio Ineunte, 6-1-2001)
Beatissimam Virginem et Mater Immaculatam,
Porta Coeli
Ora pro nobis!
Intercede pro nobis ad Dominum Jesum Christum!
Una pintura
"catequistica" con una Inmaculada
del maestro español de Campofranco
(Siglo XVI)
donde se leen (en la banda flotante) los versículos bíblicos:
"TOTA PULCHRA ES AMICA MEA, ET MACULA NO EST IN TE" (Cantar 4, 7)
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